Gimnasios_En_Casa_@lenny_maya
Ilustración por @lenny_maya. 
Dinero

Así levantan los entrenadores de fitness el peso de la cuarentena

¿Cómo les ha ido a los instructores de gimnasios que cerraron por la emergencia de COVID-19 en América Latina?
28.8.20

Seguro lo has visto en tu Instagram: un amigo prueba una receta nueva en la air fryer, tu prima muestra el libro que acabó de leer y tu ex revive su pasión por las acuarelas. Quizás lo tuyo es probar los resultados de la rutina de entrenamiento intensivo que encontraste en ese canal de YouTube. Decir que nuestro día a día cambió con la cuarentena es como decir que la vida de los dinosaurios cambió con el meteorito. En la vida casera, hemos tenido que reconfigurar nuestras actividades y buscar formas de adaptarnos a los límites espaciales para lo que queremos hacer. Ir al gimnasio a hacer tu rutina o encontrarte en el parque con tu entrenador se han vuelto actividades casi imposibles, y quizás es más cómodo descargar una app y seguir sus instrucciones. Pero ¿qué pasa con los instructores de los gimnasios que han cerrado? ¿Cómo han hecho los entrenadores personales para subsistir?

Carlos Marmolejo alquilaba un local para su gimnasio, el Club Atlético ATP, en Nezahualcóyotl, México. Cuando tuvo que suspender el servicio, varios clientes le insistieron que mantuviera sus puertas abiertas porque lo del coronavirus era mentira, y otros le propusieron alternativas para hacer ejercicio al aire libre. “Son faltos de consciencia. Yo entiendo que estamos en aislamiento, y es necesario evitar y limitar que se extienda el contagio por COVID-19 con estas medidas de sanidad. Lo que he hecho son tutoriales por WhatsApp”, explica. No tiene canal de YouTube, admite, pero está planeando abrir uno para adaptarse y poder llegar a muchas más personas que sus contactos de celular. 

Con historias y videos cortos ha establecido guías de entrenamiento para principiantes, intermedios y avanzados. La comunicación está abierta: sus clientes le pueden escribir si tienen dudas o preguntas. Así ha podido mantener activa la transmisión de conocimiento teórico y práctico junto con parámetros de nutrición, metabolismo y un glosario de terminología para que sea posible hacer ejercicio en casa. Y claro, si el ejercicio va a ser en casa, debe adaptarse al entorno. Por eso en sus nuevas rutinas incluye implementos como botellones de agua o sillas, que los usuarios pueden utilizar en caso de no tener mancuernas u otro equipamiento a la mano. 

Del 100% de las ganancias que percibía antes de la cuarentena, ahora Carlos recibe apenas el 20%. El contenido que distribuye a través de WhatsApp, y que tarda en preparar entre dos y tres horas diarias, no lo cobra. Tampoco recibe ganancias por el tiempo que invierte preparando el gimnasio para una posible reapertura. Buena parte de sus ingresos viene de dietas y rutinas personalizadas. Otra de sus estrategias ha sido alquilar equipos y kits de entrenamiento, como una bicicleta, un banco y una liga: “Así he logrado comer y que el gimnasio no se vaya a la quiebra”. 

La situación también es difícil, pero de otras formas, para los que son empleados de gimnasios y no dueños. Lalo Jiménez, entrenador de un gimnasio en Ciudad de México, dejó de recibir ingresos una vez este cerró. Según cuenta, se trata de un lugar premium, y va en contra de las reglas dar clases particulares. Varios de sus compañeros coaches han tenido que vender sus equipos o salirse de sus departamentos porque no tienen cómo pagar la renta. Él tiene casa propia, entonces ha estado un poco más cómodo, pero de igual manera necesita dinero. Aunque al inicio de la cuarentena hizo algunas transmisiones en vivo por las cuentas de Facebook e Instagram del gimnasio, para mantenerse ha optado por ofrecer entrenamientos personalizados por su parte, aun si va en contra de las normas de la empresa. No lo hace por internet ni por video: sus entrenamientos son cara a cara. “Está cañón, me he visto obligado a hacer cosas que no están tan padres. Pero es que si no lo hago, pues no tengo un ingreso”, admite. 

Lalo cumple con todas las medidas de seguridad: usa careta, cubrebocas y mucho gel antibacterial. Aun así, no se siente tranquilo: “Vivo con temor. Cada entrenamiento viene con el miedo de contraer algo e infectar a mi familia. Pero si no tomo ese riesgo, que puede estar en contra de la política del gimnasio con la que trabajo, me estaría muriendo de hambre. Está cañón”, insiste. Y aunque sabe que muchos colegas han optado por ofrecer servicios en línea —lo cual es más seguro—, a él no le convence: por un lado, piensa que ya hay varias personas y marcas que lo hacen gratis, ¿por qué alguien le pagaría a él? Por otro lado, conoce colegas que han tenido poco éxito. Por eso, los personalizados en vivo han sido su salida para sobrevivir en cuarentena. 

Si al norte la virtualidad no ha sido tan efectiva para Carlos y Lalo, al sur de América Latina herramientas como Zoom han sido aliados fundamentales para la supervivencia de los entrenadores. En Buenos Aires, Lucas Paredes —profesor de educación física y entrenador— había empezado el 2020 intercalando sesiones como personal trainer con un trabajo en un gimnasio de cadena en el que daba clases grupales de entrenamiento funcional. En marzo, con la llegada de la pandemia a Argentina, decidió aislarse de su trabajo para cuidar su salud. A los pocos días, el gimnasio anunció que cerraría por dos semanas. No fueron dos semanas, obvio, y él se quedó sin empleo y sin respuesta de la empresa. Encerrado en su casa y ante la perspectiva de que su situación se iba a extender y complicar más, decidió enviar material teórico y práctico a sus contactos de WhatsApp para que pudieran ejercitarse y ser conscientes de la importancia de que su entrenamiento no se detuviera. 

Entonces Lucas continuó con los entrenamientos vía Zoom y WhatsApp, abriendo espacio para rutinas específicas y seguimiento detallado. Les envió a sus alumnos una planilla en Excel para que pudieran rastrear cómo avanzaba su trabajo. Así su situación empezó a mejorar. “Me había quedado con el 30% de lo que ganaba en una situación normal, y con base en lo que comencé haciendo de manera gratuita pude armar grupos, poner horarios fijos y formalizar el asunto. Entonces pude cobrar y percibir una ganancia”, explica. La motivación, la información y el entrenamiento hicieron que sus conocidos lo recomendaran a otros conocidos y que, junto con sus clientes, aumentaran sus ingresos. “Así por lo menos llegué a cubrir los gastos que tenía y sacar la parte económica adelante”, confirma aliviado. Aun así, sus clientes oscilan y, en general, el trabajo no es fijo. Antes de la pandemia trabajaba entre diez y doce horas al día, y ahora hay días de seis horas y otros de tres horas, sin contar la planificación de las clases. Hoy percibe un 50% de lo que ganaba antes de la cuarentena. Por ser monotributista —una categoría fiscal a la que acceden los pequeños contribuyentes—, recibe 10.000 pesos al mes (alrededor de 135 dólares) por parte del Estado argentino, una gran ayuda. 

El aviso de una cuarentena que afectaría tu forma de trabajo podría azorar al más sereno, pero Mateo Fernández, un entrenador personal de Medellín, cuenta que recibió la noticia con tranquilidad. Para él, lo más importante era que las personas con las que trabajaba siguieran entrenando. “Yo me concentro en generar hábitos saludables a través del deporte y así despertar consciencia. Esa es mi semilla para el mundo”, resalta. Por eso no lo dudó y de inmediato cuadró videollamadas con sus practicantes —rechaza el término alumno, busca una relación más horizontal—, a los que antes visitaba en sus casas. Unos aceptaron; otros, en cambio, abandonaron su rutina y, según Mateo, se dejaron llevar por el ocio. Para fortalecer sus ingresos durante la cuarentena, él también empezó a venderles artículos de entrenamiento a sus practicantes. Le funcionó muy bien, celebra, y además hizo que los practicantes estuvieran comprometidos a aprovechar la inversión y se mantuvieran firmes en las clases virtuales. 

Si todo el mundo estaba en sus casas, Mateo iba a encontrar una oportunidad en esa situación para fortalecer su negocio. Y bueno, si todo el mundo estaba en sus casas, sus servicios no tenían por qué limitarse a Medellín, ¿no? Todo el globo era un espacio para ser conquistado. “Empecé a meditar y a hacer yoga. El coronavirus nos enseña que tenemos que ir dentro de nosotros, ahí es donde empezamos a despertar. Podemos tomar esta situación negativa y volverla positiva”, explica respecto a cómo se acercó al reto. La clave fueron sus relaciones personales. Empezó a trabajar con alemanes que había conocido unos años atrás cuando ellos habían estado de intercambio en Medellín. Grabó algunas de esas sesiones y publicó fragmentos en sus redes sociales. Así, y a través del voz a voz, se ha extendido para alcanzar clientes también en México, Panamá y Estados Unidos. “Entonces generé tarifas en euros y en dólares, habilité plataformas de pago. Vendo paquetes de 16 clases, cuatro veces a la semana, duración de treinta a cuarenta minutos. Busco generar consciencia y así lograr hacer una diferencia”. Por eso sus ganancias han aumentado frente a lo que generaba antes de la cuarentena: el impacto de los dólares y euros se nota en sus ingresos. Su horario se ha mantenido estable: de 5 a 11 AM y de 4 a 9 PM. 

Lucas también ha extendido su clientela fuera de sus fronteras previas. Varias de las personas a las que entrenaba no eran de Buenos Aires y volvieron a sus provincias de origen. Ha seguido entrenando a algunas de ellas y a sus amigos y familiares, contentos con la idea de poder ejercitarse en casa. Él cree que el ejercicio provee una ventana de escape y desfogue para los que están encerrados en sus apartamentos todo el día con sus familias, un momento para ellos solos. Esto se contrasta con que, según su análisis, varias personas dejaron de lado el ejercicio porque la vía online no cargaba la parte social del gimnasio que también les interesaba profundamente, por lo que hacer ejercicio solos en casa no los motivó. Carlos comparte ese análisis: “La convivencia social que se da en un gimnasio es importante. Mucha gente, con muchos ánimos, empieza su práctica deportiva en casa, pero me comentan que lo sienten aburrido, difícil de continuar. Buscan esa socialización a través del deporte, en un área deportiva como los gimnasios”. 

Además de la dificultad de convencer a los que priorizan esa experiencia colectiva de ir al gimnasio y hacer ejercicio rodeados de otros cuerpos sudorosos en la misma misión, un gran reto lo han erigido las aplicaciones y los canales de YouTube que prometen entrenamientos brutales y efectivos, muchas veces incluso sin entrenador. Hay infinidad de tutoriales para trabajar cada músculo de tu cuerpo, incluso los que no conoces ni sabías que existían. Ha sido una opción de fácil acceso y, aparentemente, tiene sentido: ¿por qué pagaríamos por entrenamiento si en internet está todo gratis? Te lo responde Mateo: “Todos los cuerpos son diferentes. Hay cosas que una app nunca te va a decir: si tienes tus pies mal ubicados, cuál debe ser la posición de tu espalda y qué necesitas para integrar tus articulaciones con el trabajo que haces”. Para Carlos, hay muchos tutoriales pero poca profesionalidad. Su consejo no es rechazar los tutoriales, pero tener cuidado y buscar conocimiento más especializado para complementarlos: “Hay que tomar lo positivo de ellos, y no lo negativo”. 

Pero para los entrenadores, quedarse en casa también ha traído ventajas. Lucas solía correr todo el día entre distintos puntos de Buenos Aires; si acaso paraba unos minutos a almorzar en su casa en Palermo, y luego salía de nuevo a la calle. “Y ahora en los últimos meses he podido pasar más tiempo en mi casa y así puedo dedicarme más a mí y a las personas con las que trabajo”, dice. La situación ha sido nueva para todos, es claro, y aunque augura que pronto la antigua normalidad empezará a volver progresivamente, cree que habrá residuos de estas prácticas para las que estará preparado con la experiencia. “Tendremos que adaptarnos a lo que es la normalidad de siempre de andar a las corridas, de estar de acá para allá. Pero calculo que algo va a quedar. Hubo gente que se interesó y siguió adelante y se armó un gimnasio en su casa, se compró bancos, pesas, mancuernas, discos, barras. Eso yo creo que va a quedar y va a seguir así, porque se sintieron más cómodos de esa manera. Otros sí están esperando a volver a sus actividades normales”. Una vez habiliten espacios públicos, cree que podrá entrenar a grupos reducidos luego de desarmar un poco de su rutina virtual. Aclara que varios clientes le han comentado que quieren seguir con sesiones virtuales: así lo disfrutan más. 

Conforme la cuarentena se hace insostenible y los gobiernos nacionales y locales van preparándose para ir abriendo la vida pública, estos entrenadores también se preparan. Carlos ya acondicionó el Club Atlético ATP para la apertura, que pondría el tope del aforo en el 30% del total. Serán obligatorios los tapabocas, habrá control de temperatura y se enfatizará la importancia del gel antibacterial. Personas de la tercera edad no podrán entrar. Nada de saludos de mano ni de beso. Habrá un tiempo máximo de entrenamiento y las mancuernas y las máquinas deberán ser sanitizadas después de su uso. Y, sobre todo, el distanciamiento social será la prioridad. Aun así, no es claro que, incluso con la apertura, vaya a poder abrir: no ha llegado a un acuerdo con su arrendador respecto al pago de los meses que han pasado y, además, con solo el 30% de actividad normal dice que no podría reunir lo suficiente para el alquiler. 

A pesar de las dificultades que para el gremio de entrenadores ha traído el coronavirus, Mateo no deja de sonreír. “Las casualidades no existen, todo pasa por algo. Me di cuenta de que el mercado es todo el mundo. Si aprendo inglés la rompo. Quiero seguir dándole duro a las redes sociales para darme a conocer y despertar consciencia a través de hábitos saludables”, afirma. 

Los humanos se adaptan y reman para que la corriente no los arrastre. Lucas, Lalo y Carlos han encontrado formas de mantenerse a flote, sea arriesgando el pellejo para mantener los entrenamientos presenciales o encontrando vehículos virtuales para comunicar su mensaje y transmitir su conocimiento. Pero el más optimista de todos, sin duda, es Mateo. Él lo dice así de claro: “La cuarentena ha sido una bendición para mí”.