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Los amantes del cine de terror llevan mejor la pandemia

Los investigadores estudian si las “emociones extremas” producidas por el cine de terror podrían ser benéficas para la salud mental.
7.10.20
Mujer gritando en la película 28 days later
Captura de pantalla vía YouTube

En su libro Dreadful Pleasures, el autor de cultura popular y plagiario ocasional James B. Twitchell echa un vistazo a los orígenes del género de terror y a esa necesidad constante que sentimos de experimentar miedo. “Las obras modernas de terror artificial se originaron tras el descubrimiento a finales del siglo XVII de que, al inducir sentimientos placenteros de terror, tanto las historias escritas como las ilustraciones podían provocar y explotar emociones poderosas dentro del espíritu humano”, escribió.

Ahora, un par de siglos más tarde, un grupo de investigadores de EUA y Dinamarca cuestiona si “las emociones extremas” provocadas por los sustos podrían ser benéficas para la salud mental, especialmente en estos tiempos en los que todo lo que ocurre a nuestro alrededor es espantoso. En el estudio, que se publicó recientemente en la revista Personality and Individual Differences y que está financiado por un programa de investigación de la Universidad de Aarhus en Dinamarca, se preguntó a 310 participantes sobre el tipo de películas y programas de televisión que preferían y si veían películas relacionadas con la pandemia. Además, se les pidió que contestaran a 13 preguntas sobre su estado de ánimo (“He estado más deprimido que nunca”) y actitud (“Tengo esperanzas para el futuro”) durante el comienzo de la pandemia.

“Aunque la mayoría de la gente va a ver una película de miedo con la intención de pasar un buen rato en vez de aprender algo, las historias de terror presentan muchísimas situaciones de aprendizaje”, decían en el estudio. “La ficción permite al público explorar una versión imaginaria del mundo a un costo muy bajo. A través de la ficción, la gente puede aprender a escapar de depredadores peligrosos, a moverse en situaciones sociales novedosas o a practicar las habilidades de regulación e identificación de las emociones”.

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Lo que descubrieron fue que aquellos que se declaraban amantes de las películas de terror y que “se enfrentaban con mayor frecuencia a fenómenos ficticios aterradores” experimentaban niveles menores de estrés psicológico durante la pandemia que aquellos que preferían otros géneros.

“Una de las razones por las que el consumo de terror puede estar relacionado con un estrés psicológico menor es que este tipo de ficción le da a la audiencia la oportunidad de practicar el enfrentarse con emociones negativas en un entorno seguro”, concluyen. “Experimentar emociones negativas en un entorno seguro, por ejemplo, durante una película de terror, puede ayudar a los individuos a mejorar las estrategias necesarias para lidiar con el miedo y para enfrentarse con más calma a las situaciones de la vida que provocan temor”.

Además de centrarse en este género, los investigadores combinaron cuatro tipos de películas (invasión alienígena, apocalíptica, posapocalíptica y zombis) en una sola categoría que llamaron el género “preparacionista”. La mayoría de los sujetos que afirmaron disfrutar con estas películas estaban —¡sorpresa!— mucho mejor preparados mentalmente para la pandemia y experimentaron “menos sentimientos negativos” en el día a día.

Finalmente, se pidió a los participantes que se evaluaran a sí mismos con la escala de curiosidad mórbida, un cuestionario de 24 preguntas que determina el interés en “temas desagradables”, incluida la muerte. Entre otras, hay afirmaciones como “Si viviera en la Europa medieval, me interesaría asistir a una ejecución pública” o “Me interesaría asistir o ver un vídeo de un exorcismo”. Aquellos que tenían una curiosidad mórbida mayor mostraban experiencias más positivas. Asimismo, eran los que mayor probabilidad tenían de disfrutar viendo Contagio o cualquier otra película sobre pandemias mientras vivían una.

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El director del estudio, Coltan Scrivner, doctorando de la Universidad de Chicago, nos explicó que los curiosos mórbidos ven este tiempo de manera positiva, porque pueden aprender sobre las pandemias, por ejemplo, o cómo afectan al planeta. “Claro está, esto no significa que disfruten de la pandemia, simplemente que son capaces de encontrar algo interesante en ella, aunque sea terrible”, dijo.

La investigación se llevó a cabo en abril y, un mes más tarde, se volvió a preguntar a los participantes con resultados similares. Obviamente, las cosas han empeorado (con millones de contagios y decenas de miles de muertes) desde entonces y puede que necesitemos algo más que películas de miedo para hacernos sentir psicológicamente fuertes si las cosas siguen así. “Sería interesante ver cuánto tiempo dura esta especie de efecto amortiguador”, dijo Scrivner. “Sospecho que sería similar al estudio original. Obviamente, seis meses después puede haber nuevos retos relacionados con el impacto social del virus, como la soledad o la inseguridad económica”.

De lo que Scrivner no está tan seguro, al menos por el momento, es de si obligarnos a ver todas las películas de Annabelle, nos ayudaría a estar mejor de aquí en adelante. “Asumiendo que viendo películas de terror nos volvemos más resistentes, dependerá del mecanismo por el que esto suceda. Por ejemplo, si el principal mecanismo es la práctica de la regulación emocional y el aprendizaje para lidiar con el miedo y la ansiedad, es posible que ayude”, dijo.

“Por supuesto, si alguien odia las películas de terror, es posible que solo empeore las cosas […] Si las habilidades de regulación emocional son las que mejoran o ayudan a la gente a lidiar con la pandemia, quizás sea mejor ver películas que te asusten, pero no necesariamente que sean las más terroríficas. Si es así como funciona, la cuestión sería aprender a aceptar los sentimientos de miedo o ansiedad y aprender a superarlos”.

Así que, por un lado, solo hay que aceptar el miedo. Por otro, solo hay que aceptar el miedo. ¡Magnífico!