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Noisey

¿Cómo se hace música en Cuba sin equipos ni internet?

El coste del internet en la isla obliga a los músicos electrónicos cubanos a buscar formas alternativas para crear beats y organizar fiestas.

por Greg Scruggs
04 Agosto 2016, 6:38am

Artículo publicado originalmente en Thump, nuestra plataforma de cultura y música electrónica.

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Los DJs tienen muchas razones para ser criaturas nocturnas: sets en horarios estelares de las tres de la mañana, sesiones de noche en el estudio, jetlags de trotamundos y un insomnio imposible de soportar. Pero Isnay Rodríguez tiene una razón inusual para quedarse despierto hasta tarde: un acceso seguro a internet. Rodríguez, quien graba y se presenta como DJ Jigüe, vive en Cuba, un país con un acceso a internet del 30%. Hasta hace pocos años, no había manera de que un ciudadano medio se conectara a internet.

Como el resto de nosotros, Rodríguez necesita su dosis. Él maneja el primer sello independiente de hip-hop en Cuba, Guampara Music, planea salir de gira por el exterior como DJ, y además trabaja como productor audiovisual para cineastas visitantes; la web es esencial para su carrera, sobre todo para comunicarse con el mundo exterior. Es por eso que a las cuatro de la mañana se le puede encontrar en el parque con su laptop, aprovechando el final de la noche, donde son menos los usuarios que disminuyen la velocidad de la ya frágil conexión en el lugar, reminiscente a los días del dial-up de los noventa.

En Cuba, las conexiones privadas a internet no existen, pero los cables de fibra óptica que unen las conexiones mundiales de banda ancha están llegando tardíamente a la isla, así que ahora queda que el gobierno libere el acceso, aunque ya hay planes en marcha para introducir las conexiones residenciales en el futuro cercano. Mientras tanto, el WiFi puede encontrarse en algunos espacios públicos de las grandes ciudades.

Aunque los cubanos no caminan por las calles pegados a sus smartphones como muchos otros en el mundo, sí se amontonan en esos puntos calientes acompañados de sus portátiles y tablets. En Santiago, ciudad que visité en mayo, parques que datan del siglo XIX con fuentes ornamentadas y estatuas ecuestres de generales muertos, son el foco de una escena del siglo XXI: gente local comunicándose con familiares vía Skype, viendo YouTube y publicando en Facebook.

Pero conectarse a la red tiene un costo. Los usuarios deben obtener tarjetas WiFi con un código PIN de la compañía nacional de telefonía, ETECSA, y, como en muchas cosas básicas en Cuba, la escasez es la regla, no la excepción. En lugares autorizados para la venta como hoteles y tiendas estatales suelen agotarse, por lo que los vendedores callejeros ofrecen las tarjetas Nautas (como se llaman) día y noche en la plaza central de Santiago, uno de los principales puntos de internet de la ciudad.

Will "Quantic" Holland grabando en un diminuto estudio en Santiago con el cantante local Diógenes y su Changüí (Foto por Reeve Rixon)

Si se quieren privilegios, los usuarios deben pagar $2 por hora; en un país donde el salario promedio es de $25 mensuales, tener internet puede ser un gasto considerable. Sin embargo, encuestas recientes sugieren que la mayoría de los cubanos ganan un poco más de dinero por debajo de la mesa, DJs incluidos. Las presentaciones caen en la categoría de lo alegal o extra-legal (ni contra la ley ni explícitamente permitido en una economía socialista donde la empresa privada está altamente regulada).

"El internet es una plataforma necesaria", me dice Rodríguez en Santiago, su ciudad natal, donde nos encontramos antes de la inauguración del Festival Manana. "Y no estamos realmente conectados a la web".

La proliferación mundial de ordenadores, softwares y acceso a internet, ha llevado a las masas la democratización de la producción musical—hay chicos en todo el mundo creando beats en sus habitaciones—pero esto no parece ser verdad en Cuba, donde todos esos ingredientes son tant cortos en suministros como difíciles de comprar, dado a que el ingreso promedio en el país para el 2015 era de aproximadamente $26 mensuales, según cifras de la Oficina Nacional de Estadística de Cuba. Mientras tanto, los pocos que sí intentan hacer una carrera en la música electrónica necesitan paciencia y perseverancia. Como me dice Paula Fernández, mitad del dúo habanero, Pauza, en un golpe de exasperación, "Todo el mundo sabe lo que Cuba tiene y no tiene". Está harta del festín de lástima que viene con las preguntas sobre la vida en la isla, pero reconoce que la respuesta es también su realidad.

Foto por Jude Goergen

NAVEGAR CON NAUTA

El artista radicado en la Habana, Wichy de Vedado, quien lleva haciendo música los últimos 16 años, me dijo que usa su precioso tiempo de internet en Soulseek, una red de intercambio de archivos. Fernández, miembro de Pauza, dijo que merodea por Beatport; pero, en últimas cuentas, el costo y la inconveniencia de conectarse a la web significa que los DJs y productores están altamente restringidos respecto a internet, una herramienta que se ha vuelto esencial para la música al rededor del mundo.

Para empezar, si eres músico electrónico en Cuba, te olvidas de promocionar tus fiestas online. En la pequeña pero desbordante comunidad de música dance de La Habana, los flyers y posters ya pasados de moda todavía tienen validez, y, en el mejor de los casos, un anuncio se hará por medio de un mensaje de texto masivo. Pero la mayoría de la gente se apoya en la divulgación boca a boca. Durante Manana, el manager de Rodríguez repartió flyers de bolsillo y envió mensajes de texto masivos animando a correr la voz de un showcase pre-fiesta improvisado de Guampara.

Pero el acceso limitado a internet también dificulta el proceso creativo. Los cubanos simplemente no tienen la biblioteca musical del mundo en la punta de sus dedos. Como me lo planteó Oliver Ortíz, mitad del dúo de tech-house, Rezak, "somos vírgenes en cuanto a información se trata". Su compañero, Armando Quintana, explicó un poco más, "La falta de información, ese es el reto". Ellos son vagamente conscientes de que Berlín es un semillero del techno, por ejemplo, pero mantenerse al tanto del ir y venir de la escena musical en el exterior es casi imposible.

Iván Grajalo y Julio César Jiménez tocan juntos bajo el nombre de Electro Palestina. Grajalo, quien es profesor de día, tiene la suerte de tener una conexión de internet en su universidad, pero esto no significa que la conexión de su oficina sea mucho mejor. "Descargo videos de YouTube porque ni siquiera puedo ponerlos en stream", se queja. "Ser un fan de la música electrónica en Cuba es como ser un marinero en Paraguay (un país sin salida al mar)".

Plaid, artistas de Warp, en el estudio con Obbatuké, de Santiago, durante Manana, un festival cubano de música electrónica que promueve colaboraciones entre artistas locales e internacionales. (Foto por Reeve Rixon)

Aunque los gustos del dúo se inclinan por el dubstep británico de la onda de Burial, Benga y Skream, Gralajo, de 39 años, confiesa usar su banda ancha limitada estos días para descargar vídeos musicales de Milli Vanilli y Ace of Base, a quienes no pudo ver cuando era un adolescente a principios de los noventa. Para el dúo, los libros son una propuesta más fácil, recientemente devoraron una copia pirata del e-book Pink Noises: Women on Electronic Music and Sound..

"La cosa con el internet en Cuba es que estamos distanciados de él", explicaba Grajalo. "No es cuestión de si lo tienes o no, sino que no sabemos ni siquiera qué buscar".

Cualquier pepita de oro digital que puedan extraer de las interwebs se pasa a su pequeño, pero rabioso círculo de músicos electrónicos en la Cuba oriental, a quienes han apodado a modo de broma como El Departamento Oriental de Emulación Electrónica, una parodia de la afición del gobierno cubano por la nomenclatura burocrática que usa la palabra "emulación" como un eufemismo para "competencia" (un término prohibido en el socialismo).

Generalmente, se descarga un mp3, un archivo de vídeo o un software pirateado, que luego circula a través de memorias USB entre el grupo. Es el mismo método usado por El Paquete Semanal, un sistema de distribución de medios digitales que va de persona en persona por toda la isla, saliendo de La Habana, y que distribuye una selección curada de un terabyte con éxitos de Hollywood, telenovelas latinoamericanas, y vídeos musicales con mucho bling bling a una hambrienta audiencia dispuesta a pagar. El gobierno hace la vista gorda frente a la empresa comercial, lo que muchos han relacionado con un internet alternativo.

El Paquete es la mejor manera de hacer que la música se vuelva viral en Cuba, pero cada productor electrónico con el que hablé –incluso pioneros como DJ Jigüe y Wichy de Vedado– todavía no han descifrado esta mafia de los medios underground. En lugar de eso, el reggaetón domina sus ondas radiales offline al circular por memorias USB en lugar de streams en línea. Eso significa que los cubanos solo pueden escuchar música electrónica local en shows en vivo, sin ninguna oportunidad de escucharla en casa, así que es difícil conseguir seguidores.

DJ Jigüe en Santiago de Cuba (Foto por Jude Goergen)


CON EL HARDWARE VIENEN LOS DOLORES DE CABEZA

El hardware es otro problema, ya que la compra de ordenadores fue legalizada apenas en el 2008, aunque a precios muy por encima del alcance del cubano promedio. Pero los portátiles se han estado filtrando lentamente entre los cubanos a través del mercado negro desde comienzos de los 2000. Los doctores, el producto más exportado de la isla, están autorizados a traer un ordenador por persona de las misiones de servicio en el exterior, ordenadores que usualmente pasan a circular en el bajo mundo. Los alivios recientes en las restricciones a viajes a Estados Unidos solo han acelerado esta tendencia a importar.

Rodríguez recuerda el primer ordenador que recibió en 2008 cuando se mudó a La Habana. "Era sólo la torre del CPU", recuerda. "No tenía monitor, ni teclado, ni ratón". Como DJ de gira con el dúo de hip hop más prominente de Cuba, Obsesión, tuvo la oportunidad de viajar al exterior y traer su propio equipo. Aún así, continúa haciendo trueques por equipos de audio en vez de pagos en efectivo mientras mejora su estudio casero pieza por pieza.

En Cuba no hay Guitar Centers, así que todo el equipo de audio tiene que venir del exterior. El productor de House Roberto Puid dice tener tarjetas de sonido, interfaces, y controladores MIDI. También dice tener uno de los cinco pares de Technics MK1200 que existen en todo el país. Puig tiene suerte. "No hemos aprendido a usar controladores porque no tenemos", me comenta César Jiménez, de Electro Palestina. "Todo es Virtual DJ o Traktor; nunca hemos pasado del laptop".

Sin embargo, en cuanto a entrenamiento musical, Cuba tiene un gran pedigrí de conservatorios estatales y apoyo institucional para grupos de música tradicional. Hasta hay un reclutador de talentos de hip hop administrado por el gobierno, la Agencia Cubana de Rap. Fernández y Zahira Sánchez, de Pauza, corrieron con la suerte de aprovechar el único recurso público que apoya a la música electrónica: el Laboratorio Nacional de Música Electroacústica (LNME). Aunque fue fundado en 1979 por el compositor avant-garde Juan Blanco con la finalidad de nutrir la composición electroacústica entre los músicos clásicos de Cuba, en años recientes el LNME ha abierto sus puertas a producciones electrónicas orientadas a la pista de baile; hasta ofrece el primer curso de DJ del país especialmente para mujeres, donde Pauza se formó. Usaron esa oportunidad para pulir su set como uno de los pocos directos electrónicos de Cuba y produjeron su álbum debut en el único estudio de grabación del laboratorio. Sin poder reproducir tutoriales de YouTube, aprender a utilizar de equipos de audio complejos –incluso si tienes acceso a todos– es vital para hacer una carrera en la música electrónica.

Pero la pequeña cabina del LNME no ofrece la prueba de fuego de una multitud. Básicamente, la infraestructura limitada de Cuba se traduce en un único lugar donde el público local puede escuchar música electrónica: el club. Los equipos de sonido son, en el mejor de los casos, irregulares –el Festival Manana trajo un equivalente a $30,000 dólares en equipos para apuntalar lo que estaba disponible en Santiago– y los DJs lamentan tener que arrastrar su propio equipo incluso a eventos de alta gama porque los clubes no están equipados para DJs, sino para bandas en vivo, que son el pan diario de la escena musical de cubana.

Casa Micaela, un popular restaurante y club nocturno en el distrito histórico de Santiago, puede servirnos de ejemplo. Cuando la cocina cierra, el sótano abre, como lo hizo para el showcase de Guampara el día antes de Manana. Tiene todas las características de un club –aire acondicionado, un bar bien equipado, seguridad y una persona en la puerta, pero justo horas antes de la sesión, el mánager de DJ Jigüe me dijo que todavía estaban peinando en Santiago para encontrar CDJs.

Aun así, si hay una cosa por la que la escena electrónica de Cuba destaca, es su perseverancia. Después de encontrar un CDJ de un amigo de un amigo que solo leía memorias USB y no CDs, Jigüe cambió de equipo y pinchó directamente desde su laptop. Para el momento del show, los mojitos estaban fluyendo, la pista de baile estaba repleta y DJ Jigüe estaba poniendo tracks de Guampara, para lo que sería una de las primeras audiencias extranjeras de Santiago, que sonreía de oreja a oreja.

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