FYI.

This story is over 5 years old.

Cultură

La guía VICE de Siria - I

Algunos de los temas más importantes para empezar a entender las complejidades del conflicto en Siria.
26.11.12

Ilustraciones por Mike Taylor

Hemos compilado esta guía con la intención de condensar los hechos recogidos en miles de páginas de libros de referencia, biografías, textos religiosos, anécdotas, noticias y otras fuentes que han hecho posible este número. Pudimos haber incluido muchas cosas más, pero en nuestra opinión estos son los temas más importantes para empezar a entender las complejidades del conflicto en Siria. También te recomendamos leer "El camino a la perdición", nuestra línea del tiempo ilustrada sobre la complicada historia de Siria, para que sepas un poco más antes de clavarte en esta guía.

HAFEZ AL-ASAD

Hafez al-Asad, padre del presidente de Siria, Bashar al-Asad, es el personaje más importante en la breve historia de Siria como país independiente. Casi todos los aspectos de la vida moderna en Siria fueron establecidos por Hafez, lo que no es raro, ya que gobernó el país con mano de hierro durante décadas: de 1970 hasta su muerte en el año 2000.

Publicidad

Hafez viene de un largo linaje de hombres poderosos. Su abuelo Sulayman era muy respetado en su comunidad por su fuerza, coraje y puntería. Lo apodaban Al-Wahish [el Hombre Salvaje], lo que al parecer le quedaba tan bien que lo adoptó como apellido. Su hijo Alí Sulayman heredó muchas de las características de su padre, y consolidó la reputación de su familia entre las tribus alauitas en las montañas. En 1927, por recomendación de los ancianos del pueblo, su apellido fue reemplazado por el aún más distinguido Asad, que quiere decir “El León”.

Según la magnífica biografía de Patrick Seale, Assad: Struggle for the Middle East, Hafez nació en Qardaha, cuando ese pueblo del noroeste “constaba de unas cien casas de piedra y barro al final de una brecha. No había mezquita ni iglesia, no había tiendas, cafés ni caminos pavimentados”. Pocas personas en la región sabían leer, pero Hafez tuvo suerte y consiguió un lugar en una escuela primaria de la colonia francesa. A los 16, se unió al partido secular panárabe Baath y pronto se convirtió en un miembro invaluable por su ayuda al distribuir literatura del partido, convocar juntas secretas en su casa y luchar contra los grupos rivales y la policía.

En 1963, Hafez jugó un papel fundamental en la ejecución del golpe de estado que llevó al Baath al poder. Tres años más tarde, ayudó a tramar un golpe todavía más sangriento que lo llevó al cargo de ministro de defensa. Cuatro años después, organizó otro golpe de estado, abriéndose camino hasta la presidencia donde permaneció el resto de su vida.

Publicidad

Hafez era un líder sencillo pero nada complaciente, y logró evitar el destino de los anteriores jefes de estado en Siria menoscabando a sus competidores y brutalizando a la oposición. Centralizó el sistema político del país, cambió la constitución y se alió con la Unión Soviética. Hizo uso de la propaganda para presentarse como un hombre del pueblo y modernizó la infraestructura del país, al tiempo que oprimía a los disidentes de todo tipo. En el proceso, extendió el alcance de las fuerza de seguridad de Siria y creó un culto a su personalidad estilo soviético, ordenando la creación de miles de estatuas y retratos que fueron desplegados por todos el país. En 1982, ordenó la masacre de miles de sunitas en la cuarta ciudad más grande del país, Hama, y un año más tarde aplastó un intento de golpe de estado orquestado por su hermano menor Rifat. En un mundo justo, Hafez habría pagado por sus décadas de crímenes mucho antes de su muerte. Pero en lugar de eso, murió relativamente tranquilo a causa de un paro cardiaco en el 2000.

BASHAR AL-ASAD

Bashar al-Asad nació en Damasco en 1965, cinco años antes de que su padre llegara a la cima del partido Baath. El tercero de cinco hijos, Bashar tuvo una infancia “normal” que incluyó frecuentes partidos de futbol y ping-pong con su padre. Nunca se esperó mucho de Bashar, básicamente porque se creía que su hermano mayor, Basel, heredaría la presidencia de su padre cuando llegara el momento. Basel, carismático, seguro y bueno para los deportes, era el sucesor natural; Bashar era tímido y tenía poco interés en el gobierno. Se graduó de la prepa en 1982, luego se convirtió en médico del ejército, para después ir al hospital Western Eye en Londres a estudiar oftalmología.

Publicidad

En 1994, la vida de Bashar cambió para siempre cuando Basel murió en un accidente de auto. Inmediatamente después del funeral, Bashar fue designado como el futuro heredero y comenzó su preparación para la presidencia: se unió a la academia militar y comenzó a trabajar en la oficia de su recién fallecido hermano.

Hafez murió el 10 de junio de 2000, y Bashar asumió la presidencia a sus tiernos 34 años, tan joven que el parlamento tuvo que modificar el mínimo de edad para “postularse” al cargo. Después hubo una elección arreglada, seguida de otra similar para su “reelección” en 2007.

Si la historia del hijo menor que inesperadamente toma el control del imperio te suena conocida, es porque esa es la trama de El Padrino. Sólo que Bashar es más como Fredo que Michael. Personas dentro del régimen dijeron al Financial Times que Bashar era inseguro y proclive a tomar decisiones precipitadas. Su tío Rifat, quien huyó del país después de su fallido golpe de estado en 1983, dijo a CNN que Bashar “sigue las instrucciones del régimen”. Bashar podrá haber sido un doctor decente, pero como dictador ha sido brutal e inseguro, una combinación mortal. “Discutes un asunto con él por la mañana y otra persona llega y lo hace cambiar de opinión”, dijo el ex vicepresidente sirio, Abdul Halim Khadam.

Cualquiera que sea la combinación de malas decisiones y mala suerte que lo llevaron al poder, Bashar pronto terminó en una esquina con las manos llenas de sangre. Algunos aseguran que se rehúsa a dejar el poder por temor a que su clan alauita sea masacrado por los rebeldes. “Asad adopta un estatus de paria”, decía un titular del Washington Post en el verano. Ese parece el epitafio adecuado para un hombre que no pidió un régimen ni una revolución, pero que parece indispuesto o imposibilitado a hacer algo al respecto.

Publicidad

En retrospectiva, parece increíble que este ñoño, quien por cierto, tomó el juramento hipocrático en algún momento, terminara en el mismo club que Muamar Gadafi, Sadam Husein y Kim Jong-Il. Estoy seguro de que a veces se pregunta: “¿Pero cómo chingados terminé aquí? Yo sólo quería ser oftalmólogo y acostarme con inglesas”.

LIBERTADES CIVILES Y LA LEY DE EMERGENCIA

Como seguro podrás imaginar, Siria nunca ha sido un bastión de la libertad o los derechos humanos. En la época colonial, el gobierno francés ejecutaba de manera rutinaria a los pobladores sin un juicio justo y dejaba los cuerpos de esos “bandidos” en la plaza principal de Damasco. Tras la Segunda Guerra Mundial, Adib Shishakli, un comandante del ejército que gobernaba el país, disolvió todos los partidos políticos de oposición, prohibió los periódicos y persiguió a las minorías étnicas. En 1963, el partido Baath llegó al poder y declaró un estado de emergencia que dio a las fuerzas de seguridad del país poderes casi ilimitados; la “ley de emergencia” fue revocada en abril de 2011, irónicamente el año que comenzó la verdadera crisis.

La ley de emergencia siria dictaba que los ciudadanos podían ser arrestados, detenidos, juzgados y sentenciados sin un debido proceso y sin acceso a un abogado. Todo esto sigue ocurriendo hoy en día. Hay elecciones, pero son una mera formalidad.

La libertad de asociación y de reunión está permitida en la constitución, pero el Ministerio del Interior tiene que aprobar cualquier evento público de más de cinco personas. Antes de la revolución, las protestas contra Israel eran siempre aprobadas, mientras que sus contrapartes proislámicas, prokurdas y antigobierno eran rápidamente dispersadas. El año pasado, mientras las manifestaciones se extendían, las fuerzas de seguridad recibieron luz verde del régimen para dispersar las protestas con armas de fuego y dejar a los civiles morir en las calles.

Publicidad

LA PRIMAVERA DE DAMASCO

Las cosas no tenían por qué haber terminado así. En 2000, cuando Bashar tomó el poder, los sirios tenían la esperanza de que un presidente educado en Occidente comenzaría a desmantelar el estado de seguridad. Los ciudadanos orgullosos se reunían en casas particulares a discutir las reformas en un movimiento llamado Primavera de Damasco. Los intelectuales firmaron la “Declaración de los 99”, un manifiesto en el que exigían el fin de la ley marcial y la liberación de prisioneros políticos. Bashar incluso les dio una razón para tener esperanza al cerrar la prisión de Mezzeh, reconocida por el trato brutal de los reos. Pero esta esperanza no duró mucho.

En agosto de 2001, el régimen acabó con estos reformistas, arrestando a los miembros más prominentes de los grupos de discusión que había estado tolerando, acusándolos de “intentar cambiar la constitución por medios ilegales” e “incitando conflictos raciales y sectarios”.

La esperanza en Occidente es que una vez que Asad sea derrocado, los rebeldes establezcan una sociedad libre y democrática y que todos vivan felices por siempre; sin embargo, la presencia de yihadistas en las filas del Ejército Libre de Siria parece indicar que el país podría reemplazar el autoritarismo secular con una represión teocrática, si le dan rienda suelta al extremismo religioso.

RUSIA

Rusia es el aliado más poderoso y antiguo de Siria, y su gobierno es uno de los últimos amigos de Asad fuera de su territorio. Han bloqueado todas las resoluciones de la ONU para condenar al régimen y utilizado su poder de veto (a veces con la ayuda de China) para suprimir todo intento de imponer sanciones a un gobierno que está matando a sus propios ciudadanos.

Publicidad

Mientras tanto, los rusos continúan vendiendo armas a Asad. Una de las transacciones más importantes ocurrió en enero, cuando el Kremlin firmó un contrato para enviar 36 aviones de combate a Siria por un costo de 550 millones de dólares. Los aviones no llegarán en años, y con la venta, Rusia asume que el gobierno actual seguirá en el poder por largo tiempo.

La relación de Damasco con Moscú se remonta a la época de la Guerra Fría. En los cincuenta, el líder soviético Nikita Khrushchev envió más de 200 millones de dólares de ayuda a Siria como parte del ajedrez neocolonial que se jugaba con otros países árabes. La alianza soviético-siria se mantuvo firme tras el golpe de estado de Hafez en 1970. Los soviéticos enviaron cargamentos de armas para contrarrestar la influencia israelí, y el amor de Siria por las pistolas, aviones y misiles rusos no ha disminuido. Rusia le vendió a Siria mil millones de dólares en armas en 2011, y pareciera que el gobierno de Asad no tiene llenadera.

Más que el comercio de armas, la importancia geopolítica de este tema descansa en la base naval rusa de Tartus. Hafez dio permiso a los soviéticos para que construyeran una base en 1971, y ha sido un puerto de operaciones crucial desde entonces. También es el único puerto militar ruso en operación fuera de las fronteras de la ex Unión Soviética. A través del lente político del presidente ruso Vladimir Putin y compañía, tiene perfecto sentido mantener a Bashar en el poder, pues les da un lugar para reabastecer sus submarinos nucleares.

LÍBANO

Siria tiene una larga y enmarañada historia con Líbano que data desde su separación de Siria en 1920, cuando los poderes europeos todavía dominaban gran parte de Medio Oriente. Las tropas sirias han tenido una presencia constante en el país desde 1976 y hasta la Revolución de los Cedros, en 2005, cuando expulsaron a las fuerzas de seguridad sirias de Líbano. Pero las agencias de inteligencia sirias todavía tienen influencia en el país y han sido acusadas de una serie de asesinatos de oficiales libaneses de alto rango en la última década.

Publicidad

Los lazos políticos, económicos y culturales entre ambos países están empezando a deshilarse bajo el peso del actual conflicto. El gobierno de Líbano está dividido en dos bloques: la mayoría, la Alianza del 8 de Marzo (oficialistas) y la Alianza del 14 de Marzo (opositores). El grupo militante chiita Hezbolá domina 8 de Marzo y es por mucho el brazo político más fuerte en el país, y el régimen de Asad es uno de los más fuertes defensores de Hezbolá, en términos de dinero, armas y cobertura política. Esta relación ha menoscabado la posición de Hezbolá en el mundo árabe, pues el grupo ha sido acusado de enviar soldados a ayudar el desastre sociopático de Asad.

Algunos libaneses pro-régimen apoyan la creación de una “gran Siria” panárabe, que incluya a Líbano. Por su parte, el gobierno sirio y muchos de sus defensores todavía consideran a Líbano una provincia, más que una nación soberana. De igual forma, muchos libaneses enloquecen ante la idea de ser uno con Siria, ya que sus residentes son considerados, por gran parte del país, como una clase inferior.

Los rumores sobre el desborde del conflicto hacia Líbano están arraigados en la cercana relación entre ambos países y su gente. Estos días, la guerra civil en Siria se extiende de manera ocasional a la ciudad libanesa de Trípoli, donde se reporta que mercenarios sunitas locales, que apoyan a los rebeldes en Siria, han estado luchando contra los alauitas libaneses. Recientemente, Beirut se ha convertido en una escena de combates mortales y bombardeos entre las fuerzas oficialistas y las opositoras; un prospecto aterrador para cualquier país que no haya sanado por completo de sus propias heridas de guerra, una revolución brutal que concluyó en Líbano hace apenas algunos años.

Publicidad

Durante los enfrentamientos en Trípoli, un comandante libanés que apoya a los rebeldes llamado Abu Ibrahim nos dijo: “Esto ha durado toda mi vida adulta”, en referencia al conflicto con las milicias sirias en Líbano. Tenía cicatrices que, según dijo, eran de las batallas contra las tropas sirias en 1983 y agregó que, al menos por ahora, no dejaría que sus hijos pelearan. El ejército sirio y sus defensores en Libia también han sido acusados de masacrar a sunitas en Trípoli durante la guerra civil, un episodio oscuro que nunca será olvidado por los residentes libaneses.

El profundo odio y desconfianza por la presencia siria en Líbano se ve exacerbada por las incursiones casi diarias de las fuerzas sirias a territorio libanés. Con un ejército débil y un aparato de seguridad todavía leal al régimen sirio, Líbano no ha podido responder a estas violaciones de forma significativa.

KURDOS

Los kurdos son la minoría étnica más grande en Siria, con unos dos millones de personas en el país. Estos sunitas, en su mayoría seculares, se han concentrado en las provincias del norte de Siria desde la época de las cruzadas.

Después de ser despojados de sus pasaportes en los sesenta, a lo largo de las últimas décadas los kurdos han tenido problemas para sobrevivir como “no ciudadanos”. El idioma y la cultura kurda fueron prohibidos, y miles de activistas kurdos desaparecieron y fueron torturados en las prisiones de Asad. Esta constante represión llevó a un levantamiento en 1986, luego de que cientos de kurdos se reunieran en Damasco para celebrar Newroz, uno de los días festivos más importantes.

Publicidad

Recientemente, los kurdos han intentado poner fin a los conflictos entre facciones y han comenzado a organizarse contra el régimen de Asad. Su momento llegó en julio, cuando el gobierno retiró al ejército de las zonas kurdas para luchar contra el ELS en Alepo y Damasco. Tomando la oportunidad, la milicia kurda, conocida como YPG (unidades de protección popular), tomó un pueblo kurdo tras otro; montaron bloqueos en las carreteras, y las fuerzas de seguridad sirias fueron puestas bajo arresto domiciliario.

Los kurdos son un tercer frente dentro de esta guerra, pues se oponen tanto a Asad como al ELS. Aunque detestan a Asad, temen que el Ejército Libre de Siria imponga un estado islámico. El hecho de que Turquía esté ayudando al ELS levanta sospechas entre los kurdos, pues hay tanta mala leche entre Turquía y los kurdos como para escribir otra guía entera. Este otoño, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, dio a Asad un ultimátum: si permitía al movimiento de independencia kurdo o la guerrilla del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) operar en su país, Turquía atacaría. El movimiento kurdo se prepara para ir a la guerra con Turquía, responder a otro ataque de las fuerzas de Asad, y controlar la infiltración de extremistas a su territorio autónomo. Una vez más, los kurdos se encuentran atrapados en medio de todo, luchando por su supervivencia e independencia, y el futuro no pinta bien.

JUDÍOS

En 2005, el Departamento de Estado de EU estimaba que había 80 judíos viviendo en Siria. Los judíos han vivido en el país durante al menos dos mil años, incluso a pesar de ser sometidos a imposiciones injustas como impuestos religiosos especiales que sólo ellos debían pagar. Olas de judíos sefardíes huyeron de la inquisición española en el siglo XV, pero descubrieron que Siria era un lugar inhóspito.

Publicidad

Aun así, la vida no fue tan insoportable para los judíos sirios hasta la fundación de Israel en 1948. Luego de que Israel le pateara el culo a Siria en la Guerra Árabe- Israelí, el resentido gobierno de Damasco implementó una serie de leyes que prohibían a los judíos tener propiedades, licencias de conducir o teléfonos. En 1967, tras la victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días, se denunció que 57 judíos fueron asesinados durante una masacre en la ciudad de Qamishli.

Anticipando el éxodo, el gobierno sirio paradójicamente hizo que fuera casi imposible para los judíos salir del país. Hafez sólo permitía a los judíos viajar si entregaban un depósito de entre 300 y mil dólares, además de dejar a un familiar atrás como garantía de que regresarían. Desde 1972, la activista de derechos humanos, Judy Feld Carr, conocida como la misteriosa Señorita Judy, sacó en secreto a más de tres mil judíos del país, a través de la versión siria del tren subterráneo. Aquellos que no conseguían terminar el viaje, eran acusados de intentar salir del país sin permiso y torturados durante su detención. En 1977, bajo presión por parte de Jimmy Carter, Hafez finalmente permitió a algunos judíos salir libremente del país.

En 1994, el gobierno israelí admitió haber realizado operaciones encubiertas durante dos años para llevar a judíos de Alepo a Israel. Muchos de ellos “visitaron” Nueva York, hogar de la población más grande de judíos sirios en el mundo (75 mil en 2007), y de ahí viajaron a Israel, para nunca regresar a casa. En total, Israel ayudó a casi cuatro mil judíos a huir de Siria, y después de la operación sólo quedaban 300 en el país; en gran parte porque eran demasiado viejos para huir. Muchos de estos ya han muerto. La sinagoga Kniesset Ilfranj en Damasco es el último templo judío en el país. La Señorita Judy estima que hay 16 (sí, 16) judíos todavía en Siria.

YIHADISTAS

Nadie está seguro del porcentaje de rebeldes sirios que son yihadistas o soldados extranjeros. Aunque es cierto que hay jóvenes fundamentalistas que llegan desde Libia y países del Golfo, es probable que sus números e influencia estén siendo exagerados por la prensa occidental y por conspiracionistas. Los yihadistas (devotos que buscan convertirse en mártires) son conocidos entre la oposición por su estilo de pelea brutal y sin reservas. Hacen que los soldados seculares del ELS y sus cuatro cajetillas de cigarros diarias, parezcan trapos viejos. No cabe duda de que la oposición ha adquirido un tono más religioso en meses recientes, pero era obvio que eso pasaría cuando la clase media secular está huyendo de ciudades y pueblos durante una guerra en un país dividido y profundamente religioso. La gente pobre del campo es la única que queda en la zona; cuando las familias son asesinadas y los pueblos destrozados, lo único que les queda es Alá.

Publicidad

Para entender mejor el predicamento de la oposición, imagina que una guerra civil estalla en México o en cualquier otro país occidental. Estás luchando junto con otros jóvenes, no particularmente religiosos y sin ningún tipo de entrenamiento militar, y como resultado, los están masacrando. De pronto aparece un grupo de padrecitos y seminaristas armados hasta los dientes y te ofrecen su ayuda. Y aunque sabes que si ganan, ellos intentarán quedarse con el poder, incorporarán su sistema de creencias al nuevo gobierno y obligarán a la población a ir a misa todos los domingos; se trata de una alianza que no puedes rechazar.

Los temores occidentales de yihadistas secuestrando la revolución siria se han convertido en una realidad autoimpuesta: se niegan a enviar armas a la oposición secular porque tienen miedo de que caigan en manos de extremistas, por lo que ésta se ve obligada a pedir ayuda a los yihadistas. Lo grupos salafistas tienen dinero y armas que entran desde Arabia Saudí y Qatar, y la participación de Al-Qaeda en el conflicto parece haberse intensificado desde mediados de julio. Los corresponsales de VICE en la región reportan haber visto muy pocos soldados extranjeros; un libio por aquí y por allá, pero nada cercano al pozo del terror que los políticos nos quieren hacer creer. Es evidente que la oposición está preocupada de que la revolución caiga en manos de fanáticos religiosos. Pero por ahora, el ELS y sus aliados necesitan a estos misteriosos y ligeramente amenazantes, hombres barbones, quienes no tienen miedo de dormir en la línea de fuego ni de morir por la causa.

MEDIOS

La ley siria prohíbe a la prensa publicar información que genere “desorden público, afecte relaciones internacionales, viole la dignidad del estado o la unidad del país, afecte la moral de las fuerzas armadas o haga daño a la economía nacional y a la seguridad del sistema monetario”. Los medios han estado bajo el absoluto control del gobierno desde los sesenta. A partir de 2001, los medios privados han tenido permiso para operar, pero el gobierno todavía tiene el poder para desechar o censurar cualquier cosa.

Internet está igualmente restringido. Muchos de los ISP pertenecen al gobierno, quien no lo piensa dos veces antes de bloquear cualquier contenido que perciban como opositor al régimen. Los sitios de videos y las redes sociales estuvieron prohibidas hasta febrero de 2011. Pero incluso cuando Facebook y YouTube fueron desbloqueados, los observadores de derechos humanos denunciaban que el régimen continuaba censurando información de manera rutinaria; en particular, intentó mantener escondidas las imágenes de las golpizas y la violencia contra manifestantes en el país. Quienes han logrado sacarle la vuelta a la censura y suben contenido contra el gobierno, corren el riesgo de terminar en prisión y ser torturados.

La televisión es horrible en Siria, sin importar qué canal pongas. Todas, excepto dos canales de televisión en Siria transmiten vía satélite, y la mayoría están controladas por la Comisión de Radiodifusión y Televisión Árabe, un corporativo financiado por el estado. Los canales privados que operan en el país viven aterrados de hacer enojar al gobierno. Esto quiere decir que casi todos los “periodistas” sirios deben adaptarse a los deseos de Asad para mantener su trabajo (y, en algunos casos, sus vidas). Esto no evita que sean agresivos y ataquen en público a cualquiera que no esté de acuerdo con su visión pro-régimen.

En meses recientes, la televisión se ha vuelto letal. En junio, la estación privada pro-Asad, Al-Ikhbariya, fue atacada por las fuerzas del ELS, lo que resultó en la muerte de siete empleados. A este ataque siguió el ataque de un francotirador insurgente contra el corresponsal iraní Maya Nasser en septiembre. Creemos que estos ataques serán más frecuentes conforme avance el conflicto.

Los cancilleres de la Liga Árabe han pedido a los proveedores de televisión satelital en la región que bloqueen las transmisiones desde Siria para limitar la influencia del régimen de Asad, y las compañías de televisión sirias han dejado de producir sus programas desde el comienzo de la revolución. Esto incluye la filmación de algunas de las novelas más populares en el mundo árabe, y propaganda como la serie de 29 episodios Ash-Shatat [La Diáspora], basada en Los protocolos de los sabios de Sión, una falsa publicación antisemita que detalla los supuestos intentos de los ancianos judíos por apoderarse del mundo y que fue propagada por Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. La serie incluye escenas que sugieren que, en cierto punto, los judíos asesinaron a niños cristianos y usaron su sangre como ingrediente para matzo.

Para entender un poco más la problemática del conflicto en Siria, te recomendamos leer "El Camino a la Perdición", nuestra línea del tiempo ilustrada de la historia siria.

Continúa leyendo en La Guía VICE de Siria - Parte II