
Sealtiel Alatriste es un pendejo por plagiario. Esto sería a la conclusión a la que se supone -en consenso- llegaría el lector medianamente enterado en un breve resumen de mentadas de madre e injurias de lo que se ha vuelto un ejercicio por más de 25 semanas en “El Pendejo de la Semana”. Pero, ¿que fue lo que sucedió? “Un jurado otorgó a Sealtiel Alatriste el Premio Xavier Villaurrutia. Y resurgió una acusación de Guillermo Sheridan contra plagios en artículos de Alatriste. La polémica creció en internet y blogs de Letras Libres. Alatriste renunció al premio y a su puesto en la UNAM”. Historia corta de Heriberto Yépez citado en el twitter de Jesús Silva Herzog Márquez, uno de los más feroces y encarnizados detractores de Sealtiel y la peligrosísima epidemia plagiaria que sufre el mundo literario desde que se inventó el copy & paste.
Extrañamente el Alatriste affaire ha dado rienda suelda a la creatividad en la crítica literaria y hasta el más modesto aspirante a ghostwriter ha pasado a pegarle su embarrón de mierda al plagiario. Inclusive hay quienes han pedido sanciones legales “preventivas” y hasta azotes públicos a quienes como Guadalupe Loaeza –flagrante plagiaria- se pronuncien a favor de bajarle al dramón de que te cachen robándote unos parrafitos. Equis, estamos chavos.
Antes de cometer alguna otra pifia y dejar todavía peor el buen nombre de Vice, me aboqué a la tarea de preguntarle a mi amigo el escritor sobre el arte del buen plagiario y antes de que mis dedos se pudieran dar vuelo copiando y pegando citas de Wikipedia, decidí escuchar.
“Para escritores mediáticos que tiene presencia en la televisión y en los medios impresos masivos como Alatriste y Loaeza, que asisten a desayunos con políticos y a galas festivas, uno se pregunta: ¿A qué hora leen y a qué hora escriben? Es una tradición casi mundial tener negros escribiendo, sin embargo que o Sealtiel tenía un pésimo ghostwriter o era lo suficientemente avaro para no pagarle a alguien y se dedicaba a copiar artículos con errores básicos que ni siquiera un estudiante de secundaria se atrevería a copiar. Mas grave aún que se le acusara de tráfico de obra”.
Autores como Teófilo Huerta y Víctor Celorio habrían denunciado el uso de su obra no publicada para alimentar la imaginación de Carlos Fuentes y de “José y Sara Mago”. Junto a ellos Malú Huacuja denuncia un robo de su obra para entregárselo a Carmen Boullosa. Un ambiente en donde es fértil poder reincidir en el plagio sin sufrir la menor consecuencia. Aquí es donde el chisme de circuito literario toma otra dimensión: Víctor Celorio presenta obra a concurso, mismo donde Carlos Fuentes en sobre sellado y bajo pseudónimo copia idéntica la trama. Teofilo Huerta gana concurso donde Sealtiel Alatriste es jurado para que posteriormente la anécdota se reprodujera en una novela de “José y Sara Mago”.
La intertextualidad, no citar y no usar las comillas debidamente es una práctica más común de lo deseable entre escritores en un país que no lee. Qué más puedo agregar sino darle homenaje a todos aquellos que han volcado su envidia a crear denostaciones artísticas tan elaboradas que de verdad me da pena citar, como es el caso del inmamable Aurelio Asiain quien responde a Heriberto Yépez, quien había sido mencionado por Jesús Silva Herzog Márquez, que con fecha de hoy sigue insistiendo en lo grave de la falta de Sealtiel Alatriste.
Mi amigo, el escritor, menciona una de sus intertextualidades favoritas, recurso de Humberto Eco como ejemplo: ET y Yoda como referencias de la influencia de George Lucas en Steven Spielberg. Una de las intertextualidades que encontré buscando a Saeltiel fue Vigo Mortensen como Alatriste emulando un cuadro de Velázquez. Me sorprendo al enterarme que hasta George Harrison se fusiló alguna rola y que Peirre Menard intentó reescribirEl Quijote de no haber sido porque “José Luis Borgues” se lo impidió.
Mi amigo, el escritor, pudo haber escrito esta columna pero hubiera sido publicada en alguna revista pretenciosa de literatura y ustedes no la habrían leído y tal vez Saeltiel se hubiera inspirado para otra historia.
Más sobre mi amigo el escritor.