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El andamiaje del neofascismo sueco

Demócratas Suecos enseña su verdadero rostro.

por Daniel Strand
31 Enero 2013, 10:42am

Foto de Christian Storm

En noviembre pasado, el periódico sueco Expressen hizo público un vídeo que les había llegado de forma anónima y que mostraba a miembros neofascistas del parlamento sueco desatados por las calles de Estocolmo, blandiendo trozos de andamiaje y gritando a los inocentes transeúntes insultos como “paqui” y “putita”. Todos eran miembros de Demócratas Suecos, un partido político que hace apenas diez años era marginal y carecía de esperanzas de llegar al Parlamento. Sin embargo, en un sondeo de opinión realizado en 2012, el partido se llevaba un 11 por ciento de los votos, lo que les convertiría en la tercera fuerza política del país.

A primera vista, el alza del fascismo y el racismo en Suecia puede parecer sorprendente. No tiene el país una larga historia de colonialismo, y el papel de los movimientos de extrema derecha durante el siglo XX fue relativamente insignificante. ¿Cómo pudo un dispar grupo de nacionalistas anti-inmigración alcanzar un puesto de tal prominencia en la política sueca? ¿Y por qué el pueblo sueco contribuyó con sus votos a que semejantes matones llegaran al Parlamento?

El fascismo parece algo fuera de lugar en Suecia, un país de economía saneada y un buen sistema sanitario, pero en las dos últimas décadas la xenofobia se ha enquistado bajo la superficie de prosperidad. A comienzos de los 80 emergieron un puñado de grupos racistas, siendo el más notorio Bevara Sverige Svenskt (Mantengamos Suecia sueca). Distribuyendo octavillas que instaban a las chicas a “evitar las relaciones sexuales con negros que tienen sida” y reclamando la “repatriación” de inmigrantes de origen no nórdico, el BSS fue caldo de cultivo de activistas de extrema derecha. A mediados de los 80 se celebraron en el centro de Estocolmo mítines fascistas conmemorando el fallecimiento en el siglo XVIII del rey Carlos XVII, a quien señalaban como su padre fundador. Estos mítines, en los que no faltaban cientos de skinheads borrachos alternando con sus abuelos fascistas con jersey, culminaban a menudo en altercados callejeras y violencia sin sentido. Las esvásticas y los saludos hitlerianos no eran difíciles de ver.

Demócratas Suecos nació de las cenizas de este entorno. Formado en 1988, el partido era una coalición entre ex miembros del BSS y líderes de organizaciones nazis como Nordiska Rikspartiet (Partido de las Naciones Nórdicas). El partido se dedicó desde inicios hasta mediados de los años 90 a movilizar a la extrema derecha en contra del sistema político sueco establecido.

Aunque partidos nazis sectarios ya surgieron en Suecia en los años 20 del siglo pasado, su “movimiento nacional” nunca tuvo demasiado impulso. El auge económico del país tras la 2ª Guerra Mundial fue posible gracias a la inmigración a gran escala. En décadas posteriores, el número de suecos inmigrantes de países extranjeros pasó de 100.000 a casi 600.000. En la visión ideológica de Demócratas Suecos del folkhemmet (el hogar de la gente) –una comunidad exclusivamente sueca que abarca a todas las clases sociales– no faltaban los programas de eugenesia y la opresión de los pueblos gitano y saami; sin embargo, el bastión que suponía el socialismo sueco sirvió para mantener a los nacionalistas a raya. Esto fue hasta hace poco.

En 1992, después de que el asesino en serie y ladrón de bancos John “el hombre láser” Ausonius disparara a 11 inmigrantes en Estocolmo, Demócratas Suecos organizó una marcha durante la cual los participantes gritaron que debería haber disparado a más. Un año más tarde, en una celebración comunista del 1 de mayo, la policía arrestó al líder de las juventudes del partido por posesión de una granada de mano.

A finales de los 90, sin embargo, los líderes de Demócratas Suecos empezaron metódicamente a cortar sus lazos con la extrema derecha. Se excluyó a los skinheads, se eliminó el antisemitismo explícito y se disuadió a sus militantes de emplear referencias a la raza. Cortando el cordón umbilical con el nazismo, este violento partido se puso la máscara de un moderado y respetable opositor a la multiculturalidad. En 2001 el partido se escindió en dos, con los antisemitas y facciones más radicales fundando el ultranacionalista Nationaldemokraterna (Demócratas Nacionales). La estrategia de Demócratas Suecos consistió en presentarse como invandringskritik (críticos con la inmigración) y socialmente conservadores en vez de explícitamente fascistas. Liderado por Jimmie Akesson, un hombre joven y bien vestido con un autoproclamado interés en la “historia”, el partido obtuvo 160.000 votos en las elecciones parlamentarias de 2006.

Conscientes del aumento del sentimiento anti-islámico en Europa, Demócratas Suecos desvió la demonización hacia los inmigrantes musulmanes, haciéndolos chivo expiatorio de lo que el partido señalaba como “descomposición social”. Llegaron tan lejos como para designar a miembros judíos como altos cargos, y comenzaron a promover una agresiva política pro-Israel. En palabras de Akesson, el islam era “la mayor amenaza extranjera [a Suecia] desde la 2ª Guerra Mundial”.

Con su imagen de caballo perdedor calibrada con todo esmero, Demócratas Suecos se labró un considerable apoyo a lo largo de los siguientes años. Algunos antiguos demócratas sociales, desalentados ante la implicación de su partido en el desmantelamiento del estado del bienestar, encontraron que Demócratas Suecos era una fuente de estabilidad, comunidad y tradición. El partido se apropió de la visión socialdemócrata del folkhemmet y lo volvió en contra de quienes lo habían diseñado, acusando a los demócratas sociales de haber traicionado al pueblo sueco sometiéndose a la multiculturalidad, el feminismo y la “inmigración en masa”.

En las elecciones de 2010, Demócratas Suecos obtuvo por fin los votos necesarios para entrar en el Parlamento. Recibió un 5,7 por ciento del voto popular, erigiéndose en el sexto mayor partido de Suecia. No solo consiguió 20 escaños en el Parlamento: también fue rápidamente asimilado en la esfera pública. Analistas de extrema derecha apuntaron que el auge del partido era motivo suficiente para “debatir la inmigración”. Muchos periodistas no supieron cómo clasificarlos, mientras que comentaristas de izquierdas señalaron que se les tenía que describir como fascistas. Los medios generalistas adoptaron una posición neutral, eligiendo para el partido el calificativo de “crítico con la inmigración”. Un significativo eufemismo, dado que Demócratas Suecos había estado, en esencia, abogando por la tajante prohibición de toda inmigración.

En la nueva credibilidad de Demócratas Suecos fue clave la fachada culta y civilizada de la cúpula del partido. Todos sus jóvenes parlamentarios lucían buen aspecto, vestían trajes (a menudo con un pequeño pañuelo sobresaliendo del bolsillo de la chaqueta) y hablaban con corrección. Una y otra vez afirmaban que Demócratas Suecos no era un partido racista per se; solo abogaban por una “política de inmigración restrictiva”.

Las declaraciones que hacían con regularidad los miembros del partido contradecían esta afirmación. “Durante miles de años, los negros se han podido relajar al sol, comer plátanos, violar a alguna mujer o niño que pasara, pelearse con otros negros y comérselos”, escribió en su blog un miembro de Demócratas Suecos, Per Wahlberg, en septiembre de 2010. Unos meses más tarde, otro miembro del partido, Isak Nygren, dijo que se oponía a la “mezcla de razas” y que los suecos no deberían tener relaciones con “asiáticos” y “negros”. En mayo de 2012, Solveig Renhammar-Metus abandonaba Demócratas Suecos furioso porque “los judíos controlan el partido”. Ese mismo verano, otro político, Pär Norling, decía que los musulmanes practicantes deberían ser deportados y el islam prohibido en Suecia. Y uno de sus parlamentarios, Stellan Bojerud, autor de un libro titulado El nazismo en Suecia, 1924-1945, afirmaba que investigaciones científicas demostraban que los inmigrantes tenían “un coeficiente de inteligencia menor” que los suecos.

La cúpula del partido tuvo finalmente que atajar drásticamente la verborrea racista. El pasado mes de octubre, el líder del partido, Jimmie Akesson, envió una carta a todos los miembros de Demócratas Suecos con cargo anunciando que el partido adoptaría una política de tolerancia cero ante el racismo y el extremismo. Akesson aseguró que los casos de racismo y extremismo eran “hechos excepcionales” en el seno de un partido que formaban personas “comprometidas, inteligentes y amables”. De acuerdo con esta carta, unas cuantas manzanas podridas estaban ensuciando el trabajo serio de todos los otros devotos críticos con el islam y la inmigración. Por desgracia para Akesson, no pasaría ni un mes antes de que el escándalo de los trozos de andamiaje apareciera en las noticias, y la pátina de respetabilidad del partido voló como una hoja ante el soplo de la verdad desnuda.

Una manifestación de Demócratas Suecos en 1991 en conmemoración del fallecimiento en el siglo XVI del rey Carlos XVII, a quien consideran su padre fundador. Estas manifestaciones, en las que participaban cientos de skinheads borrachos y fascistas de viejo cuño, culminaban a menudo en altercados y cargas policiales. Las esvásticas y los saludos hitlerianos eran habituales. Foto cortesía de Expo.

Poco antes de las elecciones de septiembre de 2010, el cómico sueco-kurdo Soran Ismail colgó en YouTube un vídeo en el que afirmaba que tres miembros de alto rango de Demócratas Suecos se habían enfrentado a él a la salida de un McDonald’s en el centro de Estocolmo. En el vídeo, grabado con teléfono móvil, aparecía el secretario de prensa de Demócratas Suecos, Erik Almqvist, y los candidatos al Parlamento Kent Ekeroth y Christian Westling atacando y dando patadas a un hombre sin identificar en plena calle, enfrente de un restaurante de comida rápida.

Un par de días más tarde, Almqvist publicó en YouTube una respuesta. Aseguraba que él era quien había sido atacado por “un miembro de la red criminal Original Gangsters”. Según Almqvist, el vídeo de Ismail era otro ejemplo de una interminable campaña de difamación contra Demócratas Suecos. La semana siguiente Almqvist y Ekeroth fueron elegidos para el Parlamento, el primero convirtiéndose en portavoz de política económica de Demócratas, Suecos, y el segundo, portavoz del área de justicia.

El episodio habría sido olvidado, sustituido por la siguiente gran noticia en los medios, de no haberse descubierto que también Ekeroth grabó el ataque con su teléfono móvil. El vídeo llegó de algún modo al periódico sueco Expressen, que lo publicó el 13 de noviembre de 2012, más de dos años después de ocurrido el incidente.

En el vídeo se ve a un Erik Almqvist borracho manteniendo una acalorada discusión con Soran Ismail a la salida de un McDonald’s. Almqvist le dice a Ismail que “se comporta como un paqui”; se vuelve progresivamente más agresivo, avisándole de que “no joda a los suecos” y después diciéndole que Suecia “no es su país, es el mío”. Cuando Ismail protesta, Almqvist le suelta que él “no tiene derecho a estar [en Suecia]”.

Los tres Demócratas Suecos se enzarzan después en una pelea con un transeúnte anónimo que les afea cómo están tratando a Ismail. Cuando el hombre hace ademán de coger el teléfono de Ekeroth, el trío le ataca. Almqvist intenta darle una patada y le llama blatteälskare (amante de los paquis).

En la siguiente secuencia del vídeo, una mujer joven en el exterior del McDonald’s les pregunta a los de Demócratas Suecos por qué están atacando a un hombre inocente en plena calle. Almqvist –quien recientemente se quejó en el Parlamento de que los inmigrantes llamaban “putas” a las chicas suecas– se gira hacia su amigo y dice, “Ni caso a esta putita”. Ekeroth se enfrenta luego a otra chica en la calle, diciendo, “Yo puedo hacer lo que me salga de los cojones” antes de empujarla dentro de un coche.

Se ve después a los de Demócratas Suecos cogiendo tres trozos de andamiaje de una obra cercana y yendo de regreso hacia el McDonald’s con actitud amenazadora. “Solo nos estamos defendiendo”, explica Ekeroth. Poco antes de llegar ven que la policía ha arrestado al hombre al que presumiblemente iban a agredir, sueltan los trozos de andamiaje y Almqvist inicia una charla con los policías. Después de haberse pasado media hora gritando obscenidades racistas y sexistas comienza de pronto a actuar como un hombre sobrio y a hablar respetuosamente, diciéndole a los agentes que el hombre le había atacado. Más tarde, después del episodio, Almqvist se gira a uno de los suyos y dice, “Siempre es bueno llevar puesta la piel de cordero”, y los tres se alejan caminando entre el resplandor de una hermosa mañana en Estocolmo. Almqvist se ríe, comentando que han pasado “una buena noche”. Ekeroth, que sigue grabando, dice que “es estupendo ver que ninguno de nosotros se ha achantado”. El tercer miembro del grupo, el Demócrata Sueco Christian Westling, dice, “¡Joder, ha sido divertido! ¡Vaya un puto blanco negrata!”

Arriba: Erik Almqvist, antiguo portavoz del área de política económica de Demócratas Suecos, llama a un hombre desconocido “amante de los paquis”. Kent Ekeroth, antiguo portavoz de justicia, graba el suceso con su teléfono móvil. Abajo: Almqvist, con el antiguo candidato al Parlamento Christian Westling a su derecha, le dice al cómico sueco-kurdo Soran Ismail que “no joda a los suecos”. Derecha: Almqvist y Westling blanden trozos de andamiaje para “defenderse”.

La publicación por parte de Expressen del vídeo filtrado coincidió con los cuatro goles que Zlatan Ibrahimovic, la mayor estrella del fútbol sueco, le marcó a Inglaterra en el partido inaugural del nuevo estadio nacional en Estocolmo. Ibrahimovic nació y creció en Rosengard, un barrio de inmigrantes en Malmö, ciudad que Demócratas Suecos habían usado como ejemplo de la supuesta descomposición social provocada por la inmigración. Mientras Ibrahimovic anotaba él solo cuatro goles, cerrando el partido con una de las chilenas más impresionantes de la historia del fútbol, Demócratas Suecos convocaba una reunión de emergencia en la que se decidía relevar a Erik Almqvist de su puesto como portavoz de economía y miembro del consejo ejecutivo del partido. Kent Ekeroth, sin embargo, solo recibió una reprimenda y una suspensión temporal. Ninguno de los tres participantes en el incidente fue expulsado del partido ni apartado de su escaño en el Parlamento.

Pronto estarán de vuelta. Con cientos de grupos locales, 6.000 miembros y docenas de influyentes webs a su servicio, a largo plazo Demócratas Suecos no resultará afectado por el escándalo que provocaron sus matones. Así y todo, el asunto supuso para el pueblo sueco un necesario recordatorio de los flirteos del partido con el fascismo.

El problema, por desgracia, no se limita a Suecia. La historia de Demócratas Suecos es la historia de la Europa contemporánea. En Hungría, la Guardia Húngara del partido Jobbik sigue acosando a judíos y gitanos. En Grecia, Amanecer Dorado ataca a políticos parlamentarios y destruye negocios propiedad de inmigrantes. En Coccaglio, Italia, la alianza de la Liga Norte anunció unas “Navidades blancas” durante las que la policía peinaría los barrios para encontrar a inmigrantes sin papeles. En Noruega, un declarado simpatizante de Demócratas Suecos asesinó a 77 personas por su supuesto “multiculturalismo”. Mientras en Estados Unidos se están haciendo progresos en la confrontación de su propio pasado racista, Europa parece haber entrado en una espiral descendente hacia el nefasto cóctel de fascismo y xenofobia previo a la 2ª Guerra Mundial.