Cultură

Vemos el primer programa de “El Hormiguero” diez años después

En los últimos meses ha pulverizado su mejor dato de audiencia y ha demostrado que la erosión del tiempo y los cambios de tendencia en la pequeña pantalla no van con él, pero a pesar de hecho ha cambiado mucho en diez años.
3.3.16

En unos meses se celebra el décimo aniversario del estreno de "El hormiguero", uno de los formatos que mejor resiste en la aguerrida parrilla televisiva. De hecho, en los últimos meses ha pulverizado su mejor dato de audiencia y ha demostrado que la erosión del tiempo y los cambios de tendencia en la pequeña pantalla no van con él. Hoy es un espacio de éxito conocido por todos los televidentes españoles y con una estructura totalmente asentada. Pero… ¿muchos de sus seguidores recuerdan cómo era "El Hormiguero" en sus inicios?¿En qué ha cambiado el formato a lo largo de esta década de vida?¿Estáis seguros que Pablo Motos es la misma persona? En VICE hemos querido responder a estas dudas recurriendo a la moviola: buscamos, y encontramos, el primer programa de la historia de "El Hormiguero", que se emitió el 24 de septiembre de 2006 en Cuatro, y lo visionamos de cabo a rabo para extraer nuestras propias conclusiones. Estas:

The life of Pablo

Todas las imágenes son capturas de pantalla del programa

Pablo Motos no era Pablo Motos. No el Pablo Motos que vemos en la actualidad. El de hace diez años estaba más gordo, así como más hinchado, aún tenía la piñata vieja y por entonces aún no conocía las propiedades adictivas del botox y las tácticas de rejuvenecimiento. Se nota que nunca había pisado un gimnasio. A ver, es que ni tan siquiera la barba parece la misma. Directamente es otra persona, como si hubiera sido abducido por algún extraterrestre en un plan orquestado y totalmente planificado para invadir la Tierra desde dentro. También parece otro en el carácter y la manera de presentar: menos altivo que ahora, con el ego mucho menos subido, no se pasa todo el programa compitiendo, sino que adopta un papel considerablemente más moderado en todos los ámbitos. Hay que mojarse: ¿nos quedamos con ese Motos del montón, normal e incluso gris, o con el Motos sobrado de ahora, el que quiere ganar y ser el primero hasta en la prueba más ridícula? Indiscutiblemente con el segundo: si no fuera así, ¿en quién diablos nos cagaríamos cuando estamos cenando tranquilamente en casa y encendemos la tele?

Ritmos de otra época

El programa se emitía en Cuatro. El domingo por la tarde. Y duraba el doble que en la actualidad, casi hora y media sin contar los minutos de publicidad. El plató era gigantesco y la mayoría de los contenidos se desarrollaban de pie, sobre la marcha. El ritmo indudablemente era otro: hoy en día, un monólogo de diez minutos para empezar un programa provocaría dimisiones inmediatas en las altas esferas de cualquier cadena. Secciones larguísimas al trote cochinero, como si no hubiera prisa. De acuerdo que eran otros tiempos, pero aun así sorprende ver en la actualidad esta versión al ralentí de "El hormiguero", que choca de forma considerable con el aire más dinámico y acelerado de la actualidad, en el que todo transcurre de una manera más ruidosa y fulgurante. Una cosa es tener que llenar casi hora y media; otra muy distinta hacerlo sin chispa, como si no importara en absoluto la noción de rapidez e imprevisibilidad. El monólogo, justito: alusiones a Zapatero o a Michael Jackson como principales puntos de interés. Hoy sale dando esa turra al espectador y a los tres minutos el director de programas de la cadena le cita en su despacho con el finiquito encima de la mesa.

Cambio de fichas

¿Alguien se sigue acordando de Flipy?

En la actualidad, Flipy y Luis Piedrahita ya no están. En el debut sí. En este primer programa ambos tienen mucho protagonismo. Flipy, al que posteriormente substituiría Marron, llega a hacer hasta cuatro experimentos distintos del tirón: desde convertir una taza de wáter en una emulsión asquerosa de fluidos extraños a casi incendiar la mesa con propulsiones de gas. Los experimentos por entonces tenían esa apariencia low cost, muy de estar por casa, que con el cambio a Antena 3 y el aumento de presupuesto derivaron en puestas en escena mucho más presuntuosas y ambiciosas. Eran gracietas infantiles sin pretensiones, una versión catódica del Quimicefa que poco a poco se fue convirtiendo en un delirio autoparódico: cuantos más medios, más ego y pavoneo se veía en sus experimentos. Tampoco duró mucho una sección prima hermana de "Humor amarillo", uno de los momentos del estreno que más anticuado, viejo y caduco se ve una década después. En ese momento el programa lo emitía Cuatro, que por entonces también estaba centrado en la redifusión del célebre programa de humor japonés, de ahí la inclusión de este apartado absolutamente prescindible.

El núcleo duro

Sí aparecen las hormigas y Jandro, dos pilares básicos del formato que aún hoy ejercen de núcleo duro del programa. A las hormigas les ha cambiado la voz. Bueno, a los dos tipos que hacen de hormigas. Son los mismos, pero es curioso ver cómo la voz de los muñecos de trapo ha cambiado de forma considerable en estos diez años. Y diría que ahora son más hijas de puta, en el mejor sentido del término. También ha evolucionado su protagonismo: en ese primer programa apenas intervienen; hoy, por el contrario, tienen secciones propias y participan activamente en la entrevista al invitado. El de Jandro es un caso parecido: en el debut le vemos de refilón soportando las bromas humillantes de Motos; en el presente acostumbra a ser al revés, es Jandro quien no se corta y bromea a costa de Motos. La confianza da asco, dicen.

Mala hierba nunca muere

Y por supuesto tanto en ese primer programa como en el actual nos enfrentamos a notorios momentos de vergüenza ajena. En eso no ha cambiado. El más claro del debut, ese rap con Raquel Martos, colaboradora que ha ido apareciendo y desapareciendo en diversas etapas, que ya en su momento recuerdo como algo altamente nocivo para la cordura emocional del espectador. Es sintomático que antes de visionar esta puesta de largo mi único recuerdo claro de la misma fuera ese rap. Pero quizás lo mejor de todo esto consiste en revivir ese primer numerito musical con el tiempo y la experiencia de tu parte: en ese instante era imposible saber y calibrar que aquello era algo más que una simple concesión para el entretenimiento, que realmente a Motos todo este tipo de escenas le ponen muy burro. Esta es la constatación de que el actor y cantante frustrado que lleva dentro ya hizo acto de presencia en la mismísima primera tarde, a los quince minutos de programa. La confirmación, en definitiva, de que Motos siempre fue Motos, y de que no fueron el éxito y la fama quienes hicieron más grande al monstruo. El narcisista nace, no se hace.