
—No, ya le dije. Estaba subiendo por la escalera con la cabeza agachada mientras él descendía— respondió Fateh.
—Pero, cuando lo atacó, estaban ustedes dos solos, frente a frente.
—Todo sucedió tan rápido.
—Debió ver algo, esto sucedió a media tarde.
—No podía ver muy bien. La escalera y los descansos no están bien iluminados.
Publicidad
Publicidad
—Muchos testigos en el mercado lo vieron. Incluso hubo quienes hablaron con él. Pero no despertó sospechas. Todas las descripciones que tenemos de él son sorprendentes.Enumeró las características del sospechoso: mediana edad, alto, complexión robusta, frente estrecha, bigote delgado, cabello fino y oscuro, cara alargada y tórax en tonel.Esto contradecía el testimonio de Fateh. Él había insistido varias veces en el informe oficial que tenía una frente ancha, el cabello y el bigote grueso, y el rostro redondo.—¿Lo habías visto antes o quizá te habías percatado de su presencia en algún lugar?
—No.
—Y no tenía una túnica.
—Nunca dije eso.
—¿Estaba afeitado?
—¿Eso qué quiere decir?
—Quiere decir que no era un terrorista.
—No enviarían a alguien con barba y un turbante.
—No corrió. Salió con toda tranquilidad, simplemente se sacudió la ropa y se alejó caminando.El investigador quería insinuar algo con estas preguntas que contradecían lo que susurraba la gente allá afuera.—¿Crees que era un terrorista?— insistió el investigador.
—¿Por qué no habría de creerlo?
—¿Un terrorista bien vestido sin ametralladora ni granadas?
—Entonces, ¿quién era?
—Suena como un hombre de negocios, o como esos hombres que contratan para que los protejan. Más como un guardaespaldas.La víctima se quedó boquiabierta con asombro.—Hay una gran diferencia entre los dos.
—Los dos usan trajes negros, camisas blancas y siempre traen puestos lentes oscuros.
—No tenía lentes.
Publicidad
Publicidad
—Cuando escuché lo que te había ocurrido, decidí venir a ver cómo estabas.
—¿Pero por qué no me habías buscado antes?
—Demasiado ocupado; quiero decir, tú estabas demasiado ocupado, así que nunca me molesté en contactarte. Pero estaba al tanto de todo lo que hacías, leía todo lo que escribías. Lo siento, amigo mío; para ser honesto, todo lo que leía o escuchaba de ti no me hacía muy feliz. Cuando escuché sobre el ataque, fue el deber, y sólo eso, lo que me trajo a ver cómo estabas. Yo rompí los lazos contigo. Yo tengo la culpa. Debí dejar pasar algunas cosas, sólo algunas aunque, por supuesto, no todas. Uno no debe deshonrar una amistad, sin importar cuánto tiempo haya pasado.
Publicidad
Publicidad

—No, para nada.Pasaba sus días de voluntario en organizaciones caritativas. Ayudaba a los pobres, viudas, huérfanos y a cualquiera que lo necesitara, y su única recompensa era hacer todo esto acompañado de Dios. Al final, eso era lo único que podía esperar.Después de resumir su historia, era el turno de su viejo amigo para hacer las preguntas. Señaló las vendas blancas en la cabeza de Fateh.—Amigo mío, ¿qué te has hecho?— le reprochó.
—No he hecho nada. Me atacaron.
—Me preocupa que hayas incitado a alguien.
—No sabría decirte. La investigación no ha llegado a ninguna conclusión todavía.Mantuvo su respuesta breve para no arruinar el ambiente. Pero su amigo se acercó para susurrarle algo.—Las personas que dicen que te hicieron esto, no tienen nada que ver. Tu gente está haciendo acusaciones infundadas.
—¿Qué sabes tú de esto?— preguntó Fateh, alterado.
—Sé mucho.
Publicidad
—Más de lo que te imaginas.
—Eres el mismo de siempre, no has cambiado nada.
—Y durante mucho tiempo esperé que eso pasara.Fateh estaba maravillado por su forma de mantener esa ingenuidad, así como por sus rasgos infantiles, los cuales parecían no haber cambiado mucho dada su edad avanzada, salvo un mechón de canas y algunas arrugas bajo sus ojos. Pero fuera de eso, era como si el tiempo se hubiera congelado.En general, la vida no puede tolerar a un hombre de tanta nobleza y generosidad; una interacción honesta con la gente puede tener consecuencias no deseadas. No era más que un pequeño niño en el complicado mundo de los adultos. ¿Cómo es que la muerte no lo había encontrado durante una de sus buenas obras? Estaba dispuesto a sacrificarse por otros, y probablemente había sido víctima de engaños más de una vez.—Pero el mundo ha cambiado.
—Esperemos que nosotros no cambiemos nunca.
—Sin embargo, hemos cambiado. Y mucho.
—Si necesitas algo…
—No necesito nada— se apresuró a contestar Fateh, cada vez mas exasperado.Su amigo se encaminó hacia la puerta, pero se detuvo y se dio la vuelta.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
