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Cultura

'Voy a morir pronto, lo sé': un encuentro con la auténtica Christiane F

Tres décadas más tarde, con 51 años y viviendo de nuevo en Berlín, Christiane publicó recientemente sus memorias, "Christiane F – Mi segunda vida"

por Max Daly
12 Diciembre 2013, 11:53am

Christiane Felscherinow

El 19 de enero sale a la venta "Christiane F. Mi segunda vida", la autobiografía de Christiane F. Para más información haz clic aquí.

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Christiane Felscherinow era todavía una niña cuando se convirtió en la adicta a la heroína más famosa del mundo. Su incursión, a los 13 años, a la la heroína y la prostitución en las calles del Berlín occidental se transformó en un libro –Nosotros, los niñosde la estación del zoo– y después en una lúgubre película biográfica, Yo, Cristina F, en 1981.

Gracias a un cameo de David Bowie y a todas las imágenes de gente joven inyectándose heroína, la película no tardó en convertirse en un éxito de culto. Y no pasó mucho tiempo antes de que la Christiane F real fuese catapultada de una vida de meterse picos y buscar clientes en los lavabos públicos del Berlín occidental a convertirse en la llamada "princesa yonqui", una que se inyectaba heroína mientras alternaba con artistas y famosos en Los Ángeles.

Tres décadas más tarde, con 51 años y viviendo de nuevo en Berlín, Christiane publicó recientemente sus memorias, Christiane F – Mi segunda vida. Su salud flaquea debido a la hepatitis C que contrajo en los años 80, pero habló conmigo acerca de las cosas que le sucedieron después de que fuese propulsada al candelero internacional hace treinta años.

Tráiler de Christiane F, la película de 1981

VICE: Echando la vista atrás hasta 1981, ¿cómo fue ver la película por primera vez?

Christiane: Los productores me invitaron a verla antes de que se estrenara. Me dijeron que también estaría David Bowie. Vino con su convoy personal para recogerme. Yo estaba como loca ante la idea de conocerle; tuve que tomar un montón de cocaína para atreverme. Me llevé conmigo a una amiga para que me apoyara, pero se derrumbó en el suelo en el mismo momento en que vio a Bowie. Me puse a sacudirla y entonces él abrió la puerta de su coche y me pidió que fuera a ver la película con él.

Sin embargo, me decepcioné enseguida, porque llevaba barba y era muy delgado y bajito. A mí me encantaba Diamond Dogs, ahí parecía una figura extraordinaria, pero a mi lado, en el coche, parecía pequeño y un flojeras, como mi padre. Yo creía que David Bowie iba a ser la estrella de mi película, pero iba todo sobre mí.

¿Era un retrato ajustado de tu vida?

En conjunto, sí. Pero la verdad es que la película no me gusta mucho; no describe cómo crecí, cómo mis padres me rechazaron. Mi padre era bebedor y abusaba de mi hermana y de mí. Era un hombre colérico y mi madre no hacía nada. A ella le preocupaban más el asunto que tenía con otro hombre y estar guapa. De niña estuve muy sola. Yo sólo quería pertenecer a algo, encajar. Luchaba contra el mundo.

¿Cómo te afectó la repentina fama después de que salieran el libro y la película?

Yo tenía 16 años cuando escribí el libro, y lo único que quería era hablar. Era una terapia. Pensamos que el libro interesaría a unos cuantos, sólo era un libro entre miles. Pero nos equivocamos completamente. De repente era famosa, pero era incapaz de determinar qué significaría esto en mi vida. Para el público yo era la famosa drogadicta, algo para exponer. Todos querían hablar conmigo, verme y preguntarse, "¿Lo conseguirá o no? ¿Ha muerto ya? ¿Sigue siendo adicta?" No me querían como vecina o como novia de su hijo. Christiane F está bien a distancia, ¡pero no demasiado cerca, por favor! No estaban interesados en mí más allá de que fuera yonqui. Esa es la razón de que lamente que hicieran el libro y la película.

Un póster de Yo, Cristina F

Al principio eras una persona anónima. ¿Por qué decidiste salir a la luz?

Porque era muy joven y no sabía qué impacto tendría en mi vida. Nadie se ocupaba de mis intereses. Esa es la razón. Bernd Eichinger [el productor del film] me pidió que hiciera promoción de la película en Estados Unidos porque Natja Brunkhorst, la actriz que me interpretaba, era demasiado joven y su padre no le iba a permitir viajar a América. Yo tenía 19 años y pensé que podría sobrellevarlo, pero me equivoqué.

¿Qué sucedió cuando viniste a Estados Unidos?

Conocí a un montón de gente inspiradora. Por ejemplo, Rodney Bingenheimer, el famoso DJ que apoyó a grupos punk como Blondie y los Ramones. Me encantaba Pasadena, y tuve la oportunidad de vivir allí, pero me arrestaron con unos cuantos gramos de heroína y opio y ya no se me permitió regresar a Estados Unidos.

Qué mierda. De regreso en Alemania acabaste saliendo con Alexander Hacke –guitarrista del grupo industrial alemán Einstürzende Neubauten– y viviendo con Nick Cave, ¿verdad?

Oh, era amigo de un amigo y solía utilizar mi casa como escondrijo porque en los años 80 tenía un problema muy grave con la heroína. No sabía a qué otro sitio podía ir, porque la prensa no le daba ninguna privacidad. Se quedó un par de meses. Me alegro de que lograra librarse de sus problemas. Ahora tiene una familia.

Platzspitz –o el "parque de las agujas", como lo bautizaron– en 1992 (foto vía skatepunk.com).

A finales de los 80, cuando todavía estabas viviendo con unos editores en Zúrich, te hiciste habitual de la Platzspitz, un parque donde vender y tomar drogas era completamente legal. ¿Cómo era aquello?

En Zúrich viví entre estrellas de la literatura y la escena de la heroína. Platzspitz era la escena de la droga al aire libre más grande que había entonces en Europa. Era como una Disneylandia para yonquis. Zúrich es una ciudad pequeña y la escena de la droga era enorme en esos tiempos. Algunos días había allí casi 3.000 yonquis, vagabundeando, tomando drogas, emborrachándose. Yo a veces me quedaba durante semanas. Era como un mercado; tenían mesas donde ofrecían toda clase de drogas. Pero la gente empezó a morir y a infectarse con VIH y hepatitis C. La zona se convirtió en una acumulación de basura y había una guerra abierta entre bandas de traficantes rivales, así que el gobierno suizo la cerró en los años 90.

En Yo, Cristina F aparecían escenas bastante explícitas de uso de drogas. Pero también estaba la banda sonora de Bowie. ¿Crees que la película disuadió a la gente de usar heroína o por el contrario le dio glamur?

No disuadió a todo el mundo. Pronto tuvimos el problema de que mucha gente joven pensaba que lo que habíamos experimentado era glamuroso y romántico. Incluso cuando el libro se convirtió en un texto obligatorio en los colegios, me di cuanto de que a los chicos se sentían más fascinados que repelidos por lo que leían. Así que Stern [la casa editora] publicó un libro de datos, que distribuyeron entre profesores y padres, con información sobre cómo tratar con adolescentes fascinados con la historia de Christiane F. Confío en que Mi segunda vida aleje a la gente del uso de drogas más de lo que lo hizo mi primer libro. Estoy segura de que lo hará. Describe cuánto he dolor he tenido en mi vida y [explica] que tendré una muerte muy temprana y dolorosa.

¿Qué crees que le atrae a la gente de tu historia?

Siempre me he preguntado eso y simplemente no lo sé. No soy nada especial. No he hecho nada especial. Ni siquiera soy una yonqui especial. Hay miles de personas que tienen historias parecidas.

David Bowie en Yo, Cristina F

¿Por qué crees que se ve a los yonquis como parias sociales?

Es estúpido. Se te admira aunque tomes drogas mientras seas algo especial, un músico o un pintor. Pero si tomas drogas y no tienes ninguno de esos talentos, te declaran inútil para la sociedad. Se te ve como anti-sociedad. La sociedad no acepta a los adictos, pero sí acepta, por ejemplo, que unos padres se beban una botella de vino al día y dejen a sus críos con niñeras extranjeras porque al salir del trabajo se quieren ir de fiesta. No lo pillo.

Tres de tus amigos más próximos habían muerto para cuando se estrenó la película. ¿Contar tu historia te salvó la vida?

Si algo ha hecho, probablemente sea acortarla. No habría tenido tanto dinero en concepto de derechos intelectuales, así que tal vez no habría podido comprar heroína durante tantos años. Quizá me habría limpiado antes y hoy estaría en mejores condiciones.

Pero estás viva...

Siempre he mantenido mi aspiración. Me fascinan el azar y las casualidades, aunque no siempre haya sacado lo mejor de ellas. Y hay un orden en mi caos. Siempre he querido tener buen aspecto, sentirme bien, tener una ducha y una casa. Me siguen haciendo feliz todas esas pequeñas cosas de la vida.

¿Por qué crees que nunca dejaste las drogas?

Nunca quise dejarlas. No conocía nada más. Decidí vivir otra vida de cara a otras personas. No necesito un pretexto para parar.

¿Cómo estás ahora de salud?

Me estoy administrando metadona. A veces me fumo un porro. Bebo demasiado alcohol. Mi hígado está a punto de matarme. Tengo cirrosis a causa de la hepatitis C. Voy a morir pronto, lo sé. Pero en mi vida nunca he echado nada de menos. Y me parece bien. Así que no es esto lo que yo recomendaría: esta no es la mejor de las vidas, pero es la mía.

@narcomania

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