El turismo está acabando con tus ciudades favoritas
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El turismo está acabando con tus ciudades favoritas

Cuando la torre Eiffel inunda tu cuenta de Instagram, sabes que ha llegado la hora de descubrir sitios nuevos.
14.7.16

Todas las fotografías por Martin Parr

Este artículo se publicó originalmente en Amuse

La semana pasada, tras un viaje relámpago por carretera visitando ciudades europeas, entre ellas Barcelona, Milán, Génova y Florencia, llegué a la conclusión de que hay que encontrar nuevas formas de disfrutar de las ciudades del mundo. Los antaño gloriosos "puntos de interés" de los destinos más populares han quedado hoy asfixiados bajo el peso de auténticas hordas de turistas, mientras que los lugares menos publicitados ofrecen más aventura de la que somos capaces de asimilar.

Pese a la innegable belleza de Barcelona, lugares como el Born, Barceloneta y el barrio gótico están plagados de visitantes ataviados con ropa cómoda montados en segways o de manadas de cuerpos cuasitraslúcidos con diversas zonas de la piel al rojo vivo.

Todos los veranos se suceden las manifestaciones de los vecinos de estos barrios contra ese turismo masivo y opresivo que trastorna su día a día en más de un aspecto.

Italia. Pisa. La torre inclinada de Pisa. De 'Small World', 1990. Martin Parr / Magnum Photos

El florentino Ponte Vecchio está saturado de turistas que no parecen disfrutar lo más mínimo su visita planificada. Si te mueres de ganas de conocer de cerca las maravillas de Bangkok que salen en los catálogos, prepárate para ver budas esplendorosos en una lenta y agónica marcha en fila india, haciendo exactamente la misma foto que miles de personas han hecho antes que tú. Aquejadas de este mal epidémico, estas ciudades acaban convirtiéndose en una extraña amalgama de falsificaciones de Louis Vuitton, carcasas de iPhone y menús ilustrados.

Obviamente, la gente acude en peregrinación a ver monumentos como la Sagrada Familia o el Coliseo porque son impresionantes y dignos de admiración, pero no estaría de más dedicar tiempo a visitar alguna ciudad olvidada de un país para hacerse una idea más fiel a la realidad de cómo viven sus gentes.

Quizá Milán sea el destino menos apreciado en la gira de un editor de moda, pero hace poco unos amigos estuvieron visitando la ciudad y quedaron gratamente sorprendidos por lo bien que se lo pasaron, en contraste con los tediosos paseos por Roma fotografiando cada monumento como autómatas.

Si bien es cierto que en Milán también hay gran cantidad de visitantes fotografiando el Duomo, el motor de la ciudad no es ni mucho menos el turismo, lo cual se refleja en su bulliciosa y vibrante actividad. Los bares, tiendas y restaurantes de Milán centran su actividad no tanto en los turistas como en los propios milaneses.

Italia. Venecia. De 'Home and Abroad', 1990. Martin Parr / Magnum Photos

Bajamos por la costa de Liguria y atravesamos Génova, una ciudad de la que no sabía prácticamente nada. Mientras atravesábamos la carretera que divide en dos la ciudad, quedamos fascinados ante la belleza de los frescos de sus ostentosos edificios, los marcados contrastes arquitectónicos y la sensación de que Génova era una verdadera joya por descubrir. La vida allí está muy alejada de los estereotipos de otras ciudades de Italia: allí había gente de verdad trabajando su bronceado en las abarrotadas playas, La cala de guijarros frente a Piazza Nettuno seguramente no ganará ningún premio a la mejor playa del mundo, pero el ambiente que allí se respiraba era más emocionante y satisfactorio de lo que se puede pensar.

Las megalópolis como Nueva York, Londres y Tokio son capaces de asimilar los enjambres de turistas sin que su tejido social se vea afectado, a diferencia de las ciudades de dimensiones menores, como Barcelona y Florencia, que se ven abrumadas por la llegada de mareas de visitantes con mochilas, cruceristas y jóvenes etílicos.

Quizá sea el momento de dirigir la mirada hacia esos pocos lugares de los que no se habla tanto y visitemos Marsella, Palermo, Johannesburgo y Amberes para saborear la verdadera vida de sus habitantes.

Divulgando el amor por otras ciudades del mundo también contribuimos a dar un respiro a los sufridos epicentros del turismo en su asfixiante existencia.

Traducción por Mario Abad.