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Cultura

Así maltratan a los animales en los festejos más brutales de España

Miguel Ángel Rolland nos desvela las claves de 'Santa Fiesta', su documental sobre las celebraciones patronales más salvajes de España.

Dani Cabezas

Todas las imagenes cortesía de Miguel Ángel Rolland.

Una multitud abarrota el puerto de Lekeitio (Vizcaya). Hay vecinos de todas las edades, incluidos niños, pero también turistas y curiosos. Es 5 de septiembre y en sus aguas tiene lugar el espectáculo más popular de los San Antolines, las fiestas patronales de la localidad: el Antzar Eguna o Día de los Gansos. En él, los llamados "atrapalaris" se cuelgan del cuello de uno de estos animales, sujeto por una cuerda y suspendido sobre el agua, para tratar de arrancarle la cabeza de cuajo. El que lo consiga, gana.

El Antzar Eguna es sólo una de las paradas que Miguel Ángel Rolland y su equipo hicieron para rodar Santa Fiesta, un documental que plasma sin ambages la realidad de muchos pueblos que, como Lekeitio, tienen el maltrato animal como eje central de sus festejos. De Tordesillas y su tristemente célebre Toro de la Vega a la tradición 'Correr los gansos' de Carpio del Tajo (Toledo), donde, como en el Antzar Eguna, se arranca la cabeza de un ganso colgado en una cuerda, con la diferencia de que se hace a caballo y no sobre el agua. Del Toro Embolado de Amposta (Tarragona), en el que se coloca fuego en la cabeza del animal, a los Bous a la mar de Denia (Alicante), donde el astado va a parar a las aguas del Mediterráneo, pasando por el Toro Enmaronado de Benavente (Zamora), al que se le ata una soga a los cuernos para, entre gritos, golpes y abucheos, conducirlo directo al matadero.

60.000 animales mueren cada año en estas fiestas. Son víctimas de tradiciones supuestamente ancestrales que Rolland ha querido retratar desde dentro con un documental en el que trabajó durante un año, no sin dificultades, y para cuya financiación acudió al crowdfunding a través de la plataforma indiegogo. Ahora, cuando el proceso está a punto de concluir, hablamos con él sobre una película que se estrenará a lo largo de 2016 ("esperemos que en el primer semestre", apunta) y sobre unas costumbres tan crueles como arraigadas en muchos rincones de España.

VICE: ¿En qué momento te planteas hacer este documental?

Miguel Ángel Rolland: Desde muy pequeño, cuando descubrí lo que era la ecología, he estado comprometido en materia de medio ambiente. Le daba vueltas a la película que quería hacer, cómo contar un tema que me preocupa, como este. Y me decidí por el documental, que es lo que más me gusta del mundo. Pero no quería una película de cabezas parlantes, ni con una voz en off, sino algo diferente, sólo con imagen y sonido, y plantando las cámaras de cine en plena acción. La película no es solamente un tour por algunas de las principales salvajadas españolas: también retrata otra serie de cosas que van más allá del sufrimiento de los animales. Es interesante ver y reflexionar sobre cómo somos los españoles.

Muchos de esos españoles no os recibieron precisamente con los brazos abiertos...

No. Y es curioso: cuando uno tiene una tradición en su pueblo de la que supuestamente se siente orgulloso, se la quiere mostrar a todo el mundo, ¿no? Lo que ocurrió es que se nos echó de muchos sitios: la gente recibe a las cámaras con mucha hostilidad, porque saben que las imágenes sobre torturas generan un gran rechazo social.

¿Habéis pasado miedo?

Sí. Principalmente temes por el equipo, porque una cámara rota es lo primero que buscan. Es alucinante que en una sociedad como la española, en pleno siglo XXI, haya este nivel de represión y de censura. Algunos de estos pueblos están llenos de gente que está buscando una excusa para el linchamiento. No hay mucha diferencia entre ellos y las cuadrillas del Ku Klux Klan. Hablamos de personas absolutamente cerriles, drogadas de ese estado de violencia que es el mismo que les permite torturar a un animal.

Algunos de estos pueblos están llenos de gente que está buscando una excusa para el linchamiento. No hay mucha diferencia entre ellos y las cuadrillas del Ku Klux Klan.

¿No habéis encontrado complicidad entre habitantes de esos pueblos que no ven con buenos ojos esas torturas?

No demasiada. Este tipo de fiestas cuentan con un gran apoyo popular, y a menudo la gente que no está de acuerdo simplemente se va del pueblo durante la época de fiestas. Así que no hay voces discordantes. No escuchas a nadie decir: "uf, pobrecito animal. Qué barbaridad". Ni padres que le expliquen algo a sus hijos, que contemplan la escena, sobre el contexto en el que se está llevando a cabo esa crueldad con el animal. En ese sentido, los que salimos peor parados somos los propios españoles.

Habrá quien te eche en cara que estás ofreciendo una imagen muy negativa de tu propio país...

Sí. Incluso hay gente dentro de mi círculo de amigos que me ha dicho que hacer este documental no era una buena idea. Yo les decía que lo alucinante es que hayamos llegado hasta aquí. Que las cifras de animales asesinados por diversión son espeluznantes. También ponía encima de la mesa los datos económicos: en una España en crisis, se destinan 600 millones de euros a este tipo de festejos. En muchos pueblos, los concejales que proponen recortar la partida destinada a las fiestas son amenazados, por lo que se ven obligados a quitar dinero de las bibliotecas o de cualquier otro servicio con tal de que la gente tenga su festejo cruel. Todo esto ha de saberse. Porque en un país que ha sido líder en cosas como el matrimonio gay o la ley de dependencia, no podemos ser ejemplo de la caverna. España no va a dejar de ser España por eliminar toda esta tortura.

También hablas de la Iglesia, a la que señalas directamente por su connivencia con estas prácticas.

El 99%, por no decir el 100% de estas celebraciones, son fiestas patronales en honor del santo o de la virgen de turno. El cura, el obispado y toda la Iglesia en su conjunto dan su aprobación y bendición a todo lo que ocurre en ellas, porque es una manera de hacer campaña y tener a los fieles contentos. La Iglesia debería condenar estas torturas explícitamente y pedir a todos sus miembros que renieguen de ellas. Yo no soy creyente, pero creo que todas las religiones tienen un lado humanista que no es compatible con el maltrato animal. En todas las escrituras, incluso en la última encíclica del papa Francisco, se dice que el hombre debe respetar a todos los animales y no hacerlos sufrir, incluso cuando nos alimentamos de ellos. Así que los cristianos deberían ser los primeros en alzar la voz para denunciarlo y desmarcarse públicamente.

¿Crees que ese nivel de denuncia ha crecido en los últimos años? ¿Está hoy en día la sociedad española más concienciada frente al maltrato animal?

Sí. Hemos pasado de ser una minoría silenciosa a una mayoría activa. Como ocurre con muchos movimientos de cambio social, existe un interés de acallar los voces discordantes. Pero la realidad está ahí: por mucho que nos quieran vender otra cosa, algunos estudios recientes apuntan a que hay un 70% de españoles en contra de una actividad como las corridas de toros. La ciudadanía española debe pronunciarse y tomar partido ante este tipo de festejos. Los políticos, cortar su financiación. Y los turistas, dejar de verlo como un salvajismo simpático y exótico y no apoyarlo con su presencia.