Cultura

Hablamos con una experta sobre los efectos de nuestro consumo de cerveza

El año pasado se disparó el consumo en España. Hablamos con una bioquímica para saber si estamos jodiendo nuestra salud, cuándo tenemos que parar y lo buena que es tras hacer deporte.
11.7.16

No hace falta que sea verano, ni tener un chiringuito playero a la vista, ni si quiera tener sed. En España se bebe birra a cualquier hora y por cualquier motivo. Cañas, medianas, botellines, zuritos, cortos… qué más da el formato. Lo importante es que nos ponemos ciegos de ese líquido de aspecto increíblemente seductor, de colores tan hipnóticos como la mirada de una serpiente, con una espuma variable según los gustos locales y con esa temperatura (siempre bien fría) que hace que pase por el gaznate con la misma ligereza que entra un dedo en un merengue. Es magia. Es nuestro verdadero líquido elemento.

Lo decimos nosotros, pero también los Cerveceros de España, en el Informe Socioeconómico de la Cerveza 2015, que presentó hace unos días. Nosotros ya veíamos a nuestro alrededor muchos codos que se doblaban en la barra para realizar ese noble acto de dejar caer lo que antes fue solo lúpulo cerca de la lengua, pero según los números el año pasado se produjo el mayor crecimiento en la ingesta de cerveza desde 2006. Y eso que entonces no estábamos aun (oficialmente) en crisis.

Teniendo en cuenta que la cerveza está compuesta en su mayor parte por agua y que contiene compuestos antioxidantes y antiinflamatorios, su consumo tras el ejercicio físico es idóneo

Vamos con los datos: 33,3 millones de hectolitros (un 3,1% más que el año anterior) vendidos. La cerveza representa el 36,2% de las bebidas que consumimos en los bares. Casi siempre la tomamos en establecimientos públicos, nos gusta la compañía. Y lo que más llama la atención es que cada español nos levantamos 47,1 litros de media al año. Los que saben de esto, los cerveceros, dicen que esto se debe a que el año pasado tuvimos una ola de calor importante y que también subió mucho el número de turistas. Pero bueno, nosotros aquí le damos bien a la birra, no necesitamos ayuda de fuera.

Nos priva tanto, que hasta los doctores buscan disculpas para disfrutarla, aunque acabemos de hacer deporte. Juan Antonio Corbalán, que es cardiólogo, pero que antes fue un jugador de baloncesto que ganó una medalla Olímpica, declaró el mes pasado que se puede hacer deporte y luego salir de cañas. Eso mola. También aseguró que las cerves tampoco engordan tanto y que está bien incluirlas en nuestra dieta de manera moderada, aunque acabemos de pegarnos una paliza a correr.

Nosotros hemos querido consultar a una especialista, la doctora en bioquímica María Tabernero, investigadora en el Hospital Universitario de La Paz de Madrid y ver qué hay de verdad en todo esto. "Corbalán hace tiempo viene defendiendo el consumo moderado de cerveza en deportistas de elite", nos comenta Tabernero. "Teniendo en cuenta que la cerveza está compuesta en su mayor parte por agua y que contiene compuestos antioxidantes y antiinflamatorios, su consumo tras el ejercicio físico es idóneo. Debido a su contenido en alcohol no es aconsejable reponer todos los líquidos perdidos tras una jornada de deporte solo con cerveza, por lo que su consumo combinado con agua sería lo más recomendable. No solo los deportistas de élite se pueden beneficiar de esta 'bebida isotónica', también de manera amateur una caña tras una jornada deportiva sienta divinamente".

Imagen vía Pixabay

Vamos con el tema de los más de 40 litros que nos tomamos por ciudadano al año. Está claro que la cerveza es la bebida alcohólica más consumida en el mundo. "Al contener alcohol hace que haya que poner unos límites a su consumo. Estas recomendaciones son diferentes, aunque muy similares, dependiendo de la agencia que la publique, por ejemplo, la recomendación estadounidense es algo mas baja que la de la OMS y casi siempre estas recomendaciones son menores para mujeres que para hombres, simplemente porque las mujeres metabolizamos peor el alcohol. Se considera consumo moderado tomarse un par de cañas al día si eres chica, tres si eres un chico. Pero todos los días, es decir, unas 14 cañas por semana. Pero no vale pasar de lunes a jueves a secano y beberse el sábado las 14 cañas del tirón. O peor aun… llevar una vida de abstinencia alcohólica y pasar una semana ganando todos los concursos de Magaluf o hacer el Hemingway en San Fermines".

Vamos con otra cuestión que quita el sueño a (algunos) consumidores de cerveza, ¿engorda? ¿Es lo de la barriga cervecera un mito? ¿cuánto le debo a la birra de esos excesos en la báscula? María responde: "Menos el agua, todo engorda… Si engorda o no la cerveza no es lo que más debe preocupar, sino el riesgo cardiovascular, diabetes o daños hepáticos. Lo que comemos con la cerveza varía mucho, desde nada hasta un torrezno… Hay acompañamientos muy saludables (frutos secos, encurtidos, conservas) y otros no tanto (todo tipo de fritangas recalentadas, montaditos chorretosos, etc.)".

"Los científicos son muy curiosos y lo estudian todo, incluido si lo que se come con la cerveza es realmente malo. Para ello utilizan un método de lo más sofisticado: mirar las cestas de la compra. En uno de estos estudios realizado en Dinamarca, los investigadores estudiaron 3,5 millones de compras y compararon lo que se llevaban los clientes que compraron vino y los que compraban cerveza. Y concluyeron que los del vino compraban alimentos más saludables (aceitunas, frutas y vegetales, pollo, aceite, queso, leche y carne) que los que compraban cerveza (comida precocinada, azúcar, embutidos, patatas fritas, carne de cerdo, mantequilla o margarina, salchichas, cordero y bebidas azucaradas). En España los datos no indican exactamente lo mismo que en Dinamarca, y al parecer, el consumidor de cerveza moderado y frecuente sigue una dieta saludable dentro del patrón conocido como dieta mediterránea".

Queremos terminar de quedarnos tranquilos de la mano de esta científica, conociendo si lo que ingerimos por litros a lo largo del año tiene, además, algún tipo de beneficio para nuestro organismo. Por quedarnos tranquilos. "En conjunto, todos los compuestos confieren al la cerveza muchas propiedades beneficiosas incluida la prevención de muchas de las enfermedades más extendidas en nuestra sociedad. Hay indicios que apuntan a pensar que un consumo moderado de cerveza se relaciona con una reducción en el riesgo cardiovascular. El Xantumol es un potente anticancerígeno, que se obtiene del lúpulo. En la cerveza se encuentra en dosis muy bajas y se absorbe muy poquito, por lo que no se puede extrapolar su efecto aislado frente al que se puede esperar por consumir cerveza. En resumidas cuentas, el consumo de alcohol es un arma de doble filo: incluido en un patrón de dieta mediterránea, en el que se consume de manera moderada y regular a base de vino o cerveza es muy beneficioso en múltiples sentidos, incluido emocionalmente. Sin embargo, el abuso de alcohol, bien en cerveza, vino, o cualquier otra bebida es altamente perjudicial (incluido emocionalmente)", concluye María Tabernero.