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Felizmente parados: dejar el trabajo para vivir de subsidios

Puede que te parezcan unos parásitos por querer vivir de ayudas y unos imbéciles por dejar de trabajar en plena época de crisis, pero seguramente sus razones para no hacerlo son mejores que la razón por la que cada mañana vas al curro.

por Souen Léger
07 Abril 2016, 3:00am

Recepcionista para algunos, guardiana de las puertas del infierno para otros. Imagen vía

Este artículo se publicó originalmente en VICE Francia.

"No empecé en mi último trabajo con la idea de que me despidieran. Estudié Ingeniería y al acabar la carrera estaba muy motivado, quería trabajar", me cuenta Benjamin en una cafetería de Le Mans, ciudad a la que se mudó cuando se marchó de París.

Ahora Benjamin tiene 31 años. En 2013, fundó Sortirdutravail.org, un sitio web para gente que quiere dejar el trabajo y no tiene intención de buscar otro. En él, Benjamin ofrece consejos prácticos para sobrevivir sin trabajo en una sociedad en la que se espera que todos trabajemos.

Durante dos años, Benjamin dedicó muchas horas de su tiempo y talento a una start-up hasta que intervino en un asunto sobre un contrato a media jornada. "Había un chico con un contrato de prácticas al que mis jefes trataban fatal. Salí en su defensa y me salió el tiro por la culata", explica. Empezaron a complicarle tanto la vida en el trabajo que decidió que la única solución era que lo echaran. "Primero me aseguré de que quedara claro para todos que ya no estaba motivado y luego empecé a cometer errores garrafales. Mandé un email a un socio con mis jefes en copia invitándole a comer para hablar de mis quejas en la empresa. Me bloquearon la cuenta de correo en menos de una hora". En noviembre de 2014, despidieron a Benjamin por una falta grave, y desde entonces no ha vuelto a tener otro trabajo, no porque no lo encuentre, sino porque no lo ha buscado.

Teniendo en cuenta la elevadísima tasa de paro en España, más de uno pensará que dejar un trabajo estable simplemente porque no te apetece seguir currando es poco menos que de tontos. A Benjamin lo han tachado de parásito muchas veces, pero no le importa: "Ahora tengo tiempo para ayudar a alguien cuando está enfermo, triste o para cualquier otra cosa. No ando siempre cansado y estoy muy satisfecho con mi decisión. Pero eso es también lo que cabrea a la gente: que alguien joven que no ha sufrido lo suficiente decida dejar de trabajar y encima esté contento por ello". Afirma que tampoco es que esté chupando mucho del bote de los contribuyentes: "Vivo con poco y probablemente tendré que volver a trabajar en algún momento, pero por ahora no entra en mis planes. Lo que sé es que me siento mejor que nunca viviendo con menos".


Imagen por Kate Haskell vía

Benjamin no es el único: Vincent (37 años) ganaba casi 6.000 euros al mes como gestor de proyectos de TI, por lo que dejar el trabajo supuso un cambio radical: "Estaba entregado por completo a la empresa, pero en 2003 sufrí una crisis. Intenté suicidarme, tras lo cual estuve tres semanas de baja. No acabé de recuperarme del todo y al cabo de cuatro años estaba igual, así que en 2008 dejé el trabajo". Estuvo trabajando de instructor de buceo en Egipto y un año después volvió a Francia con una visión de la vida completamente distinta. "Me he vuelto anticapitalista. Para mí no queda otra opción que luchar activamente contra el sistema". Ahora Vincent ocupa su tiempo trabajando en un pueblo ecológico autosuficiente y con la militancia activista: "Colaboro en la implantación de proyectos de permacultura, en la restauración del tejado de alguna casa o construyendo un invernadero con residuos... Cosas así".

Vincent vivió de sus ahorros un tiempo, pero actualmente subsiste con el subsidio que recibe del RSA (el servicio francés de ocupación) y de su ingenio. "Tener dinero impedía que llevara a cabo los cambios radicales necesarios en mi vida. Ahora casi no tengo dinero, pero soy mucho más feliz". Con el fin de reducir el gasto al mínimo indispensable, Vincent tiene pensado abandonar la vivienda protegida en la que reside para vivir en una furgoneta: "Compraré cigarrillos y otras cosas. Hace poco me compré una luz frontal. Intento distanciarme del dinero porque en el momento en que este entraba en juego, me sentía atrapado".

Para Claire, de 32 años y licenciada en Gestión de Proyectos Europeos, las razones para dejar atrás la competencia feroz del sistema son también políticas: "Empecé a distanciarme de verdad durante las protestas del G20 y el G8, que me llevaron a plantearme si ese trabajo era para mí". Decidió tomarse un respiro y viajar durante un mes, pero no regresó con fuerzas renovadas. "Cuando veía a la gente estresada y triste y el sinsentido de todo, supe que no podía seguir así, que mi vida fuera de aquella oficina podía tener más sentido".

Claire se matriculó en un máster de Investigación Geográfica. "Volvía a sentirme viva, así que decidí seguir en el paro un año más. Los tres primeros meses me sentía incómoda, porque afloraban mis valores tradicionales. No hacía más que preguntarme: "¿De verdad eres feliz sin hacer nada cuando hay gente a tu alrededor desesperada por encontrar trabajo?". Me llevó un tiempo admitir que la respuesta era "¡Sí!". Ahora ni me planteo volver a trabajar".

"Elise (31 años) también acabó decepcionada con su trabajo, pero encontró una solución: "Había estado trabajando de forma intermitente como ejecutiva en el sector público durante ocho años, durante los cuales hubo periodos de desempleo remunerado". En Francia, las personas desempleadas y cualificadas perciben aproximadamente el 70 por ciento de su antiguo sueldo durante el mismo periodo de tiempo que hubieran estado trabajando con dicha nómina. Pero hay ciertos requisitos: tienes que haber estado contratado durante al menos 122 días consecutivos y no haber sido despedidos por mala conducta. Además de la prestación por desempleo, también puedes optar a los subsidios del RSA.

Ahora Elise solo trabaja los días necesarios para poder recibir una prestación equivalente al 70 por ciento de su sueldo. Cuando se le acaba el dinero, vuelve a trabajar. "Obviamente, cuando digo que trabajo para poder cobrar el paro, a la gente no le sienta muy bien". Sus padres lamentan que esté malgastando su potencial y a menudo ella se sentía estigmatizada al hablar de cómo ha decidido gestionar su vida laboral. "Aunque por lo general, los que tienen trabajo a tiempo completo sienten un poco de celos".

Últimamente han ganado popularidad las ideas alternativas al concepto clásico de Dinero → Trabajo, como el proyecto de Finlandia para que todos sus ciudadanos perciban un ingreso mensual fijo. No obstante, todavía ha de llover mucho para que nuestra sociedad sea capaz de desvincularse del concepto de que hay que ganarse cada céntimo del dinero que recibas. Nos guste o no, el dinero sigue siendo lo que mueve al mundo, por lo que seguramente Benjamin, Vincent, Claire y Elise seguirán considerándose unos parásitos durante una buena temporada.

Traducción por Mario Abad.

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