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Con The Melvins no hay baladas: Una reseña de su concierto en el Lowbrow Palace

El pasado 20 de septiembre, la legendaria banda se presentó en El Paso, Texas y nos lanzamos a verlos. Checa lo que pasó en esta crónica.

Foto de arriba, vía

Melvins atraviesa por un renacimiento. Este año Third Man Records (la disquera de Jack White) puso en circulación reediciones en vinyl y CD de la famosa trilogía que Melvins lanzó en la década de los noventa para Atlantic Records. Houdini (un álbum ya mítico por contar con la participación de Kurt Cobain como músico y productor en ciertos tracks), elStoner Witch y Stag. Lo que refrendó de manera inobjetable su carácter de banda de culto. Pero la verdad es que Melvins nunca ha dejado de reencarnar. Este año se cumplen también 30 años del lanzamiento de Six songs, su EP debut. La prolijidad de Melvins es imparable. Su más reciente disco es Basses Loaded​​ (Ipepac Records, 2016). Que como su nombre lo indica, es un festín de bajo. En el que la base inmaculada de la banda (Buzz y Dale Crover) reclutan a distintos bajistas. Algunos ex miembros de Melvins (como Jeff Pinkus) o invitados de lujo como el ex Nirvana Krist Novoselic.​

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Los Melvins son incansables. Casi siempre están de gira. Para ser una banda longeva se mantienen activos con envidiable salud. Como parte del tour Basses Loaded se presentaron en El Paso, Texas​ y me lancé a guacharlos. El Lowbrow Palace es una pequeña sala de conciertos enclavada en la zona universitaria de la ciudad, a pocos metros de la UTEP. Un perímetro dominado por bares. Y con cierta atmósfera hipster. El escenario del local es una elevación de concreto incrustada en una de las esquinas del edificio. Debajo hay una reducida área para el público. Y esta especie de sótano es dominada por un espacio escalonado que pone a la audiencia a la misma altura de la banda y uno más arriba que lo sitúa por encima de ella. La iluminación propuesta por la banda, totalmente roja, produjo la sensación de que más que asistir a un concierto uno estaba descendiendo a los infiernos.

Aproximadamente a las diez de la noche pasó a mi lado King Buzzo (así de pequeño es el Lowbrow Palace). La banda ocupó su sitio en el triángulo de concreto. La novedad en la formación era Steve McDonald en el bajo, uno de los elegidos para Basses Loaded. Él y Dale Crover portaban playeras negras con piedras plateadas en el pecho que con la tipografía de KISS indicaban bass y drums respectivamente. Buzzo lucía su ya típica túnica chamánica. Con un ojo con una flama por pestaña a la altura del pecho. La declaración de principios de un sonido cósmico. El look siempre me ha parecido un guiño a la banda Gong o al guitarrista Steve Hillage. Pero lo más seguro es que esté equivocado. Su atuendo lo completaban unos Convers negros con la punta plateada.

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Los Melvins rifando en el Lowbrow Palace

Uno nunca sabe qué esperar de una presentación de Melvins. Desde hace tiempo es un dúo que se renueva rotando bajistas. Una cosa es segura. Ningún show de Melvins es repetitivo. Por el grado de improvisación que le imprime la banda a sus canciones. Que no llegan a ser versiones irreconocibles, pero sí dejan en claro que estás ante la experiencia del rock en vivo. A diferencia de la gira pasada, que sonaban más pesados con Jeff Pinkus, Steve McDonald los hace sonar más rítmicos (si acaso eso es posible). Abrieron cancha con "Eye Fly": siete minutos de  noise instrumental como introducción. El escenario era tan diminuto que Buzzo tenía que parase encima de los cables de su guitarra. Pero se encontraba tan cómodo como si estuviera en uno gigante. Y bastaron esos primeros minutos para dejar en claro que Dale Crover es uno de los mejores bateristas del rock. Toda una leyenda. A estas alturas el ruido que levantaba la banda pronosticaba que saldríamos ensordecidos del lugar.

"Deuce", un cover de Kiss, una de las bandas insignes de Buzzo, abrió paso a "Queen" de Stoner Witch. Una de las rolas seminales de Melvins. En este punto del concierto ya se había revelado todo el poder Melvins. Las reminiscencias de los mismos Kiss, Black Sabbath, el mejor Metallica, Jefferson Airplain, y por qué no, hasta los Beatles, de quién Melvins coverean "I want to tell you" en Basses Loaded, que crean un sonido único, ese que incubó el grunge. Y es que si Melvins es algo, es una banda con demasiados recursos. Por lo que nunca ha podido ser encasillada en ningún genero. Lo mismo están cerca del sludge metal, que del noise, que del cuarteto de Liverpool. Sin pausas, pegando rola con rola, sumido en ese transe cósmico que adopta cuando toca la guitarra, una concentración ludópata, decidido a apostarlo todo a base de riffs, Buzzo le dio una mordidita al repertorio de la banda. Con más de treinta años en activo y una veintena discos, a Melvins lo que le sobran son canciones. Grandes canciones.

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The Melvins con Helms Alee, vía el Facebook de la banda

"Janis", "Euthanasia", "Mr. Rip Off", se encadenaron para construir un set,  más que de canciones sueltas, a manera de suite. Un par cantadas por Steven McDonald. Siempre sin bajar de intensidad. En Melvins no hay baladas. Y lo más cercano a una es un pasaje sumamente heavy. Un estrujar insondable de guitarra. Un salto entre épocas. Una máquina del tiempo. En la que no faltó "Halo of Flies" de Alice Cooper. Y "Sesame Street Meat", su tributo a Plaza Sésamo. Esa vertiente socarrona que practica Melvins. Y que en Basses Loaded explotan en "Shaving cream", una alegoría circense. Para seguirse con "Hideous Woman", su guiño a la "Evil Woman" de Black Sabbath y una de las rolas más portentosas de su último trabajo.

"Amazon" y "Onions make the milk taste bad" prepararon una conclusión que nadie se esperaba. "The Decay of Lying", la primer canción de Basses Loaded. En ella la voz de Buzzo, que pareciera estar cantando con una escafandra bajo el agua, se torna más cavernosa (si eso es posible). El high light de la noche junto con "Queen". Pero fue barrida por la rola con la que se despidieron: "Night goat" de Houdini. Para la que subieron a la banda abridora Helms Alee al escenario. Una guitarra extra, un bajo extra, y un par de tambores extras. Todos apretujados en el escenario. Un instante apoteósico. De más de siete minutos. Entre lo tribal y lo espectral. Y Melvins puso de manifiesto una vez más la gran generosidad y humildad que los caracteriza. En un punto de la canción, Dale Crover y la morra de Helms Alee intercambiaron puestos. Ella ocupó la batería y Dale los tambores. Un sexteto hipnótico. Con un Buzzo que le daba la espalda al público por momentos.

The Melvins en la gira de 'Basses Loaded', vía el Facebook de la banda

Un cierre magnifico. Que contó con un epílogo. Una rola a capela por parte de los miembros de las dos bandas. Cincuenta minutos de puro Melvins. Sin tregua. No ofrecieron encore. No regresaron para tocar una sola rola más. Ni hacía falta. Una reverencia fue su último gesto. Lo dieron todo. Lo primero que uno piensa es "¿no se cansan nunca?" Y se despidieron. No éramos más de doscientas personas. En El Paso. Pero tocaron como si fuéramos una multitud. Como si estuvieran en Nueva York. Afuera los esperaba el transporte que los llevaría a la siguiente ciudad. A la siguiente noche. Porque como dijo uno de los asistentes al finalizar el toquín: "Esa, esa es una banda".

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