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Empezó a gustarme ya cuando todavía estaba en Nueva York. Mi padre me compraba esas pegatinas que se llamaban Ugly Stickers y yo dibujaba caras de monstruos en ellas. También recuerdo un día que tuve que dibujar a mi familia; los dibujé a todos desnudos y cuando la profesora me llamó me apresuré a dibujarles ropa.Cuando tenía 15 años empecé a comprar cómics. Para conseguirlos tenía que hacerme pasar por mayor de edad. Empecé a dibujar imitando esos cómics, dibujos en los que combinaba mis monstruos y el sexo. Fue entonces cuando decidí que quería publicar mis propios cómics. Mi madre trabajaba de secretaria en la comisaría de policía y yo aprovechaba e iba ahí para fotocopiar mis dibujos.
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Sí. Y entonces les daba mis cómics a mis compañeros de clase. Yo era un nerd en toda regla y los otros niños no se metían conmigo. Las historias de los cómics se centraban en los profesores que yo odiaba, y había algunas bromas sobre sexo y desnudos. Cuando me gradué en 1987 imprimí mi primer fanzine real con la ayuda de un amigo que trabajaba en una copistería. Estaba feliz de haber acabado el instituto pero todavía no podía irme de ese barrio, así que me pareció bien empezar a hacer algo que se suponía que no debía estar haciendo.¿Cómo se lo tomaron tus padres? ¿Mantenías tus dibujos en secreto?
Lo mantuve en secreto tanto como pude. Yo seguía viviendo con mi padre incluso después de haberme graduado, así que a veces él entraba en mi habitación y miraba lo que estaba dibujando y me preguntaba que por qué no dibujaba algo más bonito. Decía que algún día me arrestarían por hacer pornografía, pero yo no le escuchaba.La escena del arte en Florida no era más que pinturas de puestas de sol y flamencos rosas. Era deprimente. Cuando era un adolescente solía mirar las noticias de la noche y cada día contaban que había habido un montón de violaciones y asesinatos. Creo que eso fue lo que hizo que yo siempre dibujase a gente en situaciones comprometidas.Y todo esto te condujo hasta el famoso juicio. ¿De qué te acusaron?
Me imputaron 6 cargos por obscenidad: distribución, publicidad de venta y publicación de material obsceno.
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Por aquel entonces yo estaba imprimiendo mi serie Boiled Angel, que no distribuí por mi barrio porque sabía que no le interesaría a nadie. La portada de Boiled Angel #6 era un dibujo de un tío abriéndole las piernas a una tía y sacándole un feto. El chico se parecía a mí, como si fuese un autorretrato. Había cogido ideas de una serie de crímenes que habían sucedido en Gainesville, Florida, en los que se había asesinado a cinco estudiantes y nadie sabía quién era el asesino. Yo había distribuido quizás unas cinco copias y un día, cuando volvía a casa después de un día de compras de navidad con mi madre, nos encontramos a dos detectives esperando en la puerta de casa. Llevaban una maleta de la que sacaron el cómic.Eso suena bastante incómodo.
Sí. Los detectives dijeron que por culpa del cómic me había convertido en sospechoso de los asesinatos de Gainsville y que querían hacerme un par de pruebas de ADN. No creo que ellos creyesen que yo había cometido aquellos crímenes. Un poco después se supo que había cientos de sospechosos, así que estaban usando excusas para hacerse con el ADN de la gente y montar una base de datos de ADN. Eso fue en 1991. Dejé que me sacaran sangre porque mi madre insistió. Nunca volví a oír nada sobre el tema.

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Sí, definitivamente. Acercó mi trabajo a muchísima gente. Mi primer trabajo cobrando fueron unas ilustraciones para Wired Magazine. Escribieron un artículo sobre mi juicio y me pagaron para recrearlo en dibujos. El juez y el fiscal tenían que ser monstruos. Otro reportero, Chuck Shepherd, escribió una columna llamada News of the Weird (noticias de lo raro), en la que decía que yo había sido muy afortunado de que me pasase todo esto por la publicidad que había generado, pero en aquel momento me resultó duro leer una cosa así.
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