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Barbara Nitke: Yo estaba casada con un hombre que tenía una cadena de cines en Nueva York. Él se dio cuenta de que en los 70 podías hacer un montón de pasta programando porno, y produjo una película famosa llamada The Devil and Miss Jones (El diablo en Miss Jones). Yo había empezado con la fotografía como hobby, así que cuando él estaba rodando la segunda parte de The Devil and Miss Jones me tuvo a mí tomando instantáneas en el set. Un trabajo llevó a otro, después me divorcié y tenía que ganarme la vida. ¿Cómo fue estar en un set porno por primera vez?Estaba bastante insensibilizada. Para cuando fui a un rodaje ya había visto más de cien películas porno. Verás, alguien tenía que proyectar las películas en el cine de mi marido antes de que las pasase ante un público, y la mayoría de las veces él ni se molestaba, me pedía que lo hiciera yo. Las primeras que vi me pusieron muy cachonda, pero poco después ya había visto tantas que simplemente me ponía a leer una revista. Luego, en el set, ver sexo en directo supuso un nuevo ciclo de excitación. Me sentí muy honrada por estar en situaciones tan íntimas con más gente como aquella.Quería hablar contigo sobre esta nueva generación de estrellas del porno, gente como Sasha Grey y Stoya, a quienes se reconoce como mujeres que aman el sexo, inteligentes, feministas y que parecen controlar sus carreras. Esto parece un cambio en el modo en que se percibía a las estrellas porno en el pasado. Parece menos explotador.
No podría estar más de acuerdo, y creo que es fantástico. Fui testigo de ese cambio durante los años 90. De pronto aparecía esta nueva ola de chicas con carpetas, con planes de negocios y listas, diciendo “estas son las cosas que haré, estas son las cosas con las que no me encuentro cómoda”. Lo tenían todo planeado. En los 80 era diferente, había más pudor.
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Pero volviendo a las feministas inteligentes, no podemos olvidarnos de gente como Candida Royalle, Nina Hartley y Annie Sprinkle, tempranas estrellas del porno que tenían el control absoluto de sus carreras y que ayudaron a iniciar ese cambio del que estamos hablando. Ayer estuve mirando las fotos de Annie Sprinkle de su actuación en la obra Public Cervix Announcement, en la que se abre la vagina con un espéculo e invita a la audiencia a echar un vistazo a su cérvix con una linterna.
Ah, sí, estuve en una de esas actuaciones. Eran para morirse de risa. Los hombres están muy fascinados por las tomas de vaginas abiertas. Supongo que deberíamos sentirnos honradas de que la vagina les guste tanto, pero ella lo llevó al extremo y dijo “¡eh, chicos!, ¡mirad hasta el fondo, mirad mi cérvix! ¡De hecho, aquí tenéis una linterna!” Eso solo se le podía ocurrir a Annie. ¿Qué fue lo que te hizo salir del porno duro en los noventa?
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Bueno, Rick se había enamorado de una mujer miembro de The Eulenspiegel Society. Quería que la conociese, así que me llevó a mi primera reunión. Cuando llegamos ahí, juntos, había una mujer, grande, negra y realmente dominante en la recepción. Me miró y me dijo: “¡Ah!, ¡estoy muy contenta de que hayas venido!” Me hizo sentir especial que estuviese tan contenta de verme. Tardé diez años en enterarme de que le decía eso a todos los que venían por primera vez. ¿Cómo eran las reuniones de The Eulenspiegel?
Se preocupaban mucho por la seguridad. Cada reunión empezaba con una presentación. Por ejemplo, una demostración de cómo llevar a cabo una escena de suspensión corporal, azotarse, pegarse con una vara o cómo usar cera caliente. Ese tipo de cosas. En la segunda mitad se ponían en círculo y hablaban, como en cualquier otro grupo de apoyo.

Bueno, siempre me ha gustado eso de “soy trabajadora del sexo, estoy aburrida y mirando el reloj”, y me encantaba formar parte del mundo del porno, lo hice durante 12 años. Después de eso, entrar en este nuevo grupo de gente que no eran intérpretes, sino que realmente estaban enamorados y eran apasionados, fue encantador. La gente en las reuniones decía cosas como “¡Oh, Dios mío, mi novio me ha dado unos azotes y ha sido genial!” mientras que en un set porno sería “Venga, otra escena de azotes.” Ellos infundían alegría y amor a todo.
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Nunca. Mis amigos siempre se sorprendían de que no lo hiciese. Me decían, “¿qué te pasa, tía?” Yo quería tomar fotos en los dormitorios de la gente y ser como una mosca en la pared, pero eso nunca funcionaba; el hecho de que yo estuviese ahí cambiaba inevitablemente las cosas. A menudo se creaba una energía de trío.¿Entonces, seguían siendo experiencias sexuales para ti?Sí, siempre había una carga sexual. Una de las cosas que me asustó a lo largo del camino, especialmente cuando me estaba metiendo más en la escena sadomaso, fue que estaba volcando tanto mi deseo sexual en las fotos que aquello estaba reemplazando el tener una vida sexual real. Me volví casi supersticiosa, como si tener novio y practicar el sexo regularmente haría que mi trabajo se fuese a la mierda. Pero no quería mezclar las dos cosas. No quería comprometer mi papel como fotógrafa solo por convertirme en participante. Sin embargo, creo que si mi trabajo alguna vez fue bueno, fue porque siempre sentí esa carga.

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¡Es cierto! Pero mi objetivo nunca fue excitar. Mi objetivo es hacer que la gente piense en el sexo, y que la gente que tiene diversos tipos de sexo lo haga de forma más humana. Porque en realidad es gente normal, tu vecino, tu abogado, tú o yo. Para mi el sexo es una forma de arte, y eso incluye todas sus variantes: sexo-trabajo, sexo convencional, sexo privado, sexo público, sadomaso, lo que sea. Todos los que he fotografiado me han enseñado algo nuevo acerca de la naturaleza del deseo sexual, su humanidad, y sobre todo el hecho de que realmente no importa cómo estamos conectados para expresar amor. La libertad consiste en tener el coraje de ser como somos.Actualmente Barbara Nitke esta recaudando dinero para publicar AMERICAN ECSTASY, un documento de los 12 años que lleva trabajando en sets de películas porno.
