Rock y periodismo porno: recordando a Pancho Jaime “La mamá del rock” guayaquileño

Una memoria al tipo más rockero de Ecuador que se enfrentó al poder a punta de ofensas y obscenidades
4.5.16

Ilustración por Leo Suarez

En 1946 nació en Guayaquil Víctor Francisco Jaime Orellana mejor conocido como Pancho Jaime. Rockero empedernido, periodista independiente y referente de la masculinidad guayaquileña, fue un personaje plenamente comprometido con causas políticas y fiel defensor de las clases obreras, aquellas de las que se sentía parte. En su transición de rockero a periodista político, la cual se dio durante gran parte de la década de los 80, se encargó de pervertir el lenguaje periodístico con expresiones vulgares, sexuales, escatológicas y violentas.

Su historia marca el inicio del rock en Guayaquil, con la cual nos recuerda que esta música, antes que una moda, es también una expresión de desprecio a lo establecido. Un gargajo en la cara de los conservadores. Irreverente hasta el fin, Pancho Jaime fue asesinado en septiembre de 1989 en circunstancias no del todo esclarecidas.

Las semillas del rock en Guayaquil

Pancho Jaime (PJ) se unió a esa primera ola de migrantes ecuatorianos que salieron a los Estados Unidos. A principios de los años cincuenta, se mudó a los Ángeles y ahí ocupó trabajos casuales como limpiador de platos o agente de aseo en estaciones de servicio. Se las arregló para obtener un título de tecnólogo en una universidad comunitaria y, en los 70, consiguió un puesto como editor musical de L.A. Touch, una revista dedicada a la pornografía y a la vida hippie. Un poco más tarde, su suerte cambiaría cuando por casualidad se encontró una gran suma de dinero tirada en un basurero. La agarró y con eso regresó a Guayaquil.

PJ no tardó en encontrar su primera misión en su ciudad natal: promover el rock. Se jactaba de haber peleado en Vietnam y de haber sido parte del movimiento hippie. Usaba jeans, sandalias, gorra de béisbol, lentes redondos, bigotes y cabellera larga hecha trenza. Sus primeras incursiones en el periodismo fueron cien porciento dedicadas a la música y a la promoción de bandas emergentes locales a través de publicaciones en su revista Rock On. También fue vocalista de la banda Texaco Wolf, famosa por sorprender a la audiencia con shows bizarros antes que con interpretaciones virtuosas; abrió la primera discoteca dedicada al rock y un head shop (una de esas tiendas dedicadas a la venta de parafernalia para rockeros y consumidores de cannabis); y fue DJ de radio con un programa que nombró “La mamá del rock”. En este, religiosamente arrancaba con Born to be Wild de Steppenwolf y ponía con frecuencia bandas como Black Sabbath y Led Zeppelin.

Ejemplar de la revista Rock On.

A Pancho Jaime se le atribuye haber parido la primera escena rockera de Guayaquil y es que, a diferencia de países como Colombia y Argentina, los referentes de este género en Ecuador empiezan a aparecer con fuerza precisamente desde finales de los 70. Quizás la ausencia de una escena rockera establecida previa en el país solamente se puede explicar como una consecuencia del dominio conservador en las esferas culturales, sociales y políticas del país, que veían al género como un potencial atentado a su moral.

En efecto, son bien conocidos los actos de hostigamiento al personal rockero local a lo largo de buena parte de su historia. Incluso en 1996 en la ciudad de Ambato, durante un concierto de metal extremo que pudo tener como principal atractivo a la veterana banda de death metal mexicana Cenotaph, la policía nacional y la fuerzas armadas irrumpieron para arrestar, golpear y cortarle las cabelleras largas a los asistentes. Pocos meses antes del suceso, el presidente Abdalá Bucaram –quien como intendente de Guayaquil en los 70 le declaró la guerra a la minifalda– había declarado la guerra al rock argumentando que “nosotros [los ecuatorianos] nos hemos inventado la música rockera que, en ocasiones, enturbia la mente de los jóvenes”.

Imagen de Pancho Jaime promocionando el concierto de Blaze, leyenda del metal en Guayaquil.

Provocador de conservadores

Seguramente el conservadurismo institucionalizado del Guayaquil de los 80 motivó a Pancho Jaime a dar un salto del periodismo rockero a una crítica política virulenta y obscena, pero sus ataques se acentuaron después de un altercado que tuvo con la Policía. En noviembre de 1984, PJ fue encarcelado y torturado. Sus captores, oficiales del gobierno, le cortaron el cabello, obligando a comérselo junto con una edición de su tabloide Censura. Por televisión nacional se transmitió una imagen que mostraba el rostro golpeado y ensangrentado de PJ con una edición del tabloide en la boca. El infame hecho se dio durante el gobierno ultraconservador de León Febres Cordero, un periodo en el que Jaime Nebot, actual alcalde de Guayaquil, ocupaba el cargo de gobernador de la provincia del Guayas.

Probablemente esta imagen, que circula en varios blogs, fue publicada en una edición posterior de Censura al encarcelamiento y tortura de Pancho Jaime.

A pesar de que el formato de las publicaciones gradualmente pasó de ser tabloide a una revista titulada Comentarios de Pancho Jaime, la característica principal fue el uso de caricaturas porno en lugar de fotografías. La publicidad, siempre marginal, desapareció paulatinamente, a pesar de que de vez en cuando publicaba propaganda de amigos y figuras de izquierda. A veces, los artículos venían acompañados de reproducciones de los documentos originales como cartas y certificados que servían como prueba de la veracidad de los contenidos.

Ejemplar Nº3 de Comentarios de Pancho Jaime que muestra al ex presidente León Febres Cordero

Portada de Comentarios de Pancho Jaime Nº20.

Pancho Jaime se presentaba ante sus lectores como una mezcla de hippie con intelectual de izquierda, aunque también era creyente y defendía la palabra de la biblia. Se refería a sí mismo como un hombre del pueblo y encontraba cercanía con sus lectores gracias al uso de un lenguaje directo y corriente, siempre en primera persona.

A sus enemigos, en cambio, se aproximaba a manera de conversaciones o cartas. El contenido estaba siempre cargado de ofensas, insultos y difamaciones sobre la sexualidad de las autoridades de turno, hombres o mujeres. Desnudos, penes sobre y subdimensionados, orgías, y alusiones sexistas, racistas y homofóbicas eran contenidos que presentaba sin tapujos.

Imagen que muestra a miembros del ayuntamiento de Guayaquil. Comentarios 10, Nª24

Imagen que muestra a la ex alcaldesa de Guayaquil, Elsa Bucaram. Comentarios 19, Nª8.

El contenido controversial, ofensivo y pornográfico de las publicaciones, obligaba PJ a esconderse por periodos cortos de tiempo y a orquestar una red de distribución clandestina que recuerda al tráfico informal de drogas. El punto principal de venta era el centro de Guayaquil. Ahí, algunos miembros de una asociación local de minusválidos fueron reclutados para distribuir las revistas en el tope de su popularidad alrededor de 1987.

Pancho Jaime frente al televisor que muestra al ex presidente, Rodrigo Borja. Comentarios de Pancho Jaime, una de las últimas ediciones 1989.

Cuestionar, aborrecer, y resistir ante los mandantes ecuatorianos no ha sido labor de miles. PJ es ese referente de estrategias que aturdieron el poder e hirieron las intocables ínfulas de las élites conservadoras de su época. Del rock le brotaron la rebeldía, la tenacidad y el espíritu independiente. Es por esto que los rockeros guayacos recuerdan a Pancho Jaime como “la mamá del rock”.

Nota: La mayoría de los datos biográficos presentados en este artículo han sido tomados de publicaciones académicas realizadas por el antropólogo X. Andrade bajo su consentimiento.