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Música

Rainbow Arabia: pop volátil que diluye fronteras

El dúo angelino que se presentó en TNDMX hace un pop del cuarto mundo, música electrónica atípica influida por sonidos del mundo entero.

Hace seis años, un disco de cóvers a canciones de The Cure me presentó a Rainbow Arabia. De la veintena de tracks, el de los chicos angelinos se contaba entre los que habían visitado los temas de la banda de la manera más emocionante, de la mano de un pop tan sombrío como psicodélico. ¿¡Cómo?! Uno pensaría que en un mundo regido por los colores en orgiástica y entrópica confusión habría lugar para todo, excepto para las sombras. Pero ellos, Danny y Tiffany Preston, estaban mostrando en su versión de "Six Different Ways" su don para crear territorios mentales de verosímil psicodelia, una más apegada a la realidad, donde también cabían los escalofríos…

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Con esa habilidad, sumada a la voz de aires onírico-mitológicos de Tiffany y un bagaje musical en el que se cuentan lo mismo la experiencia como tecladista de Danny en la banda de dub Future Pigeon que influencias melódicas situadas en el mundo árabe y norafricano (suelen mencionar al maravilloso sello Sublime Frequencies entre sus favoritos), han conseguido crear un pop vanguardista que ha sido descrito de maneras que rayan el absurdo o la desesperación (pero que algo tienen de cierto): que si suenan como si Nguzunguzu o Crystal Castles estuvieran aventándose un dj set en una escena de Aladino, que si su cruda aproximación al pop sintético los sitúa en la misma rama del árbol que The Knife (¡o.O!) o que si han creado la versión musical de un recorrido en auto, a media madrugada y víctima de insomnio, con una caja de cassettes viejos en el asiento del pasajero y el auto lleno de humo espeso (¡¡¡O.O!!!).

Tales delirios provoca la volatilidad y la rareza de su música, inmersiva --capaz de situarnos en su egregor y convencernos de que en el mundo se han disuelto las barreras geográficas-- y cósmica --capaz de convertirnos en una estrella fugaz que cruza feliz, de lado a lado, la pista de baile, como debió sucederles a quienes estuvieron en el episodio I de TNDMX.

La manera más precisa de referirse a lo que hacen, según han confesado ellos mismos, es pop del cuarto mundo, porque de alguna manera los sitúa en la misma frecuencia de otros proyectos atípicos que hacen música electrónica influidos por sonidos del mundo entero. Como Gang Gang Dance, por ejemplo, quienes me parece que han compartido gira con Rainbow Arabia. Cuenta la leyenda que si se recopilan todas las referencias de artistas alrededor del mundo explorando esa vía y luego se trazan líneas en un mapamundi entre todas ellas, se descubre un símbolo poderoso, capaz de abrir umbrales hacia una dimensión en la que no existe el cáncer, todos se comunican con la mente y los dealers tienen forma de colibrí. También dicen que todavía no nace el académico que emprenderá esa misión. Mientras eso sucede, siempre tendremos la opción de pararnos frente a Rainbow Arabia donde sea que se presenten --o en defecto, poner sus discos-- y bailar con los ojos cerrados mientras repetimos mentalmente: "hon sha ze sho nen". Luego nos contamos qué sucedió.

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