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12 discos malos que hicieron que te gustaran bandas buenas

No siempre conoces a una banda a través de su mejor disco. A veces los conoces a partir de los que apestan.

Incluso las bandas más legendarias tienen porquerías dentro de su repertorio, y algunas veces, desafortunadamente, esas son las primeras cosas que descubres de ellos. Esto era especialmente común en la época pre-internet, en donde no existía el poder omnipresente del streaming y tenías que tomar un riesgo y comprar el disco. Usualmente la decisión de la compra estaba basada en la portada, las cosas positivas que tus jóvenes e impresionables oídos habían escuchado sobre la banda, o la recomendación que te daba el empleado cacarizo de Mixup o Tower Records.

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Pero las cosas no siempre salían bien. Tal vez era la primera probada que le dabas Metallica y era con el St. Anger, algo que seguramente te llevó a vomitar toda la noche. No es tu culpa, la verdad. ¿Cómo ibas a saber que Sandinista! fue la manera en que The Clash trató de safarse de su contrato discográfico y que no era para nada la manera de entrarle a la icónica banda de punk? Aún así, no hay nada de que avergonzarse, porque tal vez fue esa basura la que te llevó a escuchar algún disco clásico de la banda. Tal vez te abrió la puerta a todo un mundo nuevo de música que no sabías que existía.

Hay una extraña conexión que puedes desarrollar con el álbum que te introdujo a una banda, sea o no, “su disco correcto”. Algo de ese primer amor a un disco se queda contigo, sin importar lo vergonzoso que resulte en retrospectiva. Dicho esto, estos son los primeros álbums que el staff de Noisey escuchó para bien o para mal. ¿Cuáles son los suyos? Esta es una zona libre de prejuicios.

Weezer – The Green Album

Me gustaría decir que el disco que impulsó mi despertar musical fue uno icónico como Dookie de Green Day o London Calling de The Clash. Pero la realidad es que era la típica niña tímida y rara que tenía un papá que había dejado de escuchar todo lo que salió después de 1974 y no fuera de Bruce Springsteen y que contaba con una madre de Europa del Este bastante dura que no podía ser molestada con frivolidades. Así que, mis días de juventud estuvieron en Napster en donde mi propia y bastante boba educación musical servía como guía en el proceso de encontrar música nueva. A mis 13 años, mi cartera de discos ya contaba con clásicos como Third Eye Blind y No Strings Attached, y, con el dinero de pasear perros quemando mi bolsillo, me dirigí una tarde a Wherehouse Music para añadir Writing on the Wall de Destiny’s Child a mi colección. En vez de eso, me encontré cara a cara con un poster en color neón. Weezer. Había visto el video de “Hash Pipe” en MTV, pero además de eso no tenía idea de quiénes eran. Decidí comprarlo, y luego las cosas no volvieron a ser igual. Si Beyoncé y compañía satisfacían mi deseos de bailar música pop en pijamadas, Weezer le habló directamente a la inadaptada que vivía en mí y que tenía muy pocas invitaciones a ese tipo de reuniones nocturnas. Sin el más remoto marco de referencia en la música, el álbum verde que les produjo Ric Ocasek se convirtió en mi puerta de entrada al mundo del rock and roll: crujiente, pegajoso y manejable, pero decididamente sin complicaciones. Estaba intimidadamente y obsesivamente enamorada. Olviden los coros soso y a veces sin sentido de River; a esa edad no podía relacionar las letras con ningún significado real de todos modos. Era la emoción directa y sencilla de las melodías lo que me movía. Pronto me mudé a los más tempranos y complejos discos de Weezer, el Blue y el Pinkerton, que más adelante me volaron la cabeza. Eso me llevó a los Pixies, que me llevaron al punk, que me llevaron al blues y así, mi colección de música y yo pudimos vivir felices para siempre.
—Andrea Domanick

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The Misfits – American Psycho

Como la mayoría de los niños de 13 años lo suficientemente tetos para encontrar el punk rock durante su adolescencia, salí al mundo y compré los discos de las bandas que oficialmente sabía que eran bandas punks: Dead Kennedys, Minor Threat, The Misfits. Minor Threat fue fácil, debido al hecho de que solo tienen un disco. Quedé bloqueado cuando compré Fresh Fruit de los Dead Kennedys, pero con Misfits, compré sum más reciente álbum en ese momento American Psycho. Y lo “entendí”. Un poco. Incluso colgué en mi pared el poster desdoblable que venía incluido. El disco estuvo…. Bastante bien, creo. Deeeeefinitivamente disfrute de esta banda icónica que hacía valer el peso de los punks con los cinturones llenos de estoperoles que estaban obligados a adorar, totalmente. Yo era uno de los punks en onda. Pero una parte en mi interior reconocía que era un poco tonto — todo este sonido harmonizado de Metallica— pero, oigan, ¡eso eran los Misfits! Los parches de la mochila del vato con el mohawk no podían estar mal. Pero estaban mal, por supuesto. American Psycho fue durante AÑOS lo que cualquier fan respetado de los Misfits consideraba como su canon. No recuerdo de donde saqué 50 dólares en ese tiempo, pero compré el set completo con todo lo que traía adentro inmediatamente. ¡Earth A.D, Static Age, Evilive, Fucking Dazing! Eso eran los verdaderos Misfits. Después de eso, me adentré hasta el fondo y no mire hacia atrás. Voy a seguir burlándome de American Psycho hasta el día de hoy, aunque me avergüence aceptar que sé mucho más de esas canciones que lo que me gustaría aceptar.
—Dan Ozzi

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Liz Phair – Liz Phair

Distintivamente recuerdo haberme quedado en el cine hasta que terminaron los créditos de Win A Date with Tad Hamilton para ver quién había escrito, “Why Can´t I?, una canción que era parte de ese horrible disco homónimo que Liz Phair lanzó en 2003, el cual fue producido por el mismo equipo que había trabajado con Britney Spears y Avril Lavigne. Por mucho tiempo los fans y críticos lo odiaron. Incluso el New York Times dijo que Phair había cometido un “embarazoso suicidio profesional”. Como si yo hubiera tenido una idea. Yo venía saliendo de un circulo de rock de chicas donde en el centro había cosas como Y2K, Fe Fe Dobson, Avril, etc. pero una vez que me adentré en el lado izquierdo del grunge-pop con cosas como Juliana Hatfield, That Dog, y por supuesto, Exile in Guyville-era de Liz Phair, que es uno de mis discos favoritos de todos los tiempos. Pero todavía escucho “Why Can't I” cuando los vatos que me gustan me ignoran.
—Bryn Lovitt

The Stone Roses – The Second Coming

En 1994, todo era acerca de Wu-Tang, Snapcase, Fugazi y cualquier cosa vagamente punk o mugrienta. Yo en ese tiempo estaba en la clásica fase “alternativa”, y aunque todavía amo bandas como The Cure, New Order, y otras, ahora me clavo con otras cosas mas allá de lo que Dave Kendall diga en 120 Minutes o WHFS que está en onda. Dentro de todo ese ruido, yo había oído algunas cosas sobre lo increíbles que eran los Stone Roses y como tenía que escucharlo. Cuando The Second Coming salió después de la curva de cinco años del lanzamiento de su homónimo, tuvieron un empujón masivo con “Love Spreads”, un sencillo que incluía una guitarra en llamas. El track se escuchó en la radio, también hubo un video, y después finalmente “los encontré” (o eso pensaba) así que me dirigí directamente a Tower Records. Pero estaba en un error. Unos meses después, como era obvio, una amiga mía vio la copia de The Second Coming y me dijo, “¿Compraste eso? Deberías checar el primero, ese es la onda”. Y en efecto, definitivamente era, mucho mejor que su famoso refrito en una de las mejores escenas de Shaun of the Dead.
—Fred Pessaro

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Ryan Adams – Rock n Roll

Mis primeros meses de regreso a casa después de la universidad fueron un martirio. El mercado laboral después del 11 de septiembre en mi ciudad era un desastre, y yo era uno de esos explotados y mal pagados que no podía darse el lujo de tener una vida social fuera de la comodidad de los personajes intangibles en los videojuegos. Estaba triste y dramático, y me gustaba la música triste y dramática. Dentro de esa nostalgia, empecé a pedalear hacia atrás en toda esa buena música bastarda que los amigos de mi universidad me habían puesto durante los cuatro años anteriores que yo, como un buen hermano indie, bastante firme en ese momento, se había negado a darle importancia. Esto significaba mucho Wilco y Ryan Adams. En 2003, Adams se convirtió en un proxeneta que sonreía de manera irónica y con mucho glam rock en la portada de su muy inteligentemente titulado disco Rock n Roll, y yo, por alguna razón lo compré. Cave en la falsa felicidad que en realidad es bastante triste de “So Alive”, que suena en retrospectiva como Rufus Wainwright haciendo karaoke de U2, simplemente una mala idea de pies a cabeza. Fueron días negros. Afortunadamente, los años que siguieron, conseguí mucho más filo para escoger mi música depresiva (¡pornografía, baby!), y Ryan cortó la mierda y regresó a experimentar. Bueno, casi toda.
—Craig Jenkins

Slipknot Iowa

En 2001, tenía 14 años y estaba muy, pero muy enojado. Viendo hacia atrás, no puedo explicar qué es lo que me tenía lo suficientemente rabioso como para golpear paredes, meter gente a sus lockers, y ser arrojado a una clase para el manejo de ira. Lo probable es que simplemente estaba pasando por el jardín de la angustia adolescente, en donde se filtraron mis tendencias agresivas heredadas (¡Gracias papá!). Lo que se que haya sido, necesitaba de un soundtrack, y gracias a mis amigos más grandes y obsesionados con Hot Topic, descubrí el perfecto acompañamiento aural para mi mierdera actitud puberta: Slipknot. Fui específicamente hundido en su segundo álbum, Iowa, con su portada azul y plateada y sus tracks brillantemente titulados con cosas como “People = Shit” y “The Heretic Anthem”. Suena rancio y cursi para mí ahora que he pasado los siguientes 13 años escuchando metal grotesco de guerra, pero en ese tiempo, eso era para mí la cosa más extrema que había oído— un directo precursor en el florecimiento de mi interés por el death metal, que me llego al grind, que luego me llevó al black metal, y luego al crust punk. Mi etapa de nu-metal fue benditamente corta, pero no puedo negar que ayudó a alumbrar mi camino hacia el sendero de la izquierda.
—Kim Kelly

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Bob Dylan – Self Portrait

Lanzado en 1970 entre los clásicos de piedra Nashville Skyline y New Morning, Self Portrait de Bob Dylan no fue bien recibido por los críticos. Seriamente, no hay otra forma de ponerlo: ¡Todo el mundo pensó que apestaba! El consenso general hacia ver que había algo detrás — el concepto de verse a uno mismo (o lo que sea) y lo que esa expresión significaba y cómo lidiábamos con eso siendo seres humanos— y esa idea fue la que hizo valer la pena examinar y explorar (era un nuevo disco de Bob Dylan, al final de todo). Pero al mismo tiempo, el odio hacia el disco era universal. Algunos escritores de rock (probablemente hombres blancos) declararon este álbum, como el top de muestra en la separación de los The Beatles, el verdadero final de los 60. De hecho, la reseña del legendario Greil Marcus en Rolling Stone abre con la simple frase “¿Qué mierda es esto?” No fue un buen tiempo para ser Bob Dylan y estar vivo. Esta respuesta negativa, me imagino, se debe probablemente a que la principal preocupación acerca de la música es tener la Opinión Correcta™. Y, miren, no voy argumentar el valor de Self Portrait en comparación con toda la demás música fantástica que Bob Dylan produjo durante toda su carrera. Yo también era un adolescente negativo de 17 años cuando este disco se lanzó. Pero en mi opinión de experto en retrospectiva, para mí, siento, que las criticas sobreactuaron porque Dylan no les dio el disco que ellos estaban esperando. Self Portrait es un álbum divertido, desordenado e incompleto. No hay nada limpio — sus vocales encogidas (y esto fue cuando aún podía cantar) son apretadas y jadeantes, los riffs de la guitarra son torpes, su escritura desenfocada. Pero eso fue lo que hizo de este disco algo pop cuando lo escuché por primera vez de chico. Ya había escuchado a Bob Dylan antes— es casi imposible nacer en el medio oeste y no tener “Rambling Man” empujando tu garganta— pero este fue el primer álbum que me introdujo en el mundo de Dylan, uno que está más enfocado en la autoexploración y la reflexión sobre cómo encajar en este mundo. A mí me pareció que estaba bien que no fuera perfecto. Nadie es perfecto. La música que es perfecta es aburrida. Self Portrait no intentaba ser perfecto — simplemente trataba de ser humano. ¿No es nada divertido ver nuestros defectos, o sí?

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—Eric Sundermann

Nine Inch Nails With Teeth

En sexto grado, por alguna razón, pensé que ser gótico sería algo increíble. Marilyn Manson, Jeff Hardy, comprar libros raros sobre cómo evocar espíritus, todo estaba de huevos. Así que era casi natural que escuchara hablar sobre Nine Inch Nails luego de el recién lanzamiento de su disco en 2005, With Teeth. Realmente no los había entendido antes, pero sí sabía que era su primer lanzamiento de larga duración desde 1999. Escuchándolo ahora, además de darme cuenta del realmente obvio y horrible juego de palabras, también noté que este disco realmente no tenía dientes. Cada disco previo carga con lo que hizo a Nine Inch Nails una banda genial, y Trent Reznor es un muy buen músico. No había miedo detrás de los instrumentos electrónicos y el hardware con el que tocaban. Pero con With Teeth simplemente se sentía como si hubiera sido escrito por una banda de rock alternativo para un mal episodio de La Ley y el Orden. Las canciones eran aburridísimas, no había reflexión y eran dolorosamente básicas.Todo parecía como si Trent hubiera tratado de averiguar que tan bueno era escribiendo pop, o si podía escribir otra canción como “Hurt”. Por lo menos su DVD en vivo estuvo bien, creo.
—John Hill

Green Day – American Idiot

Antes de meterme en esto, quiero decirles que era una chica de 13 años viviendo en un pueblo bastante rural, sí, tenía internet, pero no sabía cómo usarlo. Yo sólo había escuchado de Green Day por la playera de Dookie que mi primo (el popular) logró que su mamá le comprara, e incluso en ese momento no era lo suficientemente inteligente como para buscarlos. Ni siquiera sé qué fue lo que me llevó hacia ellos o que fue lo que me convenció de comprar este álbum pero, como ya lo dije, no era lista. Así que el primer disco que compré de ellos fue American Idiot. La peor parte de todo es que realmente me gustó este álbum; probablemente lo escuché unas cien veces. El coro ininterrumpido acompañado de acordes rápidos y pesados en la transición de “Are We the Waiting/ St. Jimmy” se sentían bien al escucharlas y, claro como una #adolescente deprimida “Are We Up When Septembre Ends”, simplemente me atrapó. Nunca voy a olvidar el día que el chico cool de la escuela que, además me gustaba, volteó a verme cuando puse el CD en mi Walkman o como se llame esa cosa (para aquellos que quieran saber, era demasiado pobre para comprar un iPod) y me preguntó qué disco era el que estaba escuchando. Orgullosamente contesté “el nuevo de Green Day” a lo que inmediatamente contestó que apestaba y que la banda no había hecho un buen álbum desde Nimrod. Rápidamente mentí y le dije que era de una amiga y que además era la primera vez que lo escuchaba. En el segundo que llegué a casa hice que mi mamá me llevara a Wal-Mart y dios sabe por qué razón, tenían una copia de Nimrod.
—Annalise Domenighini

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Bruce Springsteen – The Rising

The Rising fue el álbum con el que Bruce Springsteen regresó, su primero en siete años desde el relativo fracaso que fue The Ghost of Tom Joad y su primero con la banda E Street en más de diez años. Fue su disco “11 de septiembre”, el cual toda la nación podía, en extrema necesidad de una pieza apolítica de expresión patriótica que los hiciera reunirse otra vez, compartir. Fue un disco que aplastó las listas de popularidad siendo el número uno, y es casi seguro que introdujo a The Boss a una totalmente nueva generación de fans en un tiempo donde sus discos clásicos de los 70 y 80 podrían haber arriesgado que se cayera el pensamiento colectivo del momento. En los años que siguieron, Springsteen se convirtió en una piedra inamovible dentro del pensamiento del indie rock del 2000, que lo embarcaron en una serie de tours masivos que renovaron su condición de ícono político dentro del mundo de la música.

Pero mientras que The Rising fue de muchas maneras el disco correcto para Springsteen en ese momento, no es el correcto de todos los tiempos. Es terriblemente aburrido. Muchas de las canciones se arrastran excesivamente a coros que carecen de la tensión y complejidad que hace la escritura de Springsteen tan grande. Simplemente voy a seguir con esto y decirlo así: todo el mundo tenía tanto miedo de ser anti-americano por el hecho de admitir que realmente no querían escuchar este disco. Por lo menos no tantas veces como para recordar que estaban en el país de Bruce Srpingsteen. Hay que admitir que regresó a América al redil de Springsteen, y por eso siempre merecerá de reconocimiento, pero es una entrada rara para entender a uno de los mejores músicos del país.
—Kyle Kramer

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Jay Z / Linkin Park – Collision Course

Nadie es muy inteligente a los 14 años. Por ejemplo, era fan de Linkin Park. Su mezcla de rap con guitarras y anime apelaba a lo "únicos" que yo creía que eran, y por eso devoré sus álbums durante mis maratones nocturnos en Neopets. Un día, después de bajar un fresco y nuevo lote de canciones de Bearshare, me topé con una canción de Linkin Park donde el rap no solamente era pasable, si no excelente. Chequé la información de la canción y me sorprendí de encontrar el nombre de alguien que no renocía: Jay Z. Acababa de descargar Collision Course, y mi introducción al mejor rapero de todos los tiempos acababa accidentalmente de empezar. Di un vistazo rápido al álbum y eventualmente terminé por preferir el líquido que le daba Jay Z mucho más que lo que hacia Chester y cuando porfin me cansé de Collision Course escuché The Black Album. Linkin Park me permitía pretender que las personas en mis audífonos eran como yo, pero Jay Z me abrió un nuevo mundo con sus propios mitos que me hicieron gravitar hacia el hecho de que podía saber todo sobre el personaje central. Eventualmente dejé mi viejo amor hacia Linkin Park y me adentré en la historia de Jay Z, siguiendo las ramas del árbol de sus colaboraciones en todas las direcciones hasta que las historias que escuché se expandieron más allá de los proyectos de Marcy y hasta todos los rincones de América. sí que gracias, Linkin Park, por ser la droga de entrada que me permitió engancharme con Jay Z. Finalmente hicieron algo bien.

Slava Pastuk

Guns N' Roses Use Your Illusion I & II

Cuando Guns N’ Roses lanzaron su ambicioso disco doble en septiembre de 1991, yo estaba escuchando sin parar “I Love your Smile” de Shanice y “Around the Way Girl” de LL Coll J. Acababa de dejar San Francisco y me había mudado a Holanda y yo deseaba muchísimo mi dosis diaria de música nueva de la Bahía de San Francisco que transmitían en la estación de R&B y hip hop, KMEL. En ese entonces honestamente creía que Bon Jovi era heavy metal.

Un año más tarde mi mamá, mi padrastro y yo nos mudamos a Southampton en Inglaterra y me topé con un grupo de niños en la escuela que eran despectivamente etiquetados como "los hippies". Usábamos botas Dr. Martens y franela. Las mujeres usaban colores psicodélicos y los hombres tenían una aversión al shampoo porque hacía que su melena a la Kurt Cobain se viera muy limpia. Me olvidé de Boys II Men y empecé a escuchar a Nirvana, claro, pero también oía a Ugly Kid Joe, Metallica y Blind Melon. Por el contrario, dado que Guns N 'Roses apoyó todo lo que Nirvana arremetió y despreció, siempre escuchábamos el disco de Use Your Illusion— dos discos chonchos que habían sido lanzados el mismo día por separado, que, para la época que nos adentramos a ellos, ya tenían un año de haber salido.

Recordando, eran los 151 minutos de sentencia de muerte de Axl y su flamante sequito de lagartijas rockeras borrachas. Los excesos de la última década han ido informado sobre su decisión artística—el espiral sin fin en sus canciones, los millones que derrocharon en crear esos grandiosos videos, su sed de dominación mundial que se manifiesta a través de rock suave, sus coros amigables en la radio. Una canción de diez minutos que sólo lleva un solo coro. Eran apenas y difícilmente una banda rebelde, pero gracias a la brisa de coca, los jacuzzis de Jack Daniels y sí, la heroína también, que cada idea debía de haberse visto genial en sus cabezas. ¡No descarte nada! Y, sin embargo, en ese momento, amaba los solos sobreexcitados de Slash ( y todo lo demás que salía de esa masa de cabello de poodle), le pegué un puñetazo a Axl y a sus maullidos estridentes. Me dediqué a inhalar toda la auto indulgencia que salía de los 30 tracks en un solo día, en aquel entonces eso era un tesoro que debía de ser estudiado minuciosamente. “November Rain”, “Civil War”, los riffs bomásticos de “You Could Be Mine”, y algunos otros, estos dos álbums fueron amurallados con sonidos serpenteantes que podrían y deberían ser parte de una colección magra. Sin embargo, como yo en 1987 escuchaba a Madonna y Salt N Pepa, mi primera probada de Guns N’ Roses vía UYI, del cuál me brinqué a Appetite for Destruction, mi debut comenzó como un perro que echa rabia en el calor. Uno de los mejores discos de rock de los años 80, y uno que Guns N' Roses nunca pudo superar.
—Kim Taylor Bennett