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La gran orgía rasqa: el quinto aniversario del "Oh. Porno!" de Velandia y La Tigra

La historia del tercer disco de la saga oriunda de Piedecuesta es también la crónica de un viaje hacia el fondo de la rasqa, lugar de éxtasis y vértigo. Recordamos con Edson los pormenores de un capítulo que va para los libros.
27.1.15

La historia del tercer disco de la saga oriunda de Piedecuesta es también la crónica de un viaje hacia el fondo de la rasqa, lugar de éxtasis y vértigo. Recordamos con Edson los pormenores de un capítulo que va para los libros. Luego de dos álbumes que captaron la atención del circuito crítico local, Once Rasqas (2007) y Superzencillo (2009), los tripulantes que habían acompañado hasta el momento a Edson Velandia, quizás intuyendo lo que venía, decidieron exiliarse de su Tigra, que para entonces ya estaba adquiriendo estatus de culto en la nacional alternativa. Antes muerto que varado, el mismo hombre que osó dirigir una orquesta en Jazz Al Parque armado con un machete como batuta se levantó de sus cenizas y reclutó a unos muchachitos con potencial de peligro, los embrujó en su rasqa y los montó en su clímax.

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El Oh. Porno!.

Sería el único disco que grabarían los cuatro juntos, Edson acompañado por Henry Rincón en la batería, Daniel Bayona en el bajo y "El León" Pardo en la trompeta. Aquella Tigra de segunda generación que vivió y murió rápido y cuyo rugido es hoy motivo de leyenda.

De verbo malhablado, erótica pueblerina y atmósfera apocalíptica, el álbum es una comedia negra y surrealista sobre el puro y sucio porno entre hombres que son burros. Un comentario lapidario sobre lo bestias que somos, básicamente. En él, guitarras furiosas se chocan con redobles y trompetas de feria municipal, entre alientos fúnebres, orgasmos decadentes y verborreas procedentes de todo tipo de visiones y pesadillas. Suena como al ruido de un pueblo medio Macondo llamado Piedecuesta, hogar de alucinados como El Negro Navas, una suerte de Basquiat santandereano a quien su amigo Edson saluda en dos ocasiones desde el disco, y cuentachistes como su padre, un excampeón nacional de Sábados Felices quien a propósito participa en el álbum con varios números de perifoneo, haciendo de una especie de profeta bipolar del final de los días . Irrefutable y lascivo, el disco parió canciones como " El profesor Miguernica", la caricatura de un docente que abusa de sus alumnos de las maneras más pasadas (y graciosas) posibles; el " Tons qué", que deforma hasta el irrespeto el " So What" de Miles Davis hasta convertirlo en una larga lista de finísimas peticiones macho-hembra de sexo; y por supuesto, " Naranjas", una nocturna voluptuosa que narra la historia de un coito dentro de un coito.

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Épico.

Firmado por el sello Cinechichera, filial de una imaginación llamada Churubusco, y transmitido en directo desde Piedecuesta a través de La Jodencia, "la emisora de la independización", el Oh. Porno! fue lanzado en 2010 por esta pandilla rasqa en una gira legendaria que los llevó desde Santander hasta La Patagonia, a pie y en bus y durante cuatro meses.

A ellos, se les debe una estrella en el camino de la fama al frente de Unicentro.

Esta salvaje alineación tocó de noche alrededor del fuego en las orillas del Titicaca, en un domingo de cierre en un Rock Al Parque repleto y en todas las tarimas que hay en el medio, incluyendo un Vive Latino en México. La suya fue una llama breve e intensa, alimentada por el espíritu oscuro e incendiario del disco que cargaron a cuestas por la carretera salvaje y delirante de Latinoamérica, que se apagó en un toque en el Galeras Rock, en Pasto, el 27 de noviembre de 2011, por razones que sus miembros prefieren dejar en el misterio.

Este viernes 30 de enero en Bucaramanga y el sábado 31 en Bogotá, aquella Tigra original regresa a la tarima para celebrar el quinto aniversario del Oh. Porno!. A propósito de esto, en estos días vi que Velandia había posteado por Facebook un dibujo que adornará la camiseta conmemorativa, una ilustración de trazo fino que muestra una orgía de hombres con la recordada máscara de burro que él mismo portó durante aquellos tiempos. Aproveché entonces que estaba en línea para preguntarle sobre el tema y ya después del saludo la conversación fue tomando forma de entrevista.

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A continuación, la reproduzco…

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Joven, ¿cómo estas?

Bien, mi hermano. Aquí facebuquiando, una de las dos cosas que más me gusta hacer en la vida…

Vi el dibujo que posteaste con la imagen de las camisetas del aniversario. ¿Te lo intentaron censurar o qué? Y a propósito, ¿cuál es la otra cosa que más te gusta hacer en la vida?

Alguien la denunció pero Facebook no la eliminó porque no consideró que violara el reglamento de desnudos. La otra cosa es la otra.

¿Cuál otra?

Hacer orgías.

Jeje… ¿Quién hizo el dibujo?

Yo hago los dibujos de la banda.

¿Has pintado toda la vida?

Sí, fue lo primero que quise hacer pero no hice. Lo hago ahora.

Tengo puesta una camiseta tuya, la de " El chulo". Me la regalaste en Pasto, en el Galeras Rock…

Ah, qué chimba. El último concierto de la banda de aquella época.

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¿Cómo nació esa formación?

Después de hacer el disco Superzencillo (2009), me quedé sin banda porque se fueron todos del país a estudiar y trabajar. Entonces me quedé solo con Jorge, el trompetista, El León Pardo, y él trajo a Henry y Henry trajo a Daniel. Pero en ese proceso pasó de todo, probé gente, fallaron muchas cosas… uf, fue duro rearmar el proyecto, pero apenas llegaron los chinos la cosa fue pura felicidad.

Eran unos niños ellos, ¿no?

17, 19 y 20 años. Y yo de 33. Me dicen "tío" por eso.

Y te los llevaste entonces a ese torbellino…

Uy, claro. Y quién iba a pensar que fuera tan intenso y sollado, mera locura… Yo era el que los cuidaba, pero cuando se me soltaba a mí la cadena no podía cuidarme nadie.

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¿Qué recuerdas como lo más intenso de esa época?

Que nos llevaran presos en Argentina por posesión de marihuana. La Federal, la policía más gonorrea de América, los que vigilaron la dictadura de Videla. Pero eso es un dulce apenas, muchas vainas pasaron… de todas formas nada malo, todo bueno, mera fiesta, derroche, felicidad.

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¿Y cómo fue el viaje? ¿Con cuánta plata salieron y cómo la conseguían?

Yo le hice la música a la película La sociedad del semáforo y me gasté esa plata en la gira, aparte cada uno llevaba unos pocos pesos pa' sus dulces y en el camino nos pagaban los toques y eso ayudaba a mantenerse. Financiar cuatro meses la vida de seis gatos valía billete.

¿Cuál era el plan, dónde tocaban?

Tocábamos donde fuera, en la calle, en las cantinas, en bares, festivales, antros… el plan era vivir como una banda desconocida, rebuscársela. Lo hice porque cuando los chinos entraron a la banda de una empezaron a viajar en avión y a hospedarse en hoteles cinco estrellas y a ganar billete como si la vida fuera así de fácil, entonces les dije "Vámonos pa' donde nadie nos conoce y vamos a empezar de cero".

¿Y cómo sonaba la banda en esa gira? ¿Esa precariedad de condiciones le dio el sonido rasqa?

Jeje… eso era lo loco, que era imposible empezar de cero con una banda que era profesional, que se le notaba el bagaje. Porque aunque ellos eran jóvenes eran muy duros y muy inteligentes y yo ya tenía mucha experiencia dirigiendo, así que eso sonaba tremendo. En todas partes nos abrían las puertas, nos elogiaban. No éramos unos principiantes en ninguna parte… aunque en Bolivia no nos pagaron un toque porque no tocamos cumbia. La señora nos contrató porque éramos colombianos y nos vio en la calle jodiendo con los instrumentos. Eso fue en el Titicaca, en Cochabamba. Nos contrató pa' tocar en su restaurante. Tocamos acústico pa' tres clientes y al final no nos quiso pagar diciendo que nosotros la engañamos, que le dijimos que éramos colombianos y no tocábamos cumbia. Eso era pa' cagarse de risa, nos íbamos más felices a reírnos y a tocar al lago pa' la gente que pasaba de noche por ahí. Una delicia. Yo le dije esa vez a esa señora: "Seño, lo que nosotros tocamos todo es cumbia, lo que pasa es que la cumbia ha cambiado mucho".

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La Tigra en plena rugiendo por el Sur, 2010.

¿Cuál fue el toque más grande de esa época? Recuerdo el Rock al Parque 2010, en el que les falló el sonido del retorno y sin embargo sacaron el toque a oído.

Ese fue el remate de la gira, veníamos de pasar por las peores y las mejores. Subirnos a tocar en la tarima principal antes del cierre de ese sábado fue un toque más, ya nada nos asustaba. Habíamos tocado enchufados a dos canales de una consola dañada en Cuzco, y habíamos tocado sin amplificadores, conectados a los bafles del sonido, en una cantina en Jujuy, Argentina, y en Buenos aires. Sabíamos que sonábamos a pesar de cualquier dificultad. Éramos ya muy cancheros. Ése día se dañó el teclado también. No probamos sonido. Éramos una banda importante a la que le pagaban poquito y no la dejaban probar. Una mierda esa vez, subirnos así, como unos novatos sin garantías de nada, como llenando el cartel no más. Pero lo que le digo, la gira surtió efecto, se nos había olvidado que éramos una banda consolidada y simplemente nos subimos a tocar como si fuera la tarima improvisada de un bar.

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¡Y pum!

Pues no sentí que fuera PUM, pero tampoco nos comimos el cuento de que estábamos en el curubito de nada y pues salió lo que salió…

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¿Cuál era la idea detrás del Oh porno como disco?

Veníamos de pegar dos canciones del Superzencillo: "Chuvak" y "Guarapera", que se podría decir que son las canciones más conocidas de la banda. "Chuvak" fue por muchas semanas Top 1 de Radiónica y de la emisora me llamaban y me entrevistaban cada rato. Incluso me invitaron a los camerinos de Café Tacuva y El Profe al aire le dijo a Julio Correal que debería conocernos y manejarnos, que éramos la banda número uno, y Correal dijo, muy políticamente correcto: "a la orden". Y ese loco tan alto y tan famoso, tan ajeno a lo mío… así que empecé a sentirme como mosco en leche. En todo caso me presentaron a los Tacuva y al aire El Profe les dijo que yo era la verga, un duro, el number one, la estrella, el señor de los anillos. Y a final de año me paraba en los puestos de revistas a ojear páginas y de repente en ese 2009 aparecía yo como uno de los personajes del año. Me parecía extraño que con tan poca plata y poca prensa yo estuviera figurando tanto. Entonces lo que pensé fue que eso era algo muy riesgoso para mi creatividad, que ahora muchos iban a esperar que siguiera haciendo mas "Chuvaks" y más "Guaraperas", entonces me puse a hacer un disco negro, un disco lleno de groserías y vulgaridades para librarme del cariño postizo de la fama, de esa cosa empalagosa del éxito, pero sobre todo para crear libremente sin la angustia mantenerme en el curubito de la pobre farándula independiente de la onda esa que llaman "colombiana" y que a mi sabe a babas. Entonces me fui pa' la casa del Negro Navas, mi amigo artista plástico de Piedecuesta, y me encerré en su casa cuatro meses a verlo pintar, y un día agarré una hoja y un lápiz y en dos horas escribí las ideas del disco a la manera que el Negro pinta, sin pensar, sin borrar, sin consideraciones estéticas, solo pasión, lúdica, felicidad creativa y libertad de decir lo que se me venía a la mente perversa que tengo. Tenía además un grupo divino, conformado por muchachos ganosos que querían reventar la tarima y ver porno a diario. Era el momento de hacer ese disco.

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¿Qué te queda del Oh porno?

Mera escuela, aprendizaje y experiencia, la mejor época de mi vida con la música. La más poderosa. La que no tuve cuando tenía 20 años. Me tocó vivir mi adolescencia a los treintas.

Hermoso…

Sí, una delicia. En estos ensayos he vuelto a recordar pa' que fue que armamos esta vaina…

¿Y pa' qué fue que la armaron?

Pa' roquiar…

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El Oh, Porno de Velandia y La Tigra, con su formación original, se estará presentando el viernes 30 de enero en Bucaramanga y el sábado 31 en Bogotá. Más info aquí. El autor de este texto estuvo en el último concierto de aquella histórica banda en Pasto, en el 2011. En el futuro promete dedicarle al menos un capítulo de un libro a este precioso recuerdo. Por lo pronto, síganlo en Twitter como @nikovc.