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Por qué importa que Mykki Blanco sea VIH positivo

La revelación de Blanco destapó la cloaca de siempre: el VIH sigue teniendo un gran estigma a su alrededor, y es motivo de clóset incluso al interior de la actual comunidad LGBTTTI.

La gran fiesta de la diversidad, le dicen. El próximo sábado 27 de junio se llevará a cabo la 37ª Marcha del Orgullo LGBTTTI de la Ciudad de México, en cuyo cartel se puede leer la frase “Nuestra ciudad orgullosa de sus identidades diversas”. Bien podría ser el desfile de los clichés, un carnaval de lo predecible tapizado de parches de arcoíris. Identidades diversas domesticadas por los medios de comunicación, quienes se han encargado de posicionar íconos gays de peinados perfectos y cuerpos sin averías, listos para el shooting de una revista de moda; íconos con los que la plebe rosa se construye fantasías más próximas a los convencionalismos bugas de la mitad del siglo pasado: maridos, apartamentos muy bien amueblados, carreolas y rumberas. Postales que normalicen la homosexualidad, entendiendo lo normal desde el parámetro hétero.

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Lo siento, pero que te den por el culo nunca será normal.

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Quizás por eso figuras como Perfume Genius o Mykki Blanco no logran colarse en el imaginario gay al nivel de Ariana Grande o Selena Gómez, u hoy la recién venerada Lorena Herrera, en el caso mexicano. No es que en el vecino país del norte Mike Hadreas o Michael David Quattlebaum Jr. lleguen a causar el mismo furor que Demi Lovato, pero al menos una buena fracción de la comunidad gay gringa sí tiene el instinto desarrollado por escuchar propuestas alejadas del pop prefabricado, ocupando buenos espacios en revistas como Out Magazine. Puede ser que el mexicano no es muy dado al riesgo y los gays no escapan a ese síntoma.

Personajes como Genius o Blanco, abiertamente gays, hacen del comportamiento homosexual más honesto y libertino un elemento obligatorio en su música. Mientras baladistas como Sam Smith destilan sudor y lágrimas con tal de heteronormativizar la pasión por dos hombres, su contraparte en cuanto a baladas, Perfume Genius, habla de la homosexualidad con un melodrama punk propio de las calles de Seattle: la búsqueda del amor mamando vergas de hijos de puta en los estacionamientos de minisupermercados olvidados por Dios, con unos cuantos dólares que no son suficientes para el autobús de regreso a casa.

Pero el caso de Mykki Blanco es aún más desafiante. Michael David Quattlebaum Jr. a.k.a. Mykki Blanco, rapea sobre despiadados sampleos totalmente travestido en pelucas, tacones, torso desnudo, glamur y decadencia. Blanco es considerado pionero en el llamado queer rap o gay rap, y a diferencia de otros raperos homosexuales como Cazwell (más dado a la parodia), además de performancero, actor, poeta con buen callo para el spokenword y activista, Blanco no reniega de sus raíces del East Coast al que se mudó a los 16 años, y en donde descubrió y se apropió del hip hop con todo y su inherente homofobia (aunque nació en las tierras del gansta rap), haciendo crudas analogías entre la violencia propia de las pandillas y ese mundo gay escabroso, promiscuo, drogadicto y sidoso, ese que no suele ser abordado por Sam Smith o Ricky Martin. Y al igual que muchos afroamericanos instalados en el hip hop que confrontan al autoritarismo moral blanco, Mykki busca la visibilidad y dignificación de la homosexualidad sin que para ello haya que mimetizarse con los estándares con los que los bugas suelen entender la estabilidad o integración.

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A pesar de la dopamina que muchos segregan al saber que tienen la posibilidad de contraer matrimonio, el Informe sobre la Epidemia Mundial del SIDA dado a conocer por ONUSIDA en 2013 revela que entre 30 y 35 millones de personas en el mundo son portadores del VIH, entre ellos Mykki Blanco, quien lo reveló de manera sorpresiva la semana pasada en un post en su página de Facebook. Según dicho reporte, “Los esfuerzos para reducir la transmisión relacionada con los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres continúan siendo insuficientes, según lo evidenciado en tendencias recientes sobre la prevalencia en estos grupos.” El mismo reporte ubica a México con alrededor de 170,000 casos detectados de VIH positivo, o que ya tienen SIDA.

Mientras tanto, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades reveló el 17 de junio de este año las conclusiones de un estudio en el que se puntualiza que “Los hombres que tienen sexo con hombres (HSH) son el único colectivo en el que no se ha reducido la incidencia del VIH en Europa. No en vano, desde 2004, los nuevos casos han aumentado un 33%”.

¿Cuántos de los ídolos gays de hoy día han hecho público su estatus respecto al VIH? Se suman a las causas de la lucha contra el SIDA, donan dinero a las investigaciones médicas que tratan de dar con una cura, incluso cantan con el famoso nudo rojo prendido en el lugar más visible de la solapa, pero ni en una borrachera declaran algún indicio de su estado serológico y ventilan prácticas sexuales de alto riesgo: “Fui descalabrado por algo así como un punto de ruptura. Me di cuenta de que yo valoro mi vida real a través de esta carrera que es el mundo del entretenimiento. Toda la negatividad en mi vida surgió de este miedo constante que me mantenía escondido. El VIH era un monstruo en mi armario” declaro Mykki a MTV News después de su confesión en Facebook. “No es tan grave: después de las pedas, cuando todos los amigos ya se han ido, voy al cajón, saco el frasco y me tomo la píldora antiretroviral, y eso es todo”. Actualmente, los tratamientos antiretrovirales pueden evitar la replicación del VIH hasta en 99.9%, lo que puede convertir a los portadores a tenerlo en estado “indetectable”.

La declaración de Blanco no sólo cimbró la zona de confort en la que muchos gays se han acomodado (“la sensación de comodidad es el principio de una vida mediocre”, decía Susan Sontag): además de poner en evidencia que buena parte de los gays son muy putos para entrarle al hip hop, destapó la cloaca de siempre: el VIH sigue teniendo un gran estigma a su alrededor, y es motivo de clóset incluso al interior de la actual comunidad LGBTTTI, la cual supuestamente se encuentra con las manos llenas de derechos y victorias ganadas.

Mientras tanto, los ídolos que sirven de modelos aspiracionales para los homosexuales promedio no han manifestado esa solidaridad que suele desbordarse cuando nombres como Matt Bomer salen del clóset, siempre de la mano de un novio con el que llevan varios años; y la industria pop que sólo gusta de promover sólo a los homosexuales matrimoniados con intenciones de adoptar hijos ha mantenido un revelador silencio.

Sigue a Wences en Twitter —@WencesBGay