Tinnitus o acúfenos… Así se llaman esos ruidillos que sólo yo/tú/él/ella/ello percibe sin que exista un origen aparente del sonido. Subjetivos. Así suelen ser esos sonidos que tienen el don de situarnos en la estupefacción. La cara de extrañeza no puede faltar, y si hay alguien al lado, las preguntas con respuestas que no aclaran nada: "¿escuchaste eso?, ¿ese zumbidillo?, ¿ese como tamborileo?". "No, pus no", suele ser la respuesta, con más o menos palabras. Y el ruido se va. Los grillos, los ronroneos, el bizzz, el buuum o ese silbidito se van sin despedirse, dejando absorto a quien lo escuchó ahí dentro, en su privada y psicótica microsesión de ruido.
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