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Música

Siriusmo: el freak de las manotas de Mickey

"Está muy cabrón". Esa reseña de tres palabras es perfecta para un artista que efectivamente suena distinto en cada corte.

Creí que sería buena idea comenzar a escribir unas líneas sobre Siriusmo diciendo que se trata de uno de los músicos electrónicos más innovadores y con la paleta sonora más amplia y colorida de nuestra década, pero luego me di cuenta (¡la claridad!) de que era una de esas aseveraciones que pululan en foros, secciones de comentarios e incluso, en publicaciones serias… Y estaba pensando cómo empezar cuando me acordé de una anécdota, que creo que ya había escrito en algún lado: hace dos años, cuando cayó en mis manos Mosaik, esa maravilla de 17 o 18 tracks que mostraba en la portada el entorno de acumulador en el que vive, produce y pinta Moritz Friedrich —incluido un cameo de esos guantes/manotas de mickeymouse que le envidio—, interrumpí todo lo que estaba haciendo para escucharlo. Moría por oír un álbum completo del freak alemán ese del que había escuchado algún EP que me había fascinado…

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No me arrepentí. Todo el puto disco estaba in-cre-í-ble. Montones de influencias y todo tipo de excesos parecían haberse dispuesto para crear la dance music más llena de detalles digitales que no había escuchado de manera tan bien dispuesta y que no quería dejar de oír ya nunca más. Tan entusiasmado estaba que corrí a mostrárselo a Héctor, un amigo que sabría apreciarlo. "¿Es el mismo disco?", preguntaba cada que sonaba un distinto track de Mosaik. A cada respuesta afirmativa mía recibí un "está muy cabrón". Esa reseña de tres palabras es perfecta para un disco que efectivamente suena distinto en cada corte (un rasgo que se debe a que suele ir publicando su material siempre a manera de EPs) y que ciertamente va de una personalidad a otra, pero siempre para trazar el retrato de Siriusmo, el ilustrador y graffitero que cuando se pone a juguetear con sus teclados y máquinas parece desear vernos a todos deschavetados y bailando al ritmo que él ordene. Por lo menos conmigo, lo ha conseguido.

De Siriusmo se cuenta con frecuencia (o se copipeistea por todos lados) que prefiere pasar las noches metido en su chiquero, metiéndole mano a sus viejos teclados, que salir por ahí a bailar cosas creadas por otros. Lo entiendo. Después de pasar horas escuchando sus propias creaciones, debe ser una tortura oír cualquier tontería repetitiva y sin la menor dosis de adrenalina. También se cuentan muchas otras cosas: que de pronto ha tenido que sobrevivir como albañil, que en realidad lo que le da para comer es su trabajo como artista plástico, que si sus presentaciones suelen ser sobre todo fiestas infantiles o algún otro tipo de reuniones familiares, que de los más de 100 tracks que ha publicado en alrededor de una década solo siguen gustándole unos cuantos (y todo lo demás lo considera caquita) o que los berlineses de Modeselektor crearon el sello Monkeytown básicamente para editar la música de Siriusmo.

Mientras comienzo a ahorrar para traerlo a tocar en el cumpleaños de mi hija —que todavía no nace—, me pregunto cómo lo habrán convencido para venir a tocar el próximo 18 de octubre en Pasagüero (y luego llevárselo de gira por Guanajuato, San Luis Potosí y Monterrey). Cruzo los dedos para que en esta semana y cachito no vaya a arrepentirse de venir o dejen de gustarle "Rantanplant", "Stinky Wig", "Doctor Beak" o "Plastic Hips", tres de mis tracks favoritos de Enthusiast, el disco que estrenó este año y en el que, como de costumbre, fue de lo juguetón a lo intrigante, del neodisco al hip-hop, de lo lisérgico a lo macabro. Como cada uno de sus releases, es la mejor prueba de que un hobby puede llevarse siempre a refinados extremos.

@peach_melba