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St. Vincent es la mejor banda de rock de este mundo

St. Vincent es la estrella de rock que necesitaba la era digital.
24.7.14

Fotos por Ellie Pritts

Este momento no parece ser exactamente una era para los dioses de la guitarra, y en 2014, es difícil decir que los festivales son un lugar para ellos, y mucho menos, uno tan relativamente moderado como Pitchfork. ¿Cuál es el papel de la guitarra en la era digital? ¿Cómo puede florecer? Una de las noches del festival vimos a Neutral Milk Hotel, por ejemplo. Uno podía asumir que la guitarra estaba sonando despacito y en silencio retirada hacia las sombras, donde tenía mucha capacidad emotiva pero muy poca capacidad eléctrica. Pero viendo a St. Vincent, de facto la headliner por su virtud de hacer el mejor set del festival hasta ese momento, regresó la seguridad de que la guitarra todavía puede hacer milagros en la era computarizada, y que el 2014 todavía puede ser tiempo para deleites guitarrosos, específicamente a cargo de las diosas. Con Annie Clark rasgando esas cuerdas, la guitarra parecía ser un instrumento que volvió a nacer empapado de todo tipo de sonidos nuevos y cualidades distintas. Durante su show, era abrumadoramente aparente que St. Vincent es la mejor banda de rock del mundo.

Annie Clarck entró al escenario con unos pasos arrastrados robóticos y sus movimientos a lo largo de su interpretación tenían una ingeniería rígida que le daba continuidad al tema no-análogo de su show. Ocasionalmente señalaba imperiosamente hacia el público mientras cantaba, también un poco como si un robot hubiera sido programado para levantar los brazos y mostrar empatía. En algunos puntos del set, ella y el músico que la acompaña tocaban sus guitarras y se movían en una coreografía perfectamente cuadrada.

Verla era una catarsis lacerante de cualquier guitarra a través de la cual estuviera canalizando la fuerza de la vida en ese momento. Mientras Annie tocaba, su cuerpo perdía la rigidez robótica y en algunos instantes se derretía hacia el suelo como en episodios de una concentración tan intensa que me encontré a mí mismo echando unas lagrimas por todo el espectáculo que implicaba. Hacia el final, colapsó en el escenario, aniquilada por el poder del solo de su guitarra y sólo revivió ante la presencia de otra guitarra. La yuxtaposición fue hermosa y resonante: Teníamos enfrente a una persona escapando de lo robótico y lo eléctrico para convertirse en humano con el poder de la música. El medio fue el mensaje. Estuvo bien pinche cool y fue muy pinche brillante.

Annie Clark no sólo la rompe como guitarrista. Mis notas están llenas de comentarios sobre cuánta fuerza había en su rasgueo y cuánto se me estaba derritiendo la jeta nada más de verla. Hace sonar ese instrumento como algo nuevo y fresco. Le saca unos ronquidos inesperados y le trepa a la distorsión provocando que la guitarra adquiera la vida que necesita para competir en este mundo de ruido computarizado. El rock guitarroso puede volverse aburrido fácilmente mientras los riffs monstruosos se apilan uno sobre otro y un coro principal de acordes se intercambia por otro idéntico. Annie Clark hace que la guitarra suene interesante.

Además resulta que tiene un catalogo de canciones increíblemente fuerte, y tiene un montaje para su show en vivo que anima la intensidad maniaca de cosas como “Rattlesnake” y convierte canciones como “Cruel” en himnos-quema-graneros para cantar al unísono.

Mientras estaba parada sobre una pirámide rosa en el centro del escenario cantando “Prince Johnny,” Annie Clark parecía ser la estrella pop más grande del mundo, que además resultaba estar pasando sus dedos de arriba abajo por el brazo de la guitarra a una velocidad impresionante. Esa es otra parte de su encanto. St. Vincent está tan claramente informada sobre estrellas pop y aun así sigue haciendo música desafiante que, en la forma que incluye su instrumento de elección está en completo desacuerdo con los parámetros del pop.

Usa botas cortas con tacones asesinos. Trae puesto un vestuario. Es distintivamente femenina y muy pop en su aspecto en la misma forma que lo es alguien como Nicki Minaj, pero también es, indiscutiblemente, una estrella de rock. Es una mezcla que no solo se ve bien, sino ofrece una idea diferente de lo que el rock puede ser. Una idea de un rock preparado para la era digital. Una idea de la guitarra en un momento en el que supuestamente la guitarra debería estar muerta.

Suena eléctrico como su puta madre y se ve como el maldito futuro. Y, por supuesto, las canciones son increíbles. Todo eso significa que en este momento, St. Vincent es el cato de rock más emocionante funcionando. Vamos a los festivales a pasarla bien y a que nuestras expectativas se reafirmen. St. Vincent superó la forma dándonos un set que se fue muy lejos de toda expectativa. Fue increíble.

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