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La Ventura de Manu Chao: un tour por las carreteras de Colombia

Así va, hasta el momento, el viaje de Manu y su parche por las venas abiertas de nuestra geografía.
15.3.16

Las extravagantes y sencillas exigencias de Manu, así es él. Cuentan que por allá a mitad de la década del 2000, cuando un empresario que deseaba traerlo -no para hacer plata sino porque era su fan número uno-, le dijo: “Manu, pide lo que quieras que yo te lo consigo”. El colombiano pensaba que como aquellos rockstar intocables, el español iba a pedir quesos importados, aguas de manantiales canadienses y champan para la rumba, pero cayó sentado cuando la respuesta que recibió fue: “Hagamos la gira, pero lo único que te ruego es que le demos un concierto gratis a la gente de Buenaventura. Tu no cobras, yo no cobro”. Así se hizo. Manu Chao -auto stop reconocido-, en una de sus aventuras de incognito por Colombia había estado en el puerto y le había impactado tanto la queridura de su gente, tanto que había prometido llevarle su mejor regalo: su banda.

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Casi 10 años después volvió a sorprender con sus solicitudes de bajo presupuesto. Para su tour Manu Chao La Ventura, tan solo le pidió al empresario que el viaje fuera por carretera, cero aviones y primera clase. Pero había una razón de mucho más calado: “Deseo parar en cada río de Colombia que se nos cruce en el camino, echarme al agua y agradecerle a la naturaleza por ese elemento vital. Por la vida”. Así lo han hecho, así lo están haciendo.

Después de su concierto en Medellín el pasado 9 de marzo, la flota que lleva a la agrupación tomó camino hacia el río Urabá. De pronto Manu se perdió del grupo y nadie sabía dónde andaba. Al fin alguien lo vio sentado en uno de esos huevos prehistóricos que describió García Márquez, sentado con un jovencito que le contó como su papá cuando era niño le regalaba retroexcavadoras de juguete. Él, a la edad de la inocencia, adoraba esa maquina, pero ahora se le venían las lagrimas contándole que esa ha sido la maldición de la región. Minería que hasta con documentos de la nación está matando a Colombia. Manu también lloró.

Por la carretera camino hacia Bucaramanga, con ese nudo de impotencia en la garganta, en el concierto del 12 de marzo pidió que subieran al escenario los activistas del movimiento Ríos Vivos de Santander y Boyacá. Los dejó que se tomaran los micrófonos y que dieran cátedra sobre el abismo de polvo y muerte al que está yendo el país por los intereses de unos pocos empresarios. Esos yupies a los cuales les llegará el día de la sed y solo podrán beberse sus billetes. De bajada hizo desviar la flota y toda la banda disfrutó de una tarde en el río Curití, tanto que pasaron la noche escuchando el choque del agua con las piedras. Allí el hombre de "La vida es una tómbola", esa canción que dice cómo muchas veces estás arriba pero no sabes cuando estarás abajo, sacó su guitarra, se sentó en una roca y comenzó a dar un concierto a capela para sus amigos de viaje… “La vida es una tómbola de noche y de día / La vida es una tómbola ay arriba y arriba…”.

Al día siguiente también se encontraron con el río Suarez en el departamento de Santander. No podían desaprovechar el momento y de nuevo se tiraron a aquellas aguas diáfanas, refrescantes, mera vida. Al artista le habían hablado de Río Claro en Antioquia, de modo que en lugar de bajar por Boyacá se desviaron y llegaron a esa maravilla de lugar. Incluso, el ensayo lo hicieron en una cueva cercana a la ribera. Fue otra noche de fiesta en agradecimiento a la madre tierra.

La flota ya llegó a Bogotá. Esta noche del 15 de marzo se presentarán en el Royal Center; en consecuencia, Manu Chao ha invitado a los activistas que se enfrentan contra el proyecto minero de La Colosa (Tolima) -impulsado por la compañía Anglo Gold Ashanti-, para denunciar la situación que podría causar un desastre de magnitudes irreparables. Así mismo, estarán invitados indígenas Wayúu para que en su concierto por enésima vez griten que la compañía Cerrejón S.A. se les robó el río Ranchería, que sus hijos se están muriendo de sed, mientras los funcionarios públicos responsables del debacle beben botellas de aguas importadas en los restaurantes de la zona G.

Terminado el concierto tomarán el buseto y viajarán a Cali hacía el concierto del jueves 17 de marzo. Ni modo de parar en el río Sumapaz que fue convertido en el inodoro de la capital. En la sucursal del cielo se sumarán activistas internacionales venidos de Francia, España y otros países. También una negra hermosa del Pacifico contará su historia de amenazas por advertir que compañías internacionales además de llevarse el oro de sus tierras, se están llevando el agua. De guayabo parcharán en el río Pance, sancocho valluno, la guitarra de Manu y un salpicón. Reciclarán todo lo que consuman. De una se montarán en el bus y se enrutarán hacia Manizales donde se presentarán el 19 de marzo.

Allí, en la plaza de toros, en pleno escenario de muerte, le darán la palabra a los animalistas para que se tomen el ruedo pero en honor a la música y el baile. “¡NO al maltrato animal!”, será la consigna. De subida pararán cerca de Guaduas para darse el último baño en las aguas del Río Negro. Dormirán en un pueblo a las afueras de Bogotá, quizá viendo a Manu escribir una canción sobre la bella geografía de Colombia, entonando aquella que dice: “Por tu amor, por tu amor… Yo todo lo daría".

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Puedes seguir la travesía de Manu Chao por tierras colombianas en su fan page de Facebook por aquí.