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El Patio, La Puerta, El Teatro: viñetas del All My Friends 2013

Crónicas de esta Tijuana, toda llena de amigos y sonidos.

Fue a eso de las cinco de la tarde que llegué a la Casa de la Cultura, uno de los lugares con más onda en toda Tijuana; es normal pasar por ahí una tarde y ver a niñas con tutú corriendo por los pasillos desesperadas por entrar a ballet, o a morros sentados en las escaleras practicando acordes en la guitarra ue los llevarán en años a tocar en algún festival musical. Además tiene un café literario en el que cualquier día se pueden ver obras teatrales, presentaciones de libros o danza y exposiciones, sin contar en sus espacios abiertos y perfectos para situar ahí cualquier otro evento por su lógica tenebrosa y de antaño.

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La Casa fue anfitriona del festival All My Friends de este año. Se dividió en tres escenarios: El Patio, La Puerta, El Teatro.

Al entrar lo primero que hicimos fue caminar por el estacionamiento que acondicionaron como el área de comida, bazar, baños y una pecera de turistas, hasta llegar a nuestra primer tocada en El Teatro: Rancho Shampoo, bandita de Mexicali y parte de Tecate con un trip medio de indio nativo, sonidos de flauta y cantos mágicos que parecían aducir a dioses del más allá. El público, los de más adelante, observaban cuidadosamente los bailes alucinantes del vocalista, mientras otra parte de las personas asistentes portaban lentes 3D (no entendí por qué), reventando la sala con su presencia.

Después fuimos a El Patio, que estaba medio vacío donde vimos cinco minutos de Josué Josué junto a los beats del Siete Catorce, en un proyecto que lleva por nombre Sanida Mental; Marco (nombre real del Siete) se describe a sí mismo como un nini más con una computadora haciendo rap suburbano; yo digo que es un genio y sólo falta escucharlo en vivo o escarbar en su Soundcloud para probarlo. Canción favorita: "Fuera de Servicio". Por dentro estoy triste pero siempre sonrío.

Cuando terminaron nos movimos al escenario de La Puerta con Selma Oxor.

¡Caray, tuvo el peor sonido de todos! Tuvimos que esperar alrededor de veinte minutos para que empezaran a sonar sus melodías oscuras y experimentales, violentas y con altísima carga sexual, enfundadas en texturas electrónicas y en voces de ultratumba. El show, además de la música, fue maravilloso: tuvo bailes eróticos y vestuario único, situando a Oxor como una heredera fiel al trono de María Daniela y Su Sonido Lasser pero acentuada en el infierno. Fue corto pero muy entretenido, y para terminar covereó con mucha energía femenina al único e incomparable Juan Gabriel con “Siempre estás en mi mente. Todo bien, aunque hubo un momento en que me molesté gracias a un chico que ilegalmente metió al festival una caguama y, al momento de quererle compartir a uno de sus compinches, la derramó toda en mis zapatos. Nada nuevo.

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Dimos una pausa y caminamos por el festival. Cada vez habían más personas. Eran aproximadamente las ocho de la noche y hacía un frío irritante. Mataba por ver a Los Blenders, banda del Distrito Federal. Cuarteto de chavitos despreocupados haciendo rolitas pop - punk que decían una y otra vez “Tijuas, vales mil, vales mil.” La multitud se alborotó e hizo un slam, sí, en plenas escaleras. La neta si no hubiera traído tacones me hubiera metido pero he tenido pésimas experiencias en los slams. Recordé un poco a las tocadas que iba cuando tenía dieciséis. Después se puso medio acalorada la cosa por una parejita norteamericana que sentía que estaba en pleno Spring Break y causó algo de problemas. En general me gustó. Canción favorita: "Meta y dinero". Niña divina te quiero amar, come una tacha y vamos a bailar. No te detengas casi acabo. Menos palabras y más acción.

Regresamos al Patio a ver a White Ninja, que en mi opinión fueron los mejores del festival. Nunca los había escuchando y fue lo más prendido de la noche. No sólo el público, que bailaba sin parar y apestaba felizmente a mota, sino los de la agrupación que sonreían de esquina a esquina. Se veía que estaban emocionados por estar ahí. Una banda originaria de Monterrey que consta de sampleos seguidos por batería, bajo y voz. Deben escucharlos.

En ese mismo stage seguía lo más esperado de mi noche, María Minerva o María Juur . Inició con mucha frescura a eso de las once quince, diciendo que era su primera vez en México, como su primera vez tomando mezcal (- tomóun shot y comenzó. La propuesta de la chica de Estonia creo que no agradó mucho al público. Poco a poco la gente se fue yendo antes de que terminara. Hasta a ella le sorprendióque al acabar dijo: “¿por qué todo está tan apagado si es un festival de música?. Mientras iba caminando escuché comentarios como: “¿qué es esto?” " sólo está gritando canciones clásicas”, etc. Para todos aquellos que no entendieron su cura recomiendo altamente que le den otra oportunidad. Escuchen la colaboración que tiene con LA Vampires, tres canciones: "I Fear Thy Kisses", "Supecool" y "A Lover and Friend".

Finalmente a ese mismo escenario subió el grande del momento: Siete Catorce, al que llevaba rato queriendo verlo en vivo para comprobar lo que me habían dicho - ése güey te vuela lo sesos. Con imágenes de Enrique Peña Nieto, armas de fuego y una guerrilla de fondo todos bailaban y brincaban al ritmo estimulante del morrillo de Mexicali, un chamaco inocuo con chamarra XL de cuadros roja con negro y mirada desorbitada que rondaba por todo el festival trae una mezcla de sonidos regionales como cumbia fusionado con techno - tribal prehispánico. Es imparable. Reventó bocinas y a la gente, y se confirma más o menos cerca de su lugar como uno de los nombres más pesados en la historia reciente de la electrónica nacional.

Faltó ver a los Ases Falsos, Trillones, Ford Proco, Letters from Readers, Ramona; en cambio, terminé viendo a los Babasónicos (sí: una situación extraordinariamente extraña) en un lugar conocido de la ciudad. “Putita” fue la única canción que escuché de ellos; ya en el “after, un Juan me presentó con Adrián, que a pesar de tener a una larga línea de seguidores que lo esperaban con euforia para tomarse una fotografía, nos hablaba acerca de sus escritores mexicanos favoritos: que para él Juan Rulfo era el Zeus del mundo literario mexicano, un Zeus del mundo, todo en medio de un frenético local nocturno de Tijuana.

De esta Tijuana extraña, rodeada de amigos.