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Menuda Coincidencia es la voz de tu conciencia

Un rapero regio que va más allá de las chichis y los billetes

En los últimos (¿2 ó 3?) años el hip-hop mexicano ha sufrido cierto progreso adulterado. Se observa un notable aumento a nivel adeptos —gracias, en parte, a un grotesco fenómeno mediático nada sustancioso en el que no vale la pena profundizar. Aunado a esto se ha generado una —a veces jocosa— semántica de lo que es el rap nacional entre adolescentes, jóvenes y algunos adultos, que terminan víctimas de falsos ídolos que han brotado como setas, autoproclamándose reyes de un juego inexistente —cosa que ha ocurrido en todo movimiento a lo largo del tiempo, supongo. Una desfigurada idea de lo que es o debería ser la cultura. Culpa, en parte, hasta de los mismos ‘representantes’.

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El nivel cultural y polifacético del rap mexicano sigue siendo primitivo y limitado, aún muy alejado de una verdadera industria y de todo lo que esta conlleva. Más allá de la feria y del “poder vivir de hacerlo”, la esencia de la comunidad en la que nació el Hip-Hop se ha olvidado, y esto es fundamental, siendo el quid y génesis de un movimiento cultural tan importante históricamente.

Es menester numerar y señalar las pocas pero auténticas propuestas de calidad que actualmente existen, un tanto ajenas a “la escena nacional”. José Miguel Soto es un comisionado, con firmeza y determinación y con una genuina intención intrínseca de aportar algo macizo a la cultura y de enderezar estás distorsionadas concepciones. Éste tótem del rap mexicano con ya 10 años en "el juego", es de los pocos raperos que sin hacer tanto alarde, aportan algo nutritivo al movimiento.

Soto

Estuve platicando recientemente con el Soto de todas estas cuestiones. Acá les dejo una repasada de lo que ha sido su carrera y la visión que el vato tiene acerca de la actualidad del rap mexa contemporáneo.

El primer contacto entre el Hip-Hop y Soto fue en 1991 con “Can’t Touch This” de Hammer, más menos a los 10 años, y quedó enganchado al instante. Esos fueron los primeros casetes que hizo por conseguir en pulgas y mercados irregulares: Hammer, Vanilla Ice, Milli Vanilli, Wilfred y la ganga y Caló. Era lo que había, los meros noventotas.

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La transición de escuchar a escribir comenzó de manera lúdica. Soto asegura que si no hubiera escuchado el rap de España, no hubiera comenzado a garabatear sus primeros versos —Frank T, Tote King y Jazz Two, principalmente. En parte por esa conexión lingüística y en parte por la insatisfacción que el rap nacional le dejaba en ese entonces, en diferentes aspectos: “ni Control Machete me gustaba tanto”, añade.

Aunque ya había varias personas haciendo cosas, lo primero que le gustó y consideró de calidad y a la altura del rap de España fue Achemuda: “Antes de ellos de aquí nomás me gustaban los Northsiders. La banda de la Artillería Pesada se me hacía muy en el pedo del ego-trip, y no me gustaba. Era el mismo pero que le ponía a Caballeros del Plan G, aunque el rap que hacían sí estaba muy bien hecho para la época.”

Comenzó a hacer rap más o menos por el año 2001, con su hermano mayor. Había dos morros que se acercaban a ellos buscando música y conocimiento acerca del género; sólo hasta entonces empezó a hablar de rap con alguien. Esos 2 sujetos fueron su primer público cuando comenzaban a experimentar con sus primeros versos y los programas de la computadora, principalmente.

Elemsiburrón - "Un día de furia" con Menuda Coincidencia

El Soto siempre ha estado metido en el mundo del rap de una manera muy solitaria; es un personaje introvertido y poco sociable. Más que formar “parte de” se considera un “vigilante del rap”. Aparte de esta característica individual, hay otras cuestiones que sirvieron para consolidar con el paso del tiempo su estilo. Desde el principio intentó dar un mensaje en todas sus letras, problematizar: siempre tuvo bien clara la intención de “decir algo” alejado del ego-trip, algo real y sincero.

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Otra característica que aportó fue el hecho de no haber sido arrollado en la vulnerabilidad de la adolescencia sedienta de identidad, por los clichés exagerados del rap primermundista, completamente lejanos al contexto social nacional: “tenía clara mi distancia con respecto a eso que ‘escuchaba’ y que me gustaba tanto”. Recalco “escuchaba”, ya que al no tener televisión por cable su manera de consumir rap siempre fue auditiva, muy poco visual, y esto se refleja en el diseño y arte siempre pulcro y minimalista que acompaña la llana imagen que maneja la menuda coincidencia.

Con escasos 2 materiales en su carrera, (un EP y un LP) ya ha otorgado dos de los trabajos más sólidos en la historia del rap mexa. Ai con permisito fue su primer EP como Menuda Coincidencia, del cual se desprende el hit atemporal de "¿Sin enganche?": armoniosos sampleos de jazz dotados de buenos scratches en donde Soto recita una epopeya al capitalismo que sin duda haría mover el culo a Noam Chomsky.

Menuda Coincidencia - "¿Sin enganche?"

El Nefelibata fue lanzado a finales del 2011 y es un larga duración interesantísimo que nunca se acaba —como él mismo dice, "versos hechos como con tecnología nano" ponen en manifiesto su amplio bagaje cultural y vocabulario, promoviendo un flow desquiciante y exquisito como sólo él lo sabe hacer. En verdad, es un disco que puedes escuchar una y otra vez y siempre vas a descubrir algo nuevo en él. La producción es clásica, bum bap puro; modesta, pulcra y con un chingo de energía. Todo es exacto.

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Al cuestionar su consciencia en cuanto a su aportación musical, dijo: “creo que si hay una aportación viene porque trato de no repetir y no repetirme, y trato de ser fiel a mi experiencia y a mi entorno social. No estoy del todo consciente. Sólo trato de dar con la manera de expresar un aspecto que percibo de la realidad. Soy todo el tiempo pura sensación, de verdad; no pienso demasiado y tal. Pienso en el rap. Lo que quiero decir es que no soy ningún intelectual.”

Menuda Coincidencia - "Los Nimbostratos"

El Soto no es un nuevo-rapero que ves en las fiestas de la escena derrochando frescura, rolando el porro o chocando la caguama en señal de camaradería. Pocas veces sale más allá de los días en los que va a rapear. Él vive el hip-hop de una manera diferente, distante, en su bunker, leyendo, escuchado, reuniéndose ocasionalmente con colegas, compartiendo y dialogando. Un hombre serio, que propone maneras diferentes de promover la cultura:

“Hay más medios para hacer las cosas, pero no hay una comunidad. Por ende, está bien desarticulado el pedo. Culturalmente está desarticulado. No puedo llamarle movimiento cultural a la dinámica de pagar por ver, por escuchar. Cuando se le asimila y reduce a una dinámica de consumo de convierte en otra cosa: un producto exótico (lo urbano, lo alternativo) para nichos específicos.

El hip-hop es la realización práctica del poder de una comunidad, de manera artística. Por eso es político. Porque da voz a los sin voz, a los instrumentalizados, inferiorizados, oprimidos.

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Creo que la onda de los talleres es un buen espacio para trabajar con otras personas. Está chido el modo fiesta del hip-hop; es la realización más conocida, porque así nació toda esta historia.

Pero hay otros espacios de interacción humana, como los pedagógicos. Las presentaciones en vivo siguen siendo, a mi ver, buenos espacios también.

La experiencia de una comunidad es algo desconocido para muchos que escuchan rap desde el internet para acá.

¿Ha qué raperos escucha Soto (obviamente connacionales)?

“Bocafloja. Reno871, Mime 871, Tino el pingüino y Mike Díaz. En general todo lo que publique Sonido Líquido.”