Entre la indignación y la celebración: 10 opiniones sobre la cancelación de Gillman en Rock al Parque

Entre la indignación y la celebración: 10 opiniones sobre la cancelación de Gillman en Rock al Parque

Músicos, productores, periodistas y uno de los promotores del boicot, nos cuentan su punto de vista respecto a este debate.
DS
ilustración de Dani Senior
12.5.17

Todos los años, el cartel de Rock al Parque genera polémica, inconformidades y discusiones. Pero este año el debate escaló un nuevo nivel cuando se anunció que Paul Gillman, metalero venezolano vieja escuela, productor de eventos como el Festival Gillman y chavista declarado, se iba a presentar en el Simón Bolívar. Las críticas empezaron a pulular por las redes sociales y un grupo de venezolanos residentes en Bogotá decidió preparar una especie de boicot, que consistía en abuchear al artista y llevar pancartas en contra de su presentación en Bogotá. La cosa subió de nivel cuando Julio Correal, empresario musical y uno de los fundadores de Rock al Parque, emprendió una campaña desde su Twitter para que Gillman fuera sacado del festival.

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Y pasó. Ayer 11 de mayo, Noisey confirmó con Idartes la información de un trino en el que Correal aseguraba que el show del venezolano había sido cancelado. Esta mañana en una entrevista con W Radio, la directora de Idartes Juliana Restrepo, dijo que el motivo de la cancelación era evitar poner en peligro la seguridad de los asistentes al festival, pero hasta la publicación de este artículo, Idartes no ha publicado ningún comunicado oficial en sus cuentas oficiales.

Nuevamente la gente se volcó a las redes para criticar o apoyar esta decisión, que para muchos tiene tintes políticos y es una acto tibio por parte del Distrito. Por eso en Noisey decidimos unir diez voces de personas tanto de la escena musical bogotana como que estuvieran involucrados en el debate para que nos comentaran su opinión respecto a la desinvitación de Paul Gillman.

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Mario Galeano, músico en Ondatrópica, Los Pirañas y Frente Cumbiero

Pensar que Rock al Parque es un "festival apolítico" no me parece una visión muy real. Desde el comienzo el festival ha tenido una posición política que si bien no ha sido a través del panfleto, ha sostenido el hecho de que el festival exista. Durante los años noventa el festival tuvo todo un tema cargadísimo de problema social y político que fue una respuesta a lo que se vivía en ese momento en el país. El argumento de que la música no es política no me parece del todo cierto y aparte, eso de andar censurando artistas genera un precedente, no sé si esto haya pasado antes pero igual es algo muy serio. El festival va a tener ahora esta cosa encima de haber censurado artistas y toda esta polémica va en detrimento del espíritu de Rock al Parque y el lugar que ha tenido históricamente en Latinoamérica. Siempre ha sido muy importante en el continente y los grupos latinoamericanos desde hace muchísimas décadas han estado comprometidos con diferentes causas y me parece que no es el rol del festival estar mirando con una lupa cada uno de los casos porque todos van a tener algo que no le va a gustar a alguien.

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Alberto Salcedo Ramos, escritor y columnista de opinión de Noisey

Me parece inaceptable censurar a un músico por sus simpatías políticas. En este caso se trató de un simpatizante de Maduro, pero lo mismo valdría si fuera un músico amigo de un político de derecha. El veto ya es grave, pero la actitud ególatra y autoritaria de Correal en la entrevista radial revela que él tiene maneras tiranas que lo acercan a los modos del gobernante al que censura. Uno puede estar o no estar de acuerdo con Maduro - a mí me parece que es un dictador -. Lo que no puede es censurar a un músico sólo porque simpatice con él. Correal sienta un precedente nefasto que, en caso de ser replicado, podría extenderse a otros campos: músicos negros, o gays, por ejemplo. Sería casi como volver a los tiempos de la honda y la piedra.

Álvaro González "El Profe", locutor en Radiónica

Me parece grave que un país que ejerce una democracia participativa, que en el caso de Rock al Parque ha logrado a través de los proyectos culturales construir territorios de paz y tolerancia, tenga que prescindir de un artista precisamente porque exista una presión por su postura política. Yo no estoy de acuerdo y no me gusta la relación de la música con el poder. Obviamente tengo un sentimiento de solidaridad hacia esa lucha por tener una democracia equilibrada en Venezuela. Por otro lado a mí no me gusta la música de Paul Gillman, no me expresa nada, pero si él está invitado a un festival, tiene que tocar, tiene que presentar su propuesta artística. Y así cómo es interesante en el caso de Venezuela escuchar a quienes están a favor del gobierno actual y a quienes hacen oposición, también sería interesante ver un músico norcoreano que esté a favor y otro en contra, un músico sirio a favor y otro en contra. Creo que estamos dando muchos pasos atrás a los procesos que hemos construído. No me parece que la relación de un músico con el poder sea de alguna manera censurado porque nos pone en el mismo nivel de quien criticamos y hasta peor. Sí me parece que es muy grave y creo que el artista debe tocar, así como cualquier otro artista de diferentes tendencias o lo que sea debe tener un espacio en un lugar como Rock al Parque.

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Promotor del boicot a Gillman en Rock al Parque

No creo que el boicot que estábamos organizando en Facebook fuera una causa determinante de la cancelación del concierto de Gillman pero sin duda habrá generado ruido. También pudo haber aportado su dosis de presión pero bueno, bien sabemos que Julio Correal agarró este tema de bandera, de verdad se puso en la misión de sacar a ese man del festival. Al final todos los esfuerzos suman y estoy contento. La gente encargada de la curaduría de Rock al Parque estaba en todo su derecho de traerlo y es complicado porque hay que saber diferenciar lo cultural con el bagaje político que acompaña la vaina. Eso lo entiendo, pero sí me pareció un poco insensible que en un momento en el que hay tanta violencia y represión en Venezuela -aparte de gente huyendo a Bogotá- metieran así el dedo en la herida. No puede ser que con todos los muertos y demás en mi país, viniera Gillman ahora a celebrar aquí y todo bien.

Luis Grisales, periodista musical y miembro del Festival Altavoz

Yo creo que esta polémica está sobrevalorada pero no en el sentido de que pueda ser importante a futuro, con lo que podría pasar después. Sí marca un precedente pero está sobrevalorada la polémica como tal. Yo creo que hay que entender que estamos hablando de diversidad y a muchos no les puede gustar si alguien toma o no una posición política. Yo personalmente no estoy de acuerdo con Maduro y su régimen pero tenemos que entender que hay posiciones, y más allá de estas tenemos que aprender a respetar. Yo siempre he dicho que si se castiga algo que no te gusta lo mejor es simplemente ignorarlo, pero tiene que haber libertad de pensamiento. Esta vida no es en blanco y negro y mucho menos lo es la música. Creo que esta política lo único que hace es fraccionar esa libertad de ideología.

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Juan Antonio Carulla, El Enemigo y columnista de opinión de Noisey

Rock al Parque a estas alturas ya es como el amigo borracho en las fiestas o el primo cansón en reuniones familiares: siempre contando el mismo chiste. Se anuncia el cartel y sean los artistas que sean, sea el afiche que sea, a nadie parece gustarle el festival. Es como si no nos gustara Rock al Parque por ser Rock al Parque. Lo más paila de todo esto, es que Idartes no ha hecho absolutamente nada para remendarlo. La cancelación del toque de Paul Gillman es otra prueba de eso. Dejemos de lado la posición "apolítica" del festival porque, siendo patrimonio nacional y financiado con plata del estado creo que esquivar alguna influencia política es difícil, pero: "teníamos miedo a un boicot", "Recibimos comentarios en redes sociales y usted sabe, vivimos en tiempos muy complicados", "..de todas formas hablamos con el mánager de Gillman para invitarlo a una próxima edición" (palabras de la directora de IDARTES en La W) ¿A lo bien? ¿Un boicot? Ya lo había dicho cuando fue la polémica de Szarruck: Idartes no tiene agallas, le tiene miedo a los tweets, a las redes sociales, a los haters, a Julio Correal. No supieron adaptarse a los 2000s, están trasnochados. Rockal siempre se siente improvisado, como de afán. Aquí el boicot no fue del público al festival, fue de Idartes a Rock al Parque.

Eugenio Chahin, periodista musical

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No tengo mucho que decir bueno respecto a Gillman, una vez lo entrevisté y siempre me pareció un personaje un poco inmamable. Es un tipo que mientras uno está intentando hablar de su música, siempre mete ideas políticas de por medio. Creo que la invitación tiene un tinte político porque él siempre se ha dedicado a revestir todo lo que hace de ese contexto, esa es una intención clara del artista. De todos modos que lo hayan invitado y desinvitado sí me parece como un tema un poco tibio al final del día. De repente es una actitud un poco reaccionaria ante el feedback que tuvo el público. Pero bueno a mi me gustaría no ver a Gillman en Rock al Parque así que yo feliz.

Diego Báez, cofundador y periodista de Colectivo Sonoro

Me parece ridículo y absurdo que después de tener confirmado a Paul Gillman para el Festival lo retiren. Si el festival no lo hubiera querido desde el comienzo, pues no lo hubieran invitado, es algo de sencillo. Pero si fue por presiones políticas o por presiones de personajes externos al festival, me parece muy malo porque el festival está perdiendo credibilidad. Gillman podrá tener inclinaciones chavistas o lo que sea, pero si nos ponemos a mirar las inclinaciones políticas que han tenido todos los grupos que han estado en el Rock al Parque entonces no hubiera podido participar Manu Chao o KOP de España. Ahoritica viene Boicot a Rock al Parque y entonces tampoco podría presentarse porque tiene otras inclinaciones políticas. Y así con muchas más bandas de metal, punk, ska, y otros géneros que tienen inclinaciones ya sean políticas o religiosas. Si nos ponemos a pensar en que un festival no va a aceptar a los artistas por cómo piensan a nivel de política o religión, pues entonces no podría hacerse un festival que pregona la unidad. Rock al Parque como parte de una política pública del distrito, fomenta expresiones artísticas y fortalecer la cultura ciudadana como escenario de encuentro y convivencia. Y si es así, pues en este caso no están aplicando nada de convivencia y me duele porque en lo personal no me gusta para nada lo que hace Paul Gillman, pero ante todo defiendo la música como arte. Yo quiero mucho a Rock al Parque, pero esta vez se hicieron un autogol.

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Juan Medina, director de Boogaloop

En mi opinión no es positivo que un empresario (sea quien sea) tenga el poder de intervenir y pasar por encima de la misma institucionalidad de una entidad pública como Idartes, imponiendo su ideología política a través de una campaña de presión mediática. En ese orden de ideas no podrían volver a Colombia artistas como Outernational, Calle 13 o Manu Chao, quienes abiertamente han manifestado su apoyo a la Revolución Bolivariana. Artistas que en su momento fueron bookeados para conciertos en Colombia por ese mismo empresario que logró sacar del cartel a Paul Gillman. Peligroso mensaje el que se le da a la juventud con esta clase de decisiones que contradicen la filosofía de tolerancia y respeto por la diversidad que ha logrado uno de los festivales más importantes del mundo.

Silvie Ojeda, directora de Radio Mixticius y columnista de Noisey Colombia

Me parece que en un intento de despolitizar el festival lo que se hace es incentivar un montón la diferencia y la exclusión. Nos pone otra vez en dos polos donde hay unos buenos y los malos, y entonces yo decido que los malos son los chavistas, que es lo que pasó en el caso de Julio Correal. Creo que debemos bajarnos de esta dinámica de polos opuestos y escuchar a todos los artistas por la calidad de su obra y por el gusto que tengamos sobre el estilo y dentro de la curaduría que se está desarrollando fuera de todas esas fuertes tendencias políticas. Aclaro, yo no pienso que los chavistas sean buenos ni malos ni que la oposición sea buena ni mala, sino que hay un encuentro de intereses diferente y que entre los dos le están haciendo mucho daño a a a Venezuela.

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¿Y ustedes qué opinan? Los invitamos a unirse al debate con criterio en los comentarios de este artículo en nuestro Facebook.