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arte

¿Qué sucede cuando un artista mata?

¿Podría ser que un temperamento criminal fuera señal de un gran artista?
13.4.16
Caravaggio, Salomé con la cabeza de Juan Bautista (1610). Todas las imágenes vía Wikimedia Commons.

Son muchos los artistas que han tonteado con la idea de la muerte, intentando representar esta gran incógnita en sus trabajos cualquiera que sea el medio en el que trabajen. Pero a lo largo de la historia del arte, algunos pintores, escultores y fotógrafos fueron más allá de sus proyectos artísticos y acabaron intercambiando pinceles, lápices y brochas por cuchillos, armas de fuego y defenestración, lo que nos lleva a preguntarnos: cuando un artista mata, ¿qué sucede con su obra?

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Caravaggio es uno de los grandes maestros del Renacimiento y es conocido sobre todo por sus claroscuros y composiciones dramáticas, pero su vida fue igual de trágica. En 1606, se enzarzó en una pelea con un tipo llamado Ranuccio Tomassoni a causa de una prostituta llamada Fillide Melandroni. La intención de Caravaggio era castrar a su rival como venganza, pero no apuntó bien y lo que pilló por delante fue su arteria femoral, dejando a Tomassoni desangrándose en el suelo hasta la muerte.

Caravaggio pasó los últimos cuatro años de su vida intentando escapar de las autoridades romanas, que le amenazaban con una decapitación pública si lograban dar con él, y a partir de entonces su trabajo se fue volviendo cada vez más violento y oscuro, quizás en un intento de expiación.

Los rumores dicen que el artista firmó su Decapitación de San Juan Bautista de 1608 con la frase: “Yo, Caravaggio, hice esto”, en referencia a la autoría tanto de la pintura como del asesinato, y entre 1606 y 1610 pintó otras tres decapitaciones, dos versiones de Salomé con la cabeza de Juan Bautista y David con la cabeza de Goliat, pero en lugar de las cabezas decapitadas de Juan Bautista y Goliat, pintó la suya propia.

Caravaggio, David con la cabeza de Goliat (1606-7)

Para Caravaggio, los viajes le ayudaron a escapar de la justicia y continuar con su trabajo, y 250 años más tarde, Eadweard Muybridge siguió prácticamente su mismo camino, aunque intercambiando a la prostituta por su propia mujer y añadiendo una absolución.

En 1874, Muybridge descubrió una carta que su esposa, Flora Dawns, había escrito al crítico de teatro Harry Larkyns, que le llevó a creer que Larkyns era el padre de su hijo. Muybridge salió inmediatamente en busca de Larkyns y cuando lo encontró no dudó en matarlo de un tiro. El artista fue absuelto porque su acción fue considerada un “homicidio justificable” e inmediatamente desapareció de la ciudad para pasar nueve meses fotografiando el centro de los Estados Unidos. Fueron los años más prolíficos de su carrera, así que de algún modo el asesinato le permitió a Muybridge centrarse en su trabajo.

Eadweard Muybridge, El caballo en movimiento (1878)

En 1872, viajó hasta el valle de Yosemite para seguir los pasos de un compañero fotógrafo de la naturaleza, Carleton Watkins, e intentar retratar amplios panoramas. Decepcionado con los primeros resultados y en un arrebato de cólera llegó a arrancar tres árboles con sus propias manos para despejar el campo de visión.

Según el psicólogo Arthur Shimamura, este comportamiento irracional podría ser fruto de un accidente en diligencia que sufrió Muybridge en 1860 y que le dejó en estado de coma por un tiempo, le provocó trastornos en la visión durante meses, le privó de parte de sus sentidos y le llevó a sufrir estos arrebatos de furia incontrolables. La investigación de Shimamura explica que su corteza frontal, la parte del cerebro que regula las emociones, quedó gravemente dañada.

Eadward Muybridge, Cataratas de Yosemite, valle de Yosemite (1868-1873)

El daño cerebral podría explicar el fuerte temperamento de Muybridge y su dedicación obsesiva a su trabajo, pero para el escultor minimalista Carl Andre, el único desequilibrio químico que tuvo algo que ver con la muerte trágica de su mujer fue un nivel alto de alcohol en la sangre, pues al parecer Andre estaba borracho cuando empezó una pelea con su esposa, la artista Ana Mendieta, que acabó con ella cayéndose por la ventana de su apartamento en el piso 34.

La noticia causó un gran revuelo en la prensa. The New York Times informó que un fiscal del distrito de Manhattan había dicho que “un transeúnte había escuchado gritos que podrían ser de alguien lanzado por una ventana”. Un artículo posterior informaba que “un portero que trabajaba en las inmediaciones había testificado que había oído a alguien gritando '¡No! ¡No! ‘No!' justo antes de que el cuerpo se estampara contra el suelo”. Andre aseguró a la policía que no tenía nada que ver con el suceso y que Mendieta “de algún modo había salido por la ventana” tras una pequeña disputa por ver quién de los dos era más popular. Andre fue absuelto, pero su obra prácticamente no evolucionó desde entonces, limitándose a construir pequeños cubos de madera.

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A photo posted by Latamuda (@latamuda) on Apr 4, 2016 at 11:17am PDT

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Pero, ¿qué es lo que nos dicen todos estos sucesos? Pues en primer lugar que el espíritu creativo lo tiene difícil a la hora de mantener una relación amorosa sana sana, y al parecer la pasión suele prevalecer sobre la razón. En segundo lugar, que en los siglos XVII, XIX y XX parece que era muy fácil salirse de rositas de un crimen y, por último, que un asesinato puede tener una influencia importante en el trabajo de un artista, ya sea para bien, como en el caso de Caravaggio y Muybridge, o para mal, como en el caso de Carl Andre.

Traducción de Rosa Gregori.

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