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Bienvenido a la iglesia de Arca y Jesse Kanda

Una travesía audiovisual por la sublime, surreal, hiperreal y corporal presentación en Manchester International Festival.
*Esta nota se publicó originalmente en i-D.

Arca bien podría ser el artista más importante en el programa del Manchester International Festival. Colaborador tanto de Björk como de FKA Twigs —otros dos impresionantes actos de la temporada—, además de productor de Kanye West, él es ciertamente uno de los artistas más importantes y relevantes en el mundo en este momento. El venezolano de 25 años devora estilos musicales y géneros de performance para crear un show en vivo que sorprende al desafiar las nociones de género de una manera electrizante.

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Fotografía @andrew_vb

El Manchester International Festival abre con el set de Arca, con el sonido de monos que gritan, seguido de ruidos de maquinaria industrial pulsante que se mezclan sin problema con los visuales de Jesse Kanda. ¿Acaso estamos dentro de un tarro de cerveza que está por llenarse? ¿O tal vez dentro de un bolso de una máquina de liposucción? No, mientras los visuales se expanden para tener una mejor perspectiva de ellos, es revelado que estamos pasando por un carwash, siendo sobados por todos lados, lamidos hasta quedar limpios por hileras de lenguas rosadas. Es la perfecta metáfora para el set, el cual fluye a través de intensos periodos de densos bosques digitales hasta suaves y limpios claros sónicos.

Fotografía @zaylin

En el Hallé St Peter's, una iglesia de grado 2, frecuentemente usada para ensayos de orquestas, el clásico teclado de Arca suena épico, hasta irreverente y estamos orando en la iglesia del cuerpo, tanto humano como alienígena, sin género y rotativo. En ciertos puntos, Arca se aleja de los decks para imitar el visual de Jesse Kanda de una oscura figura danzante, con una faja hasta la cintura, ligueros, botas de cintas con glitter hasta el muslo y un collar de candado de Hood by Air, Arca mueve su cuerpo como si fuera un sensual espejo.

Fotografía @natalyapontejewelry

Lo que viene después nos vuela la cabeza. A ritmo de fuertes golpeteos industriales, Arca se aproxima con rapidez al final del escenario en forma de pasarela para entregarnos unas vocales que están entre el heavy metal y el hip hop, rapeando lo que parece ser español, aunque es tan alto y entrecortado que es difícil distinguir. Parado con sus plataformas que lo aumentan dos metros de estatura, levantando sus brazos como una estrella del hip hop y llegando al suelo como una bailarina de go-go, Arca es una poderosa e impositiva figura, así que cuando salta fuera del escenario para rapear directamente en nuestras caras, nos quedamos ahí, impresionados, entre el terror y el éxtasis

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La música se desliza entre beats de house distorsionados y sonidos como de máquinas, con paisajes sonoros entrecortados, crujidos eléctricos y sintes punzantes, gracias a drums, trompetas de jazz y múltiples sonidos evocativos que son difíciles de reconocer como para nombrarlos. Las distorsiones carnosas de Jesse Kanda, sus rostros como depredadores sentados al tope de cuerpos de mercurio, son cautivadores y extraños. Juegan con las ideas de la mirada, objetivación y la subversión.

Sería fácil etiquetar el performance como "un rave apocalíptico en las profundidades de un mundo digital", pero es mucho más que eso. Es algo genuinamente nuevo.

@arca1000000

Fotografía @nu11s1eep