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La alegría de cocinar (pacheco)

Para experimentar la alegría de cocinar pacheco, primero debes lograr un dominio básico en ambas disciplinas antes de siquiera intentar combinarlas porque hacerlo pacheco sólo empeorará las cosas.
Photos courtesy of David Bienenstock

Para experimentar la alegría de cocinar súper pacheco, primero debes lograr un dominio básico en ambas disciplinas antes de siquiera intentar combinarlas, ya que si no puedes ni siquiera freír un huevo sin quemarlo, hacerlo pacheco sólo empeorará las cosas. Y si no controlas tu hierba, tu lugar no está dentro de un cuarto lleno de afilados cuchillos y estufas calientes. Habiendo dicho esto, uno no debe ser un top chef o un marihuano para pasarla increíble preparando (y consumiendo) una comida de alta calidad bajo la influencia de la mota. Simplemente ve familiarizándote con las siguientes reglas humildemente compiladas por el Marihuanóvoro a lo largo de los años.

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No pierdas la cabeza Un plan de comida altamente ambicioso combinado con cantidades increíblemente altas de potente marihuana puede sonar a una receta para el éxito, pero las cosas se pondrán feas rápidamente cuando algo salga mal. Así que si quieres ponerte muy pacheco, probablemente lo mejor es ir con un platillo familiar en lugar de tratar de cocinar algo que nunca has cocinado.

Limita el multitasking Estar lo suficientemente pacheco puede hacer de algo tan simple como moverle al arroz algo hipnotizante —no por mucho tiempo, pero sí lo suficiente como para irte si es que también deberías estar picando ajo, salteando una cebolla y marinando una carne. La solución, sin embargo, no es prohibir los ocasionales momentos de viaje, sino adorarlos como una deseable parte de la experiencia. Necesitas una estrategia que comience en preparar todo antes de empezar a cocinar.

Siempre usa temporizadores La ciencia ha demostrado que la marihuana estimula el apetito, agudiza el sentido del gusto y olfato e incluso te hace más creativo: todos estos son atributos útiles en la cocina. Sin embargo, la mota también suele meterse con tu percepción del tiempo. Así que usa un maldito temporizador.

Oh, mira, son las 4:20. Foto cortesía del autor.

Oh, mira, son las 4:20. Foto cortesía del autor.

Cocina lo que quieres comer (no lo que quieres cocinar) Es altamente frecuente que los hastiados cocineros hogareños vean el tener que cocinar como un deber y no como un gran privilegio, y por tanto se conforman con lo que suene más fácil y rápido. Claro que con todos nosotros atrapados dentro de la rueda de hámster que supone el pre-colapso del capitalismo, ese siempre deseo de la gratificación instantánea a menudo es entendible, pero también es justamente la forma incorrecta de acercarse a la cocina pacheca. Esto es porque aunque el cannabis efectivamente pueda ayudarnos a aguantar mejor los problemas de la vida, en realidad lo usamos más bien como una forma de mejorar lo que ya es increíble de por sí. Así que piensa de tus momentos de pachequez en la cocina no como una penosa tarea o el medio para un fin, sino como un oasis vibrante y fragante lejos del banal mundo gris de responsabilidades y obligaciones: un lugar aparte para amar las posibilidades, complacer los sentidos y satisfacer los deseos.

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Música ambiental Definitivamente nada de tele. Ni computadoras. Ni teléfonos. Sólo grandes canciones, de preferencia más fuertes que la chingada.

Recurre a los amigos en la medida de lo posible No hay nada malo en ser un pacheco solitario, pero en cuanto a la cocina con marihuana, en general dos cabezas son mejor que una.

Scoping out the artichokes at the market

Con esto en mente, el Marihuanóvoro decidió buscar al chef Gabriel Reeves. Él es un veterano desde hace diez años del fine dining que ahora trabaja en el Elemental Wellness Center —uno de los dispensarios de cannabis para usos médicos más importantes de California— y cada semana da una clase de cocina con marihuana, prepara diariamente comidas saludables sin medicina para un personal de 40 personas y aconseja a los pacientes sobre cómo usar la marihuana de forma efectiva.

Nos encontramos en una locación discreta a las afueras del mercado de Santa Cruz y nos conocimos frente a un bowl (o dos) de la galardonada hierba Tangie de Elemental rematada con hachís Star Dawg. Gabe me compartió que aprendió a cocinar profesionalmente cuando trabajaba en un comedor nocturno de "snacks" llamado —créanlo o no— Munchies. ¿Así que qué aprendió un joven cocinero pacheco en un café nocturno sirviendo casi exclusivamente a universitarios igual de pachecos?

"Aprendí tres cosas sobre los comensales pachecos: aderezo ranch, salsa Tabasco y gravy. Cuando tienes el munchies, la catsup, la mostaza y la mayonesa son como meh. Pero si alguien te sirve una almeja vacía rellena de un buen gravy, salsa Tabasco y aderezo ranch, eso es todo. Y cada gastronomía tiene su propia versión de esto, ya sean las clásicas salsas francesas, las salsas de pescado o el curry".

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Una década después Gabe se encontraba cocinando para Google en la cafetería del corporativo insignia de este gigante de la tecnología cuando un doctor le diagnosticó cáncer testicular. Eso lo inspiró a dejar su trabajo y empezar Green Gourmet, una pequeña compañía de productos con marihuana. "Soy mucho más feliz haciendo esto que cuando tenía que lidiar con chefs ejecutivos y estresados", dice. "Ahora no sólo alimento a la gente: hago comida que la alivia".

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En el mar, la vida es más sabrosa Una pequeña nota sobre el menú de esta noche:

Hace algunos meses, los amigables vecinos del Marihuanóvoro lo llevaron a Local Catch Monterey Bay, una pescadería sostenida por la comunidad que funciona muy similar a la agricultura sostenida por la comunidad, sólo que con mariscos. Así que ahora, una vez a la semana llegan nuevas delicias frescas desde el océano: desde escorpina, bacalao negro, perca y lenguado moteado hasta ostras, buey del Pacífico e incluso orejas de mar.

Para ponerse en el mood de esta noche de pescado, el Marihuanóvoro hizo algo especial y dio un excelente show de inicio a fin. Lo que hace en general consiste en la preparación, la cocción, la ingesta y el lavado de platos. Esa semana teníamos un hermoso filete de salmón Chinook que cubría nuestra cuota de proteína. Pensamos que simplemente improvisaríamos el resto basándonos en lo que se veía bien en el mercado.

En la mayoría de las lugares, andar por ahí en público apestando a mota con una playera de "Marihuana para usos médicos" hará que te vean feo, pero mientras paseábamos por el mercado de Santa Cruz, mi nuevo amigo sólo encontró sonrisas de aprecio. Hogar, dulce hogar. Y es que éste no es sólo uno de los lugares más marihuana-friendly de Estados Unidos, sino que es también algo así como un paraíso de los foodies, pues tiene una increíble variedad, mariscos frescos, vinerías locales de alta gama, lo-que-se-te-antoje artesanal y una ética de volver a nuestros orígenes en la tierra.

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"¿Llevamos algunas alcachofas para una entrada?" me preguntó Gabe mientras una sonrisa traviesa se iba apoderando de su rostro. "Podría hacer un dip de mantequilla con hachís, ajo, hierbas frescas y una leve dosis de THC para abrir el apetito".

Ni cómo decirle que no.

La fórmula del éxito Al llegar a la humilde morada del Marihuanóvoro, decidimos preparar y consumir las entradas antes de siquiera empezar con el plato principal. Pero primero fumamos un poco más de hierba. Gabe me explicó la diferencia entre jugar a hacer cocina gourmet con ganjah y ganarte la vida en un restaurante: "En una cocina de fine dining siempre tengo que darle un golpecito y ya, mientras que en casa puedo ponerme muuucho más pacheco cuando busco un estado más bobo, relajado y creativo, ya que no estoy bajo la presión de tener que cumplir".

Para la mantequilla de mota, Gabe empezó poniendo un gramo de hachís Chem OG en el horno a 200 grados durante 20 minutos para inducir la descarboxilación, una reacción química que convierte el THC de su precursor presente en la planta (THC-A) a su forma psicoactiva. Después mezcla el hachís "activado" en la mantequilla derretida condimentada con ajo, citronela y sazonador Old Bay.

Por la etiqueta sabemos que el gramo de hachís originalmente tenía 45.6% (o 456 miligramos) de THC-A antes de calentarlo. Sin embargo, la descarboxilación resulta en apenas una tasa de pérdida del 30%, lo que deja los niveles totales de THC aproximadamente en 320 miligramos una vez activo, que es mucho, mucho más de lo que necesitamos para dos dosis leves, pero como la mantequilla aguanta hasta tres meses en el refri, ¿pues por qué no?

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Gabe recomienda 10 miligramos de THC para usuarios moderados, 40 para usuarios diarios y 100 para quienes buscan efectos terapéuticos profundos. Él también sugiere hacer infusiones a los toppings y salsas como una forma de mantener un estricto control sobre las porciones.

"Debes ponerlo sobre el puré, no en el puré. De esa forma, puedes llevar una cuenta muy precisa de cuánto THC estás ingiriendo. Recuerda: la primera regla de la comida con mota es no dañar a nadie".

Una vez hervidas hasta que las hojas pudieran pelarse fácilmente, las alcachofas cobraron vida al ser salteadas y sumergidas en el dip de mantequilla con ajo-hachís-citronela. Después Gabe rellenó flores de calabaza con queso de cabra, las empanizó y frió en el sartén hasta que estuvieran doradas; era un crujiente bocado de naturaleza con queso que además sabía increíble al sumergirlo en la mantequilla de hachís… Como mi dedo, en cuyo momento Gabe me advirtió sobre los peligros de que se me pasara la mano. Después de todo, la mantequilla de hachís tibia estaba entrando en un estómago vacío; además, todavía teníamos que preparar la cena.

Afortunadamente tuvimos la precaución de mantener irnos con lo sencillo para dejar que brillaran los sabores de nuestro botín. Gabe coció el salmón en el sartén al mismo tiempo que le dejó una suavidad tipo sushi. Luego le puso una salsa de eneldo de queso de cabra con limón y ajo, rebanadas de aguacate y un toque de especias. Al lado del salmón había papas moradas y una ensalada de hinojo salteado y espinaca sazonada con comino desglasada con vino blanco y limón. "La gente cree que los pachecos sólo quieren sabores dulces y salados, o sólo picosos", dijo Gabe, "pero a veces necesitas ácido".

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"Espera, ¿me diste ácido?"

Él rió; aquel extraño nativo de California con un fluido entendimiento del sarcasmo.

"¡Mierda!", exclamó el Marihuanóvoro, rompiendo con la vibra del momento. "Se me olvidó comprar la crema para el helado de chocolate con menta y ganjah del que hablamos".

parfait_drizzle

No te preocupes, hermano. El chef Gabe simplemente se dejó llevar batiendo un yogurt de leche de cabra para hacer un

parfait

con plátano, crema de cacahuate, chispas de chocolate y un saludable rocío de la miel con infusión de marihuana que suele llevar consigo para tal tipo de emergencias. El producto final no es nada elaborado, pero está dulce, frío, bien balanceado y se siente placenteramente familiar, con un toque de leche de cabra que evita que empalague. Además es algo nacido del momento y eso, amigos míos, es la verdadera esencia de la cocina pacheca.

Mantente actualizado sobre las aventuras del Marihuanóvoro y sigue mandando tus sugerencias en Twitter a @pot_handbook.