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Naranjas, panuchos y papatzules: las ofrendas a la Santa Muerte en Yucatán

“Para que la Santa me cumpla cada una de las bendiciones que le pido, debo colocarle una ofrenda de comida, bebida y tabaco. Ella tiene sus comidas favoritas".

por Jorge Damián Méndez Lozano
15 Febrero 2017, 4:00pm

Foto de Damián Méndez.

"Este preparado que hago sirve para la abundancia, el dinero y la estabilidad en el amor; se corta de esta manera para tener comunicación con los cuatro puntos cardinales", menciona Martha mientras cubre con ramas de canela, azúcar y miel, una manzana verde que pondrá en el altar de la Santa Muerte, colocado dentro de su casa en el fraccionamiento Colibrí del municipio mexicano de Kanasín, Yucatán.

"Para que la Santa me cumpla cada una de las bendiciones que le pido, debo colocarle una ofrenda de comida, bebida y tabaco. Ella tiene sus comidas favoritas. Cada cosa que le pongo tiene un significado y un porqué. En el altar hay un vaso con agua porque absorbe las energías negativas y ayuda a la prosperidad económica. El vaso se pone a la izquierda, es importante que no esté completamente lleno para que fluya la comunicación ―detalla, Martha, mientras enciende un par de velas―; el licor al igual que el agua debe ponerse en un vaso de cristal, no debe ser el más caro sino el que puedas ofrecerle; el alcohol de caña y el tequila son los que funcionan mejor. Hay licores que sí los acepta y otros que no. A veces pongo la copa y a las horas veo que se derramó el líquido, o no se consume y se queda entero el trago; pero regularmente consume todo el licor".

Foto de Damián Méndez.

Martha y sus tres hijos frente a su altar a la Santa Muerte. Todas las fotos de Damián Méndez.

Martha trabaja en un puesto de morcilla y carnitas. Tiene tres hijos: una de catorce y uno de nueve que viven con ella, y la más grande, Cynthia, de veinte años, que vive en la casa de al lado y también es devota de la Santa Muerte. Mientras conversamos se abre la puerta del hogar y entra Claudia (14). Viene de la calle y carga un refresco de naranja y una bolsa con donas, cuellos, pastel de limón, bolillos y hojaldres; algunos de los cuales serán ofrendado a la Santa. Diez minutos después vuelve a abrirse la puerta y entra, Felipe, el esposo de Martha que va llegando del trabajo. Nos saluda, se pone de rodillas frente al altar de la Niña Blanca y se persigna en agradecimiento por la buena semana que ha tenido como vendedor de Afores (seguro para el retiro) en Banco Azteca.

"La primera Santa que tuvimos jugaba mucho con mi hijo menor. Mi hijo se despertaba en la mañana y lo primero que hacía era bailarle y aplaudirle, o le llevaba sus juguetes, le ponía su chupón y le daba de su comida: galletas, Gerber, leche, papilla de chayote; eso le gusta a ella, lo sé porque no lo echaba a perder", me explica Felipe. "Antes fumaba mucho, pero dejé el cigarro, ya solamente lo uso para purificar el ambiente del altar y como muestra de agradecimiento; a diferencia del puro que se usa para purificar y eliminar toda la energía mala".

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Foto de Damián Méndez.

Martha preparando lo que pondrá en el altar.

Por otro lado Martha me dice: "A la Santa le gustan las flores y mi perfume", mientras me obsequia una dona de chocolate envuelta en una servilleta y un vaso con refresco de naranja. "También le gusta la miel, la fruta de temporada y los dulces. La fruta se la pongo en su altar y parece que estuviera fresca un mes después, como si estuviera recién cortada".

"¿Quieres conocer el altar de mi hija, Cynthia? Vamos a la casa de al lado", me indica Felipe.

Foto de Damián Méndez.

Altar en casa de Cynthia.

Salimos de su casa y avanzamos en la oscuridad a la casa vecina. Tocamos la puerta y nos abre Cynthia, quien también está dándole mantenimiento a su altar. El tabernáculo contiene incienso, velas, flores, billetes y comida. "Siempre pongo una manzana roja. Hace dos semanas puse una y se le formó su carita: ojos, boca, nariz; toda ella completa de su rostro —me comenta muy emocionada—, eso quiere decir que sí le gustó la fruta. Me hinco ante ella, es milagrosa, puedes estar en la oscuridad y ella siempre te levanta y te da algo".

"Esta semana la Santísima me dio luz para hacerle la comida de su novena. Una noche antes no tenía dinero en la cartera, pero en la mañana tomé chocolate caliente, abrí mi cartera y sin mentir: mil quinientos pesos; ¿y de dónde? Se lo agradezco de corazón porque le había prometido que haría tamales en su novena y apenas me alcanza con lo que gano en la farmacia. Fui al mercado a comprar los ingredientes; inicié la preparación a las nueve de la mañana y a las dos de la tarde había acabado los tamales. Le gustan mucho, por eso se los hago de corazón", platica Cynthia entusiasmada. "Estaré con ella hasta que me llegue la muerte. Siempre me avisa cuando alguien me va a hacer daño; porque la gente me tiene envidia. Soy muy feliz, aunque a veces no tengo para comer o aunque a veces no me quiere la gente. Yo estoy con ella y estoy súper feliz. Es más, cuando me da mucha ayuda, siento que no soy feliz".

Foto de Damián Méndez.

Felipe hincado frente la altar de Martha.

"Vamos de regreso a la casa para seguir explicándote", sentencia Felipe. Cuando volvemos Martha ha terminado de arreglar y purificar su altar. "Quiero que veas cómo quedó el altar —me dice Martha—; puedes ver que hay manzana roja, esa la pongo para mantener el amor de mi familia. De igual forma coloqué uvas, como agradecimiento a un favor cumplido; por ejemplo, pedí que me ayudara a subir mi sueldo. Puedes ver que también hay chocolates, ese es un símbolo muy significativo porque atrae la armonía, la dulzura, la paz. Lo que a ti te gusta, ya sean naranjas, panuchos o papatzules, eso, le gusta a ella, todo está en que se lo ofrezcas de corazón. A veces también le pongo papaya, limones y coco para que agarre energía la Santísima".

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Son las nueve de la noche y la pareja da muestras de cansancio. Mañana trabajan desde temprano y deben dormirse. Martha reprime un bostezo y me dice: "Las flores son otro elemento importante, sirven para jalar la energía del ambiente, por eso la flor es el único elemento del altar que se deshecha a la basura. De ahí en fuera todo lo que ves en el altar se puede comer y lo que no se come, no se tira sino que se deposita debajo de un árbol frondoso, entre más frondoso mejor porque dará mejores frutos. Cada día primero y treinta o treinta y uno, depende como caiga, a la Santa Muerte le ofrendamos un potaje de lentejas con papa para que nos bendiga todo el mes. Es importante que esté hirviendo, igual como se haría con los fieles difuntos".

La visita se acerca a su fin, pero Felipe dice: "A mí me ha ayudado mucho a encontrar clientes ahora que estoy en Banco Azteca. Por eso pongo a cocer maíz con laurel, romero y hierbas finas, para que me cumpla en mis ventas de Afores; el menjurje también sirve para conseguir trabajo y el amor verdadero".

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