Niños buscan la malteada perfecta en la Ciudad de México

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Niños buscan la malteada perfecta en la Ciudad de México

La malteada es un lujo que solo nos permitimos cada cierto tiempo. Por fortuna, estos niños probaron muchas, para recomendarnos las mejores en la Ciudad de México.

"¡Vamos a tomar muchas malteadas! ¡Vamos a tomar muchas malteadas!", dice Eduardo de 6 años camino a la heladería Roxy, en la Ciudad de México.

Él, junto con Pamela, de 8 años, y Lorenzo, de 12, se unieron para un experimento: probar 10 malteadas distintas con el único fin de encontrar las que de verdad valen cada caloría.

Una malteada es un lujo. Piénsalo: cuando eras niño tu madre te dejaba tomarte una malteada por año, en el día del niño, en tu cumpleaños o cuando se le olvidaba pasar por ti a la escuela y quería recompensarte por su abandono. Y ahora que eres un adulto autónomo y eres dueño de tus decisiones sigues dándote permiso de tomarte una por año, que porque es leche entera, o mucha azúcar, o dos horas extra en el gimnasio, o de plano todas las calorías de la semana. Así que no podemos malgastar una preciosa oportunidad en malas malteadas —insípidas, aguadas, sin alma—.

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Por fortuna estos tres pequeños jueces están haciendo el trabajo por nosotros. Han arriesgando sus estómagos privilegiados por la juventud con tal de dar con la crème de la crème de las malteadas; y de paso descalificar a esas que no merecen la fama que tienen. La crítica de estos tres jueces, a diferencia de la que haría cualquier adulto que se autodenomina "foodie" en Twitter, es que ésta es 100 por ciento sincera.

Pamela, Eduardo y Lorenzo decidieron probar dos sabores: vainilla y chocolate, porque son los clásicos, y también porque, dicen, son la prueba de fuego de cada heladero. Si el helado de vainilla o chocolate está muy bueno, es probable que los otros —con o sin ingredientes exóticos— también estén sabrosos.

Nevería Roxy

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Iniciaron como una fuente de sodas en el Cine Roxy de Guadalajara hace más de 70 años. Ahora tienen 6 sucursales en la Ciudad de México —todas con la estética que recuerda a las neverías de los 50— y presumen que su técnica artesanal y las recetas de sus fundadores, doña María Luisa y don Carlos, son el secreto de sus helados nostálgicos. Bueno, ya, vamos a las malteadas.

Hacen bien en presumir la calidad de sus ingredientes y sus proveedores, la mano artesanal con la que están hechas estas nieves es obvia para los paladares de los niños.

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"Se sienten muy naturales. Especialmente la de chocolate, que sabe un poco amarga y su sabor es fuerte por el cacao", dice Lorenzo. A Eduardo no le gustó justamente porque "le sobra chocolate". Coincidieron en darle una calificación de 7 —en una escala del 0 al 10—.

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La de vainilla tiene casi toda la aprobación de los jueces. Hubiera obtenido el 10 absoluto si no fuera porque está muy líquida. "Eso significa que le falta helado", dice Pamela. Así que obtuvo un 9.

Lo bueno es que lograron encontrar el equilibrio perfecto al aplicar la técnica del "popote doble": beber al mismo tiempo las dos malteadas. "Esto es perfecto", dice Eduardo. "Saben más rico juntas que solas. Aunque si solo puedo escoger una, escojo la de vainilla".

Vamos a la siguiente.

—"¿Cuánto falta?".

—Poquito.

Barracuda Diner

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Este restaurante asemeja un clásico diner estadounidense de los años 60, y por lo general no le falla a cualquiera que tenga antojo de hamburguesas, papas fritas, hot dogs y chiles con carne, también es famoso por sus malteadas, sobre todo las especiales. Este mes en la carta hay una llamada Oro Rojo, con nieve de zarzamora y crema de cacahuate, aunque lo que nos atañe son las clásicas.

"Mira, es mejor la de vainilla de Roxy, sabe más a vainilla", dice Pamela. "Pero la de chocolate es mejor aquí".

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"La consistencia [de la de chocolate] es mejor, es más espesa, tiene más helado, está muy fría", dice Lorenzo. "Y lo que es muy importante: no tiene trozos de hielo, que molestan".

9 a la de chocolate, 8 a la de vainilla.

"Vamos a probar otras, pero quién sabe si encontremos una más rica que ésta".

Helados Palmeiro

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Después de un camino lleno de cerbatanazos con popotes, llegamos a Helados Palmeiro en el Mercado de Medellín. Eugenio Palmeiro, el dueño, es un biólogo cubano que todavía usa malta para hacer malteadas, "como debe de ser", o al menos como era originalmente. (En MUNCHIES ya hemos hablado de sus helados "perfectos").

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"De seguro saben feas", dice Eduardo. "Lo dices porque es un mercado", le preguntamos. "Claro", dice, pero su percepción cambia cuando ve la vitrina de la heladería. "Quiero probar ése, ése y ése".

Pedir una malteada Palmeiro parece complicado. "¿Quieres una de vainilla o de vainilla-vainilla?", nos preguntaba la tendera. La diferencia es que la de vainilla solo se hace con el jarabe secreto de malta, y la de vainilla-vainilla lleva una bola de helado extra —de vainilla, obvio—. Los jueces eligieron la segunda.

"¡Está buenísimaaaaa!", gritó Eduardo.

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Las tres cabezas se juntan encima de la malteada. Pasa un ansioso minuto. Lorenzo es el primero en separarse de su popote. "Tendría un 10, pero tiene muchos hielitos", dice. "Pero ni la de Roxy ni la de Barracuda compiten con la de aquí". "Pero solo la de vainilla", interrumpe Eduardo. "La de chocolate no está tan rica como la de Barracuda, [a ésta] le falta sabor a chocolate".

Quizá le faltó un par de minutos más en la mezcladora de eskimo para eliminar los hielitos, pero su textura es cremosa, espesa —no demasiado como para impedir que pase por el popote— y su sabor es "buenazo, buenazo", dice Eduardo.

Chomp Chomp

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Tienen fama por hacer malteadas "deliciosas y diferentes", con ingredientes distintos y algunos artesanales. La de vainilla está hecha a base de crema inglesa y la de chocolate lleva chocolate artesanal de Oaxaca. A los adultos nos encantan, igual que sus galletas de chai, de cardamomo, de plátano y… bueno, volvamos a las malteadas.

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"El lugar está muy chiquito, no cabrían mis amigos", dice Eduardo. "Además ya está muy antiguo, hasta tiene una puerta de mesa, no entiendo, es como de 1820". Esto importa, por supuesto, porque no están cómodos y sus expectativas, igual que con las de Palmeiro, son bajas.

"La malteada está muy perfeccionada", dice Lorenzo. "Me gusta su presentación con chispas de chocolate".

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"La de vainilla compite con la del mercado", opina Pamela. "Aunque ésta es menos dulce. Le doy un 10 de consistencia y un 10.5 de sabor". Todos coinciden. "Lo único malo es el lugar. No me gusta nada". Todos coinciden de nuevo.

"La de chocolate sabe a chocolate abuelita", dice Eduardo. "Sí, es más amarga, la dejo en tercer lugar", dice Lorenzo. Al parecer el sabor artesanal del chocolate oaxaqueño no enamora a los niños. Pero el truco, recuerden, es beber de las dos al mismo tiempo. "Así todo se equilibra, ¿apoco no?".

Al parecer hay una ganadora. ¡Qué bueno!, porque el azúcar está haciendo efecto y la guerra de cerbatazanos está ya en su punto más álgido.

"Pero nos falta una", dice Eduardo. "Ya estoy listo".

"¡Sí", dice Lorenzo. "Una más y ya, porque si no nos van a saber iguales todas".

La Bella Italia

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Esta casona afrancesada en la colonia Roma adorna sus paredes con reportajes de periódicos y revistas. "Las clásica receta de helado italiano", "la mejor malteada de la Roma", "los mejore sorbetes", se lee. Aquí también usan malta para hacer las malteadas, así que la expectativa es alta. El lugar, retro —quizá un poco descuidado— les gusta, sobre todo por la rockola que nos hizo pensar en Back to the Future.

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En esta última ronda de malteadas, su pequeño corazón se rompe. Pamela puso cara de asco y decepción cuando probó la de vainilla. "¡Sabe a coco!", dice. Eduardo va a preguntarle a la señorita que los atiende. "Señorita, ¿si nos trajo la de vainilla?", dice. Sí, sí es la de vainilla, pero "sabe a coco". Los tres coinciden.

"Ni la consistencia, ni el sabor, nada", grita Pamela un poco molesta. "No la quiero. Calificación: 5. ¡Al basurero!".

"Sí, 5", dice Lorenzo. "Le falta muuuuuuuuuucho sabor a vainilla, sabe feo. Ni la pruebes".

¿Y la de chocolate? "Meh. Es como un chocomilk frío. No está mal, pero no la vovlería a pedir".

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Fin del tour.

A estas alturas es imposible que razonemos. Ni ellos ni nosotros. El azúcar está apoderada de nosotros. Solo sabemos una cosa: la mejor forma de tomar malteadas es todos juntos, juntando las cabezas, y bebiendo de dos malteadas al mismo tiempo.

"Me siento gordo, pero bien de poder ayudar a otros que quieran beber malteadas". Agradecemos tu sacrificio, Eduardo.

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Resultados:

En sabor, la ganadora de vainilla es la de Chomp Chomp. De chocolate, la de Barracuda. En consistencia, ganan las de Roxy. Por presentación, las de Roxy y Chomp Chomp. Al parecer agradecen el toque de canela y de chispas de chocolate. El mejor lugar: Barracuda, porque "aquí sí se puede invitar a los amigos".