Fui comercial de una eléctrica y me pagaban por estafar a la gente

Hablamos con una chica que engañaba a la gente a domicilio, a cambio de dinero rápido y flexibilidad horaria. Nos cuenta sus tretas más rastreras.

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oct. 28 2015, 4:00am

Imagen modificada vía

La semilla de este artículo, su razón de ser, brotó un día que estaba yo en casa, a punto de salir por la puerta, cuando llamaron al timbre. Al abrir, vi a un chaval de unos veintitantos, algo más joven que yo, con traje y corbata. "¡Menos mal que le encuentro! Hace días que intento hablar con usted y no hay manera. Lo siguiente ya era dejarle una nota para que fuese usted a la central de PIROLA [nombre inventado, sustitúyalo por la compañía eléctrica que quiera] a arreglar este asunto". Me dijo que estaban pasando, casa por casa, para comprobar que a todos los vecinos de la zona les había pasado un técnico para modificar su contador, pues a partir de ahora las tomas de lectura ya no las iba a hacer el revisor que mensualmente pasa por nuestros hogares, sino que éstas iban a mandarse telemáticamente desde nuestro contador a la central de PIROLA. "¿De qué color es la lucecita que parpadea en su contador?", me pregunta. "Roja", le respondo, lo que al parecer es un problema gordo. "Menos mal que le he encontrado en casa", me repite. Y, no sécómo, de repente lo tengo sentado en la mesa de mi comedor.

El tipo es amable y adopta un tono entre educado y próximo que, imagino, le ha dado resultados en el tiempo que lleva protagonizando este teatrillo. Me habla de usted, pero a su vez me hace preguntas personales (¿dónde trabaja?, ¿vive usted solo?, ¿cómo se llama el gato?) que me incomodan bastante, porque tengo prisa por marcharme y necesito echarle de mi casa lo antes posible. "Yo no soy cliente de PIROLA, y no estoy interesado en cambiar de compañía", le suelto. "No pasa nada, esto no tiene nada que ver con su contrato", me responde. Su argumentario razona que necesita que le firme una autorización para que venga un técnico de PIROLA a modificarme el contador. Tras esa visita, la luz parpadeante roja pasará a ser verde, y mis lecturas se mandarán nosécómo automáticamente a la central de PIROLA. Me parece muy extraño que sin cambiarme el contador, y sin que éste esté conectado a la línea telefónica, a la red wi-fi o algo similar, eso sea posible. Pero tengo prisa y le sigo la corriente.

Lo primero que debes decir es: Hola, buenos días, vengo de tu compañía de la luz. Ese TU es muy importante.

Su siguiente paso es pedirme una factura de la luz. Aquí ya empiezo a fruncir el ceño. Le echa un vistazo y, efectivamente, no tengo la factura actualizada, por lo que -según me cuenta- llevan muchos meses cobrándome de más. Le repito: "Usted es de PIROLA, pero mi factura es de otra compañía, y no estoy interesado en cambiarme, aunque vaya a pagar menos". "No se preocupe, no se trata de eso", me repite, y me suelta un extraño relato según el cuál el Gobierno acaba de aprobar una medida que obliga a PIROLA a retornarle a todos los españoles el importe total de un impuesto ilegal que nos ha estado cobrando durante meses. "Le tienen que devolver unos 150 euros", me dice. Y es así como consigue que le dé mi numero de cuenta. Tengo que irme ya, así que le dejo solo en el comedor mientras me voy haciendo la bolsa de deporte. Él rellena unos papeles y hace fotos con de mis facturas y DNI... Por tercera vez, antes de firmar los papeles, le digo: "No quiero cambiarme de compañía ni ser cliente de PIROLA. ¿Si firmo esto estoy autorizando a que me cambien de compañía?" . Y, con toda la tranquilidad del mundo y una sonrisa cómplice, me dice, mirándome a los ojos y tuteándome por primera vez, "TE PROMETO QUE NO".

Quizá el chaval me hubiese colado el gol de su vida por la escuadra si no le hubiese sido necesario dar un último paso "Ahora te va a llamar una comercial de PIROLA para confirmar que estás de acuerdo con todo lo que hemos hablado y con lo que has firmado" . Insiste en quedarse conmigo hasta que me llame la teleoperadora, por si titubeo en alguno de los síes. Pero ya no puedo demorarme más, así que logro echarle. Apago el teléfono para no recibir ninguna llamada. Al cabo de unas horas, cuando lo vuelvo a encender, tengo diversas perdidas de un número de Barcelona, y del móvil del estafador. Al regresar a casa llamo a mi compañía de la luz y le cuento lo ocurrido. A mi interlocutor nada le resulta extraño: "Has firmado un cambio de compañía. No hay duda. Pero si aún no te han llamado no está confirmado. Cuando te llamen diles que quieres echar atrás todo lo firmado". Le cuento lo del impuesto fraudulento de PIROLA, y esos 150 euros que van a devolverme... "Si eso fuese así, ¿no crees que habría salido en las noticias?" . Logró anular el contrato firmado, pero me siento como si me hubiesen metido una estaca de madera por el culo. Se han reído en mi cara.

Comerciales sin sueldo trabajando a comisión

Es por eso que necesité investigar qué demonios había ocurrido aquella tarde en mi casa. Lo primero que descubrí es que en realidad los comerciales que se presentan en tu casa afirmando que son de PIROLA, no trabajan para PIROLA, sino para una empresa de servicios subcontratada. Estos comerciales no son dados de alta en la Seguridad Social ni tienen un sueldo fijo, por lo que todo lo que ingresan son comisiones por cada contrato que logran birlar. Su objetivo principal es lograr que los antiguos clientes, que siguen pagando la luz según precios regulados por el gobierno, pasen a ser clientes de la comercializadora de PIROLA en el mercado libre, cuyos precios son marcados por la ley de la oferta y la demanda. De paso, y aprovechando la visita, a estos clientes se les añade un servicio de mantenimiento en la factura, sin que ellos lo sepan o logrando su aceptación mediante una sarta de mentiras, que les va a incrementar su factura de la luz en unos 15 euros bimensuales. ¿Y qué ocurre si la persona que les ha abierto la puerta no es cliente de PIROLA, sino de otra comercializadora eléctrica? Pues que el botín es mayor. "Los contratos de PIROLA que traspasabas al mercado libre te los pagaban a 7 euros. Los de otras compañías a 12". Nos lo cuenta V.M.C., quien trabajó como comercial para PIROLA en 2013 durante un mes y medio.

Un día vino uno de estos comerciales a mi casa para hacerme la jugarreta y, como me vio con cierta soltura y desparpajo, llamó a sus superiores. Al día siguiente empecé a trabajar con ellos.

El modo en que nuestra fuente entró a trabajar como comercial en aquella empresa subcontratada por PIROLA no puede ser más peculiar: "Un día vino uno de estos comerciales a mi casa para hacerme la jugarreta, y estuvimos hablando. Como me vio con cierta soltura y desparpajo, llamó a sus superiores para decirles que estaba con una persona que sería idónea para liderar un grupo de comerciales. Al día siguiente empecé a trabajar con ellos". Sin entrevista de trabajo previa, V.M.C. empezó su breve formación a la mañana siguiente, y por la tarde ya salió con una compañera con más experiencia a ver cómo se timaba a la gente. "En realidad, al principio no sabes muy bien qué estás haciendo ni para qué. Tú te aprendes un discurso y lo repites sin más", afirma: "Es con el tiempo que descubres en qué consiste realmente tu trabajo, porque lo vas viendo y porque cada vez te van dando más información".

Estos comerciales tienen un objetivo, y si no lo cumplen no ven ni un euro. No tienen las herramientas necesarias para responder a todas las preguntas del cliente, "así que lo que no sabes, te lo inventas", afirma V.M.C., que recuerda cómo arrancaban todas las visitas: "Lo primero que debes decir es: Hola, buenos días, vengo de PIROLA, tu compañía de la luz. Ese TU es muy importante". La primera batalla a ganar es lograr entrar en casa del cliente ( "una vez dentro, todo es más fácil" recuerda); la segunda, que el cliente les entregue una factura de la luz con la que obtendrán casi todos los datos necesarios para hacerles un nuevo contrato con PIROLA. "Les decía que necesitaba ver una factura para comprobar que tenían la tarifa actualizada, que si no era así les estaban cobrando de más, y que PIROLA no quiere que ninguno de sus clientes pague lo que no le toca", explica nuestra fuente. Aunque las falsedades pronunciadas para obtener una factura son diversas: la necesidad de consultar algún dato para poder actualizarle el contador, aplicarle un descuento especial en las próximas facturas, concertar la visita de un técnico para una revisión de la instalación... Cualquier trola es válida siempre que el cliente no sepa lo suficiente para rebatirla.

Aunque no hayamos firmado nada, el control de calidad puede atarnos de pies y manos. Se trata de una grabación telefónica en la cual verificamos de palabra una serie de cláusulas contractuales.

"Los dos siguientes pasos son los más delicados", cuenta nuestra fuente: "El primero consiste en conseguir el número de cuenta bancaria del cliente. Ahí se nos caían muchos contratos que parecían hechos, pues muchos no entendían para qué necesitábamos un dato que, si era cierto que veníamos de su compañía de la luz, ya debíamos tener". La habilidad del comercial podía superar este escollo hasta llegar al último requerimiento antes de alcanzar la meta: la llamada telefónica. Existen dos tipos de controles para verificar que un cliente ha dado conformidad a un contrato: el control de firma y el de calidad. Cualquier contrato que hayamos firmado tiene validez aunque el comercial que nos lo ha hecho firmar nos haya engañado como a chinos, pues es nuestra obligación leer lo que estamos firmando. Pero incluso aunque no hayamos firmado nada, el control de calidad puede atarnos de pies y manos. Se trata de una grabación telefónica en la cual verificamos de palabra una serie de cláusulas contractuales que nos lee un gestor telefónico. Cuando el comercial estafador obtiene todos nuestros datos, los introduce en una aplicación que lleva instalada en una tablet y los envía a la central de PIROLA, desde donde una gestora (esta vez sí, a sueldo de PIROLA) llama al cliente para corroborar mediante una grabación que este acepta lo que ha firmado. "Le decía al cliente lo que tenía que responder a cada pregunta. A veces incluso me esperaba en su casa hasta que recibía la llamada para confirmar que no se echaba atrás", explica V.M.C.: "Le invitaba a no escuchar lo que le estaban diciendo, le decía que le iban a soltar un rollo que él ya sabía, porque era todo lo que yo le había explicado. Si te habías ganado su confianza, te hacía caso".

Las tretas más rastreras

Nuestra fuente recuerda algunas de las mentiras más célebres que utilizó para lograr su objetivo. "En una ocasión, un vecino me dijo que él no era cliente de PIROLA, sino de otra. Le dije que era lo mismo, que la suya era significa PIROLA Online. Aunque en realidad es una compañía que no tiene nada que ver". De hecho, entrar en casa de un cliente de otra compañía distinta a PIROLA suponía, como hemos explicado antes, la posibilidad de obtener una mayor recompensa. "Si el cliente me decía que él no era de PIROLA, o que no estaba interesado en cambiar de compañía, hacía como que no le había escuchado y le cambiaba de tema. Si insistía, le respondía que no se preocupara, que en realidad esta visita no tenía nada que ver con su contrato, sino con una cosa del contador".

Pese a su eficacia, y a las promesas de un cargo superior, V.M.C. apenas aguantó unas semanas en la empresa. "El trabajo era una mierda, yo empezaba los exámenes en la universidad y, además, no me sentía bien con lo que estaba haciendo. Los últimos días ya estaba muy quemada. Incluso cuando el cliente me caía simpático, le contaba la verdad y le decía que yo, en su lugar, no firmaría nada". En realidad, ese mes y medio que nuestra fuente trabajó como comercial para PIROLA debe ser aproximadamente la media de permanencia de un trabajador en ese puesto. "Es cierto que hay gente que lleva años haciéndolo, pero muchos no aguantaban más de dos o tres días", explica: " La mayoría son personas sin estudios, o gente de más de 50 años que no tiene demasiadas posibilidades de encontrar algo mejor".

V.M.C engañó a mucha gente en esos días: "La gente mayor era la que picaba más fácilmente. Algunos yayos incluso me sentaban en su mesa y me invitaban a merendar" . Pero no se siente culpable por ello: "Yo estaba en un trabajo y hacía lo que me pedían. Jamás me sentí una estafadora. En aquel momento necesitaba dinero rápido y flexibilidad horaria, y ese trabajo me lo daba". Como ocurre con los africanos que venden DVD's en la calle, no hay duda de que su responsabilidad en este fraude es mínima. Por mucho que se escude tras esas empresas de servicios a las que contrata para este servicio, la principal culpable en esta estafa a gran escala es PIROLA, que permite que haya gente en su nombre utilizando las tretas más rastreras para obtener mayores beneficios (más clientes, facturas más caras...). No es difícil suponer que el resto de compañías eléctricas utilizan las mismas artimañas para lograr objetivos semejantes. Es lo que tiene restregarse en esa sucia pocilga llamada liberalismo.

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