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Cultură

“Hola yonkis de Madrid”

Hablamos de coca, sexo y psiquiátricos con Gustavo Biosca, el Cómico Suicida.
25.3.14

Madrid es un sitio lleno de yonkis. Yonkis de la heroína ya no, pero yonkis de la coca tiene unos cuantos. En España también hay muchos. En las noticias nos informan de la cantidad de psicotrópicos que contienen nuestros ríos gracias a las meadas de los chavales que, de fiestas en sus pueblos, drenan su organismo con alegría. Lo dijo uno de los personajes de Callejeros: En España se mete hasta el presidente del gobierno (que en el momento del vídeo era Zapatero, pero ¿qué más da si son galgos o podencos?).

Pocos saludan a la ciudad como merece. Hubo un tipo que lo hizo. Se hacía llamar el Cómico Suicida y la actuación duró una frase, la que encabeza este artículo. Si no lo habéis visto, podéis hacerlo a continuación. Merece la pena.

El Cómico Suicida, es decir, Gustavo Biosca, se desplaza con un equipo de producción del extinto programa “Sabías a lo que venías”. (El mismo en el que Leticia Sabater iba recolectando vello púbico de grupos indies de gira y los metía en un bote para entregárselos a Santiago Segura, tan cómodo en su papel de vejar a sus colaboradores y soltar los chistes, como en aquel genial cuento de D.F. Wallace). Gustavo Biosca se baja del coche de producción en Las Barranquillas armado con un casco de ciclista. El paisaje es como todos imaginamos Las Barranquillas; como nos lo describe la gente que va a buscar el coche al depósito. Es The Walking Dead. Biosca, con cara de nada, coge el micrófono, y grita “Hola Yonkis de Madrid”. Una lluvia de objetos surtidos golpea al Cómico Suicida y al coche. La cámara se mueve como en una película found footage y Gustavo se mete al coche.

Esto fue hace años. Muchas veces, viendo los videos una y otra vez, me preguntaba dónde estaba ese chico. Facebook lo trajo a mi vida.

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 Gustavo: publico mi libro con planeta el 18 de febrero (…)

Jimina: ¿Publicas libro? Oye qué bien.

Gustavo: Sí, sobre mi adicción a la cocaína. Narro mis experiencias de coca, desfase y escenarios.

Jimina: Iba a poner jajaja pero a lo mejor no es jajaja.

Gustavo: Sí es jajaaj. Todo lo cuento con humor.

Jimina: Menos mal.

A partir de aquí una conversación dio pie a esta entrevista con el que me ha parecido uno de los mejores cómicos de la década. Hubo dos ofrecimientos. Gustavo suele hacer las entrevistas en un hotel del centro bonito y lujoso, con flores de tela en jarrones enormes y un piano que nadie toca. No. Le ofrezco ir a un conocido narcobar, pero la idea de estar entre gente que sube a pillar y bocadillos de lomo y queso me espanta hasta a mi. Decido quedar con él en el Coconut. Le di una dirección falsa y llegué diez minutos tarde.  Él ya estaba allí con un amigo llamado Moi (Moisés). Por lo visto suele ir a las entrevistas acompañado. Su libro “Diario de un cocainómano” se lee en una mañana y, como dijo alguien, no es exactamente literatura, sino un torrente de experiencias e historias que pueden resultarnos muy familiares. Gustavo no pontifica — aunque tiene escuela, es un buscador de titulares — ni advierte sobre los peligros de la cocaína. Dice que se lo pasó muy bien “Fue un infierno, pero también fue un cielo”. En el lado opuesto a un dependiente de Remar, habla sin embargo con el mismo tono y el mismo deje de barrio (Oporto, para los que conozcan Madrid) con el que lo haría un yonki clásico.

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“El libro no es Noches de cocaína de Ballard”, dice, “es Diario de un cocainómano. Explica perfectamente qué tipo de libro vas a leer porque es directo, no va de ninguna otra cosa. La palabra cocainómano está muy mal vista porque es como decir enfermo, ¿sabes? Y aparte que el título tampoco explica que lo haya dejado”. Una de las cosas que más llama la atención es la forma en la que habla de los adictos: dice casi siempre yonkis. Apenas utiliza vocabulario de rehabilitación.  Cuando le pregunto por su experiencia en una clínica de la selva peruana señala a Moi, un amigo al que conoció allí. “Cuando salió mi libro se puso en contacto conmigo. Solo que Moi estaba haciendo un curso de botánica”. Moi, sin inmutarse, responde como si se hubieran conocido en un resort de Punta Cana.

“Eres tú, Moisés”.

“Sí, Moi. Un curso de plantas. Soy actor pero estudiaba botánica… y me cogí un año sabático, estaba cerca de Perú, había oído hablar de la clínica y me decidí a hacer un curso. Estuve tres meses. Estuve poquito. Ni lo acabé”.

Gustavo apostilla “Un apoyo ver a un español”

Vice: Pero había una catalana me habías dicho.

Gustavo: Sí, lo que pasa es que estaba de terapeuta y los terapeutas iban por un lado y los adictos por otro.

Os llamabais compañeros, adictos…

Nos llamábamos directamente hermanos, es muy fuerte estar ahí dentro en otro país, y que todo el mundo era de otro país… Yo era el único español. Luego había un peruano, había uno de Canadá, uno de Sudáfrica, un francés, que se suicidó cuando llegó a Francia… Un italiano… Había gente de todos los países.

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Perdona, ¿el francés se suicidó por drogas o por otros motivos?

Él no era adicto a ninguna sustancia. Era adicto a la pornografía. Y cuando llegó a Francia al mes y medio se suicidó.

¿La adicción a la pornografía se mide en teras o en que se mide?

Pues no lo sé, a lo mejor él necesita un chute de véndeme cuatro megas. No lo sé.

La gente que tiene mucha pornografía tiene dos teras, tres teras… Bueno, da igual. ¿Cómo es un adicto a la pornografía?

Pues imagino que es algo horrible. Imagínate, se te pone pinocha y tienes que ir al baño a cascarte un pajote. Con la coca si no pillas pues te vas a casa y luego te alegras. Cualquier sustancia es muy jodida.

Después de esto hablamos un rato sobre si es conveniente follar puesto de cocaína. Nadie logró ponerse de acuerdo.

¿Cómo llegaste al centro este? Porque un centro en Perú en la selva no sé si en principio te ofrece garantías.

Ningún centro te ofrece ninguna garantía. De hecho es espeluznante. Aquí en Madrid dicen que son los mejores de España y tienen un 90% de recaída. [NOTA: En realidad las estadísticas oficiales hablan de un 60% de éxito. No os desaniméis. Dejad vuestra narcosala de confianza y dadle una oportunidad a la luz del día]. En los gratuitos y en los privados. Yo he estado en centros así y hemos recaído todos. Solo conozco a uno que no ha recaído y me ha confesado que de vez en cuando se mete un viaje.

Pero, ¿“de vez en cuando” no significa recaer del todo?

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Para nada, lo que pasa es que cuando has estado metiéndote muchos años, consumir un día te da cierta paranoia.

Bien es cierto que la gente que deja de consumir cuando toma esporádicamente se mete en un consumo mucho peor que el diario.

No tiene por qué. Yo por ejemplo cuando salía de centros y volvía a reenganchar, la verdad que cada vez era más continuado, pero conozco a gente que ha salido de centros y lo primero que ha hecho es meterse a saco.

Hay un capítulo del libro en el que Biosca explica cómo, recién salido del centro, se encuentra con su camello de confianza y este le regala un gramo para celebrar el éxito.

Hablas en el libro de algo que me ha llamado especialmente la atención. Un centro en el que el psicólogo estaba jugando al Tetris mientras hablaba contigo y espero que al menos no estuvieras pagando.

Pues no estaba pagando pero bueno… Era mi primer centro y cuando llegué allí me sentí como una persona que quiere hacer papeles en el ayuntamiento y le cuesta un montón porque pasan de él… No te miran a los ojos… Eso fue lo que me encontré en un centro lleno de psicólogos y terapeutas. En una ocasión vi a uno jugando al Tetris mientras hablábamos, me dijo que así se concentraba mejor. No sé si era el Tetris o el Pang, pero creo que tiene el mismo delito.

O el buscaminas, da igual.

El buscaminas yo lo entendería.

Pero es un sitio al que vas voluntariamente.

Yo nunca he estado en un sitio de estos involuntariamente.

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Pero en lo que contabas del psiquiátrico en el libro, es que te retuvieron al estilo de American Horror History (Asylum).

Pero eso fue el típico suicidio noventero. Antiguamente cuando había un intento de suicidio te metían en un psiquiátrico unos días para que vieses lo que es bueno.

Mmm, no. No es exactamente así según tengo entendido.

La pena es que a mí me dieron a elegir y yo dije que sí porque estaba todo empastillado de somníferos y luego me enteré de que lo había elegido yo.

Puedes decir que no y te dejan si un familiar o amigo va contigo y se hace responsable de ti.

Pues yo entré en el psiquiátrico y fue muy divertido. No, en realidad no fue divertido. Cuando entré ahí con 17 años me encontré con mogollón de locos mayores que yo y heroinómanos que estaban ahí por obligación. ¿Qué hago aquí?, pensé. Te meten con gente que se supone que está mucho peor que tú y al final descubres que está peor por estar allí…

Dejamos de lado el tema de los psiquiátricos y los suicidios por su poco divertida morbosidad. Vamos hacia los inicios de Biosca.

¿Eres de Oporto o de Usera?

Soy el típico pijito nacido en Carabanchel bajo, Oporto.

Yo conozco a muchos de allí pero de los que no tienen pasta para llegar a cocainómanos. Tú has trabajado en la tele y ahí los sueldos son buenos…

Ojalá. Estuve como guionista. Sobre la pasta… yo ganaba el sueldo de la tele más las actuaciones como cómico. Luego siempre tienes una época que no tienes pasta y tiras de engañar a los colegas para que te presten. Todos han caído en mis redes. Cincuenta pavos, cien… pequeñas cantidades nunca.

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Nunca has pedido por ejemplo mil euros.

No, no, no.

¿Tú te metías coca buena o mala?

Como todos, lo que pillaba y lo que tenía en ese momento.

Perdona, yo tengo un baremo. Si está envuelta en bolsa de la compra es mala y si es bolsa con autozip es buena. ¿Esto puede funcionar o no es así?

La coca es buena y mala independientemente del formato que te la vendan. Los que tienen coca buena a veces tienen mala y te pegan el palo. Ellos lo saben, de hecho juegan con eso.  Saben que si vas a su casa a pillar coca y tienes todo el mono le compras lo que tenga. Si es mala al día siguiente vuelves porque sabes que no vas a encontrar otra. Sabes que si no tienes más posibilidades y tienes mucha ansiedad se la pillas.

Pero si te llevas a un cocainómano al campo una semana por ejemplo, aunque esté de puta madre, se inventa lo que sea y vuelve.

Pero es que hasta una persona que no sea adicta en una semana se busca excusas para volver a la ciudad. A un cocainómano le metes en una isla desierta y vuelve a la ciudad y lo primero que hace, después de echar un polvo, es meterse coca.

Yo creo que sería más bien al revés.

No, porque si tienen pareja, pues…

Vuelve la digresión sobre follar encocado. En esto hay consenso. El que es seta, lo es con o sin coca.

También eres mago y dices que el 8 de tréboles te da ganas de consumir…

Sí. Siempre quito la carta, pero no la tiro. Tengo muchísimos ochos de tréboles, y de alguna manera esto me representa. El ocho de tréboles es la primera carta que cogí para hacer mi primer truco. No sé por qué cogí esa mierda de carta porque mira que es fea. Podría haber cogido el joker… El joker es la carta más paleta de toda la baraja.

Discutimos sobre si una carta es buena para esnifar, para usarla de turulo. También hablamos sobre la hepatitis, sobre la gente que teme coger algo si se mete una raya encima de la tapa de un váter, de la lástima que da robar turulos de cinco euros y darte cuenta de que lo están haciendo. Se hace tarde y la grabadora ha registrado casi dos horas de conversación. Lástima que los nombres propios se tengan que quedar fuera.