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Cultura

Supervivientes de cáncer de mama encuentran al Miguel Ángel de los tatuadores de pezones

A pesar de todos los avances médicos, para muchas mujeres que han superado un cáncer de mama y desean recuperar lo que las mastectomías les han robado, la mejor opción de reconstrucción de areola sigue siendo el tatuaje.

por Roc Morin
21 Agosto 2013, 9:45am

En la sala de espera de Little Vinnie's Tattoos, moteros y punks se sientan al lado de abuelas asiduas de las iglesias y madres de familia. Los clientes acuden aquí, un pequeño y nada pretencioso centro comercial a las afueras de Baltimore en el que también hay un centro de bronceado, una licorería y una tienda de DVDs para adultos, desde lugares tan lejanos como Arabia Saudí, España y Brasil. Y entran con ansiedad en el local de Vinnie Myer, el último lugar de destino para muchas mujeres que han superado un cáncer de mama y desean recuperar lo que las mastectomías les han robado.

El número de casos de cáncer de mama ha aumentado en los últimos años, y ese aumento ha sido especialmente pronunciado en Estados Unidos. En la actualidad, una de cada ocho mujeres americanas tendrá que enfrentarse a la enfermedad a lo largo de su vida. A lo largo del mismo período de tiempo, el índice de mortalidad a causa de la enfermedad ha bajado. Para muchas pacientes, el tratamiento requerirá la amputación del seno y la areola, saliendo del proceso con un pecho plano cubierto de oscuras cicatrices. La mayoría de estas mujeres opta por la cirugía reconstructiva. Los implantes de pecho pueden dar la forma de aquello que se ha perdido, pero hacer una areola de aspecto realista supone un reto mucho mayor.

A pesar de todos los avances médicos, la mejor opción de reconstrucción de areola sigue siendo el tatuaje, y en el campo del tatuaje cosmético, los trompe-l'oeil de Vinnie, o "retratos de areola" como él los llama, se reconocen ampliamente como lo mejor que el dinero pueda conseguir.

"Hemos logrado engañar a médicos", cuenta Richie, el jocoso ayudante de Vinnie. "Nos han llamado mujeres riéndose, diciendo '¡No te vas a creer lo que me ha pasado! Fui a la cita de seguimiento con el cirujano, me quité la blusa y él, mirando mi historial y mirándome a mí con cara de confusión, acabó diciéndome, 'Me parece que aquí hay algún error. En el historial pone que usted ha sido operada'".

"¿Cuál es tu secreto?", pregunté.

"Es solo Arte 101", contestó Vinnie, apoyándose sobre la mesa de billar de su local. "Luz y sombra. Me resulta difícil creer que nadie hubiera pensado antes en esto. Mira, muchos de los otros artistas del tatuaje cosmético simplemente colocan una plantilla de un círculo y colorean el interior. Tienen tres colores. El marrón chocolate, el rosa chicle y el salmón. Aquel que más se aproxime a tu color, ese es el que te ponen. A la mayoría de mujeres blancas les tatúan el color salmón".

"¿Y entonces no dibujan las glándulas de Montgomery?", pregunto, refiriéndome a los diminutos bultos de la areola.

"La mayoría de las veces ni siquiera dibujan el pezón", exclamó Vinnie. "Hacen un círculo y después, quizá, otro círculo de un color más oscuro. Quizá. Obtienes un círculo de color chocolate dentro de un círculo de color salmón".

"Y en la mayoría de ocasiones ni siquiera pueden hacer los pezones en el punto exacto", se lamentó Richie. "Casi te preguntas si simplemente cierran los ojos y apuntan..."

"Exactamente", confirmó Vinnie. "Para mí, eso es absolutamente criminal".

Otro aspecto que Vinnie encuentra criminal son los típicos honorarios médicos por el trabajo de tatuaje cosmético. "Se van fácilmente a los dos mil pavos", remarca, "y el seguro no lo cubre. Aquí, cobramos lo mismo por hacer una areola que por cualquier otro tatuaje del mismo tamaño. ¿Por qué deberíamos cobrar más sólo porque es un pezón?" En Little Vinnie, el precio son 400 dólares por un pecho o 600 dólares por los dos.

Ese día presencié varias de las sesiones de Vinnie. Con su tranquila confianza, su terminología médica, su portapapeles y su camisa con cuello, era fácil ver por qué muchas de sus clientas le llamaban doctor. Revisó tantos historiales médicos que casi me esperaba verle sacando un estetoscopio. De haberlo hecho, dudo que nadie hubiera siquiera enarcado una ceja.

La última clienta del día era una mujer de poco más de 50 años. Su marido presumió de que había sido jefa de animadoras. Su batalla contra el cáncer había durado dos años y le había dejado una gruesa línea púrpura donde antes había estado su pecho izquierdo.

La mujer estaba nerviosa. Vinnie se ofreció a ir a buscarle una cerveza. "No pasa nada", bromeó él, "¡por aquí todos estamos borrachos!"

"¿Qué significa para usted someterse a este proceso?", pregunté a la mujer.

Ella se lo penó un momento, componiendo las palabras. "Confío en que eliminará este constante recordatorio. Durante un tiempo estás simplemente en modo supervivencia. Sigues un único proceso cada vez, un solo diagnóstico cada vez. Y después, cuando todo ha terminado, tienes la sensación de que todo es maravilloso hasta que todo vuelve a depender de ti misma. Y esa es la parte más difícil. A veces me siento muy bien, y entonces, cuando salgo de la ducha, todo me vuelve de nuevo. Es como un golpe en el estómago. Confío en que esto ayudará a borrar algunos de los recuerdos".

"La parte buena, "dijo Vinnie haciendo gestos hacia la zona de operación, "es que cuando ahora miras ahí, sólo ves las cicatrices. No hay nada más en lo que te puedas fijar. Pero cuando tienes ahí el pezón, ya no te fijas tanto en las cicatrices. Centras la atención en el pezón".

"Tal como usted lo describe", le dije a la mujer, "parece casi un proceso espiritual. Cambiar el cuerpo para cambiar la mente..."

"Te sientes como si te hubiera arrebatado tu parte femenina", razonó la mujer. "Y es raro, porque las mujeres siempre están intentando esconder sus pezones, y entonces, cuando desaparece, piensas, ¿Por qué lo escondía? ¿Por qué me esforzaba tanto por ocultarlo?"

"Es curioso", dijo Vinnie mientras mezclaba los pigmentos, "cómo casi todas las mujeres con las que he hablado tienen la misma sensación de no estar enteras, de no ser alguien completo. Antes te sientes alguien completo y ahora ya no. Lo que he oído más que cualquier otra cosa cuando he acabado un proceso es 'Ahora me vuelvo me sentir completa'".

Vinnie se puso sus guantes negros de látex.

"¡Como un motero!", dijo la mujer riéndose.

"¡Hemos de ser atrevidos!", contestó Vinnie.

La máquina de tatuar zumbó y vibró en su mano como algo vivo y amenazador. La mujer hizo una mueca de dolor y escondió los labios cuando la aguja mordió la carne.

Cuando terminó, 20 minutos más tarde, Vinnie giró lentamente a la mujer en su silla para ponerla de cara a un espejo de cuerpo entero.

"¿Qué te parece?", le preguntó.

La cara de ella se tensó. Se frotó un ojo. La respuesta tardó un momento en llegar. "Ya no veo la cicatriz", dijo balbuceando. "Realmente ha desaparecido".

(Fotos de Roc Morin)

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