Recorrer Nueva Zelanda en bicicleta y con una tabla de surf a cuestas

El fotógrafo español Atila Madrona pedalea durante 10 meses en las Antípodas. Se encuentra con gente extraña descalza (y muy amable), paisajes increíbles, ballenas varadas y practica el 'hardcore surf'.

A Atila Madrona le llama Chino todo el mundo. Hasta su padre. Nosotros le conocemos porque es un fotógrafo que colabora con VICE y sabemos que va en bici a todas partes. También que es un tipo muy simpático, que le gustan los chistes fáciles y cenar barritas de dulce árabe compradas en Lavapiés.

Ahora hemos descubierto que le gusta pasar miedo. Llevaba tiempo contándonos que se iba a ir diez meses a recorrer Nueva Zelanda en bici con la tabla de surf a cuestas. Pero como nunca acaba de arrancar, no nos lo creíamos del todo. Ahora, cuando hemos chateado con él y nos ha mandado las fotos ya sabemos algo más de eso que él llama #dontfollowthisbike y que le va a llevar a pedalear 16.000 kilómetros.

Nosotros estamos en Madrid y él en una playa de Motueka, norte de la Isla Sur, sentado sobre las rocas (probablemente desnudo), ha terminado la jornada y acaba de montar la tienda de campaña.

Vice: ¿Cómo se te ocurrió esta locura?

Atila Madrona: Si no hago cosas así, en las que paso miedo, me aburro; por eso pensé en algo que fuese complicado y que me gustase mucho. Y elegí Nueva Zelanda, porque se podía recorrer entero en bici, porque hay olas buenas con muy poca gente y porque es un paraíso natural. Y hacer 16.000 kilómetros en diez meses sonaba guay.

¿Con qué equipaje partiste de Madrid?

Una bici con dos alforjas: en una, la ropa y en la otra tecnología Microsoft para hacer el documental. Un carrito para llevar la tabla y la tabla.

¿Cómo te entrenaste física y psicológicamente? ¿Cuáles eran tus miedos?

Físicamente me subía todos los días a Jijona con mi bici desde casa en Alicante durante dos meses antes de empezar. Y psicológicamente nada, me moría de ganas de empezar. Me encanta pensar que voy a hacer cosas que me dan miedo, así que estaba preparado.

¿Y has encontrado algo allí que te haya dado ese miedo?

Pues hombre, estás en la tienda y la has puesto en una playa porque quieres dormir en un sitio guay y, de repente, empiezas a oír gritos de una mujer. Ahí, o te duermes o te vuelves loco, no tienes muchas posibilidades. Recuerdo que esa noche no pude aguantarme y salí de la tienda en busca de algo... los ruidos eran muy fuertes y parecía que estaban matando a alguien. Tenía que encontrar compañía porque estaba acojonado. Encontré una casa de madera de vacaciones y toqué a la puerta. Eran las dos de la mañana y esperaba que me acogieran y me dejaran acampar en su jardín, pero me dijeron que preferían que no lo hiciera (risas). Así que me volví a la tienda y cuando llegué había un 'poddum' mirando entre mis cosas. Yo por aquel entonces no sabía que era ese bicho. En esos momentos o te duermes o puedes estar así toda la noche. Al final pasas del miedo, te lo quitas de encima. Te aburres de tener miedo (risas).

Y la gente que te vas encontrando, ¿habrás visto de todo, no?

Pues sí, por lo general en la isla sur de Nueva Zelanda van vestidos de una manera muy extraña. Pero es que eso les da igual porque es gente muy auténtica que siempre son de puta madre.

Y van descalzos...

Van descalzos porque son así. Porque ir descalzo es mas cómodo, la verdad. Y sobre todo porque es muy rural y hay mucha gente que viene del campo. Por ejemplo, se quitan las botas en el coche antes de entrar al súper. También la gente de la playa, si surfeas siempre tienes los pies mojados y es un coñazo tener que pensar en ponerte zapatillas o algo.

¿Estás pidiendo que te dejen dormir o que te ayuden con la comida?

No pido nada, pero al final siempre me enrollo con todo el mundo y me acaban invitando a sus casas. He conocido a mucha gente y he vivido con un montón de familias ya.

¿Pasas hambre?

Hambre, no; pero sed, siempre que voy en bici.

¿Cuál ha sido el mejor encuentro que has tenido?

Con Mark en Wanaka. Mark es un surfer de 58 años que conocí en el sur mientras buscaba una ola. Estaba perdido, se hacía de noche y me invitó a dormir con él y a llevarme a la ola al día siguiente. Él es de Wanaka y me dijo que fuera a su casa cuando pasara por allí. Después de un mes fui a esa dirección, toqué a la puerta y allí estaba esperándome.

¿Cómo es una jornada tuya normal?

Me levanto con el saco de dormir empapado de la humedad, pongo el cuenta-kilómetros a cero, pido agua a alguna señora y me pongo en marcha sobre las nueve de la mañana. Suelo hacer unos 12 kilómetros a la hora. El carrito pesa mucho. A mediodía siempre como pan con aceite, tomate y aguacate. Al acabar ya me cebo. Suelo llegar, busco un sitio donde dormir y si puedo lo hago a la intemperie.

¿Heridas, lesiones o sustos?

Todavía no me he caído. La tabla llegó bastante jodida y tuve que repararla. Sustos en el agua siempre tienes. El otro día en la Golden Bay se quedaron cientos de ballenas varadas y yo no lo sabía, cuando me las encontré, me quedé flipando. Estaban todas en la arena y la gente mojándolas e intentando devolverlas al mar. En el Farewell Spot estuve surfeando con muchas focas y el agua estaba llena de unos gusanos como medusas de color lila que daban acojone, pero no hacían nada. Y en Curio Bay hay unos delfines llamados Héctor que suelen acercarse a los surferos; no lo sabia y cuando vi la primera aleta me cagué en el traje.

¿Qué echas de menos de aquí?

El cochinillo.

Pero por allí habrá comida rica, ¿no?

Sí claro, el 'hangi'. Es como comían antes los maorís y todavía lo siguen haciendo. Consiste en cavar un agujero en la tierra y poner madera y hierro. Meten carne y verduras en unas cestas y tapan el agujero con la tierra. Lo dejan todo dentro durante tres horas y después se lo comen. Tiene un sabor a ahumado muy fuerte, pero esta bueno. Os aseguro que pocos guiris han hecho esto con maorís de verdad y siendo un invitado.

Y de sus costumbres, cuál te ha gustado, además de esta comida.

Para saludarse se tocan nariz con nariz durante un tiempo prolongado. Yo no lo sabía y cuando me lo hicieron por primera vez pensaba que me querían dar un beso.

Tema surf, que has ido allí por eso.

De momento no es tanto como pensaba. Es la hostia que nunca haya nadie en el agua y que si te encuentras con los locales por lo general son gente de puta madre que siempre me han invitado a surfear con ellos y a sus casas. Eso nunca me había pasado. Bueno en algunos sitios de Indonesia también he encontrado gente así. Pero el surf es jodido. Es bueno pero es muy bestia. En la costa oeste siempre hay muchísimo mar porque está muy expuesta. La mayoría de días está enorme y tienes que esperar a que baje un poco. El color del mar es oscuro, casi siempre hay viento y llueve mucho. Pero si te lo conoces puedes surfear olas perfectas. Y el entorno es increíble siempre. Digamos que es un poco 'hardcore surfing'.

¿Cuánto tiempo te queda allí y qué locuras piensas hacer?

Me quedan siete meses más. La mayor locura es que todavía me quedan 14.000 kilómetros por recorrer. (risas).

Más VICE
Canales de VICE