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Un astrolingüista nos explica cómo comunicarnos con extraterrestres

"Estamos buscando la piedra Rosetta del cosmos".

por Daniel Oberhaus
23 Noviembre 2016, 4:00am

Este artículo se publicó originalmente en Motherboard, nuestra plataforma dedicada a la ciencia y a la tecnología.

La llegada, estrenada el 18 de noviembre, se está perfilando rápidamente como la película de ciencia ficción del año, un acontecimiento que nadie, ni siquiera su director, había previsto, atendiendo a la premisa que propone la cinta.

La historia se centra en los intentos de la lingüista Louise Banks (interpretada por Amy Adams) y el físico teórico Ian Donnelly (Jeremy Renner) de comunicarse con un par de extraterrestres cuya nave acaba de aterrizar en Montana. Para la mayoría de nosotros, La llegada no es más que otra entretenida película de extraterrestres, pero para un puñado de investigadores que trabajan en proyectos SETI (acrónimo inglés de Search for Extraterrestrial Intelligence) intentando averiguar cómo comunicarse con alienígenas, la cinta quizá fuera más un documental que un drama de ciencia ficción.

"Envidio profundamente a Louise Banks por tener la oportunidad de estar cara a cara con un extraterrestre", nos contó Douglas Vakoch, presidente del proyecto METI International (Messaging Extraterrestrial Intelligence (METI). "Sin embargo, esa opción no existe en los escenarios que manejan los equipos de SETI y METI. La posibilidad de un intercambio con extraterrestres es muy remota y solo se daría si la estrella más cercana estuviera poblada".

Antes de ser el presidente de METI International, cuyo principal objetivo es la controvertida ciencia de enviar mensajes al espacio, Vakoch era director de Interstellar Message Composition en el SETI Institute de California. Durante buena parte de su carrera, Vakoch se ha dedicado a intentar averiguar cómo comunicarse con una especie alienígena inteligente sin saber, a priori, nada de esa supuesta raza y teniendo en cuenta que un mensaje tarda décadas en alcanzar su destino.

Aunque el personaje de Amy Adams hace que parezca sencillo, la ciencia detrás de la comunicación con formas de vida extraterrestre —conocida como astrolingüística o METI— es mucho más complicada y es el resultado de una combinación de lingüística, matemáticas, física e imaginación.

En La llegada, el personaje de Renner se mofa de Adams por su forma de abordar la comunicación con extraterrestres, asegurando que practica la lingüística "como su fuera una matemática". Pese a que se trataba de un comentario jocoso, se trata de una aproximación muy cercana a la realidad. Tal como señala Vakoch, Adams tiene el lujo de poder comunicarse con un ente alienígena en tiempo real. Sin embargo, los astrolingüistas de verdad deben esperar décadas —si no siglos— para recibir una respuesta a sus mensajes, aspecto que obliga a cambiar la forma en que se elaboran dichos mensajes.

En primer lugar, cualquier mensaje que se envíe al cosmos debe ser sólido y totalmente autorreferencial. A diferencia del escenario que presenta La llegada, en la vida real los habitantes de la Tierra no pueden enseñar a los destinatarios de sus mensajes nada sobre ellos debido al retraso existente entre el envío y la recepción. Por tanto, los investigadores no solo deben enviar el contenido del mensaje, sino también una serie de instrucciones para su lectura que sean inteligibles para sus posibles destinatarios.

Esto significa que, en lugar de tratar de averiguar de qué modo podría influir la estructura del lenguaje de una civilización extraterrestre en su visión del mundo (la premisa sobre la que se sustenta La llegada, conocida como relativismo lingüístico) y crear un mensaje a partir de ahí, los equipos de astrolingüística optan por una aproximación opuesta a esa.

"Estamos buscando la piedra Rosetta del cosmos", señala Vakoch, "pero la pregunta es: ¿qué tenemos en común con los extraterrestres?".

Como era de esperar, este interrogante lleva a la mayoría de investigadores a buscar un lenguaje basado en las matemáticas y la física, puesto que son ciencias cuyo dominio se presupone en una civilización que dispusiera de la tecnología necesaria para recibir nuestros mensajes.

El matemático holandés del siglo XX Hans Freudenthal creó LINCOS, el primer lenguaje diseñado específicamente para comunicarse con extraterrestres, y lo hizo basándose en principios matemáticos con los que era posible tratar sobre cualquier tema, desde la naturaleza del tiempo a qué significa amar. En 2013, otro astrónomo matemático holandés, Alexander Ollongren, creó una segunda versión de LINCOS, que permite transmitir ideas similares a través del lenguaje de la lógica simbólica y el cálculo lambda. En ambos casos, esta lingua cosmica es independiente y está basada en supuestos principios universales (matemática y lógica). Pese a todo, cabe la posibilidad de que una civilización alienígena no fuera capaz de entenderla.

Incluso en el supuesto de que humanos y extraterrestres tuvieran conocimientos de ciencia y matemáticas, estos no tienen por qué ser necesariamente intercambiables", afirma Vakoch. "Quizá haya factores biológicos o necesidades concretas de un organismo que determinen el punto de inicio de la ciencia. La llegada señala una verdad muy sutil, y es que la forma en que estructuramos y comunicamos nuestra visión del mundo puede estar estrechamente relacionada con nuestra idiosincrasia como especie".

Para ilustrarlo, Vakoch pone el ejemplo del surgimiento de la geometría no euclidiana en el siglo XIX. Durante dos milenios prevaleció la visión de Euclides de que el universo es plano, teoría que se asentaba sobre el quinto de sus postulados, según el cual dos líneas paralelas nunca se encontrarán. Sin embargo, en la década de 1800 un grupo de geómetras postuló un axioma que contradecía al de Euclides, afirmando que, de hecho, dos líneas paralelas pueden encontrarse en un punto. Aquello cambió radicalmente nuestra percepción de la realidad, puesto que partía del supuesto de que el universo es curvo y no plano.

Lo importante es que ambas geometrías guardan consistencia interna y han facilitado innumerables descubrimientos matemáticos y científicos. En resumidas cuentas, el hecho de que nos dirijamos a una supuesta civilización extraterrestre con el lenguaje de la ciencia y las matemáticas no garantiza que estas sean las mismas que dicha civilización pudiera conocer.

Ante esta duda, Vakoch propone explorar otras formas de comunicación. Asimismo, considera que la idea de crear un mensaje independiente que pueda transmitirse de una vez es producto del deseo de la humanidad de obtener una respuesta en el plazo de una generación. Si abandonamos esa idea y aceptamos que la comunicación interestelar probablemente deba producirse en el transcurso de varios siglos o incluso milenios, se nos abre un abanico de nuevas vías de comunicación.

El telescopio Arecibo, en Puerto Rico, fue utilizado para enviar el primer mensaje al espacio. Imagen por Meredith P./Flickr

En los diez lustros que mediaron entre la primera y la segunda versión de LINCOS, han surgido numerosas ideas innovadoras para comunicarnos con otros seres extraterrestres. Algunas se basan en componentes acústicos o visuales, como los de la nave Voyager, que transportaba un disco con imágenes y sonidos. Asimismo, el primer mensaje de radio interestelar, conocido como el mensaje Arecibo, contenía una imagen pixelada de seres humanos y del propio telescopio Arecibo. El problema de este tipo de mensajes es que se partía del supuesto de que la especie que los recibiera contaba con un sistema auditivo y de visión similar al nuestro. Sin embargo, atendiendo a la cantidad de veces que ha evolucionado la visión en la Tierra, posiblemente la idea no sea tan descabellada como parece.

Otras propuestas sugieren el envío de gigantescas bases de datos o de software que los alienígenas pudieran ejecutar una vez hubieran adquirido los conocimientos básicos del sistema de codificación humano. Fue lo que se hizo conCosmicOS, un programa de ordenador que se servía de una especie de juego de rol para transmitir a los extraterrestres conocimientos sobre la Tierra. En una ocasión incluso se llegó a enviar a las estrellas la plataforma Craigslist en su totalidad (una maniobra más publicitaria que con fines investigativos, aunque quién sabe si habrá algún alienígena que necesite un diván nuevo). Otras estrategias incluyen volver al núcleo de la ciencia, como en el caso del mensaje RuBisCo Stars, que contenía la secuencia de ADN de la proteína mediante la que las plantas realizan la fotosíntesis.

Resulta imposible saber si todos estos mensajes llegarán algún día a sus destinatarios. Mientras tanto, Vakoch y su equipo del METI International están centrando sus esfuerzos en hallar la mayor cantidad posible de opciones de construcción de mensajes. Esperan poder transmitir mensajes al cosmos hacia finales de 2018, pero por ahora lo importante es mantener una mentalidad abierta y la imaginación activa, uno de los mayores aportes de La llegada, según Vakoch.

"Lo que más me ha gustado de La llegada es que logra retratar esa predisposición a aceptar nuevas formas de entender la realidad para poder llegar a entender otras civilizaciones", afirma Vakoch. "Eso es lo que esperamos los que trabajamos en proyectos SETI y METI: ser capaces, con el paso de los siglos, de entender los procesos cognitivos de otra civilización y su forma de percibir su mundo".

Traducción por Mario Abad.