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Marcianos: la otra droga del verano

Más puro, más peligroso y más barato, este narcótico se hace hueco entre los jóvenes catalanes y se expande por España alertando de la vuelta del cristal de los 90.
1.9.14

El MDPV ibicenco, más conocido como droga caníbal que tanto revuelo está generando desde finales de junio en España, no es el único protagonista en el panorama estival de la drogodependencia española. Bañados en varios colores como el naranja, el verde o el azul y aproximadamente parecidos al tamaño de un Lacasito, los marcianos han aterrizado en Barcelona cogiendo protagonismo entre los jóvenes. La ciudad condal, una de las zonas de España más castigadas por el desempleo juvenil con una tasa del 46,3%, se ha convertido en el punto de encuentro principal de drogas sintéticas, entre las cuales los marcianos se sitúan en cabeza. No se trata de simples pastillas de MDMA, popularmente conocido como éxtasis, entre las cuales un 85% lo contiene, sino que los marcianos contienen sin fallo una alta dosis pura de la sustancia.

“Desde 2012 estamos notando un incremento respecto a la concentración de MDMA entre la multitud de pastillas que se consumen en España”, dice Ana Muñoz, coordinadora del centro Energy Control de Madrid. En efecto, los marcianos se distinguen de cualquier otra pastilla en que llegan fácilmente a contener hasta 150 miligramos de MDMA, algo que preocupa a los expertos, ya que “a partir de 120 miligramos estamos hablando de una cantidad importante y más de 150 se considera una alerta”, asegura Muñoz. Por otro lado, la facilidad para ingerir los marcianos deja atrás el aparatoso proceso de otras drogas relacionadas con el MDMA, cuya forma de presentación es en pequeñas porciones de cristales. Para Teresa Juanas, especialista del Servicio de Drogas del Instituto Nacional de Toxicología, la juventud ha perdido el respeto a las drogas de diseño debido a la facilidad de consumo que provocan. “La gente tiene tendencia a pensar que al ser drogas no fiscalizadas son menos peligrosas. Se equivocan, lo son mucho más”. Al contrario que sucede con la cocaína o la heroína, drogas que generan cierto respeto en la sociedad, en el caso general del MDMA y particular de los marcianos, Juanas asegura que “tardan una serie de años en detectar su alcance debido a que las drogas de diseño están constantemente emergiendo”.

Marcianos

Pese a la inquietud de los expertos, aclaran que nada tiene que ver el cristal de España con la televisiva metanfetamina azul (meta azul como se conoce en la ficción) de la serie americana Breaking Bad, a pesar de que en ciertos casos compartan color. Las diferencias fundamentales entre los marcianos y el cristal que se encuentra habitualmente en España son varias: la primera y fundamental, el grado de pureza de la pastilla (en el año 2009 existían pastillas con 50 miligramos de MDMA, mientras que en el 2014 ya superan los 150) además de la intensidad y durabilidad de los efectos.

“Con una vale, hay que tener cuidado”, cuenta Begoña de 22 años, que no muestra ningún reparo en que le coloquen uno de los marcianos en su canalillo mientras, a ritmo de música electrónica, nos habla acerca de sus efectos. Añade que “igual que te arregla te desarregla, si no estás acostumbrado es mejor tomarse media. Esto no es una pastilla cualquiera, sube de verdad”.

Begoña

Ciertamente, parte del informe del análisis de los marcianos señala que “la dosis habitual de la MDMA está entre los 60 y los 130 mg, dependiendo de las características de la persona y los efectos deseados, por lo que en el caso de esta pastilla puede que sea recomendable empezar tomando parte (media pastilla por ejemplo) y ver cómo evoluciona”. Pese a que los efectos producidos por los marcianos dependen de cada persona, existen una serie de coordenadas comunes. Tras haber ingerido la pastilla, los efectos se hacen presentes unos veinte minutos después con la llegada del “subidón”. Éste se caracteriza por mareos, taquicardias, faltas de aire y subidas de temperatura, reacciones tras las cuales surgen los efectos buscados: el bienestar y la empatía aumentan a la vez que una energía y felicidad química gobiernan el cuerpo del consumidor. Sin embargo, el análisis de la partida de marcianos señala que a partir de ciertas dosis “aumentan otros efectos indeseables como son la tensión muscular y mandibular, ansiedad, paranoia, dolores de cabeza, resacas o bajones fuertes, posibles efectos tóxicos.

Otra de las principales diferencias del Marciano es que destaca por su bajo precio entre las habituales drogas consumidas entre los jóvenes. El precio de un gramo de cocaína se encuentra aproximadamente en sesenta euros, del cual un consumidor habitual tiende a utilizar medio. El cristal no es mucho más barato, su  precio por gramo oscila alrededor de los cincuenta euros, del cual el consumidor habitual utiliza un cuarto de gramo aproximadamente. Sin embargo, los marcianos suponen un cambio en la tendencia económica del amplio mundo de las drogas sintéticas. Con tan solo seis euros cada pastilla, su precio se convierte en el atractivo de muchos jóvenes ya que, a su modo de ver, compensa la relación calidad precio. Por otro lado, la adquisición de esta nueva droga no entraña demasiada dificultad. Escondidos entre familias catalanas, turistas extranjeros y puestos de helados, se pueden encontrar puntos de venta que se extienden desde Calle Hospital hasta el monumento de Colón, o en ciertas esquinas de la Avenida Paralelo en las que los camellos chistan disimuladamente mientras lo ofrecen.

En nada se asemeja el tipo de consumidor de marcianos con sus antecesores en los años noventa. Se trata de jóvenes estudiantes que son usuarios asiduos de fin de semana cuyo único fin es la pura estimulación. “No importa lo mucho que suponga el problema que tengas, te ves capaz de cualquier cosa que te propongas”, explica Dani, estudiante de biología en la Universidad de Barcelona. Le quita importancia al hecho de consumir drogas de diseño. “Nadie se ha muerto por esto. Cristal come todo el mundo”, comenta en plena fase de euforia.  En efecto, el tipo de consumidor poco se parece a la imagen del yonki de los ochenta. Tanto hace quince años como en la actualidad, el perfil de este consumidor se asocia al joven sin problemas cuyo único fin es la diversión. Estudiantes y jóvenes trabajadores se convierten en los principales demandantes de esta novedosa pastilla superando el miedo social que actualmente provocan sustancias como el LSD, la heroína o la mescalina. No obstante, la sombra de la anterior generación de consumidores de drogas de diseño planea sobre la juventud actual. “Hubo amigos que se quedaron en el viaje. El cristal de antes no era tontería”, recuerda un ex consumidor de MDMA de hace aproximadamente quince años.

A pesar de los cambios en los modos de vida, el uso y ambiente de las drogas sintéticas no ha variado respecto al final del siglo XX, la época más salvaje del MDMA. En el caso de los marcianos, han empezado a moverse en el terreno de las discotecas masificadas de ambiente electrónico de Barcelona, al igual que las raves y los afters son focos de consumo de MDMA. Actualmente, la dosis habitual de sustancias con MDMA está entre los 60 y los 130 miligramos. Los 150 mg que contienen los marcianos provocan hasta 5 horas de efecto, algo que se debe en gran medida a la alta pureza que contienen. Aún es pronto para saber cuál será el alcance de los nuevos “extraterrestres sintéticos”, pero lo que ya es un hecho es que su mayor pureza y su ínfimo precio convierten a los marcianos en una de las drogas tapadas de mayor peligro del verano.