Un día en la sede central española de los Testigos de Jehová
Todas las fotografías por Davit Ruiz
Identidad

Un día en la sede central española de los Testigos de Jehová

En sus imponentes instalaciones, viven 200 personas con una estructura parecida a un gobierno, con sus ministerios. Son amables con nosotros, nos abren sus puertas y nos cuentas sus historias.
22.7.16

"Nos complace darle la bienvenida a la sucursal de España de los testigos de Jehová. Esperamos que disfrute de la visita. Estas instalaciones se llaman Betel, nombre muy apropiado, pues todos los hombres y mujeres que trabajan en este centro y que componen la familia Betel son ministros ordenados que se han dedicado a Jehová Dios y que apoyan a tiempo completo la difusión del mensaje del Reino. A todos se les suministra comida y alojamiento, así como un pequeño reembolso mensual para sus gastos personales".

Así te reciben en la sede central de los Testigos de Jehová en España, con un folleto en el que te explican lo que vas a ver y cómo funciona este edificio por dentro.

Tienen sus normas, sus horarios de trabajo, sus momentos de estudio y tienen unas instalaciones que pese a tener 30 años recuerdan a esa arquitectura racionalista que triunfaba en Europa del Este a mediados del siglo XX.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? En su web descubrimos que se organizaban visitas guiadas —que luego hemos comprobado que tienen bastante aceptación— y decidimos apuntarnos a una.

Primero hay que localizar el lugar en el mapa. Esta sucesión de edificios está situada en la carretera de Ajalvir a Torrejón, a unos 20 minutos en coche del centro de Madrid, y muy cerca de la Base Aérea de Torrejón y también de un centro de aeronáutica del ejército español que, por fuera, parece una versión barata de la NASA y que también nos despierta mucha curiosidad.

Saliendo por la vía de servicio de un polígono industrial, uno se encuentra con la fachada del edificio principal de los testigos. A nuestra espalda, separado por la autovía, el no menos imponente edificio secundario, lo que se conoce como Salón de Asambleas.

Llamamos al telefonillo, y nos abren las compuertas, "aparquen a la derecha y la recepción está justo a su izquierda". Para allá vamos. No somos los primeros, hay un grupo de testigos franceses que esperan guía para realizar la visita.

Nos quedamos alucinando con la maqueta de las instalaciones de la sala de espera y también con los cuadros que la presiden. Llega el señor Anibal, que será nuestro guía personal. Él se encarga de la comunicación, de la Sección de Información Pública.

Es un testigo veterano que nos va abriendo puerta tras puerta (todas con la llave muy bien echada), hasta que atravesamos el aparcamiento y un jardín y llegamos al lugar donde tienen la exposición sobre la vida y obra de los testigos.

En el camino le vamos soltando algunas preguntas sobre por qué vemos tantos testigos en la calle predicando su mensaje, por qué van por las casas, por qué se han refugiado aquí cerca de 200 que viven trabajando para su comunidad y qué hacen exactamente tanto tiempo.

A las primeras cuestiones, la respuesta siempre se encuentra en la Biblia. Y en cuanto a la formación de este pequeño grupo de testigos trabajadores, Anibal nos habla de voluntarios, que ofrecen su trabajo, siempre que se lo permitan sus obligaciones familiares, y que forman una familia que viven juntos sirviendo a Dios, que comen juntos y estudian juntos las escrituras.

Nos llevamos la idea de que entre todos forman una especie de gobierno con sus distintos ministerios (Asuntos Legales, Traducción, Información sobre Hospitales, Envíos, Redacción y Fotografía, Mantenimiento, etc…), algo que pega mucho con la arquitectura del edificio y con esos largos pasillos enmoquetados donde se siguen cerrando con llave puertas a nuestras espaldas, hasta que por fin llegamos a visitar la exposición.

Vitrinas con documentos, con fotocopias de periódicos que hablan de persecución, clandestinidad —con Hitler y con Franco no lo tuvieron fácil— y de la objeción de conciencia. En la que por lo visto, según nos cuenta nuestro cicerone, fueron pioneros.

Seguimos preguntando por una jornada normal de trabajo aquí. Y nos enteramos que comen todos juntos a las 13:20 y que se llevan muy bien, vida en comunidad, y damos fe de ello, porque comprobamos como se saludan y el respeto que se van demostrando entre ellos. La exposición da para poco más, así que toca el turno de visitar uno de esos departamentos/ministerios de los que tanto hemos escuchado hablar.

Concretamente nos encaminamos, por unas escaleras muy lustrosas, hasta la sección que se encarga de subtitular al lenguaje de signos los documentos audiovisuales que se generan en las entrañas de este búnker. Vamos al lugar donde se dan forma a los mensajes testigos.

Las traducciones para los testigos son importantes, reciben las revistas oficiales desde EEUU y las adaptan a todas las lenguas oficiales del estado, también a la de signos. Por eso tienen mucha gente dedicada a las traducciones que forman pequeños equipos. El que nos presentan ahora está especializado en lengua de signos.

Nos enseñan sus materiales de trabajo, los cromas, las cámaras, los ordenadores… La verdad es que en el estudio en el que trabajan más de uno grabaría una película. Hora de visionado. Nos proyectan una de sus pequeñas historias para niños con animaciones que explican, por ejemplo, cómo es el origen del mundo, y que llevan añadidas el extra de los signos. Nos dicen que es su forma de luchar contra la marginalidad que sufren algunas personas sordas.

Nos despedimos del sonriente equipo de traducción —al trabajo, con alegría, podía ser su lema—, pasamos por el comedor en el que comienza a haber actividad y volvemos a la sala de recepción, donde todo empezó. Allí nos pillamos la revista Despertad y volvemos a dar gracias al señor Anibal por su extrema amabilidad y por este pequeño tour por las zonas visitables de la sede. Nos quedamos con ganas de ver dónde duermen, pero eso es un espacio demasiado privado. Apretón de manos antes de subirnos al coche. Y, mientras el fotógrafo guarda su equipo y nos cruzamos con una familia rumana, última ojeada al folleto que nos dieron hace una hora:

"Deseamos sinceramente que haya disfrutado de su visita a Betel. Seguramente ahora conoce un poco mejor la obra que efectúan los testigos de Jehová para ayudar a las personas que buscan un futuro mejor mediante el Reino de Dios. Esperamos que esta visita le anime a saber más de nuestro amoroso Creador y a conformar su vida a sus justos requisitos".