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El cruel y polémico mercado negro de perros de Pekín

En el mercado de perros de Liyuan es el mayor bazar canino de toda China. Los animales suelen ser maltratados y en ocasiones mueren una semana después de su compra.

por Nona Tepper
20 Enero 2015, 7:50am

Photos by Stan Aron

En el distrito pekinés de Tongzhou puede encontrarse de todo: desde caniches hasta labradores o mastines tibetanos. Sin embargo, no todos los perros son lo que sus vendedores dicen que son: a algunos les inyectan solución salina para convertirlos en chow chows, tan de moda actualmente; un afeitado rápido y un poco de cable de hierro para estirar la piel y un pekinés se convierte mágicamente en un shar-pei. Trascendiendo cualquier clase y raza, están los xingqi quan, o los "perros de una semana", animales que suelen morir una semana después de haberlos comprado por enfermedades causadas o escondidas por los criadores. Esa es la rutina diaria que se vive en el mercado canino de Liyuan.

"En Tongzhou todo el mundo está metido en el negocio de la compra-venta de perros", afirma Song (no quiso facilitar su apellido), que también se dedica al negocio junto a la carretera. Song me paró mientras iba en su bicicleta por Rixin East Road y se ofreció a indicarme el camino al mercado, no sin antes haber intentado venderme un corgi.

El de Liyuan es el mayor bazar canino de toda China. Su cierre está previsto para este mismo mes, pero hasta entonces, el mercado bulle de actividad los martes, sábados y domingos. Cuando lo visité meses atrás, en uno de los días de menor concurrencia, había pocos puestos abiertos, aunque a lo largo de Rixin East Road había criadores vendiendo cachorros que sacaban de los maleteros de sus coches. El veterinario jefe de un hospital de animales cercano me dijo que Liyuan ya había cerrado y me invitó a su casa para tratar de venderme un perro. Después de hablar con otro trabajador de la clínica, supe por fin que el mercado seguía abierto.

La tenencia de perros estuvo prohibida durante la década que siguió a la Revolución Cultural de China (entre 1976 y 1986) pero ahora está experimentando un resurgimiento en la capital. Se calcula que existen cerca de 1,2 millones de perros registrados en Pekín (una ciudad con 22 millones de habitantes). Sin embargo, en un país que ocupa el segundo puesto en la lista de mayor incidencia de rabia del mundo, el Partido Comunista chino considera "peligrosas" a las grandes razas. Cada primavera, el Gobierno lleva a cabo campañas contra los perros de más de 35 cm, entre cuyas medidas se incluye el aumento de las tasas de registro para disuadir a los potenciales dueños de que no los compren (actualmente cuesta cerca de 138 euros registrar un animal).

Pese a los esfuerzos gubernamentales, cada vez son más las personas de Pekín que tienen perros a su cargo, la mayoría de los cuales son comprados en mercados como el de Liyuan. La tensión generada entre los que están dispuestos a pagar cientos de euros por un cachorro con pedigrí y los criadores ávidos por vender estos animales por unos pocos billetes nos da una idea de lo complicada que puede llegar a resultar la regulación de este sector en China. Quizá el cierre de Liyuan sea sencillamente la respuesta más conveniente a un problema burocrático que tiene a los defensores de los animales en pie de guerra.

A menudo, los cachorros que se venden en Liyuan son objeto de maltrato. Se les separa de sus madres demasiado pronto y se les alimenta con sobras en lugar de comida especial para perros; no se les vacuna o se les inyecta de forma ilegal y, cuando enferman, el resto de animales se contagia rápidamente, debido a las condiciones de hacinamiento en que están. Asimismo, suelen inyectarles analgésicos y estimulantes para mantenerlos activos.

La ley de protección de la fauna silvestre de China especifica que los vendedores deben poseer un permiso para el comercio de perros, si bien no regula el modo en que los animales deben ser tratados. Para complicarlo todo aún más, la supervisión de la actividad comercial de Liyuan corre a cargo de tres ministerios del Gobierno distintos, lo que supone que una persona que quiera interponer una demanda por que le hayan vendido un perro de una semana pueda tener que enfrentarse a una verdadera pesadilla burocrática.

Los activistas proanimales empezaron a luchar por el cierre de Liyuan en octubre de 2012, después de que el Beijing Morning Post publicara un artículo sobre la crueldad con la que trataban a los cachorros en Liyuan. Pronto empezaron a publicarse artículos en los que se denunciaban las formas de esos insensibles criadores. Posteriormente, el artículo se retiró de la página web del diario. El pasado junio, los activistas defensores de los animales se organizaron y recurrieron a la prensa extranjera para protestar contra el festival de la carne de perro de Yulin, una celebración anual en la que los lugareños dan la bienvenida al solsticio de verano matando, despellejando y comiendo perros. Quizá el grado de organización de los activistas –que incluso difundieron por internet una petición en inglés solicitando la clausura del festival- asustó a las autoridades, ya que a finales de noviembre de 2014 se cerró, según los comerciantes, el mercado de perros de Hongdian, en la provincia vecina de Hebei. A este cierre le seguirá el de Liyuan, a finales de este mes, quizá por las exigencias del público. A partir de entonces, los vendedores se verán obligados a seguir con su negocio por internet o a vender de forma ilegal a los cachorros en los maleteros de sus coches.

La popularidad de este mercado probablemente pueda explicarse por el hecho de que la adopción de mascotas sigue siendo muy poco frecuente entre los pekineses y no existen asociaciones protectoras de los derechos de los animales como las de Occidente. Mary Peng, directora del Centro Internacional de Servicios Veterinarios de Pekín, afirmó que "la gente compra por internet o en esos mercados porque no saben que hay otras opciones".

Esa situación deja a los enamorados de las mascotas a merced de los vendedores de Liyuan.

"He comprado seis perros en ese mercado y dos de ellos han muerto", asegura Sisi Guo. "Cuando los compras, parecen sanos, y cuando quieres devolverlos, los vendedores te dicen que no es culpa suya, que tú eres responsable. No hay forma de recuperar el dinero."

Pero Liyuan no siempre ha tenido tan mala reputación, afirma el vendedor Huang Feng. Su familia lleva vendiendo animales en este mercado desde que abrió en la década de 1980. Por aquel entonces, era el mayor mercado canino de toda Asia. Liyuan se ha cerrado y disuelto en varias ocasiones debido a su poco transparente actividad, pero los vendedores ilegales siempre vuelven con sus coches a vender cachorros. Incapaz de erradicarlos, el gobierno municipal optó por legalizar estas tiendas.

La tienda de Feng está decorada con fotos de sus huskies, que han ganado varias competiciones internacionales. No parece preocuparle el inminente cierre del mercado de Liyuan.

Más de la mitad de sus ventas las realiza por internet, afirma; sus galardonados huskies le reportan cerca de 56.000 euros anuales. Cuando Liyuan cierre, tiene intención de trasladar todo el negocio a Taobao (el equivalente chino de eBay), con lo que se ahorrará unos 8.600 euros de alquiler anual. Si las cosas se pusieran muy feas, siempre podría volver a vender en Rixin East Road.

Weng tenía caniches expuestos en el maletero de su Volkswagen. Me contó que ella piensa seguir criando y vendiendo sus perros. Cuando le pregunté sobre la posible venta de perros enfermos, se encogió de hombros. "Todos los animales mueren", dijo.

Xinxin no fue tan cruel respecto al destino de su perro. Ella decidió comprar uno el Día Nacional de China, una festividad que conmemora el nacimiento del Partido Comunista. De los más de 300 vendedores de Taobao que ofrecían labradores, Deng escogió el que tenía la mejor valoración de la página, que aseguraba que sus cachorros estaban aprobados por el American Kennel Club.

Cuando Xinxin quiso ir con su padre a conocer al vendedor, este se negó a facilitarle su nombre completo o la dirección de su criadero y le dijo que se encontrarían en un punto de Fifth Ring Road, en Pekín. Una vez allí, los condujo hasta una calle secundaria, en la que había una casa. En la puerta había diez hombres de gran complexión. En el interior, había 20 cachorros de labrador hacinados en una pequeña jaula. Solo uno de ellos se movía. El padre de Deng entró en el criadero.

"Nos dijeron que se habían tomado muchas molestias para enseñarnos los perros y que teníamos que comprar", explicó Deng. "Te bajamos el precio. ¿Cuánto quieres pagar?"

Dos minutos después, el padre de Deng sostenía al único cachorro que se movía removiéndose en sus brazos. Quizá los miembros del Partido Comunista habrían descrito la nueva mascota de Deng como una importación burguesa de Occidente, pero Deng estaba feliz con su perrito negro. Lo llamó Dongguan (melón), una fruta que en China se dice que atrae la buena fortuna y pagó 280 euros por él.

"Pensé que podría dar una vida mejor a ese chiquitín", dijo Deng.

Un mes después, Dongguan moría de tos de las perreras, pese a que Deng se gastó 1.100 euros en veterinarios. Ahora, Deng deberá esperar al menos seis meses para poder comprarse otro perro, ya que su apartamento también está infectado con la enfermedad.

Tras la muerte del perro, Deng y sus amigos relataron la experiencia en la red social WeChat para concienciar sobre este problema. También volvió a ponerse en contacto con el vendedor y fingió que quería recomendar el criadero a una amiga. Esta vez el hombre le facilitó su nombre completo y la dirección exacta del lugar. Deng había grabado la conversación telefónica, por lo que pudo proporcionar la información a la policía. Sin embargo, no alberga muchas esperanzas de que le devuelvan el dinero. Así es como se compran los perros en China, dijo con resignación. Además, el vendedor parece haber desaparecido de las listas de Taobao.

"Me encantaría que [el vendedor] se arrodillara frente a mí y pidiera perdón", confiesa Deng. "No quiero el dinero, solo quiero que cierren los criaderos y los mercados caninos."

Fotos e información adicional por el editor de That's Beijing, Stan Aron. Sigue a Nona en Twitter.


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