cosquillas

Por qué es imposible hacerte cosquillas a ti mismo

Otro misterio de la vida resuelto por expertos y un fetichista
20 Febrero 2020, 4:45am
no tengo cosquillas
Foto: Emily Bowler 

En un momento en el que parece que el mundo se va a la mierda, es alentador saber que todavía hay algo que todos los seres humanos tenemos en común: la incapacidad física de hacernos cosquillas a nosotros mismos. Pero, ¿por qué? ¿Por qué alguien puede hacernos cosquillas, pero nosotros no? ¿Qué ocurre en nuestro cuerpo cuando nos hacen cosquillas y qué hace que nuestro cerebro decida si nos reímos o nos enfadamos? He decidido resolver este misterio.

Primero de todo, las cosquillas se originan en el órgano más astuto de todos: el cerebro. Sophie Scott, profesora de Neurociencia Cognitiva en el University College de Londres, lo explica: “La razón principal por la que no te puedes hacer cosquillas a ti mismo es porque tu cerebro sabe que eres tú el que causa esas sensaciones. Si te tocas la palma de la mano, el cerebro se activa en menor medida que si otra persona te la toca. Las cosquillas solo funcionan si las hace otra persona”.



El segundo factor importante en juego es la confianza. ¡Sí, confianza! “Si las cosquillas son agresivas, no te van a gustar”, asegura Scott. “Tienes que ser capaz de confiar en que te las hacen con buena intención y ganas de jugar. Nos sentimos seguros porque sabemos que no es algo sexual o violento”.

Hay dos tipos de cosquillas: gargalesis y knismesis. En 1879, los psicólogos Arthur Allin y G Stanley Hall describieron la gargalesis como el tipo de cosquillas que solo otra persona puede hacer y que, con frecuencia, desemboca en carcajadas. Por otro lado, la knismesis es una respuesta más fuerte al tacto o roce leve que no provoca la risa y que somos capaces de hacernos a nosotros mismos. ¿Pero qué hace que seamos incapaces de reírnos cuando nos tocamos a nosotros mismos?

Los pies, el abdomen y las axilas son los lugares más sensibles, ¿pero es posible sentir cosquillas en otros lugares? “Depende mucho del animal”, dice la profesora Scott. “Las ratas, por ejemplo, parecen tener más cosquillas en la nuca. En el caso de los humanos, pueden ser en cualquier lugar excepto en la cara o en determinados lugares nerviosos, como los ojos, los órganos sexuales o la garganta, que son muchos menos receptivos al tacto. La sensación de risa surge principalmente en la parte superior del torso”.

Más allá de los juegos y las risitas, fisiológicamente puede haber molestias ante unas cosquillas: por ejemplo, la falta de aire tras reír en exceso o incluso que nos hagamos pis encima, lo cual se conoce como “incontinencia urinaria por cosquillas”.

“Una de las cosas que suceden cuando nos reímos es que suprimimos y apagamos el control motor del cuerpo”, dice Scott. “El cuerpo se relaja cuando nos reímos y la razón por la que no nos orinamos siempre encima es el sistema motor. Hay músculos en la vejiga que aseguran que solo micciones en lugares adecuados. La incontinencia por cosquillas es muy común en los niños pequeños y parece ser un reflejo de la pérdida del control motor, particularmente de los músculos de la vejiga, cuando se junta con la risa”.

¿Y qué hay de todos esos locos que te dicen sin pudor a la cara que no tienen cosquillas? Puede que, hasta cierto punto, sea verdad que el cerebro humano tenga la suficiente fuerza de voluntad como para resistirse a cualquier tipo de cosquillas. “Hay muchos otros factores sociales que se deben dar para que sea aceptable”, dice Scott. “Si entrara en la oficina de uno de mis compañeros y empezara a hacerles cosquillas, probablemente pensarían que se me ha ido la pinza”.

“Nuestra respuesta ante las cosquillas está de por sí determinada por el contexto, por lo que a mucha gente le puede parecer inaceptable dependiendo en la situación”.

Para otros, las cosquillas pueden ser algo más que risas y provocar sensaciones de naturaleza sexual. Os presento a Barry, de 34 años, que vive en Wimbledon y que cuenta sin reparos que a veces puede ser incómodo tener que explicarle a una nueva pareja que tiene un fetiche con las cosquillas. Barry también cuenta que utiliza Craiglist, un sitio web donde la gente publica anuncios, para ofrecer sus servicios de cosquillas a cambio de dinero.

“Tenía 20 años cuando me metí en el mundo de las cosquillas”, recuerda con cariño. “En mis años de universidad, tuve una novia muy inquieta que siempre quería que usáramos sus juguetes eróticos. El día que me pidió que le acariciara los pechos con plumas fue cuando me interesé por las cosquillas. Lo que de verdad me puso cachondo fue ver sus pezones duros y las risitas coquetas que soltaba. Llegó un punto en el que ni siquiera quería penetrarla.

“Por desgracia, nuestra relación no duró mucho, pero no he parado desde entonces. Puede ser complicado contarles a mis nuevas parejas mis perversiones, porque muchas mujeres piensan que soy un rarito, pero siempre encuentras gente dispuesta a probarlo”.