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Ser joven en Embajadores, el 'barrio más cool del mundo'

"Al final los que nos quejamos de que se romantiza la pobreza de Lavapiés luego vamos a América Latina o a Tailandia y hacemos lo mismo".

por Ana Iris Simón; fotografías de Davit Ruiz
04 Octubre 2018, 4:00am

Foto de Davit Ruiz modificada por Teresa Cano

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En Madrid tenemos el barrio más cool del mundo, signifique lo que signifique ser cool en 2018. A ojos de la revista TIME OUT, por encima de Hackney y Williamsburg no está el berlinés Kreuzberg ni está Gràcia en Barcelona: está Embajadores, que según la publicación británica es el barrio que más lo peta en este momento a lo largo y ancho del mundo. Más de 15.000 encuestados, expertos y los propios editores de la revista lo avalan como "el barrio con más colores de Madrid, lugar de convivencia de gente de todas partes, en el que se cuece una vida cultural popular y frenética".

La Plaza de Lavapiés, en el centro del barrio

Pero a los que viven en el barrio, a los que compran en las fruterías regentadas por pakistaníes, comen los domingos en los hindúes de la calle Lavapiés y conviven con estudiantes de provincias, señoras mayores, senegaleses y bangladesíes no hace falta que venga TIME OUT a decirles lo que son ni todo lo que molan.

Ser joven en Embajadores Madrid
Carlos, posando en el bar donde trabaja

Carlos, que tiene 19 años y llegó al barrio con 6 desde su Bolivia natal, dice que Embajadores es el mejor sitio posible para vivir. Que al final es como un pueblo pequeño o como una familia grande. "Es un barrio sencillo, no tenemos grandes lujos ni monumentos, pero para mí es lo mejor. Me siento acogido, es mi sitio. Como todos somos de diferentes nacionalidades y cada uno tiene su cultura uno acaba perteneciendo a este lugar venga de donde venga", cuenta a las puertas del Baobab, donde es camarero.

Carlos llegó al barrio con 6 años

El Baobab es uno de los restaurantes senegaleses más célebres del barrio, en la calle Cabestreros. A su lado está la tienda de ropa que hace unos meses fundó Yung Beef. Es fácil verlo con su séquito fumando en la plaza de enfrente, la de Nelson Mandela, punto de encuentro de la población subsahariana de Embajadores.

Madaga, feliz de vivir en Embajadores

Allí está Madaga, un senegalés de 37 años que desde hace 10 vive en España. Trabaja en un servicio de limpieza. "Nunca he cambiado de trabajo ni de barrio y no creo que me mude a otro sitio. Aunque ahora hay gente de mi país que no puede vivir en el barrio porque el alquiler es más caro, es aquí donde mejor estamos", dice.

Madaga cree que en el barrio no hay problemas

Estamos a gusto porque aunque muchos piensen que en el barrio hay problemas, no los hay. Que vengan a verlo cuando quieran". Madaga se refiere a los supuestos problemas de convivencia del barrio. A la conflictividad social de la que hablan los medios y los que solo pisan Lavapiés, el corazón y centro neurálgico de Embajadores, para ir de copas a la calle Argumosa. Cuando oye algo relativo a las redadas policiales o a los compatriotas que no tienen papeles porque no tienen trabajo y no tienen trabajo porque no tienen papeles, Madaga cambia da tema. Prefiere fijarse, o al menos hablar, de lo positivo.

Esther ha de tranquilizar a su madre por vivir en Embajadores

"Hace cuatro años, cuando llegué al barrio, mis padres vinieron a verme y me preguntaron que dónde me había metido", dice Esther, que es trabajadora social y tiene 25 años. "Luego poco a poco vieron que no pasaba nada, que este era un sitio tranquilo en el que la gente convivía perfectamente. Cuando ocurrieron los disturbios tras la muerte de un mantero hace unos meses mi madre me mandó por WhatsApp la noticia un poco a modo de "¿ves?" Y le tuve que recordar que no era lo habitual, que era un hecho puntual motivado por una persecución, que es algo que sí que ocurre con frecuencia: viene la policía y se pone a pedir documentación a los inmigrantes, supongo que para "limpiar" el barrio, para encarecer los precios y que sea tan molón como dice la revista" concluye Esther refiriéndose a TIME OUT y a su ranking.

Detalle de Esther

"Cuando leí la noticia de que Embajadores había sido elegido como el mejor barrio del mundo, que salió incluso en las noticias, pensé que Lavapiés se iba definitivamente a la mierda. Pero es algo que los que vivimos aquí llevamos tiempo notando: han abierto el hotel Ibis, un TGB, un montón de cafeterías cuquis, tiendas en las que ninguno de los que vivimos aquí compramos... Y el barrio se une y se organiza contra eso, pero al final los que tienen dinero son siempre los que ganan y acaban echando a la gente que lleva aquí años con su negocio abierto, o a la gente que ya no puede pagar su alquiler. A un conocido que vivía en Embajadores le finalizó el contrato y le subieron 300 euros al mes el alquiler, así que se tuvo que ir del barrio. Y supongo que en unos años, o incluso en meses, eso le ocurrirá a mucha más gente", comenta Esther.

Fede es un recién llegado al barrio

Fede es realizador y es de Valencia. Tiene 27 años y llegó a Embajadores hace tres meses. "Lo conocía porque mi novia vivía aquí y encontré un chollo que no es normal en el centro tal como está la cosa. Además, siempre es el barrio que más me ha gustado de Madrid. Me da la sensación de que en esta ciudad hay muchos pijos, y Lavapiés es uno de los pocos sitios de Madrid en los que no te cruzas con ningún pijo torero y eso me da tranquilidad", comenta mientras se ríe.

Fede cree que romantizamos la pobreza

"Al final yo no puedo hablar de gentrificación ni criticarla de manera coherente porque soy de Valencia, vengo de vivir en Barcelona y ahora estoy en Madrid. Podría haber elegido ir a otro sitio a vivir, a Vallecas, a Carabanchel... pero estar en el barrio sí que me ha hecho más crítico con algunas cosas. Me he vuelto más crítico con el turismo masivo, por ejemplo y me he concienciado un poco más sobre la importancia que tiene consumir en un sitio o en otro. Hay un café aquí al lado, por ejemplo, el Pum Pum, al que cada dos por tres le hacen una pintada en el cierre que dice "Pijos modernos suben los precios". Y creo que esa es una de las cosas que más especial hacen el barrio, que hay una respuesta ante lo que no les gusta, como los vecinos que evitaron que deshauciaran a una familia de Argumosa el otro día, por ejemplo".

Fede cree que, al final, lo que ocurre es que romantizamos la pobreza. "Pasa siempre. Yo he estado en América Latina hace poco, por ejemplo, y quería irme a los barrios "de verdad" de allí, y los barrios "de verdad", los de locales, los "auténticos" eran barrios populares, barrios pobres en los que realmente tenía un impacto que yo fuera. Y creo que no somos muy conscientes de eso es lo que ocurre en Lavapiés con el turismo".

Detalle de la plaza de Nelson Mandela

Esther tampoco cree que seamos conscientes. "Cuando cuento lo que pasa en mi barrio, que cierran comercios de toda la vida para abrir cadenas, que los vecinos más pobres se ven obligados a irse porque sube el alquiler mucha gente me dice que eso es positivo. Que eso significa que el barrio crece económicamente. Pero, ¿para quién crece económicamente? Para los que menos tienen y se ven obligados a irse o no pueden bajar a tomarse una caña a la plaza desde luego no".

El abuelo de Helena era el médico del barrio,

Helena, una profesora de Lengua Castellana de 24 años, es una rara avis en Embajadores, una especie en extinción: vive en la Plaza de Lavapiés desde que tenía dos años, junto a su abuela y sus padres. Su abuelo era el médico del barrio. "De pequeña los niños del colegio, que no estaba en el barrio, se asustaban cuando les decía que vivía aquí y me decían que era una pringada. En ese momento la gente pensaba que por aquí no se podía pasar, que te atracaban en cuanto salías de casa. De hecho supongo que hay quien seguirá pensándolo cuando no es así: lo único extraño que me ocurre a mí en el barrio es que cuando bajo a pasear al perro me ofrecen marihuana o cocaína incluso si voy con mi padre", comenta.

Helena es profesora y dice que el barrio ha cambiado mucho

"El barrio ha cambiado mucho: de barrio castizo pasó a ser un barrio multicultural con la llegada de inmigrantes y ahora se está convirtiendo en un barrio "cool" como dice TIME OUT". Ves que abren hoteles, cadenas alimentarias, bares, tiendas... Yo nunca me habría imaginado hace unos años un Kling o un TGB en mi barrio, la verdad. Los que antes se asustaban de que viviera en Lavapiés ahora vienen aquí a comer. Supongo que por eso dicen que es un barrio que mola: porque la parte castiza sigue ahí en pequeños detalles, en bares, en alguna de la gente que aún vive en el barrio, es un barrio multicultural y con mucha gente de muchos sitios y también hay mucha oferta cultural: teatros, bibliotecas, librerías..." dice Helena.

La Tabacalera, uno de los epicentros culturales del barrio

Y así es. Seguramente Embajadores mole tanto por todas esas razones, ¿quién va a saberlo mejor que alguien que lleva viviendo desde que tiene uso de razón en el corazón del barrio? Pero el efecto de que hasta las revistas de tendencias se hayan dado cuenta y sobreexploten y romanticen ciertos aspectos de la zona está por ver. Mientras tanto, los fondos de inversión hacen de las suyas, cada vez abren más franquicias y cierran más negocios y los vecinos responden parando deshaucios, defendiendo a inmigrantes en redadas policiales y explicando con sprays en las paredes lo que es la gentrificación. Aunque para verla solo haga falta echar un vistazo al barrio.

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