¿Pero cuándo se meterá a todo el PP en la cárcel, por favor?
Sergio Perez/REUTERS
Corrupción

¿Pero cuándo se meterá a todo el PP en la cárcel, por favor?

¿Y cómo puede seguir existiendo un partido así de corrupto?
25.10.17

Vale, la fiscalía anticorrupción afirmó ayer que "Ha quedado plena y abrumadoramente acreditada la caja 'b' del PP" y que "'Luis el Cabrón' es Luis Bárcenas" pero aun así se sigue hablando casi únicamente de Catalunya —cosa de la que, evidentemente, hay que hablar—. Aún así no deja de ser destacable que quede en segundo plano lo que ayer se espetó en la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional sobre la financiación irregular del Partido Popular.

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Puede que la cosa no vaya más allá de formar parte de un imaginario colectivo erróneo, de ser una despistada y desafortunada suposición y un prejuicio insensato, pero es que a estas alturas es profundamente difícil negar que el PP no es un partido político profundamente podrido y corrupto, es más, malvado y siniestro.

Todas las grandes ficciones de la literatura y del cine han trabajado con la idea de un mal absoluto, ese estereotipo de villano que opera desde un oscuro castillo, un rascacielos vertiginoso o desde una cueva húmeda y profunda, enquistando con sus corruptelas y picaresca desordenada el desarrollo moral de una sociedad. Quizás por eso nos es tan fácil vincular al PP con ese horror y nos es tan complicado entender por qué estos individuos siguen dirigiendo nuestro país; incluso nos puede parecer irracional que, como partido político, siga habilitado y en funciones.

Ese es el nivel en el que estamos.

Es que el bombardeo de fullería es exquisito: centenares de cargos del partido imputados; la financiación ilegal de las campañas de las generales del año 2000 y 2008; la financiación ilegal de la campaña del 2007 de Valencia; la presunta financiación ilegal de las autonómicas del PP de Madrid (2007 y 2011); el caso Naseiro; la operación Lezo (Canal de Isabel II); la operación Púnica; la operación yo-qué-sé-qué; la esperpéntica trama Gürtel con la consecuente resolución del juez de la Audiencia Nacional, José de la Mata, que ha hecho responsable civil subsidiario al PP (como entidad) por financiarse presuntamente con una caja B durante, por lo menos, casi dos décadas.

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Están también los caricaturescos apodos de "el bigotes" y "Luís el cabrón" que lo único que hacen es trazar una línea recta hacia el mal y el cretinismo; también están todas esas extrañas muertes vinculadas al proceso de la Gürtel y a otras aventuras lucrativas. Yo qué sé, HAY MIL MIERDAS.

En este plano astral el PP se proyecta como un horror vacui a la ética política. Los conocerás por ese rastro imaginado de destrucción y sometimiento que ha arrasado Madrid, Marbella, Alicante, Castellón, Palma y, por lo general, toda España.

Sí, evidentemente existen otros partidos que nadan en las aguas del crimen, delitos igual de punibles y despreciables, pero es que lo del PP es irreverente, es como ese vecino que tiende las pieles de las víctimas que despelleja en el patio interior. La evidencia es extrema.

No niego que esta idea pueda ser fruto de las burbujas de opinión que generan las redes sociales pero es que su cinismo llega a niveles de extrema violencia y pornografía. Pongamos por ejemplo el caso del dominó catalán. En todo esto de la territorialidad el PP no vacila en alzar la bandera del "mantenerse dentro de la legalidad", cuando ellos mismos son los que más la destruyen y mancillan.

Y es que ya da igual que solo una parte del PP esté actuando como un virus letal degenerativo que destruye todo el conjunto, el silencio es igual de cómplice en este caso. Es como si un ladrón de manzanas exigiera que solamente su brazo sufriera el calvario de la condena, esa extremidad malvada que ha cometido el vil acto del hurto, no él. En tanto que esto, el PP tiene muchos motivos para desaparecer como proyecto político.

Pero nada, no pasa nada. Día tras días nos seguimos volviendo locos con las noticias y las declaraciones de los ministros. Día tras día nos sentimos más lejos de nuestros representantes políticos y día tras día vemos más claro que si esta farsa sigue manteniéndose pese a las evidencias, es que aún le queda cuerda para rato.