Sexo

Mi perturbador recorrido por varias ferias de sexo y erotismo

No intenten esto en casa. Acá les tengo mis mejores conclusiones sobre el sexo, tan distinto entre hombres y mujeres.
25.10.17

Llevo más de seis meses recorriendo cuanta feria o exposición de sexo, erotismo y pornografía he podido. La mayoría me han parecido un cliché aburrido. Desde luego, la manera en que se comercializa la sexualidad públicamente tiene unas formas más dominantes y más populares que otras de ser vendido. Eso mismo pasa en la música, el arte, el cine, etc.

Por lo general, casi todos los formatos de "ferias eróticas", "congresos de pornografía" o "salones artísticos" combinan una misma fórmula: live shows, talleres, conferencias y venta de juguetes sexuales. Además, buscan tener line ups con representantes conocidos de la industria del cine porno, presentaciones explícitas de BDMS, bailes de pole dance, masajes eróticos y fetiches, representantes de la comunidad LGBTI y uno que otro encuentro educativo.

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Pero estos eventos no solo tienen contenidos similares, también recurren casi siempre al mismo tipo de protagonistas. En resumidas cuentas, gente con cuerpos que reflejan una belleza estereotipada: abdómenes planos, pelo largo y tetas enormes, por el lado de las mujeres; cuerpos fornidos y penes mastodónticos, en el caso de los hombres.

Mi recorrido empezó en Expo Sexo y Erotismo, en Ciudad de México. Era un evento exclusivo para adultos que ocurría en un hangar para más de 3.000 personas. La música que ambientaba los dos días de la feria era una mezcla de reguetón y electrónica con la que solo bailaban las actrices porno que estaban en las tarimas. La mayoría de los asistentes eran hombres. Y se veía por ahí a una que otra acompañante mujer, que, por lo general, o se veía incómoda respecto a el ambiente cargado de morbo y voyerismo hacia las modelos; o, por el contrario, miraba atentamente a las modelos para registrar sus movimientos, daba la impresión de que algunas ansiaban copiar o aprender algo sobre esa forma de ser sensual.

Los tipos, además de ver a las mujeres en las tarimas, como si estuvieran en un concierto, grababan sus bailes y cuerpos con el celular. Los que querían, podían pagar alrededor de veinte o treinta mil pesos para tener una foto con ellas.

El trabajo de las modelos no solo era estar ahí, mostrándose, sin ropa. La jornada era realmente agotadora. Debían bailar sin parar durante más de seis horas seguidas y cada tanto las veía sentarse para masajearse los pies, estirar las piernas y descansar de esos tacones de quince centímetros que usaban. Todo antes de que apareciera, de nuevo, alguien exigiendo una sonrisa o un "baile sensual".

Tuve que salir a tomar aire varias veces. El ambiente era muy pesado y sentí que succionaba mi energía. En una de esas, entré por una puerta en donde vendían máscaras con formas de órganos sexuales. Compré una que parecía una especie de antifaz y que en vez de nariz tenía un pene flácido y pequeño; me parecía muy chistosa y, honestamente, era la primera cosa que me hacía gracia en la feria. La usé varias horas y, para mi sorpresa, escondida detrás de ese falo flácido, como de marimonda descolorida, muchas personas y medios de comunicación se acercaron a tomarme fotos y a hacerme entrevistas sobre lo que opinaba del evento. Contesté cada pregunta y me tomé cada foto con una verga en la cara y más tarde me di cuenta que fui, literalmente, una careverga.

Después de Expo Sexo y Erotismo fui a Estados Unidos, al Museo de Sexo de Nueva York. La experiencia allí fue diferente. Me encontré con exposiciones impecables, una curaduría muy cuidadosa, textos y obras de arte informativas y entretenidas. Había una exhibición de objetos sexuales que incluían la primera muñeca inflable que existió en el mercado para adultos y un vestido confeccionado solo con condones defectuosos hecho por Adriana Bertini, una artista brasilera que promueve un discurso contra el VIH.

El Museo del Sexo incluía muchas exhibiciones audiovisuales, con instalaciones y esculturas sobre "La Vida Sexual de los Animales", curada por la antropóloga estadounidense Sarah Forbes. Esa exposición mostraba cosas que normalmente no enseñan en las clases de biología del colegio, como la manera en que algunos animales se masturban, hacen sexo oral y tienen prácticas post-coito como lo muestra Isabella Rosellini en sus videos excéntricos y educativos sobre sexo animal.

Además, el museo tenía un espacio interactivo con un salón inflable rodeado de tetas de diferentes colores y tamaños, donde uno podía rebotar y acostarse encima de diferentes pezones. El MOsex reunía una experiencia pedagógica, divertida y memorable al mismo tiempo.

Después asistí a eventos locales más pequeños, como Koyto, Womans' Weekend, Noche de Divas y Pink & Blue en Bogotá; y también al Festival de Artes Eróticas en Medellín. El primero tenía conversatorios interesantes sobre erotismo, identidades y reproducción, así como talleres y una zona con venta de productos para adultos. Era un evento gratuito en un espacio de exposición de arte y cultura, pero su formato era bastante precario en términos de recursos. Womans' Weekend era un evento donde uno tenía que recibir una invitación privada y sólo tenía conversatorios, talleres y ciertas experiencias con marcas patrocinadoras. Noche de Divas era un show donde el centro de todo era la reina del porno criollo, Esperanza Gomez: ella salía a bailar dos canciones mientras se quitaba la ropa y, a decir verdad, también era un ambiente muy precario. Tanto, que ella se lastimó una pierna con la superficie la madera de 3x3 mts que estaba sin lijar sobre la que bailaba.

Otro de los eventos a los que fui, Pink & Blue, me dejó casi traumatizada. En él se mostraban performances en vivo que eran muy violentos, en especial contra las mujeres. Había actos de BSDM en que hombres escupían en las bocas de las mujeres, atravesaban sus nalgas con agujas y las azotaban hasta que su piel quedaba sangrando. En algún momento un hombre se metió el puño en el ano repetidas veces y a una mujer penetró a otra mujer disfrazada de "gatica" mientras usaba un strap con un pene descomunal. Me impresionó que, incluso cuando era una mujer quien perpetraba la violencia, lo hacía "disfrazada" de hombre.

Por último, pasé por el Festival de Artes Eróticas, que me pareció un espacio instructivo, de reflexión y de disfrute. Sin embargo, esos contenidos parecían no gustarles a algunos asistentes, porque aparentemente eran aburridos y no debían estar dentro del marco de un evento que hablaba de libertad sexual. Su programación incluía charlas, obras de teatro y performances que dejaban algo a la imaginación y muchas inquietudes sembradas en la psiquis de los asistentes, con charlas sobre Pornografía ética y conceptual, La sexualidad como herramienta política, El placer y el Dolor.

En uno de los conversatorios, en el que la antropóloga y exmilitante del M-19, Vera Grave, hablaba sobre erotismo y paz, un hombre del público levantó su mano e, indignado y con ira, gritó que le parecía una decepción el evento. Según él, Vera debía hablar de sexo y de escenas eróticas en la selva durante tiempos de guerra, pero ella prefería reservarse algunas de sus intimidades.

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El tema con los eventos a los que he ido es que parecen estar en dos extremos muy opuestos. Por un lado, los contenidos rayan en el cliché y los estereotipos que refuerzan la cosificación de las mujeres y, por otro, cuando se presentan como eventos educativos, parecen aburrir a sus asistentes. Pero, además, casi ninguno cuenta con los recursos suficientes ni los patrocinios para garantizar una producción de calidad. Esta ambigüedad pone en evidencia que no existe un tema tan público como el sexo y tan privado como la sexualidad, porque hablar de relaciones sexuales, morbo, cuerpos y placer parece un tema del día a día, un tema que circula por los pasillos de las oficinas y las estaciones de Transmilenio. Pero al mismo tiempo, existen muy pocos espacios o eventos al respecto y los que existen son pobremente valorados, aunque tengan una mirada crítica, reflexiva e incluso con propuestas más sugerentes; que nos muestren más allá de unas tetas, penes, babas y gemidos.


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Los eventos relacionados con erotismo y porno exponen, por lo general, una sexualidad que, como dije, cosifica a las mujeres y se aleja del día a día de las relaciones personales, de la cotidianidad de las casas y las camas; en donde por cierto también hay abrazos, discusiones, inseguridades, secretos y gustos personales.

Los eventos de sexualidad, por lo general, tratan de resaltar y hablar sobre la parte "buena", "placentera" o "voyerista" del sexo, y pienso que la sexualidad encierra otros temas igual de relevantes que no tienen un espacio de exposición. Hace poco leí una entrevista a la bióloga colombiana y transgénero Briggite Baptiste, en la que definía la sexualidad como libertad: una libertad consciente y honesta, en donde ser genuino respecto a lo que uno quiere ser, o con lo que uno se siente identificado, sin pensar en lo que los demás opinan, es precisamente la base de la sexualidad libre.

No es posible, entonces, hablar de sexualidad o de libertad en eventos dirigidos únicamente a hombres sedientos de imágenes, pieles, orgasmos y escenas sexuales. A los hombres les han enseñado y se les ha permitido pensar en sexo desde que son niños, mientras comparten links o revistas donde aparecen mujeres desnudas. En cambio, a las niñas nos enseñan a tener mucho cuidado de no ser abusadas, a no permitirles a los hombres cruzar la raya. Quizá, que los hombres piensen más en sexo que las mujeres es resultado de esto, de ese mito desencadenado por la educación diferencial que nos dan a las dos partes y por lo tanto que estos eventos estén dirigidos a ellos.

Creo que las mujeres somos mucho más libres cuando hablamos de nuestra propia sexualidad, porque compartimos experiencias incómodas, hablamos de nuestros problemas, inconformidades y deseos. Hablamos más allá de la cantidad de hombres que nos hemos comido, de nuestra inseguridades físicas y afectivas y nuestras preferencias en la cama.

Por lo general, los hombres no. ¿O acaso la disfunción eréctil, la impotencia o los gustos personales no convencionales son temas que circulan en una mesa cuando un grupo de hombres habla de sexo? Es ahí donde están los verdaderos tabúes: en la intimidad. En los temas que contradicen o proponen por fuera de los estándares, por fuera de lo que nos ha enseñado el porno, las clases de educación sexual en el colegio, las películas hollywoodenses y las ferias eróticas sobre lo que está bien, cómo se debe ver y qué se debe disfrutar. Por eso la sexualidad es tan diversa, individual y personal, porque no puede tener lineamientos ni manuales.