La tragicómica, incomprendida, hermosa y extraña historia de una banda de rock llamada Fobia

La tragicómica, incomprendida, hermosa y extraña historia de una banda de rock llamada Fobia

El grupo legendario acaba de sacar un boxset de edición limitada con su discografía completa. Te presentamos en exclusiva el texto que hizo Rulo para acompañarlo.
24.11.17

Fobia está lanzando un increíble boxset que reúne todos sus títulos en 6 LPs de 12 pulgadas con un peso de 180 gramos: Fobia, Mundo Feliz, Leche, Amor Chiquito, Rosa Venus, Destruye Hogares. Todos prensados en pastas de diferentes colores. Además incluye otro vinilo de 7 pulgadas con dos de sus temas más emblemáticos: “Hoy tengo miedo” y “Más caliente que el sol”.

Por si fuera poco, el arte de la caja se realizó bajo la supervisión de Chá! y rescata la iconografía y las portadas originales. También incluye los press kits de Fobia y Mundo Feliz y a manera de booklet, el fascinante texto que puedes leer a continuación.

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Sale a la venta hoy, viernes 24 de noviembre, coincidiendo con la celebración del Record Store Day. Lee abajo la historia de Fobia en voz de Rulo.


Es muy probable, damas y caballeros, que este texto haya llegado hasta ustedes en una caja de vinilos, el fruto discográfico de una carrera que está a nada de cumplir tres décadas. Seis discos de larga duración que resumen la existencia de una banda de rock tan venerada como incomprendida. Fue cuestionada hasta el cansancio desde que dio sus primeros pasos y, sin embargo, es imposible negar su rol esencial dentro de esto que llamamos rock mexicano. Es una historia que aún no termina, a pesar de sus altísimas dosis de drama (y también de comedia); y no ha estado exenta de separaciones traumáticas, de decisiones extrañas, de frustraciones y de éxitos, por lo que su extensa duración no deja de sorprender a quienes la hemos seguido de cerca. Hay razones profundas para justificar su continuidad. O al menos así me lo explicó con gran elegancia, una tarde de hace algunos años, el mismísimo Paco Huidobro, el líder (¿moral? ¿musical? ¿espiritual?) de Fobia: “Lo estamos haciendo por lo mismo que los perros se lamen ahí: porque alcanzan y porque pueden”.

Portada del Boxset

Octubre 24, 1987

Fobia, como casi todos los grupos de rock decorosos, inició como una alternativa ante la aburrida y grisácea realidad, como una forma de resistir a un destino más o menos predecible. Dice el premiado escritor Xavier Velasco en un breve texto llamado “El club de los reprobables” (incluido en su disco de grandes éxitos Wow 87-04) que se formó en un garaje, lo cual no me consta, así que tendremos que confiar en su palabra.

Estamos ante una clásica historia de adolescentes que gracias a la música evitan convertirse en dentistas, contadores públicos o abogados, logrando torear cualquier anhelo profesional que sus padres intentaron depositar en ellos. Su nombre —no sé si consciente o inconscientemente— es reflejo, sobre todo, de un sentimiento compartido por sus integrantes ante las rígidas convenciones sociales que les tocó enfrentar durante su adolescencia ochentera.

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Se conocieron cuando eran muy jóvenes, educados en escuelas bilingües del sur del Distrito Federal, y fue gracias a la pura buena suerte: en una tocada de las Insólitas Imágenes de Aurora al calor de las cervezas o por el primo de un amigo o porque uno escuchó que el otro tenía una batería grande y bien armada.

Fobia en la época de Mundo Feliz

¿Quiénes eran estos adolescentes? Paco Huidobro, héroe de la guitarra, dictador benévolo y compositor de casi todas las canciones de Fobia. Leonardo de Lozanne, galán del rock nacional, sueño erótico de millares de adolescentes, tipo sensible y esplendido delantero. Javier Ramírez, mejor conocido como El Cha!: bajista, diseñador gráfico, optimista incansable y portador del mejor disfraz de vaca que jamás se haya usado en la historia de los escenarios. Iñaki Vázquez, tecladista y científico loco, experto en sonidos experimentales. Gabriel Kuri, baterista, poseedor del más acido humor y futura estrella del arte conceptual mundial, que a la postre sería remplazado por Jorge Amaro “La Chiquis” —mas adelante exitoso productor de muchos discos de oro y pieza fundamental de Jotdog—, quien a su vez sería remplazado por el virtuoso Jay de la Cueva de Titán, Moderatto, Victimas Del Dr. Cerebro y un montón de proyectos más.

Para algunos, es mi caso, el primer encuentro con Fobia fue en una tocada celebrada en el patio escolar durante algún día festivo. Otros tuvieron el gusto cuando el quinteto empezaba a pisar escenarios como el del Tutti Frutti o el de aquel infame centro de espectáculos de la Zona Rosa conocido como el Sugar, donde había que soportar a ventrílocuos y comediantes deplorables antes y después de las bandas de rock, pero donde afortunadamente eran laxos en la entrada con quienes aun no cumplíamos los 18 años de edad. La conquista de Rockotitlán vendría más adelante.

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Sin embargo, la mayoría de las personas tuvieron su primer encuentro con Fobia gracias a una canción tan pegajosa como extraña: “El microbito”, mitad new wave trasnochado, mitad Francisco Gabilondo Soler “Cri Cri”. Fue la primera pieza que Paco Huidobro escribió en español. Y aunque ha dicho que cuando la escucha padece ese tipo de vergüenza que a algunos nos dan las fotos del anuario de la secundaria, al paso del tiempo no solo ha envejecido con gracia, sino que además se ha convertido en un clásico con todas las de la ley. La hizo cuando apenas tenía 17 años: “Ahí me di cuenta que podía escribir letras lo suficientemente tarugas como para interesar a los demás”. Fue la primera de una amplísima colección de fábulas que tienen en el centro a animalitos, bichos raros o monstruos y, que en realidad, son tratados sobre la infancia y la adolescencia de sus integrantes.

En la letra de su primer sencillo también se manifiesta la sexualidad que permea buena parte del repertorio de Fobia. La frase “Y si me voy más abajito” (que habla del salto que el protagonista de la canción, el microbito en cuestión, da desde el ombligo de su ser amado hacia praderas más fértiles) fue causante del primero de varios “escándalos” que ha enfrentado la banda en estos 30 años.

Contra el mundo

Desde que Fobia apareció en la escena del rock mexicano fue un grupo polarizador. Rápidamente se hizo tanto de aliados como de detractores.

Entre otras cosas por su sonido, tan ajeno a lo que en ese momento se consideraba rock mexicano. Era una banda cosmopolita que estaba pendiente de lo que pasaba afuera, al día con las sonidos que llegaban de los epicentros del rock y con disposición a asimilarlos, pero nunca tratando de hacerse pasar por nativos de Manchester o de Seattle. Su música dialogaba con las corrientes del rock alternativo surgidas a finales de los ochenta y principios de los noventa, pero al mismo tiempo absorbía lo que tenía cerca, reflejando siempre su lugar y su momento. Es decir, el Distrito Federal que les tocó vivir.

Fobia en 2010

Y además, al grupo se le " acusaba" (sí, le leyeron bien), de ser frívolos, superficiales, de negar la realidad que les rodeaba. Así lo explica Huidobro en una entrevista del 2004: “Era una época muy difícil. Estábamos entre la espada y la pared. Si salíamos en la portada de la ERES [la popular pero trivial revista para adolescentes de principios de los 90] éramos unos fresas. Había toda esta serie de complejos y prejuicios estúpidos que nos enfermaban”.

La suya no era música súper experimental, pero sí era atrevida, imaginativa, rara y, sobre todo, contrastaba notablemente con lo que sonaba en el radio en aquellos tiempos. Y en estos. Quizá por eso nunca llegó la aceptación masiva. Sus discos nunca vendieron las grandes cantidades en comparación con los otros grupos de su generación: Maldita Vecindad, Caifanes o Café Tacvba. Sería mentira afirmar que sus canciones conquistaron la frecuencia modulada, salvo en las estaciones dedicadas al rock, donde sí fueron una presencia importante y constante.
“Vivo” —balada romántica que excepcionalmente no es de la autoría de Huidobro, sino de Leonardo De Lozanne— fue lo más cerca que estuvieron de anotarse un éxito radiofónico en la corriente principal.

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Mientras tanto, para muchos representantes de la prensa especializada de la época que, salvo algunas excepciones, era aún más reaccionaria que la actual, Fobia simple y sencillamente no era rock. Era pop. Era plástico. Era una mamarrachada. Se rompían la cabeza buscándole pretextos. Quizá no sumaban todos los lugares comunes necesarios para ser considerados una banda de rock. Huidobro ha dicho lo siguiente sobre este tema: “Los críticos especializados en rock eran los que más se lanzaban contra nosotros, por el hecho de no estar hablando de la pobreza, la miseria y de esos pedos. Por más que hubiera querido hacer canciones como las de la Maldita, nadie me las hubiera creído”. Es muy probable que en esto último tenga razón. Y en otra ocasión dijo lo siguiente: “Crecimos tachados de ser los niños bonitos, desde el día uno todos los otros grupos, todos los periodistas nos tiraban mierda, por cómo nos veían, ni siquiera por cómo nos escuchaban”.

Asegura tener buenas razones para no abordar los males de la nación de manera explícita en sus letras: “La música es el único espacio que tengo libre de la política y la pobreza y los problemas. Sería para mí horrible contaminar lo que hago con lo que odio de afuera. Ya bastante broncas tengo con esas cosas para además plasmarlas”.

¿Fue Fobia un grupo incomprendido? “Sí, claro. Nuestra generación, nuestro sector, en el que crecimos, fue muy invalidado en algún momento. Como que a muchos güeyes muy radicales del rock no les gustaba que güeyes que habían estudiado en escuela privada y bilingüe estuvieran dentro de la escena. Para ellos el rock tiene que ser contestatario y hablar de problemas sociales. En ese momento no embonábamos en la jugada. En muchos otros lados tampoco entramos por ser poco complacientes”.

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Y pese a ello, Huidobro no muestra amargura o resentimiento ante lo que le tocó enfrentar. Muchas veces me ha repetido que su definición de éxito es lograr que un disco sea como se lo estaba imaginado. Con eso le basta y le sobra: “Yo siento que a mí lo que me hace ser un músico vigente y me permite hacer un disco chingón ahorita, es precisamente que no tengo ningún éxito que repetir”.

Recursos humanos

En sus primeros años no era raro encontrar en conciertos de otros grupos o en los antros a casi todos los integrantes de Fobia echando desmadre. No se vestían igual, pero en sus imagen había un hilo conductor, algo que los unía, como si fueran una pandilla. Huidobro dice al respecto: “Sí había relaciones cercanas, pero eran relaciones adolescentes. Después ya no era una pandilla. Fobia dejó de ser la banda cool que era”. Y De Lozanne complementa la idea: “Yo creo que ninguna banda en la historia de la humanidad se ha mantenido como pandilla o como broders más de cinco años. La gente cambia, los procesos cambian, la música cambia”. Chin.

En una charla sostenida poco antes de la publicación del quinto álbum de la banda, Rosa Venus, Huidobro describe de este modo el rol de sus compañeros dentro del grupo: “Te puedo decir que el rol de Leonardo es contar la historias, es un personaje, como un actor, toda la música no tendría sentido si no estuviera su voz diciendo lo que está pasando. El rol de Iñaki es aportar otras visiones sónicas, y es el que regula los pleitos. Es como un moderador. El Cha! es el que tiene la idea visual de las cosas, las ideas para el escenario, muchas veces para la ropa, es crítico con lo visual. Y su opinión en cuanto a la música es importante porque si no le gusta, yo no me siento seguro con la rola. Es el más sensible de nosotros. Sin él sería como no tener papilas gustativas, es como el catador de las ideas. Y Jay es una pieza muy certera, toca todo de forma impecable. Con él me integro perfectamente para hacer las canciones, con él no tengo que hablar, me comunico a guitarrazos y tamborazos. Es alguien que convierte en realidad las ideas”.

El arte de Fobia

En un mini documental que se incluye en Wow 87-04, aparece Jaime Pavón “El Oso”, el primer manejador de la banda, apuntando certeramente que Fobia siempre fue una banda con personalidad: “(El suyo) no solo era un planteamiento musical sino también estético. Eso ya representaba un hecho distinto frente a los otros grupos”. Y sí, en Fobia todo parecía avanzar en un mismo sentido: las canciones, la producción de los discos, las portadas, la imagen de sus integrantes, los videos y las actuaciones en directo, sumaban para hacer una obra de arte completa. Eran piezas de un universo particular en el que la imaginación, el arrojo y un sentido del humor retorcido eran materia prima.

Su primer disco, Fobia (1990), a pesar de su inocencia y su precariedad, ha resistido a los años estoicamente. En él ya se palpa a un grupo con idiosincrasia propia, sin la timidez típica de cualquier debutante. De botepronto podría parecer que había una deuda notable con Caifanes (Saúl Hernández produjo sus primeros demos) pero tras darle unas vueltas quedaba claro que estos tipos, aún adolescentes, ya estaban trazando su propio camino.

Para el segundo , Mundo feliz (1992), la cosa se puso más locuaz. Dice al respecto el escritor José Ángel Balmori, en un texto que aparece publicado en el libro 100 discos esenciales del rock mexicano: antes de que nos olviden: “Es un disco extraño, anómalo y por momentos absurdo, pero siempre brillante. Es el disco que les destapó la olla. Fermentado sobre toneladas de sintetizadores, space pop y psicodelia ligera, Mundo feliz es una explosión de ideas hacia todas las direcciones”.

El golpe en la mesa lo dan con su tercer larga duración, Leche (1993), el que para muchos es su obra maestra: “Era la mejor manera de callarle la boca a todo mundo: digan lo que quieran, pero aquí está esto”, dijo El Cha! en una entrevista, no sin razón. Sobre este álbum, Balmori, en el texto antes citado, dice: “Ni la prensa ni el público fueron justos con Leche, el mejor álbum de Fobia, algo que todos parecían saber aunque ninguno supiera exactamente el porqué”. Fue el que menos copias vendió. Échenle la culpa a quien haya decidido elegir como primer y único sencillo la canción mas floja del álbum, “Los cibernoides”.

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Para el siguiente álbum, Amor Chiquito (1995), trabajaron con el productor más reputado del rock en tu idioma, Gustavo Santaolalla en lugar de Marteen, quien había estado al frente de los primeros tres. Tampoco fueron a donde habían grabado todo, Nueva York. El trabajo se hizo en estudios de Los Ángeles. Queda la sensación de que los cambios no los hicieron sentir cómodos: “Amor Chiquito fue un desastre. No fue un álbum conceptual. Es el disco peor producido que tenemos”, dijo Huidobro. Aunque tiene buenas canciones, se queda corto ante los demás. Y curiosamente es el que más ha vendido. Además, en esta época las diferencias entre los integrantes del grupo y con la compañía de discos, empiezan a ser más profundas. Es el principio del fin.

Tras casi una separación dolorosa —al menos para sus entusiastas— vino un feliz y exitoso reencuentro. Fue un alivio saber que estaba sustentado por un disco tan bueno como Rosa Venus (2005). La producción fue de Gordon Raphael, un tipo que ha vivido bien de la reputación que le dejó haber estado detrás de la consola en el primer disco de los Strokes. Musicalmente Rosa Venus tenía la intención de sonar a la música favorita de Huidobro: “Una mezcla de todas las influencias que tengo. Puedes escuchar a Blondie, a Elvis Costello. Tal vez a los Smashing Pumpkins, tal vez a T. Rex, tal vez a los Violent Femmes, tal vez a los Smiths, tal vez a Walter Carlos, tal vez a Tomita. Es una combinación de todas las épocas”.

La última grabación de Fobia, Destruye hogares es rara. Particularmente porque ya no están a bordo ni Iñaki Vázquez, ni El Cha!, ni Jay de la Cueva. Es un disco de Huidobro y de Lozanne. Así lo explicó el guitarrista: “Todo trata de un sueño, de una pesadilla, de cómo despiertas de esta y de cómo te das cuenta de que las verdaderas pesadillas no se van cuando despiertas, sino que siguen ahí”. Dicen que un perro con tres patas sigue siendo un perro ¿Será? ¿Sigue siendo Fobia tras estas bajas tan sensible? Eso lo deciden ustedes cada vez que ponen Destruye hogares. Lo que no se puede negar es que hay buenas canciones, una producción interesante y la clara intención de moverse hacia delante, hacia el futuro. Ya veremos qué nos depara. Esta es una historia que no deja de dar sorpresas.

El legado

Preguntándole a Huidobro qué lugar creía que Fobia tiene dentro del rock nacional, me respondió: “A lo mejor no es el grupo más famoso y más popular y más hitero de México, pero sí es de los grupos de los que más se habla”.

Y sobre dónde ve la influencia de Fobia: “En muchos grupos que vinieron después. No es que influenciemos la música de los demás, sino las ganas de aventarse. No es que copien la música, pero de algún modo mostramos que sí se vale arriesgar, que sí se vale… ¿Cómo lo diré? No usar marimba y no usar sarapes. Refleja un México mas contemporáneo”.

Eso nos dio Fobia, pero no solo a otros grupos, sino también a quienes los escuchamos con atención: las ganas de aventarnos. Las ganas de correr riesgos. En eso fueron nuestros grandes maestros.

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