Una vida seduciendo a la locura: una charla con Pedro Friedeberg
Fotografías por el autor. Imágenes cortesía de MAIA Contemporary.
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Una vida seduciendo a la locura: una charla con Pedro Friedeberg

"La casa de Leonora Carrington olía a caca de papagayo", comentó el maestro.
19.10.17

La última exhibición de Pedro Friedeberg resulta como un homenaje en el que trabajó, sin saberlo, a lo largo de su vida. Irreverente, irónico, divertido, intelectual son adjetivos que podrían describir perfectamente el legado artístico que ha trabajado, sin ninguna señal de detenerse pronto, a lo largo de más de 40 años. Sin embargo, al mismo tiempo, son palabras que resuenan y resurgen sin cesar con el pequeño tratado de Erasmo de Rotterdam: Elogio a la Locura.

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Escrito en 1509, el tratado, más allá de ahondar como tal sobre las implicaciones y beneficios de la locura (el título de la obra también podría ser traducido como tontería, estulticia o necedad), emprende una locura como tal: defender la necedad como "virtud" cardinal de la vida del hombre. Como sería únicamente propio, una representación surrealista sería la más apropiada –y el maestro italomexicano se encargó de producirla.

Abstracciones geométricas, representaciones oníricas, personajes y animales inesperados conviven armónicamente mientras tratan de diluir el fascinante bagaje cultural inmiscuido en las apologías de Erasmo a todas las facetas de la necedad.

Pedro Friedeberg: El elogio de la locura presentará en la galería MAIA CONTEMPORARY 40 piezas originales que muestren la representación del lúdico e íntimamente profundo razonamiento de Erasmo de Rotterdam, a partir de la asimilación y comprensión surrealista única de Pedro Friedeberg. A su vez, la exhibición, disponible del 20 de octubre al 25 de noviembre, se une con el estudio de tatuajes Estudio 184 para producir un estudio temporal en el que "elementos y personajes presentes en la obra del Maestro serán traducidos del papel a la piel". Mismos que incluirán un certificado/print de la pieza hecha por el artista.

Platicamos con Pedro sobre su longeva relación con la locura, los olores de personas de vital importancia para el arte mexicano, sus necedades, la religión y la definición del país en el que habita: México.

Ruiseñor con telefonitis aguda.

Respecto al "Elogio a la locura", ¿Por qué en este punto de tu vida quisiste hacer la representación de este libro?

Bueno, yo no quise directamente. Me propusieron una serie de libros para ilustrar, y como este es el título que me gustaba más, escogí este. El contenido del libro me fascina, de hecho, es uno de mis tres o cuatro libros favoritos.

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¿Cuáles son sus libros favoritos?

Todos son del renacimiento. Por ejemplo, "La anatomía de la melancolía" de Robert Burton, libro inglés, contemporáneo de Shakespeare y de Robert Fludd quién hacía los horóscopos de la Reina Isabel I y así ella logró vencer a la Armada Invencible. También la "Hypnerotomachia" de Polífilo, libro maravilloso, contemporáneo del Decamerón, de Francesco Colonna. Es un libro muy esotérico y muy divertido.

Astroequinologia rimbombante.

En la pasada entrevista con Vice, usted dijo que era profundamente ateo. Sin embargo, siempre está conciliando con este tipo de simbologías, epiritualidades, etc.

Más con la ética y la moral. Por eso me fascinan los libros de comportamiento; los libros de buenas maneras como El Carreño, los libros de Emily Post. Les encuentro mucho parecido a estos libros de la locura, de la filosofía, y de la religión antigua. Todo está entrelazado.

¿Qué tal le parece Nietzsche?

Me encanta Nietzsche, me parece un poco pretencioso, pero me fascina; lo admiro muchísimo. Tengo muchas ganas de ver una película llamada "El Caballo de Turín", dicen que es larga y aburrida, pero no hay que hacerle caso a la gente. Además, Turín es de mis ciudades favoritas.

Referente al contenido del libro, ¿cuál ha sido la necedad más grande su vida?

Qué pregunta tan difícil, es que, a diario tengo siete necedades (se ríe). Porque soy muy egoísta, mejor dicho, caprichoso. Quiero hacer, lo que quiero hacer en ese momento, no importa qué. Al mismo tiempo tengo mucha disciplina gracias estos libros que mencionaba.

Rincón sublime.

vista parcial de un corredor en el noveno piso del lujoso hotel Royal Cownsnofski Palace Limited.

En el libro se habla de la necedad que une a la vejez con la infancia, a través de la falta de reflexión en ambos estados de la vida. ¿Cree que esto es cierto? ¿Cómo podría representarlo?

¿La necedad al final de mi vida? Por hacer lo que yo quiero, por no atenerme a pintar como los demás. A mí me gusta hacer ornamentos, guégueres, etc. Creo que muy poca gente dibuja así –y yo lo hago por una especie de capricho. Y así son las ilustraciones del Elogio de la Locura; por pequeños caprichos. De hecho, se enlazan un poco con los caprichos de Goya. Bueno, toda proporción guardada; Yo soy un tipo de genio y Goya es otro tipo de genio, más profundo. Pero son así como viñetas, viñetas de sucesos surrealistas.

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Hablando del surrealismo ¿Cómo fue el auge en México? Convivió con Edward James, con Leonora Carrington…

Yo creo que la vida es un accidente, tras accidente, tras accidente. Una cosa te va a llevando a otra. Y si te interesa algo, lo exploras más afondo. Si no te interesa, te escapas de ahí. Toda mi niñez me la pasaba escapando de mi casa. Era una casa muy alemana, muy rígida. Entonces, yo conocí a toda esta gente "dizque loca" que, en realidad, me parecían más cuerdos que la gente de mi casa porque se aproximaban más al libro de Alicia, que es otra de mis Biblias, a la par de la autobiografía de Osbert Sitwell, escritor inglés de principios del siglo XX, hermano de Zach Sitwell y la poetiza Edith Sitwell. Caprichudos inmensamente ricos, que podían hacer lo que quisieran y tenían esa educación inglesa impecable. Edward James los conoció muy bien a los tres.

Toltefiquizacion de la loteria de Zaratustra.

Pareciera que ante una formación muy pulcra y rígida, habita en usted una locura. ¿Cómo es la convivencia entre esta dualidad?

En el caso de Edward James y mío, la locura se traduce en la creación. Edward era un poeta malo; yo soy un pintor bastante malo también. Nos divierte mucho lo que hacemos. Nos permite ver la vida de manera muy humorística. Edward veía chiste en todos lados, de todo se burlaba y reía. Todo le parecía extraordinario. Como había crecido en Inglaterra, México le parecía bastante curioso.

En los años cuarenta, el mundo era, todavía, moralmente rígido. Y aquí, él tenía más ocasión de dar soltura a su locura.

Ascension selénica gastropódica.

¿Cuál ha sido la experiencia más surreal que ha tenido?

Uy, muchísimas.

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En tal caso, la primera.

Las coincidencias son experiencias surreales. Es una estrategia de la subconsciencia. Cuando oyes por primera vez una palabra en tu vida, y justo, al día siguiente la vuelves a oír. Nunca la habías oído antes, pero aparece continuamente de la nada.

Una experiencia muy divertida que tuvo que ver con mi arte. Fui a un concierto –En la catedral de Morelia siempre tengo experiencias surrealistas – Una vez fui con mi mamá y mi papá a Morelia, como por 1945; tenía como nueve años. Morelia estaba casi desierto, era un pueblo abandonado prácticamente. Mi Mamá y yo decidimos subir a la torre de la catedral con mucho trabajo, tuvimos que tocar varias puertas. Nos abrieron –Yo creo que mi mamá y yo éramos los únicos en la calle – como a las 3 de la tarde y ya sabes lo que dicen, "mad dogs and englishmen go out in the afternoon sun".

Y, subiendo la torre de la catedral, llegamos a ver esa hermosa vista. Todavía no había rascacielos. Bajamos y habían cerrado la puerta con llave y estuvimos como dos horas encerrados. Volví a subir y a gritar que nos abrieran. Estuvo bastante surrealista, como esas cosas de sueño, de paranoia de que no vas a poder abrir nunca. Ni escapar de la torre de la catedral de Morelia.

Luego, años después, iba mucho a Morelia porque tenía una amiga que vivía muy cerca; la gran pintora Brígida Tichenor. A ella no le gustaba mucho la música y fui solo a un concierto de órgano. Me fijé que el piso tenía un dibujo precioso como de tiempos porfirianos como en grecas que se enlazaban, como si fueran suásticas en grecas romanas. Era un dibujo de mosaicos. Pensé que estaba muy complicado de memorizar y copiarlo en un papel. Volví al día siguiente y habían levantado todo el piso porque lo iban a cambiar. Así que nunca sucedió.

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Esas fueron mis dos experiencias surrealistas; además yo ni sabía que estaba haciendo ahí en la catedral. Yo ni soy católico. La religión es una forma de locura, indudablemente. Pero el ateísmo también.

Los hermanos Caramazov.

Y entonces, ¿qué piensa de la teología?

La teología es la súper locura. Los manicomios deberían de ser los palacios de la teología. Es una locura tan rica. Porque hay tantos santos, ceremonias, amuletos, gente rezando… Pero esto también se traduce en otros lados, como en el Tíbet con sus papiros, o lo los derviches que bailan hasta volverse locos en Turquía.

En todos lados hay locura. Qué bueno, ¿no? El chiste es que no sea demasiado peligrosa. De repente puede ser nociva –la locura o la religión. O la necedad de tener una religión.

Es curioso, porque, por un lado, a nosotros (ateos) nos parece una necedad la religión. Pero, por el otro, para ellos nosotros somos los necios por rechazarla. Tal vez, en el fondo, todos somos necios al final ¿no crees?

Yo creo que nos desprecian por no creer en Dios. Bueno, en el fondo yo sí creo en Díos. Creo que todo está profundamente ligado, pero no sabemos el secreto. Por eso las mezquitas tienen el "mirab" un nicho con una cortina porque ahí está lo secreto. En ciertas ceremonias judías también hay una cortina, pero una cortina me parece un instrumento sumamente banal. Una cortina tiene algo de burdel o de prohibido, pero erótico. Las cortinas son eróticas. Por eso Magritte pintaba muchas cortinas.

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¿Recuerda cómo olía Remedios Varo?

Sólo entré dos veces a su casa. Era una casa muy fresca, muy limpia. Estaba en Álvaro Obregón. Olía a lo que sea, pero mejor que la casa de Leonora Carrington. Su casa siempre olía a caca de papagayo. Era una de esas casas porfirianas humildes con un patio muy largo con macetas, muy acogedor. Sin embargo, ligeramente mugroso. Había muchos pájaros.

También la casa de Kati Horna, estaba llena de caca de palomas. Entrabas a un patio, detrás de la casa de unos jesuitas en la calle de Tabasco. Un palacio jesuita y Kati vivía en lo que yo creo que eran las caballerizas o el cuarto de las criadas, había un patiesito con azulejos y una fuente muy risueña, limpia, pero muchas palomas muy sucias.

Copia pg 48.

¿Podría dar una definición de México?

Hijo, yo creo que es como toda la enciclopedia de la Atlántida. México es un país donde uno no quiere estar, pero no se puede ir. Es como un castigo y al mismo tiempo un premio. Es una locura un poco aburrida, no es tan divertido. Siempre hay algo molesto; hay música de mariachi o fútbol, o tacos apestosos, y bueno, al final eso es divertido. Se supone.

¿Cómo sabe o siente que una obra ya está terminada?

Pues cuando ya me aburre. "Aquí podría haber más cosas, pero ya me aburrió" (dijo mostrando un cuadro en proceso). Cuando Le metes demasiadas cosas, la gente ya no puede afocar, entonces ya no se vuelve comercial. Y si una obra no es comercial, no tiene chiste. El chiste es que traiga dinero ¿no? Que se venda o sea un regalo muy lujoso.

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Lo que uno desearía es que no fuera un regalo tan lujoso…

Supongo que a mí me interesan más los libros que los cuadros. Libros bonitos, raros. Los cuadros ya se han vuelto un cliché, sobre todo los cuadros abstractos. La gente quiere demostrar qué moderna es.

Copia pg 52.

¿Le gusta el arte abstracto?

No. No me gusta. Estoy en contra de él. Me parece horrible. Me parece que le están tomando el pelo a la gente. Es decir, ha de haber una docena de pintores abstractos buenos. Pero sucede lo mismo que Picasso o Warhol, mucha gente cree que pueden imitar su estilo y entonces surgen horribles 'picassos' o 'warhols'. La contraparte sería que casi nadie hace 'maggrittes' malos, yo solo conozco un par de personas que hacen 'varos' malos, porque es muy difícil o limitado el repertorio y entonces no se meten en eso.

Pero copiar a Poliakoff, Malevich, Mondrian, Felgueres o Fernando García Ponce es fácil, cualquiera lo puede hacer, entonces ni para qué intentarlo. Además, es más difícil venderlo.

¿Entre Frida y diego, se queda con Frida?

Frida siempre fue muy buena, maravillosa, original. Las dos fridas conectadas con el corazón y todo eso… Es como la cursilería elevada a un rango más delicado, superior, sutil. Pero, no me quedo con ella, Diego es genial. Los dos me gustan, pero Diego es un gran pintor surrealista.

¿Cuál es la implicación actual de Los Hartos que usted ve en el arte?

Desde siempre, yo creo mucho antes de Los Hartos, de que Matías se irritó con los artistas que visitaba en París y Nueva York, tan narcisistas y tan egoístas. Él decidió que éste nuevo arte moderno era una estupidez y una farsa. Por eso escribió este manifiesto tan bonito – y eso hoy en día opera. Matías Romero pretendía que el arte regresara a un servicio comunitario como en el renacimiento. Todos los que hicieron las grandes catedrales góticas de Europa, infinitamente superiores a cualquier obra de arte moderno, pero no están firmadas.

Pedro Friedeberg.

Cuéntame un poco sobre los tatuajes. ¿Tienes alguno?

Sí, pero ya está muy viejo. Era una calaca con una serpiente, es que era el único que valía tres dólares. Me lo hice en 1958 en El Paso, Texas. (Mostrando el tatuaje solamente se puede ver una mancha negra amorfa en el brazo del maestro). Pero, por culpa de esto, ya no me pueden enterrar en un panteón judío. De igual manera, ni quiero ser enterrado en un panteón judío.

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¿Había ya tenido una experiencia con producir algo que pudiera ser transferido a un tatuaje?

Sí, una vez hice una exposición en donde pinté a unas señoras hace como 40 años. Era la esposa del periodista Alfredo Lamont. Era una galería que se llamaba 33 y se ubicaba en la calle de Florencia 33. Poco después de la época en que Yves Klein pintó a unas señoras con azul.


Si quieres más información sobre la exhibición Pedro Friedeberg: El elogio de la locura en MAIA CONTEMPORARY, del 20 de octubre al 25 de noviembre en la colonia Roma, CDMX, haz click aquí.

Sergio escribe de cosas serias y de cosas no tan serias, síguelo en Instagram.

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