razones para ir al psicólogo
Ilustración por Juta
Salud Mental

No esperes a estar fatal para ir al psicólogo

¿Cuántas veces hemos oído frases como “Tendrías que ir a que te mire un profesional” o “Yo no voy al psicólogo, que no estoy loco”? Probablemente, demasiadas.
Juta
ilustración de Juta
12 Mayo 2020, 3:54am

Son varios los motivos que llevan a alguien a someterse a un tratamiento de psicoterapia y, al contrario de lo que se pueda creer, no siempre se hace porque haya problemas que resolver.

De hecho, cuando se trata de cuidar de nuestra salud, es importante recordar que podemos abordar esta opción de dos formas: con la intención de “tratar un mal” o bien para mejorar nuestro estado de salud y bienestar.

Por esa razón, cada tratamiento de psicoterapia se adapta exclusivamente a las necesidades y posibilidades específicas de quien lo vaya a recibir: los hay que prefieren empezar con una terapia individual, otros la prefieren grupal, hay terapias para familias, para parejas… También los profesionales son distintos según la especialidad, el enfoque y su situación profesional (pueden trabajar para el servicio público de sanidad, por ejemplo, o a título privado), y es fundamental acudir a uno con quien nos encontremos a gusto.

A pesar de todas estas posibilidades y los datos que confirman el aumento de los problemas de salud mental, muchos todavía ven la terapia psicológica con malos ojos, a menudo debido a un sentimiento de vergüenza o desconfianza, los prejuicios de siempre. Por ejemplo: ¿cuántas veces has oído frases como "Deberías ir a que te viera un buen profesional", "Está fatal de la cabeza; he oído que va al loquero", o "No voy al psicólogo, no estoy loco"? Demasiadas.

Lo cierto es que no hace falta estar muy mal, tener grandes traumas que superar o problemas que socaven seriamente nuestra serenidad para someterse a un tratamiento psicológico, aunque todas las razones anteriores son válidas. Veamos otras.

Para aprender a reconocer, gestionar y expresar emociones, pensamientos y comportamientos

Creo que todos tenemos la sensación de que no podemos explicar con palabras cómo nos sentimos. La inteligencia emocional es "la capacidad de reconocer, comprender y vivir conscientemente las emociones propias y ajenas". Si se entrena, nos permite poner nombre a lo que sentimos y hablar sobre nuestro mundo interior con mayor claridad, mejorando la relación con nosotros mismos y con los demás. Por tanto, imagina la terapia como un gimnasio para la inteligencia emocional.

A esto se pueden agregar situaciones que nos generan malestar o que son problemáticas en la vida cotidiana. Los fuertes cambios emocionales o la apatía, los pensamientos intrusivos, los ritmos de sueño desordenados, la ansiedad, el nerviosismo o los cambios importantes en el apetito son signos que no debemos ignorar: nos dicen que algo va mal y que no pasa nada por pedir ayuda.

Para mejorar la autoconciencia

¿Quién soy? ¿Adónde voy? ¿Adónde quiero ir? Ser consciente de uno mismo y del camino que seguimos en la vida puede parecer existencial, pero es sumamente alentador saber que hay profesionales que pueden ayudarnos a hacerlo.

"En la terapia también hay espacio para las preguntas más incómodas", confirma la Dra. Marina Oddo, a quien hice algunas preguntas. “¿Qué estoy haciendo para tener la vida que deseo? ¿Qué me impide tenerla? ¿Cómo puedo mejorarla incluso si no tengo todo lo que quiero o no soy como me gustaría? ¿Las relaciones en las que invierto tiempo y energía me benefician o perjudican? Estas preguntas dan miedo cuando destacan aspectos desagradables que nos preocupan, pero son un punto de partida para vivir una vida plena y significativa, más allá del sufrimiento y las dificultades que son inevitables.

Para "obligarte" a dedicarte más tiempo

En la época en el que vivimos, es cada vez más difícil encontrar tiempo para uno mismo, y es una tendencia común posponer los asuntos íntimos y personales que nos preocupan y nos atormentan. Programar una cita fija con un profesional es una excelente manera de dejar de evitarnos.

De hecho, "aprender a sentir, escuchar y darse espacio en la vida cotidiana es la forma más fácil de amarnos, pero también la más difícil", recuerda Oddo. "Cuando tenemos un espacio, el de la terapia, para pensar en nosotros mismos, podemos ver todo lo que no notamos con la prisa y el ruido del día a día y reorientarnos en lo cotidiano según nuestras necesidades y deseos y con el contexto en el que vivimos".

Tener a alguien ajeno a tu vida que te escuche (de verdad) y no te juzgue

¿Con qué frecuencia cometemos el error de poner a amigos, socios o peluqueros y camareros en el papel de nuestros terapeutas? La comparación con quienes nos rodean es fundamental, pero como ya hemos dicho, es importante recordar que este es un aspecto fundamental de la terapia.

Y no solo eso: "Tener un punto de vista diferente nos ayuda a plantearnos nuevas preguntas", agrega Oddo. “Tener un pensamiento divergente pero sin prejuicios es estimulante para nuestro crecimiento. Cuando estamos en terapia, nos damos cuenta de que nuestra forma de pensar sobre nosotros mismos, los demás y el mundo no es la única posible y, de hecho, nos damos cuenta de algunos aspectos críticos que 'al estar demasiado involucrados' no llegamos a percibir".

Con un profesional también existe la necesidad de eliminar todas las dinámicas de las relaciones sociales comunes: no tendremos que complacer a nuestro interlocutor, no tendremos que devolver el favor y escuchar sus problemas, y ni siquiera tendremos que preocuparnos demasiado por cómo se dicen cosas, porque su trabajo no es juzgar quién eres, sino ayudarte a sentirte bien.

Para adquirir herramientas adecuadas para perseguir tu bienestar de forma independiente

Junto con el terapeuta, trabajas para reducir o desalentar comportamientos que son parte de nuestra incomodidad, construyendo formas más funcionales de actuar en la vida cotidiana. Realizar un "autotratamiento" usando comida, alcohol, drogas, sexo, etc. como medicina para el alma o como anestésico para pensamientos y emociones puede parecer buena idea, pero la mayoría de las veces no solo agrava y prolonga nuestro malestar, sino que es precisamente la forma en que se manifiesta.

Por ejemplo, en la terapia puedes adquirir la capacidad de resolver conflictos de diferentes tipos y en diferentes áreas (en el trabajo, en las relaciones, en la familia) o para comunicarte de manera efectiva y consciente. También puedes mejorar tu flexibilidad cognitiva, o la capacidad de modificar tus acciones o abandonar comportamientos contraproducentes (especialmente en las relaciones), o por el contrario persistir en una acción incómoda / agotadora porque está en línea con nuestros valores. La psicoterapia, tarde o temprano, termina, pero nos deja un recurso importante para afrontar incluso los eventos más inesperados o potencialmente dolorosos de la mejor manera.

Para lidiar con problemas internos que el tiempo no puede curar

"Muchas veces se espera que las cosas funcionen por sí solas, porque tratamos de mejorar en todos los sentidos, pero la verdad es que cuanto más tiempo pasamos, más nos acostumbramos a sentirnos mal", dice la doctora Oddo. Cuando se trata de malestar, sufrimientos y dificultades que deben tratarse, no es bueno posponerlos.

"Te acostumbras a la ansiedad y a la tristeza. Te acostumbras a quedarte en casa, a rechazar invitaciones por miedo a un ataque de pánico. Te acostumbras a que te pisoteen o al miedo crónico de que te traicionen", agrega. "Poco a poco nos acostumbramos tanto a ciertas cosas que al final ya no recordamos cómo era antes y creemos que no hay alternativas posibles". Pero no es así. Podemos elegir, podemos elegir invertir nuestra energía en lo que podemos cambiar, en lo que podemos obtener".

En esencia: con demasiada frecuencia pensamos que vivir, crecer, avanzar, caer, levantarse, cambiar y todo lo demás es algo simple y obvio. ¿Cuántas veces subestimamos las energías y los "psicogramas" que consumimos para cualquiera de nuestras acciones o pensamientos, desde los más insignificantes hasta los más pesados, y no reconocemos que es más que legítimo (incluso un derecho) recurrir a ayuda para gestionarlo todo, desde la sala de control.

Como Oddo dijo, en conclusión: "Vamos a la terapia no (necesariamente) porque seamos frágiles, sino porque somos humanos".

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