Pequeñas anécdotas sobre la censura musical en Argentina

Desde Juan Carlos Onganía y su "revolución" hasta la absurda lista de 200 canciones prohibidas por el gobierno surgido tras el golpe de estado de 1976, Argentina tiene un negro historial de censura musical durante el último tercio del siglo XX.
26.4.18

No es la primera vez que hablo de censura y para como están las cosas, no creo que sea la última. Ahora le va a Argentina, que sin duda se trata de un caso particular. Digo “caso” porque ya he hablado de otros países y momentos en los que se ha censurado al músico y a sus canciones, y por más que se puedan asemejar unos a otros, no se pueden comparar plenamente con lo que sucedió en este país sudamericano. Hablaré entonces un poco sobre el llamado rock nacional, quizás también sobre la utilización de un discurso homofóbico del gobierno para combatir a la música y a los jóvenes; tal vez un poco sobre la guerra de las Malvinas y también sobre algunas posibles contradicciones que se dieron por esas fechas, pero todo dirigido hacia el poder hablarles de una peculiar lista, o como el Comité Federal de Radiodifusión de aquellos entonces la nombró, “Cantables cuyas letras se consideran no aptas para ser difundidas por los servicios de radiodifusión”.

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Parece difícil, pero seré breve. O al menos intentaré serlo. Es decir, realmente me es imposible darle una repasada a toda la represión y censura que ocurrió durante las dictaduras en Argentina. Sin embargo, para simplificar las cosas, acabé por dividir al rock argentino (así lo voy a nombrar sólo por ahora) en tres fases. Una de gestación, otra, brevísima eso sí, de libre desarrollo, y una última en la que continuó desarrollándose, pero bajo una fuerte censura y a la vez, una cierta ayudadita.

Comencemos con Juan Carlos Onganía y la Revolución Argentina de 1966. Suena bien. Como que siempre esa palabra lleva una buena connotación: “Revolución”. O por lo menos suele acompañarse de un significado de progreso, de “que las cosas van a mejorar”. Pero no. No fue así con la Revolución Argentina. Onganía llegaría como dictador para quedarse unos cuantos años con el poder. Aquí comenzaría la gestación del rock argentino. Dicho en otras palabras, por esos años estarían terminando de establecerse las influencias musicales extranjeras que habrían estado ingresando durante años anteriores al golpe, al tiempo en el que una gran cantidad de bandas comenzarían a formarse dentro del territorio argentino. Tanto músicos como autoridades empezaron a tentar el nuevo terreno: ¿qué impacto podrían tener sus canciones?

Así pues, durante los últimos años de la década de los 60s surgieron bandas como Los Beatniks, Manal, Billy Bond, Sui Géneris o Almendra. En un inicio parecería que su creación musical sería un tanto inocua. Sin embargo, lejos de haber una conexión entre los músicos y los movimientos de extrema izquierda o guerrilleros en Argentina, comenzó a percibirse un acercamiento entre los músicos y los jóvenes, sobre todo estudiantes (y pensemos que muchos de los músicos eran precisamente estudiantes). Por otro lado, habrá que tomar en cuenta que por esos mismos años Onganía había enviado al ejército a las universidades autónomas por considerarlas una especie de nidos de comunistas (ese macartismo que tanto dañó a Latinoamérica…), había prohibido la formación de federaciones de estudiantes y había mandado al alcalde de Buenos Aires de aquellos entonces que lanzara una campaña en contra de los boliches –que son las discotecas o los clubes, ya no sé cómo decirles– y lugares donde se bailara y tocara música en vivo. Pero a toda acción hay una reacción: en esos años se verían enfrentamientos entre policías y estudiantes: arrestos, desapariciones, torturas… Con estas fricciones, el gobierno empezó a considerar al rock como la base de la lucha y de la resistencia en contra del autoritarismo en Argentina.

Onganía fue obligado a dimitir en 1970. Durante otros dos años la dictadura que surgió de la Revolución Argentina siguió en el poder, pero en 1973 hubo un llamado a elecciones. Con ello habrían pensado que terminaría el uso de un discurso homofóbico y de persecución por parte de las autoridades hacia los jóvenes y rockeros. Terminaría también el acoso del gobierno a lugares como el Instituto di Tella, un centro cultural que se convertiría en una suerte de Meca para los jóvenes argentinos de aquellos años y que haría de sus calles aledañas una zona de diversidad cultural, de respeto y tolerancia, que incluso había sido clausurado años antes. Si para 1970 cincuenta y tres diferentes bandas habían logrado grabar sus canciones, se pensaba que aún más podrían hacerlo. Parecía que las cosas ahora sí iban a mejorar. Pero no. A pesar de la victoria del peronista Héctor Cámpora y del eventual regreso del mismo Perón a la presidencia argentina, la fuerza derechista y conservadora se adueñó del poder peronista. Supongo que de igual forma el discurso antidrogas que Nixon inició apenas unos años antes llegó hasta Argentina. Aprovechando la muerte de Juan Domingo (Perón) y que su viuda María Estela Martínez había tomado posesión como presidenta de Argentina, el siniestro personaje José López Rega decretó la ley 20,771 que básicamente criminalizó a todo joven argentino. También dio más poder a la Triple A, una agrupación de extrema derecha que se encargó de desaparecer y asesinar a cientos –si no miles– de personas. Así pues, lo que parecería ser un espacio de libre desarrollo cultural y musical en Argentina, se convirtió en un periodo incluso un tanto más oscuro que el anterior. Sin embargo, las cosas se irían a poner peor.

En 1976 hubo otro golpe de estado. Se instalaría ahora una nueva dictadura. Una más dura, más autoritaria, si es que se puede describir así. Pero no hablaré de ella. Simplemente la tomaré como pretexto para poder platicar, ahora sí, sobre la lista.

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Es sabido que casi al final de esa dictadura, por allá de 1982, se prohibió la difusión de canciones cantadas en inglés sin importar si venían de Australia, los Estados Unidos o Sudáfrica. Esto fue una medida que la dictadura tomó en contra de su enemigo, que por un momento había dejado de ser el propio pueblo argentino y se convirtió en el pueblo (y gobierno más que otra cosa) inglés. Sí, por la Guerra de las Malvinas fue que decidieron hacer dicha prohibición. Esto generó un desarrollo dentro de la música argentina. No sólo del rock, sino de muchos otros géneros: los espacios que quedaron vacíos dentro de la radio tenía que ser llenada con algo. Sin embargo, había también una gran censura a qué tipos de letras se estaban cantando… Fue una especie de ayuda involuntaria por parte de la dictadura. Bueno, por un lado quería ser “buena onda” con los jóvenes para que apoyaran la guerra y se sumaran al ejército, pero no le salió porque en realidad quienes estaban en el poder no entendían nada y eran unos reverendos pelmazos. Podría ahondar más en esto, pero si lo hago nunca terminaría este texto. En fin, todo esto sucedió hasta 1982. Un año más tarde la dictadura caería.

De 1978 a 1983 hubo otra prohibición musical. Eran un poco más de 200 canciones, tanto en inglés como en español. De entrada me resulta bastante absurda, pero no me adelanto. En el 2009, el Comité Federal de Radiodifusión de aquel entonces dio a conocer esta mentada lista de siete páginas de largo. En ella vemos los nombres de las canciones acompañadas de sus autores, que en varias ocasiones presentan faltas de ortografía. A pesar de tratarse de una lista previa al veto de canciones en inglés, nos podemos encontrar con algunas en este mismo idioma, cosa que lo hace curioso, por no decir gracioso. Como era costumbre en aquellos años, los títulos en inglés eran traducidos al español. Así, la canción que inaugura la lista es “Amar para amarte”, producida por Peter Bellote y Giorgio Moroder, y escrita por Donna Summer. Me hubiera gustado pensar que está en primer lugar por los gemidos que Summer se echa, pero lamentablemente el orden de las canciones es cronológico y por lo tanto no está basado en qué tanto daño podía causar en los radioescuchas. Sin embargo, con esta canción podemos darnos cuenta del talante de esta lista: cualquier cosa que pudiera considerarse sexual se encontraría ahí, pero no. Hay muchas canciones similares que dejaron fuera de esta lista porque quizás no llegaron a Argentina o simplemente quienes escribieron no le echaron tantas ganas. Pero sí, las canciones que siguen como “Me Gusta Ese Tajo”, de la banda argentina Pescado Rabioso, o “Amor Libre” del adorado de las abuelitas de ahora, Camilo Sesto, también habrían sido prohibidas. Incluso aparece el Príncipe de la Canción con “Buenos días amor”, pero no con “Gavilán o Paloma” u otros temas que probablemente no resultaron tan provocadores para los censores de la dictadura.

Obviamente la temática y el tono sexual no fue lo único que la dictadura buscó acotar. A lo largo de la lista nos encontramos con muchísimas canciones de protesta, sobre todo de autores latinoamericanos como Víctor Jara, Aníbal Sampayo, César Isella, Horacio Guarany y Alfredo Zitarrosa, por nombrar a algunos. Más adelante comenzamos a ver nombres como Luis Alberto Spinetta, Billy Bond o Charly García, pero de pronto aparecen casos como Roberto Carlos o Peret, y de nuevo Camilo Sesto.

Quienes hicieron esta lista nos hacen pensar en que tenían algo en contra de Donna Summers, ya que aparece por ahí en varias ocasiones. Sin embargo, no es la única anglófona en la lista. Vemos a Pik Floyd, y no Pink Floyd, con “Otro ladrillo en la pared” (vaya sorpresa…). A Eric Clapton con “Cocaína” y “Doors” y no The Doors con “Enciende mi fuego”. Queen incluso la armó con dos canciones, pero curiosamente vemos también a Rod Stewart con “¿Crees que soy sexy?”. En todo caso, ¿por qué sólo estas canciones y no el resto? Hay muchas otras que son mucho más transgresoras y no fueron consideradas en la lista. Hay un caso particular, el único en el que el compositor es anglosajón y que dejan el título en inglés. Se trata de Dhry-Jankey y la canción “Wake Up”. En realidad se referían a Ian Dury & The Blockheads, pero lo curioso es que es la única canción en la que escribieron parte de las letras (Wake up and make love with me, wake up and make love… hasta Camilo Sesto se pone más cachondo…). Si el que escribió eso sabía inglés, seguramente traía antojo… Otro caso peculiar es el de Sheila and B Devotion. Su canción “Enciendes mi Fuego” llegó solamente al lugar 16 en el Eurochart de 1978 y la cuestión es ¿de dónde o cómo llegó a Argentina y cómo le hizo para estar en la lista?

El punto de esto es ver la arbitrariedad con la que se realizó esta lista. Parece que le temían más a una liberación sexual que a una posible revuelta popular, pero también estoy viéndolo desde una perspectiva de casi cuarenta años de distancia. Quizás es como en el cine, que los efectos visuales de películas antiguas llegan a ser chistosos en estos días, pero en su época eran impresionantes (como Pájaros de Hitchcock). Entonces, en una de ésas, el escuchar a Rod Stewart o Donna Summer en esos años generaba cierto cosquilleo en donde los dictadores no querían que se sintiera rico y pues decidieron prohibirlos. Desconozco si estos temas provienen de otra lista de canciones. Me lo pregunto porque en definitiva había muchas más canciones mucho más “indecorosas” y provocativas que no fueron consideradas, por lo que podría asumirse que sólo pudieron escoger de alguna otra selección.

Sea como sea, quienes se hicieron del control en Argentina después del golpe de estado de 1976 sabían del poder de la música y por lo tanto decidieron censurarla. Lo vieron desenvolverse durante los años previos y buscaron de alguna manera frenarlo con estas prohibiciones. Sin embargo, era quizás demasiado tarde para detener algo que ya llevaba más de una década en crecimiento. Sí, lograron vetar canciones, limar letras que les parecían ir en contra de los valores que buscaron imponer, pero no lograron combatir ni mucho menos comprender el arma más poderosa: la juventud, la que, a final de cuentas, acabó siendo parte de la fuerza que terminó con el Proceso de Reorganización Nacional o la última dictadura militar en Argentina.