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crimen

El exorcismo de Almansa fue el peor infanticidio de la historia de España

Una curandera extirpó los órganos a su hija de 11 años porque 'estaba embarazada del demonio'.

por Ana Iris Simón
09 Agosto 2019, 3:30am

El pasado 14 de junio, Netflix estrenó El caso Alcàsser, una serie documental basada en uno de los crímenes más sonados de nuestra historia. Además de hacer que recordáramos el asesinato de Toñi, Miriam y Desirée, la pieza de Elías León Siminiani sirvió para abrir algunos debates que en el 92, cuando sucedió, no llegaron a producirse, relacionados sobre todo con la perspectiva de género, que en aquel momento se dejó totalmente de lado, así como con el tratamiento mediático.

Pero dos años antes, en 1990, se produjo en nuestro país otro asesinato cuyo tratamiento en los medios seguramente daría hoy para varias tesis: el "exorcismo de Almansa". Sucedió en la localidad albaceteña de Almansa, que por aquel entonces tenía poco más de 20 000 habitantes, el 18 de septiembre.

"Rosa Fernández Gonzálvez, de 11 años de edad, murió en la madrugada del martes en la localidad de Almansa (Albacete), después de que su madre, una tía carnal de esta y dos vecinas, hermanas entre sí, la sometieran a un ritual satánico y le extrajeran los intestinos con las manos, según manifestó ayer el juez José Rafael Cuesta. La madre declaró ayer que su hija estaba embarazada por el demonio", arranca una pieza publicada al respecto por El País el 20 de septiembre del 90.

La madre de Rosa, apodada Rosita por algunos medios en sus crónicas negras, era Rosa Gonzálvez Fito, una conocida curandera de la zona que tenía entonces 36 años. Gracias a sus supuestas dotes con la imposición de manos o la fabricación de ungüentos y brebajes, Rosa iba ganando cada vez más fama —y dinero, aunque decía cobrar solo la voluntad—, llegando a retirar a su marido, Jesús Fernández Pina, de su trabajo como zapatero para ayudarla con sus labores rituales. La apodaban "Hermana de la luz", miradora y sanadora.

Algunos, como el periodista especializado en sucesos Francisco Pérez Caballero, afirman que llegó a creerse su papel como curandera. "Engatusaba a sus clientes con verborrea y dudosas promesas, pero Rosa creía realmente que tenía poderes. Y cada vez se sentía capaz de logros mayores", escribe en su libro, Dossier negro.

Preguntado al respecto por el diario ABC, Juan Ignacio Blanco, el que fuera redactor del diario de sucesos El Caso y uno de los protagonistas más controvertidos del documental sobre las niñas de Alcàsser de Netflix, y que falleció el pasado mes de julio, afirmó que Rosa "conocía verdaderamente las propiedades de muchas plantas que ayudaban a paliar dolores del cuerpo humano, algo que pudo hacer que, efectivamente, se fuese creyendo cada vez más sus propias mentiras".

En la misma crónica, Blanco cuenta que en la época, "en España comenzó a correr un rumor que afirmaba que los mejores curanderos eran los que trabajaban en parejas de hermanos". Es por esto que, ávida de perfeccionar sus sesiones y quizá también de engrosar su cuenta corriente, Rosa embarcó a su hermana menor, Ana, en la empresa de formar un tándem de curanderas. "La acompañaba a las sesiones de sanación. No hacía nada, pero le daba mucho prestigio".

Pero tanto con su hermana de observadora y cómplice en sus sesiones como sin ella, Rosa tenía multitud de adeptos que creían y confiaban en su poder curativo. Una de las más devotas era María de los Ángeles Rodríguez, una vecina de la localidad que visitaba cada vez con más frecuencia su casa. Las crónicas de la época dicen que iniciaron una relación sexoafectiva rodeada de secretos y esoterismo. La intención de Rosa era convencerla para que, junto a su hermana, María Mercedes, participaran de las sesiones de curanderismo, fundando una consulta de dos pares de hermanas: Rosa y Ana por un lado y María de los Ángeles y María Mercedes por otro.

"Es probable que dentro de su perfil psicológico (del de Rosa) existiera cierta frustración precisamente por esta relación homosexual que mantenía oculta o no tan oculta, pero que le impedía tener una relación abierta y ser feliz", comenta la criminóloga Tatiana Ballesteros preguntada al respecto en el capítulo 6 del podcast dedicado al crimen de Almansa de Radio Ya.

LA NOCHE DE LOS HECHOS

La noche del 15 de septiembre, Rosa y su hermana Ana salieron a cenar por el pueblo junto a María de los Ángeles y su hermana María Mercedes. Tras la velada, Rosa comentó que se encontraba mal y terminaron yendo las cuatro a su casa, en lo que sería el inicio de lo que los medios de la época calificaron como la "orgía satánica" que acabó con la vida de la pequeña Rosita.

Según cuenta Juan Ignacio Blanco, las cuatro tomaron sustancias psicotrópicas recolectadas por la propia Rosa gracias a sus conocimientos de las hierbas y sus propiedades. Rosa se acostó con su amante e invitó a las hermanas a que miraran. Cuando amaneció, Rosa y su amante fueron a recolectar, en palabras del periodista, hojas de beleño, una planta venenosa, para seguir drogándose. La santera y su amante volvieron a la vivienda y Ana, la hermana de Rosa, se marchó asustada.

Lo que siguieron fueron, según crónicas de la época, orgías y rituales en los que intervinieron incluso elementos escatológicos. En una de sus alucinaciones, les metieron los dedos en la garganta a los dos hijos de Mari Ángeles hasta hacerlos sangrar. Decían que tenían al maligno dentro, y que querían librarles de él. El padre de los niños, Martín Toledo, fue a la casa y se los llevó. La madre se quedó allí.

El 18 de septiembre, tras tres días de confinamiento, Mari Ángeles tuvo la regla y empezó a sangrar. Rosa interpretó aquello como una posesión demoníaca, y empezó a darle puñetazos y patadas. Para detener aquello, Mari Ángeles culpó a Rosita, hija de Rosa: dijo que estaba embarazada del diablo. En ese momento la curandera ordenó a sus acompañantes que sujetasen a la niña, le introdujo los dedos por el recto —otras fuentes dicen que por la vagina— y comenzó a sacarle las entrañas. Los medios de la época, cuyas piezas pueden consultarse en páginas web como Criminalia, revelaron multitud de supuestos datos escabrosos del momento, como las últimas palabras de la menor o detalles y conjeturas sobre lo que pudo ocurrir en ese cuarto.

En febrero de 1992, la Audiencia Provincial de Albacete hizo pública la sentencia del caso: ninguna de las tres mujeres era imputable dado su estado mental en el momento de los hechos. Dos fueron internadas en un centro psiquiátrico del que no podían salir sin autorización judicial y una tercera quedó en libertad.

"La Audiencia Provincial de Albacete hizo pública ayer la sentencia sobre el denominado 'crimen de Almansa'. En dicha sentencia se absuelve a las procesadas Rosa Gonzálvez Fito, del delito de parricidio y lesiones; a María de los Angeles Rodríguez Espinilla, del delito de asesinato y lesiones, al entender el tribunal que en ambas procesadas concurre la eximente completa de la responsabilidad criminal de enajenación mental. En cuanto a la tercera procesada, María Mercedes Rodríguez Espinilla, es absuelta del delito de asesinato al no haber quedado probada su participación directa en los hechos; asimismo es absuelta del delito de lesiones por la eximente de trastorno mental transitorio", narra una pieza del diario La Tribuna del 5 de febrero de 1992.

"Probablemente hubiera un trastorno de base, disociativo, de trance o de posesión. En este tipo de trastorno lo que sucede es que se produce una pérdida temporal del sentido de la identidad personal, no tiene una plena conciencia del entorno ni de ella misma. De hecho en algunos casos el sujeto que tiene este tipo de trastorno actúa como si estuviera poseído, de ahí quizá los espasmos o el hablar diferente incluso decir palabras que ni siquiera conoce", comenta la criminóloga Tatiana Ballesteros en el podcast de Radio Ya dedicado al caso.

ALMANSA, ¿TIERRA DE CURANDERISMO?

Según algunas narraciones de la época, como esta, de El País, el curanderismo no solo se practicaba en el número 4 de la calle Valencia, donde fue asesinada la niña y donde su madre, Rosa, recibía a sus "pacientes" sino que era, por aquel entonces, una práctica habitual y enraizada en la tradición de la localidad albaceteña.

"Los almanseños reconocen que el curanderismo y el espiritismo han venido constituyendo una práctica aceptada entre los vecinos de esta ciudad", escribía el periodista Emili Gisbert en el diario en una pieza que data de septiembre del 90. "Una auténtica legión de personas se dedican, de forma altruista, en Almansa, a poner la mano. Bebés con fiebre, niños con dolores, adolescentes con tendinitis o adultos con dolencias menores acuden a las casas de estas personas y esperan que se produzca algún efecto curativo tras el contacto físico", añadía, además de afirmar que en la localidad había varias sectas religiosas en ese momento.

No hay estudios, ni de la época ni actuales, que se hayan hecho públicos para contrastar estos datos. "Ahora mismo hay más de 350 (sectas) en Almansa", declaraba Juan Ignacio Blanco en 2016 a ABC. "Estar en 2016 no hace cambiar esto. Desgraciadamente, en las zonas rurales se sigue manteniendo el curanderismo y tiene una aceptación muy importante. Son personas cultas que tienen una tradición oral, que conocen las propiedades de determinadas plantas y sustancias, el cuerpo humano, saben de huesos, músculos... No son meramente charlatanes, saben por dónde atacar. Tienen una clientela importante y, en contra de lo que podríamos pensar, hay cada vez más, y no cada vez menos", añadía el periodista, para muchos uno de los mayores charlatanes de los 80 y los 90 en nuestro país, amante de la conspiranoia y la leyenda negra, para otros un visionario que llegaba hasta donde las versiones oficiales no querían llegar.

Sea como sea, lo cierto es que, además de por su crudeza, el caso se mediatizó aún más por su espectacularización en los medios y por la indudable inclinación de las empresas periodísticas españolas por las noticias de sucesos en los 80 y 90, que coincidieron, no por casualidad, con los primeros años de los canales de televisión privados.

Sigue a Ana Iris en @anairissimon.

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